viernes, 21 de junio de 2019

El testigo cubano

Álvaro Alba se preparaba para un camping en un afluente del Dnieper al norte de Odesa cuando se produjo el desastre nuclear de Chernobil. Su memoria del episodio.


En abril surge un recuerdo perenne.

Todos los años, cuando llega ese mes, viene a la memoria. Chernobil. Una memoria que persigue a todo el que estuvo en Ucrania en abril de 1986.

La noche del sábado 26 de abril de 1986, un grupo de estudiantes de la Universidad Estatal de Odesa y del Conservatorio de la ciudad acamparon a orillas de un afluente del río Dnieper —el Bug del Sur. Pensaban pasar un divertido fin de semana alrededor de una fogata y viviendo en casas de campaña.

Un poco más al norte, a orillas del Pripiat —otro afluente del Dnieper—, el cuarto reactor de la planta nuclear de Chernobil explotaba a la 1 y 24 minutos de la madrugada. Nadie informó de lo acontecido. Durante casi una semana estuvo lanzando elementos radiactivos equivalentes a 500 bombas de las que se arrojaron en Hiroshima.

Los bomberos lucharon contra las llamas como si fuera un incendio forestal. Los vecinos del poblado de Pripiat, donde estaba ubicada la planta, quienes desconocían la magnitud del siniestro se negaron a abandonar la zona.

No se informó en Ucrania de la magnitud del desastre. El Primero de mayo, desfilaron por las avenidas de Kiev sus residentes, sin saber el peligro que les acechaba.

En Moscú, a pesar de que ya se había iniciado la política del glasnots y la perestroika, fenómenos de esa categoría no se anunciaban a los cuatro vientos. En Occidente conocían mejor las posibles secuelas de la tragedia y alertó a su población.

La información llegaba a los que vivíamos en territorio soviético de segundas manos, todos oían la radio extranjera. Tanto Radio Svoboda (Libertad) y la BBC informaron antes y con más detalles que el oficialista noticiero Vremia de la televisión soviética.

Los estudiantes polacos fueron los primeros en regresar a su país, pues conocían del viento que soplaba hacia el este, llevando las nubes radiactivas. Los árabes compraban a cualquier precio un pasaje (por tierra, aire o mar: como Adelita la del corrido mexicano) para salir a prisa de Ucrania.

En la Universidad de Odesa citaron para la estación de trenes, señalando un destino final más allá de los Urales, Rusia. Por el campo estudiantil pasaron entregando un frasco de yodo y ordenaron echar dos gotas en cada jarra de agua. La única medicina ante la posible radiación.

A las pocas semanas empezaron a llegar a los sanatorios y campamentos estudiantiles de la ciudad balneario los infantes de la zona afectada. Niños y niñas de Chernobil, de Pripiat, de Narodichi, de Opachichi.

Los estudiantes universitarios eran los encargados de cuidarles. Vi a diario pequeños de 5 a 12 años que salían para las consultas del médico y no regresaban a los dormitorios. Por la noche se oía a los pequeños llorar porque no sabían dónde estaban sus padres, también evacuados en otra ciudad, o quizás muertos ya.

Una tos aguda les despertaba o les obligaba a detener la marcha si jugaban balompié o simplemente caminaban. Les veía adelgazar a diario, perdían el apetito, el interés por los juegos, por bañarse en la playa, hasta por la vida.

Se hizo una gran hoguera con sus pertenencias, pues todas tenían radioactividad. Fueron cientos de niños que se veían tristes aquel verano de 1986, había cientos de miles en Bielorrusia y Rusia, a donde fue también la nube radioactiva.

Más de 4 millones de habitantes de Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron afectados por la explosión, el 10 por ciento del territorio ucraniano está contaminado todavía con la radiación. Unas 160 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares y unas 30 mil quedaron deshabilitadas por las secuelas. Uno de cada 16 ucranianos sufre de salud debido a la radiación.

Viví las jornadas posteriores a la tragedia, compartí con los ucranianos el dolor de aquel drama que aún perdura; vi enterrar a muchas de las casi 6 mil víctimas que ha cobrado la explosión, caminé por la ciudad fantasma de Pripiat, que antes del aquel 26 de abril tuvo miles de habitantes. Cada vez que se acerca la fecha afloran los mismos recuerdos, aunque hayan pasado 33 años.

Álvaro Alba
Copyright © 2011, 2019 by Álvaro Alba

Ahora un reconocido periodista radicado en Miami y con varios libros publicados sobre su experiencia soviética, Álvaro Alba era uno del millar de jóvenes cubanos que estudiaban el 26 de abril de 1986 en la ciudad portuaria de Odesa. Había unos 500 distribuidos en tres escuelas militares de las cercanías de la ciudad y, en la ciudad, los civiles del contingente que incluía a Álvaro cursaban estudios de humanidades y ciencias y en conservatorios, politécnicos, academias navales amén del grupo que se especializaba en el Instituto de Refrigeración con vistas a aplicar sus futuros conocimientos en la construcción del metro de La Habana. Álvaro escribió el texto en el 25 Aniversario del accidente y lo hemos resucitado a tenor del interés provocado por el episodio de la serie televisiva de HBO. El original, titulado “Chernobil en mi recuerdo”, apareció en diversos medios de 2011. La presente versión ha sido ligeramente revisada con el objeto de su actualización y por precisión.

La acampada fue al norte de Odesa, cerca de Uman, una ciudad intermedia entre Odesa y Kiev, y el río era el Bug del Sur. De Uman a Chernobil son 380 kilómetros. La foto fue del sábado 26 de abril en horas de la tarde. Ya había explotado el reactor. Nadie lo sabía. En la foto, una parte de los estudiantes de la Universidad de Odesa y del Conservatorio que participaron en esa excursión de fin de semana. Desde la izquierda: dos estudiantes del conservatorio no identificados; José Moreno (estudiante de Historia, y siguiendo los pasos de su padre, Manuel Moreno Fraginals), Orlando Forte (Conservatorio), y delante, con pullover a rayas, un travieso Álvaro Alba (también Historia).

martes, 18 de junio de 2019

lunes, 17 de junio de 2019

sábado, 15 de junio de 2019

La felicidad como tarea

Entrevista con el escritor y periodista cubano Norberto Fuentes en Ahora con Oscar Haza (Mega TV) 13/06/19.


[Oscar Haza] Este es uno de estos días en que nuevamente la historia de Cuba tiene que ser citada. Hechos puntuales de la historia cubana. Se cumplen 30 años de privación de libertad, [rectifica] de la sentencia de privación de libertad de Patricio de la Guardia, uno de los mellizos, gemelos, jimaguas De la Guardia, Tony y Patricio. Y está con nosotros el escritor Norberto Fuentes, escritor y periodista. Entre sus obras más importantes está Dulces guerreros cubanos, que fue, pues, de gran difusión internacional. Y le agradecemos que, dada su poca proclividad a venir a la televisión y a los programas de radio y televisión… ¿Qué lo ha motivado a venir hoy, Norberto? Y se lo agradezco que esté aquí.

[Norberto Fuentes] Uno, porque me lo pediste tú, o sea, me lo pidió tu productor. Y, dos, que yo todo lo que pueda hacer por… por Patricio, por dar a conocer la situación de Patricio, lo hago. Lo tomo como un deber.

[Oscar Haza] Muchos teleaudientes, tanto en radio como en televisión, me preguntan, o se preguntan, siendo jimaguas, siendo gemelos, siendo militares, siendo miembros de ese gobierno, fusiló a uno y al otro no. ¿Por qué a Patricio no lo fusilan? Y sí fusilan a Tony.

[Norberto Fuentes] De hecho lo fusilaron. También. [Cruzan palabras, inaudible.]

[Oscar Haza] Pero yo me refiero físicamente, de cuerpo presente.

[Norberto Fuentes] Eeese… El fiscal dijo que era porque Patricio no tenía conocimiento del narco… [rectifica] no, no había participado en el narcotráfico, aunque tenía conocimiento del narcotráfico —cosa que yo dudo. Pero además era una cosa geométrica. Ellos fusilaron a un jefe grande de las FAR, Ochoa, y su ayudante; y a un jefe tan grande o por lo menos emblemático del MinInt, Tony, y su ayudante, Amadito Padrón. Ellos hicieron una cosa geométrica, [inaudible] te digo yo, este y este… Y a Patricio lo sacaron del asunto.


[Oscar Haza] ¿Fueron hechos puramente de delito común o fue el olfato de Fidel Castro de husmear que podía venir una perestroika con esos cuadros?

[Norberto Fuentes] Fue el olfato de Fidel Castro, de que podía venir una perestroika, pero no con ellos. Fue un aviso. Es su modus operandi eterno. Él golpea antes de que pueda pasar cualquier cosa. Y en este caso él cogió de cabeza de turco a esta gente. Ochoa no tuvo nada que ver con el narcotráfico. Ochoa, dicen que el ayudante fue a Colombia, todo eso se dice, que si apareció una tarjeta. Pero no hay [¿evidencias?] Ochoa no hizo nada. O sea que…

[Oscar Haza] ¿Por qué fusilan a Ochoa?

[Norberto Fuentes] Porque… ¿Quién es mi general más valiente? ¿Quién es el hombre más decidido que tengo aquí, que además se pasa la vida hablando como él quiere y lo que le da la gana, en Angola y en todos los lugares? ¿Es este? Pues a este lo voy a fusilar y a Patricio [lapsus mental por Tony]. Más daño estaba haciendo Abrantes con sus discursos ya francamente perestroikos, más daño está haciendo Carlos Aldana cuando apoyaba todo lo que estaba haciendo Abrantes, que Ochoa y que Tony. Daño en el sentido de lo que Fidel veía venir [Cruzan palabras, inaudible.]

[Oscar Haza] ¿Veían con simpatía a Gorbachov, lo que estaba haciendo Gorbachov?

[Norberto Fuentes] No. El que veía con antipatía lo que estaba haciendo Gorbachov, era Fidel Castro. Porque no te olvides que la Perestroika comienza en el KGB. Gorbachov es un cuadro de Andropov. Y el KGB de alguna manera está detrás de todo lo que está pasando en la Perestroika. No te olvides que en los países socialistas el órgano de la Seguridad del Estado, las inteligencias, el KGB —lo que en Cuba los unieron con policías y bomberos— en los países socialistas es la Inteligencia y la Contrainteligencia. Son las organizaciones más ilustradas, más informadas de esos países, y ellos sabían que ya no había competencia [con Occidente]. El KGB se daba cuenta y son los que impulsan de alguna manera en su orígen la Perestroika. Y Fidel Castro ve eso. Fidel Castro ve eso y se da cuenta que el sistema, como él lo concibe, sobre el cual él está montado —no quiere decir el socialismo, no vamos a meternos en una conversación teórica— no funciona si no es con el puño cerrado. Y que se le iba de las manos. Él se dio cuenta. Se le iba de las manos.

[Oscar Haza] ¿Cómo han sido los últimos años de Patricio de la Guardia? ¿Cuáles son las condiciones para decir cumpliste tu sentencia pero…?

[Norberto Fuentes] Eso no se ha dicho todavía.

[Oscar Haza] No se ha dicho.

[Norberto Fuentes] Se dijo lo que le dijeron hace un año y medio: Todo va a seguir igual. No importa el papel que le den mañana o que se lo den hoy. Todo va seguir igual.

[Oscar Haza] Va a seguir en su casa. No puede salir…

[Norberto Fuentes] No, no, él sale, sale a la calle. Él va a Soroa, donde tiene la casa de los padres. Va a Varadero. Él se mueve. Tiene un carrito. [En tono severo:] Tiene que informarlo. Y siempre tiene el K-J atrás… [rectifica] No sé cómo se llamará ahora el chequeo. Siempre los tiene atrás.

[Oscar Haza] ¿Y con la muerte de Fidel eso no cambió?

[Norberto Fuentes] En lo absoluto. En lo absoluto.

[Oscar Haza] O sea, la estructura sigue igual.

[Norberto Fuentes] En los absoluto. [Inaudible.] Más, más fuerte… y más cerrada que nunca. Porque Fidel Castro se podía permitir los lujos que no se puede permitir Raúl Castro.


[Oscar Haza] ¿Le hicieron alguna advertencia a Patricio de la Guardia, por ejemplo, de que no puede salir del país?

[Norberto Fuentes] No, se lo dijeron. Él firmó un papel, diciendo… Le llevaron un papel para que renunciara a salir… a solicitar la salida del país y a solicitar un pasaporte. Eso está firmado por Patricio. Hace un año y medio. ¿Qué iba a decir el hombre?

[Oscar Haza] ¿Qué justificación le dieron a eso?

[Norberto Fuentes] No que… Que no puede salir del país. Que si él sale del país… Esto es casi textual. “Diga lo que él diga fuera del país es lo que se va a creer, sea verdad o sea mentira.” No es ya que él tenga secretos.

[Oscar Haza] ¿Quién le dijo eso?

[Norberto Fuentes] Un mayor y un coronel de la Fiscalía Militar. Yo no sé los nombres. Que fueron los que le llevaron el papel.

[Oscar Haza] ¿Cómo vive?

[Norberto Fuentes] Vive en la casa de los padres, en la calle… En Miramar. En mi blog tengo la dirección. Eeeh… Donde ahora, ahora mismo, que tú y yo estamos hablando aquí, están celebrando la fiesta de su cumpleaños.

[Oscar Haza] 81 años.

[Norberto Fuentes, enfático] Están celebrando la fiesta de su cumpleaños. Esa es la respuesta a lo que yo publiqué. Porque yo dije que hoy se decidía [cambia la idea]. Ellos me han dado esa respuesta. Aquí no pasa nada. Esta es la felicidad como tarea.

[Oscar Haza ríe.]

[Norberto Fuentes] Mira lo alegre y lo felices que están. [Irónico:] Aquí no pasa nada. Lo cual, déjame decirte algo. Es una respuesta muy débil. Es una respuesta muy débil. [Admonitorio:] Patricio puede ganar esta. Patricio puede ganar esta porque la respuesta es muy, muy débil. Ahora mismo, si llamas ahora por este prodigio [muestra la pantalla de su móvil]. Cuando tú entraste [al estudio] me estaban enseñando la fiesta Porque me llamaron para enseñarme la fiesta. Sabían que yo venía aquí.

[Oscar Haza] Para que lo dijera.

[Norberto Fuentes] Para que lo dijera. [Inaudible] ¿Qué cosa? ¿Qué pasa con él? Igual que han publicado en algunos blogs por ahí que él va… que le ha dado por la pintura, que él está pintando…

[Oscar Haza] ¿No está pintando?

[Norberto Fuentes] Sí, está pintando.

[Oscar Haza] ¿Y vende los cuadros?

[Norberto Fuentes] Los vende, y los vende muy bien. Pero ahora se los están decomisando en el aeropuerto.

[Oscar Haza] ¿A los compradores?

[Norberto Fuentes] A los compradores. Les quitan los cuadros.

[Oscar Haza] No.

[Norberto Fuentes] Son extranjeros ¿no? Y dos o tres compradores que tiene, sobre todo americanos, psss [onomatopeya por desaparecer].

[Oscar Haza] ¿Y cuál es la razón ahora?

[Norberto Fuentes] Que no tienen un sellito, que falta no sé qué de exportación.

[Oscar Haza] La burocracia. ¿Vive con su familia? ¿Qué familia le queda?

[Norberto Fuentes] Él vive… La mamá se murió, Graciela. Tiene la tropita de sus amigos, que le es muy leal. La exmujer y mujer, la Cucusa, María Isabel Ferrer, está allí, en la fiesta, es de una lealtad blindada.

[Oscar Haza] ¿Cuántos hijos tuvo?

[Norberto Fuentes] Él tuvo… Tiene tres hijos… Dos aquí.

[Oscar Haza] ¿Ah, dos aquí en los Estados Unidos?

[Norberto Fuentes] Creo que tres. Graciela, con la Cucusa.

[Oscar Haza] Ya.

[Norberto Fuentes] Él, en realidad… está allí solo.

[Oscar Haza] Ellos tenían un hermano que vivía en Atlanta.

[Norberto Fuentes] En Atlanta. Mario.

[Oscar Haza] ¿Ya se murió?

[Norberto Fuentes] No tengo la menor idea.

[Oscar Haza] Ese se fue muchos años antes.

[Norberto Fuentes] Él… Sí. Ellos, en el 60. La familia se escinde en el 60. La familia De la Guardia. Ellos se quedan en la Revolución. Y…

[Oscar Haza] ¿Por qué se quedan en la Revolución, dos miembros de la burguesía habanera, o de la pequeña burguesía habanera, miembros del Havana Yatch Club y ese tipo de…

[Norberto Fuentes] Ellos eran…

[Oscar Haza] …de vida frívola?

[Norberto Fuentes] …los rebelditos. Ellos eran… estaban en la Academia Militar y siempre eran muchachos muy conflictivos.

[Oscar Haza] Muy traviesos.

[Norberto Fuentes] Muy traviesos, es la palabra, no conflictivos. He expresado una palabra del socialismo para definirlos. Muy travieso es más bonito. Es de La Pequeña Lulú. [Ríen.] Entonces, antes del temor que ellos se metieran, que estaban ya metidos, en la Revolución, los padres los sacaron para los Estados Unidos. Y aquí vinieron para la Florida y estudiaron pintura. Los dos se hicieron pintores. Muy buenos pintores. Y cuando triunfa la Revolución regresan a Cuba y comienzan a trabajar en el INIT. En una época que todo el mundo tenía empleo en el país. Empiezan a trabajar en el INIT. Entonces se celebra… El momento decisivo es la celebración de una regata en Varadero donde Cubela compite contra la canoa de Fidel que era de los pescadores. Y Fidel apostó públicamente por los pescadores y perdió.

[Oscar Haza] ¡Ah!

[Norberto Fuentes] Entonces cuando terminó la regata le dijo Fidel “¿Cómo tú ganaste?” “No, porque yo tengo los dos mejores remeros de Cuba, son los jimagüitas” Dijo: “Preséntamelos.” Se los presentó. Y le dijo a Cubela: “Muy pronto ellos van a estar en mi canoa.” [Riéndose:] La próxima vez que Cubela vio a Patricio y a Tony fue con Fidel en Varadero desayunando o almorzando, o algo así. Y Fidel dijo: “¿Y ustedes qué quieren hacer?” Y ellos le dijeron: “No, Fidel, hacer algo en la Revolución.” Dijo: “Bueno, vayan…” Les dijo: “Ramiro, encárgate de ellos.” Y ahí es donde ellos entran en el Ministerio del Interior. Y organizan con ellos la Sección T. Esa Sección T por Tony. Que era una especie de comando que iban a hacer, que se entrenaban en Jibacoa, comían chipojos, lagartijas, de supervivencia. Y se ponen en eso. Y los manuales de instrucción eran las novelitas de guerra americanas.

[Oscar Haza] Ya. ¿Fidel Castro lleva a cabo esa causa Número Uno con Juan Escalona de Fiscal, que falleció hace poco, para escurrir el bulto del narcotráfico?

[Norberto Fuentes] . El que lo vea así está perdido. Y le está dando la razón. Logró su propósito. Eso fue una operación de represión interna.

[Oscar Haza] ¿De purga tipo Stalin?

[Norberto Fuentes] De prepurga. Antes de que pasara nada. Eso fue ante la Perestroika, ante el Glasnot, ante lo que él veía que venía en el campo socialista. Él no podía permitirse el lujo de que la Unión Soviética se disolviera o de lo que pasara en Cuba con un Ministerio del Interior que ya le estaba reclamando cambios, pidiendo respuestas, preguntas. Ya anteriormente habían sacado 50 000 cuadros del Partido, a nivel de Gobierno y de municipio y de provincia en Cuba.

[Oscar Haza] ¿En Cuba?

[Norberto Fuentes] En Cuba.

[Oscar Haza] Eso no se publicó nunca.

[Norberto Fuentes] No se publicó nunca. En la llamada rectificación de errores. 50 000 cuadros [que] estaban pidiendo cositas. Porque había un pequeño desarrollo económico. Había un pequeño [crecimiento]. Cuando tú tienes eso en la economía, cuando tú empiezas… ya los grandes líderes comienzan a ser innecesarios.

[Oscar Haza] Claro. Y Aldana simpatizaba con la perestroika.

[Norberto Fuentes] De cabeza. Era un loco a la Perestroika. [Ríe.] Se embarcó completo. Pero más que Aldana, Raúl Castro Ruz…

[Oscar Haza, asombrado] ¡No!

[Norberto Fuentes, muy enfático] ¡Sí! Que en mi casa me dijo a mí y a mi amigo Alcibíades Hidalgo: “Vayan a la Unión Soviética. Porque ustedes dos tienen que estudiar la Perestroika, porque hay que hacer la Perestroika…”

[Oscar Haza] ¿Y por qué no la hace ahora que está solo?

[Norberto Fuentes, burlándose] Naaa. ¡Perestroika! ¿Con qué? ¿Con qué apoyo? ¿Con qué se sienta la cucaracha? [Cruzan las palabras]

[Oscar Haza] Norberto, tienes que volver para hablar de otras cosas interesantes. ¿Qué ha pasado con Lage, qué ha pasado con Felipito Pérez Roque? ¿Robaina está pintando también?

[Norberto Fuentes, riéndose] Si todavía no me revientan la caja de seguridad con toda esa documentación, yo vengo.

[Oscar Haza] Gracias.

La transcripción del diálogo ha sido ligeramente revisada por clarificación y fluidez.

Pulse este link y vea en YouTube la entrevista completa.



PEQUEÑO GLOSARIO OPERATIVO:

Tony, el coronel Antonio de la Guardia.

FAR, sigla de Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Ochoa, Arnaldo, general de división y Héroe de la República de Cuba, fusilado en el proceso de 1989.

Martínez, Jorge, capitán, ayudante de Ochoa, también fusilado.

MinInt, las siglas del Ministerio del Interior

Amadito, el mayor Amado Padrón Trujillo.

Abrantes, José, general de división y ministro del interior; muerto en la cárcel en 1991.

María Isabel Ferrer, ex mujer de Patricio, vive en Nueva York.

La Pequeña Lulú, uno de los comics de procedencia americana emblemático de los años 50.

INIT, el Instituto Nacional de la Industria Turística creado al principio de la Revolución.

Cubela, Rolando, comandante del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”. Su canoa estaba abanderada por la Universidad de La Habana.

Ramiro Valdés, legendario comandante del Ejército Rebelde y ministro del Interior desde la fundación de ese ministerio, en 1961, hasta 1969. Restablecido en el cargo entre 1978 y 1986.

Jibacoa: un playazo en los confines de la costa al noreste de La Habana.

miércoles, 12 de junio de 2019

La tercera vida


Patricio no sabe que yo sé esto que voy a contar ahora. Mucho menos Raúl Castro y sus oficiales comisionados para atender el caso “Patricio” concibieron que lo publicaría. Hace cuestión de año y medio, en 2017, los oficiales a cargo se presentaron en su casa de la calle 94 entre Primera y Tercera, número 107, municipio Playa, donde cumple su libertad condicional, y le dijeron que, efectivamente, estaba a punto de extinguir su condena pero que él debía saber que nada iba a cambiar, y enfatizaron: Que todo seguiría igual. ¿Que él debía saber, o que debía comprender? Es un matiz, pero importante en los procesos represivos cubanos. Saber tiene un tono implícito de amenaza. Pero cuando comprendes, están apelando a tu complicidad y de alguna manera a tu inteligencia. Tú comprendes porque te das cuenta de que no hay otra salida. Parece en todo caso una versión de la frase emblemática de El Gatopardo, “Cambiarlo todo para que todo siga igual”. Pero con una enorme carga de cinismo y como expresión de un poder omnímodo, aplastante, indolente. La cosa no paró ahí. A los pocos días se presentaron en el citado domicilio un coronel y una mayor de la Fiscalía Militar y le dijeron a Patricio que para ir “abreviando las cosas” y, al final de la jornada, “hacer los procedimientos más fáciles”, que le convenía firmar la límpida carta impresa en alguna impresora láser de la Contra Inteligencia Militar en la que él, Patricio de la Guardia Font, se comprometía, en ningún momento posterior al término de su sentencia, a solicitar su salida del país, y por lo tanto renunciaba desde ese momento a efectuar ningún trámite para la obtención de un pasaporte. Tuvieron a bien explicarle la razón de tal medida. El general debía entender que si viajaba al extranjero, todo lo que dijera iba ser tomado como un hecho, no importa si fuese verdad o mentira. Todo el mundo le iba a creer a él. Finalmente uno de los dos oficiales, de seguro el que llevaba los grados de mayor, que hacía las veces de ayudante del coronel, le entregó un bolígrafo. Patricio lo aceptó y preguntó dónde firmaba y ahí hizo deslizar su nombre. “Firme la copia, general, para que se quede con ella.” En eso sí fueron respetuosos. Todo el tiempo que lo han mantenido en libertad condicional, la forma de dirigirse a Patricio ha sido la de “general”.

Así pues, la hora de la verdad es hoy. 12 de junio del 2019. Lo es si tomamos como fecha de término el día de la detención, 12 de junio de 1989, y no el 7 de julio, que fue la fecha que se dictó la sentencia. Vamos, no creo que vayan a ser tan cicateros que se pongan en la rebatiña por unos 25 días, más o menos. Ahora les digo cómo andan los ánimos por esa casita del 107 de la calle 94 y lo que allí esperan. En principio no esperan nada. Como quiera que todo va a seguir igual, ¿qué necesidad tiene el Gobierno de armar un espectáculo? Puede aparecerse alguien, sin embargo, con una carta, una especia de diploma, en que se declara su libertad. Si el diploma es muy grande, pues habrá algún fotógrafo para que haga llegar la imagen a Miami y quizá a El País en Madrid. Como de costumbre, no debe ser un fotógrafo profesional, sino algún pariente o amigo de la familia que coincidió con la ceremonia. Otra variante (que se ha calculado en su círculo íntimo) es que le hagan una operación semejante a la del disidente Elizardo Sánchez cuando a Elizardo le dieron una medalla de la Seguridad del Estado y grabaron secretamente un video de la imposición (que luego distribuyeron alegremente entre los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana). En ese sentido, a Patricio pueden enfundarlo en un uniforme verde olivo, con las charreteras de general, y citarlo para alguna condecoración. Yo, realmente, no veo esta posibilidad. Pero repito que es algo que han previsto.

Un factor a tomar en cuenta, es el económico. Cerrarle todas las vías de ingreso, para hacerlo dependiente de algunos parientes que ellos puedan controlar. Patricio ha estado ganando dinero con sus pinturas (un excelente pintor, de verdad. ¿No han visto sus cuadros?) Sobre todo, es apetecido y cortejado por coleccionistas extranjeros. Incluso hay uno americano que considera a Patricio como “el más grande pintor cubano”. Pero estos dealers y mecenas están siendo retenidos a su salida por el aeropuerto de Rancho Boyeros y las obras de Patricio decomisadas. Y sin explicaciones.

Queda la variante final. Patricio sabe que está viviendo algunos de los momentos más peligrosos de su existencia. La sentencia de muerte, el infarto, es una realidad de la que él está advertido. “Caso mojado” le llamaban en el KGB a los planes de asesinato, una terminología que parece mantener su uso en la inteligencia rusa y los cubanos suelen repetir. Un procedimiento regular de convertir un caso mojado en caso seco es la inducción de un infarto. Ya he dicho que sus carceleros nunca pensaron que iba a llegar con vida a los treinta años cuando lo arrestaron en la oficina del general Pascual Martínez Gil. Patricio, sin embargo, ha llegado a la fecha con vida y con una espléndida capacidad creativa. No era lo que calcularon cuando lo visitaron las dos comisiones. Lo que planearon entonces fue “dormirlo”, “marearlo”, entretenerlo en fin, durante dos años más, seguros como estaban de que antes de esa fecha improbable el corazón del general no aguantaría más y él “se iría del parque”.

Hasta aquí todos los elementos de juicio que he logrado reunir, casi siempre a través de crípticas conversaciones vía WhatsApp (el bendito wasap —o wasá— al uso en los barrios habaneros), con mis amigos. Se trata ahora de esperar. En lo adelante la vida de Patricio va a ser la de un ciudadano cubano común. Un ciudadano común, claro, pero al que le mantendrán la cola de chequeo a donde quiera que se dirija y la obligación de informar de cualquiera de sus planes y movimientos. Cambiarlo todo para que todo siga igual. ¿Usted entiende eso, general?

martes, 11 de junio de 2019

Últimos dos hombres en pie


En un día de inicios de invierno, en 1990, Patricio de la Guardia me hizo este dibujo a plumilla de una mariposa africana —una Druria, según su descripción. La mayúscula de Druria es de su cosecha y yo la respeto en la transcripción. Se trata de su versión estilizada y de alguna manera en composición geométrica de lo que ahora he conocido en la Internet como Papilio antimachus o como Drurya antimachus o igualmente como Druryaeia antimachus. Su mensaje a modo de dedicatoria está escrito en el reverso de la cartulina. Dibujo a plumilla y dedicatoria fueron producidos en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, donde comenzó a purgar una condena de 30 años, que en el descarnado sistema jurídico cubano está considerado como alternativa de la pena de muerte. María Isabel Ferrer, a quien todos conocíamos por el mote de Cucusa que le había indilgado el mismo Patricio, y que a su vez había conocido un diminutivo, Cucu, era quien lo proveía de las magníficas cartulinas Bristol y los rollos de papel Ingres y de las plumillas y tintas que nadie sabía de donde las sacaba en un país al inicio de la escasez y las hambrunas del llamado Período Especial (una especia de NEP a la cubana después de la caída de la URSS), y también nos servía como un eficiente correo semiclandestino. Total, como si sacar el dibujo de un Papilio antimachus de entre aquellos muros blindados de piedra de cantería fuese a poner el Estado en peligro. Una sola cosa se le hacía insoportable a la Cucu: “Cuando esas puertas de hierro se cierran, Norber, y yo dejo a ese hombre desolado allá adentro. Y como me mira mientras el resquicio del portón se va cerrando en sus narices. Ese hombre… Se me encoge el pecho, Norber…” Para mí era conmovedor ver a la veinteañera que en algún momento el legendario general había conquistado en aquella conversión de conducta, en aquel estoico talante de hablar de su marido como si fuera su hijo. Las mariposas. Lógico que Patricio se obsesionara con las mariposas. Eran el símbolo de libertad perdida quizá para siempre, o lo más próximo al significado de siempre que son 30 años de cárcel para un hombre que fue arrestado el 12 de junio de 1989, la noche de la víspera de su cumpleaños 51. Piénsenlo por un instante. Que te digan el día que llegas a la media naranja: “Mira, compañero, esta es la celda en que te vamos a meter hasta que cumplas los 81 años.” Y míralo más bien como una cadena perpetua, porque son muy pocos los que sobreviven al régimen carcelario de Cuba hasta esa edad. (Mas no pregunten el porqué de tanto ensañamiento. Nadie tiene una respuesta cuando están matando a un hombre totalmente inocente. “Decisión política” o “Razón de Estado” son los mejores argumentos que puedes conseguir.) Cuando me mandó su dibujo, ya Patricio llevaba un año, 4 meses y 22 días tras las rejas. Yo lo contemplo ahora, en la pared frente a mi mesa de trabajo, enmarcado y con cristal y me pregunto si no estaré viviendo en otra vida. ¿Otra vida? ¿Nada de esto pasó frente a nuestros ojos? ¿Nada de esto laceró la carne de un hombre tan lindo como Patricio de la Guardia? La verdad es que nunca podremos liberarlo de treinta años de insomnio viendo una y otra vez la descarga que prácticamente decapitó a su hermano gemelo y él restrellándose los dientes, desbaratándose la dentadura, sin poder acudir en auxilio de ese hermanito, el menor de los dos. Calculo: bueno, el Patrick va cumplir mañana los 30 años exactos de su condena. Ténganlo presente. Mañana. Miércoles 12 de junio de 2019. Ahora el mensaje que Patricio de la Guardia me envió desde la cárcel de máxima seguridad de Guanajay en el reverso de dibujo a plumilla sobre cartulina amarilla de una mariposa africana:

Brother:

           De aquí para adelante sí hay más pueblos. Sigues y seguirás siendo mi hermano, digan lo que digan o hablen lo que hablen. Y como te diría el brother Tony “Never say die”. A él y a todos nosotros le pega aquello que dijera Martí “Aquel que ha corrido el peligro vuelve a buscarlo de nuevo —bien por el insaciable placer de desafiarlo o bien por la invencible influencia de la muerte”.

          A ti y a mí sobreviviente de N´Dalatando nos queda la esperanza de sentarnos algún día a reírnos de aquello que Tony te dijera el día que les estalló la turbina del avión en que volaban, y para que puedas llegar a ese día te dibujo esta Druria africana que según las creencias de ese continente exótico y embrujado, trae suerte, dicha y felicidad.

          No te dejes
          abatir por las despedidas.
Son indispensables como preparación
          para el
reencuentro
          y es seguro que
          los amigos y los hermanos se reencontrarán
         después de algunos momentos
        o de todo un ciclo
vital

Tu hermano

         Patricio.         2/11/90.           Guanajay

Post Scriptum: Noche cerrada y de relampagueos en el Caribe a mediados de los 80 y nosotros a bordo de un Tu-154, una máquina subsónica, que en su momento los soviéticos reconvirtieron de bombardero nuclear de medio alcance (para arrasar con Europa Occidental) en avión de pasajeros. Y esa noche de la turbina, volábamos de Panamá a La Habana y en el momento que yo consideré llegado el fin de nuestra existencia, Tony, a mi derecha, reclinó su asiento hasta ponerse casi horizontal y se encajó un antifaz de dormir. Yo le reclamé un mínimo de angustia en aquel momento postrero y él, con la mansedumbre de su dulce sonrisa y sin despojarse del antifaz, me dijo: “Esto no se cae, Norbertus. No se puede caer. Y si se cae, tú no sabes el peso que me quita de encima, aparte de lo que me divertiré. Piensa solo en la cantidad de traficantes, contrabandistas, guerrilleros, mercenarios, e hijos de puta de toda laya con los que yo trato y con un nombre diferente para cada uno, cuando comienzan a desembarcar en Cuba, por cuanto aeropuerto, puerto y playa existen allí y pregunten por el coronel Manolo, o el coronel Pepe, o el coronel Mengano. Y así. Y todos con mercancía diferente y con reclamos de pagos de montos diversos. ¿Quién los identifica en Cuba? Nadie. ¿De qué negocio están hablando? Nadie tiene idea. ¿Y tú sabes lo que pasa? Que yo nunca opero con papeles. Yo nunca anoto un nombre ni el objetivo de ninguna operación comercial. ¿Tú me entiendes ahora, Norbertus? Todo está aquí en esta cabecita. Cabecita que muy pronto, según todos los pronósticos, desaparecerá en el fondo del mar.” Entonces sacó la mano derecha de debajo de la manta con que lo había acolchado una muy displicente aeromoza, ajena por completo a la turbina en baja, y Tony se tocó la sien con el índice, como diciendo, la información hay que sacarla de aquí adentro. Volvió a entibiarse hasta el cuello con la manta de Cubana de Aviación. Me dejó a solas con la noche y en los bordes de un cúmulo nimbus en toda su potencia de desfogue.

lunes, 10 de junio de 2019

N’Dalatando

Fue el del sábado 5 de diciembre de 1987, cuando, con el tren fijo del carguero Casa de producción española, a bordo del cual nos hallábamos —el Patrick, el coronel Miguel, el coronel Payret, el teniente coronel Maico, el Negro Agapio, con su ametralladora RPK de bípode al hombro, el mayor Cadelo, el hijo del general Papo a cargo del maletín de documentos secretos del Patrick, y yo—, arrastramos unos troncos de palma cortados y apilados que se hallaban al final de los 250 metros de la pista de tierra de N´Dalatando. Las palas del motor derecho se enredaron de inmediato en un maniguazo, que peinamos después de golpear los troncos y en el momento que, de todas maneras, despegamos, con el motor derecho ido y sin saber si aún conservábamos el tren para el aterrizaje, que fue cuando, a duras penas, logramos sobrevolar el peñón que se hallaba a medio kilómetro de la pista. Con el único motor de que disponíamos y que dejaba escuchar un angustioso silbido de metal en sus límites, exhausto, intentamos mantener la trepada, obligados, como estábamos, a ganar altura, por lo menos irnos por encima de los 2 500 metros, que era el alcance de los cohetes portátiles de conducción térmica de que disponía la fuerza enemiga UNITA, cuando, con la proa aún levantada, lo cual es una mala actitud para una máquina que no dispone de fuerzas en reserva, tuvimos que enfrentarnos a la realidad objetiva de que teníamos un cúmulo nimbos en formación exactamente arriba y delante de nosotros. No sabríamos hasta dos horas después, al hacer el aproche a la pista del aeropuerto internacional de Luanda si aún contábamos con el tren. La torre de control nos pidió un pase frente a ellos y revisaron con binoculares la parte baja de la panza del avión y nos dieron una confirmación positiva. Teníamos los cuatro patines. Si resistirían o no el impacto del aterrizaje se definiría en el desplome final. El acontecimiento, en su totalidad, aumentaría en forma considerable los valores de nuestro pasado y además, para ilustrarlo casi a la perfección, teníamos el tape, gracias a que Maico, el teniente coronel Michael Montañez, con toda tranquilidad y sus habituales nervios de acero, no abandonó su cámara mientras nuestro avión se proyectaba hacia el desastre y mientras sostenía por el cinturón al navegante del Casa, un joven sargento angolano que intentaba abrir la compuerta trasera y lanzarse al vacío. Maico puso un ojo en el visor y grabó el instante antes de morirnos. Comenzábamos a contar por primera vez para el recuento de nuestros recuerdos, con una grabación de video. La etiqueta, en el lomo del casete, de puño y letra de Maico, aún dice: "N´Dalatando — Los rangers nunca mueren".

Recuerdo que en el momento del trancazo contra los leños y ya saltando al aire, el Patrick me dijo: “Esto se jodió.” Yo estaba a su izquierda en el único asiento doble no lateral de la pequeña nave, designado para los jefes. Patricio lo dijo con justificada indignación por la impericia de los pilotos angolanos. Y mira lo que dicen los valientes antes de morir, fue lo que yo pensé. Mira lo que dicen cuando les toca a ellos. Tenía todo el derecho a indignarse porque luego supimos que en este tipo de accidente solo uno de veinte sobrevive. Fue el caso nuestro. De aquella tropita de afortunados cubanos. Armados hasta los dientes pero ninguna manera de defendernos dentro de aquella lata. Fuimos ese cinco por ciento. Les cuento que uno de mis planes en permanente añejamiento es escribir una novela sobre aquella tarde en N´Dalatando. El argumento subyacente sería lo que aconteció después con esos hombres, cuando cayó sobre ellos el escarnio de ser hombres de Fidel Castro cuando este necesita deshacerse de ellos en beneficio de una maniobra política. La moraleja, en consecuencia, es que habría sido mejor morirse en aquel momento y no tener que conocer el rostro verdadero de la historia final de la Revolución Cubana. “ —Ah qué la muerte más cabrona… Nomás sirve para alejarnos un poquito”, dice un personaje de Carlos Fuentes en La región más transparente, antes de que lo fusilen con otros tres compañeros en uno de los episodios de la Revolución Mexicana. Patrick, a unos escasos dos días de cumplir sin sosiego ni piedad una condena de 30 años, es un testigo de excepción de la experiencia. ¿Hasta dónde alargarán su sufrimiento? ¿Hasta dónde Raúl Castro va a permitirlo? Estamos a punto de saberlo. El próximo día 12 de junio lo sabremos. “El fin de Tony fue más gallardo y romántico que el mío que aún está por ver cómo termina”, escribió Patricio en una carta el 12 de octubre de 1990 desde la antigua cárcel de mujeres de Guanajay rehabilitada como establecimiento penitenciario de máxima seguridad para encerrar a los procesados de la Causa 1/89 y subsiguientes. Ah qué la muerte más cabrona.


El general de brigada Patricio de la Guardia, el “Patrick” de mis notas, en su calidad de jefe de la Misión Especial del Ministerio del Interior en la República Popular de Angola, se había presentado en N´Dalatando, capital de la provincia Cuanza Norte, para imponer al gobernador provincial Paulo Jorge de la presencia de avanzadas de la organización contrarrevolucionaria UNITA en su región, y detallarle que esto era parte de un plan estratégico del enemigo para dislocar estas avanzadas al norte del país. Ya en alguna de estas avanzadas nos habían tiroteado el helicóptero Mi-8 en el viaje hacia N´Dalatando la tarde anterior (viernes 4 de diciembre de 1987) y provocó que la tripulación cubana se mostrara reluctante a despegar de Luanda al otro día para recogernos y devolvernos a casa. “Los cabrones se apendejaron”, dijo el coronel Payret. Paulo Jorge, con la habitual calma de los chefes angolanos, mitad calma, mitad sabiduría, dijo: “No se angustien, camaradas. El avión con mi correo está en la pista. Ahí los embarco.”

De las notas de uno de los diarios angolanos de Patricio en mi poder.


Fotogramas del video. Proceden de la dañada cinta original que, entre otros estropicios, se partió en alguna operación de rebobinado. Una narración de los fotogramas se encuentra al final de la secuencia.



















1
Una animada conversación en el jardín de la residencia de Paulo Jorge, el gobernador de Cuanza Norte. De izquierda a derecha: el coronel Rogelio Payret, el general Patricio de la Guardia y el escritor Norberto Fuentes.

2
Paulo Jorge, que fuese el primer canciller de la recién estrenada República Popular de Angola en 1976, muestra a los camaradas cubanos el jardín que él mismo atiende en la residencia de gobierno.

3
La despedida. Caravana lista.

4
En el rústico aeródromo de N´Dalatando. El escritor no las tiene todas consigo y el aparato de factura española que debe abordar.

5
Mas el general Patricio tampoco parece convencido de su destino inmediato.

6
El piloto y su invitación al abordaje de su nave y acomodarnos. De uno en fondo, camaradas.

7
Patricio y Norberto ocupan el asiento delantero.

8
La rampa inicia su ascenso de cierre. Una silenciosa familia angolana relacionada con Paulo Jorge nos acompaña.

9
Un instante antes de Patricio soltar su perentoria declaración de esto se jodió.

10-12
No se ha jodido completo, al menos todavía. Patricio y el escritor husmean desde la puerta de la cabina y calculan sus posibilidades de supervivencia.

13
El abochornado navegante expurga, en solitario, arrinconado, sus culpas por pretender abrir la rampa para escapar del avión.

14-15
Los bomberos parecen emboscados al borde de la pista de Luanda. Nos estaban esperando por indicaciones de la torre de control. Apenas ha tocado el pavimento y ha comenzado a correr sobre la pista, el piloto abre la rampa hasta que frene el equipo. En caso de incendio, tenemos solo 15 segundos para evacuar.

16
El Negro Agapio es el último de los nuestros en abandonar la nave. La combinación de los ramilletes de flores obsequiados por Paulo Jorge y de su RPK al hombro constituye un motivo de broma en las próximas semanas. Era un obsequio del gobernador para las camaradas mulheres cubanas de la Misión del Ministerio del Interior.

17
El piloto angolano desciende con cierta precaución. Los cubanos lo están esperando.

18
Pero los cubanos están demasiado excitados y contentos por haber regresado a Luanda en una sola pieza. Así que en vez de reproches al piloto, buscan el lado positivo de su maniobra. Hizo lo correcto con los controles y no titubeó al apagar el motor averiado y mantener la trepada del avión en un ángulo aceptable para el trabajo de un solo motor y sacó el avión al aire y ahí lo mantuvo.

lunes, 3 de junio de 2019

Y el reloj sigue avanzando


26 de septiembre de 1988. El general de brigada Patricio de la Guardia efectúa un recorrido de inspección en el complejo hidroeléctrico Mabubas, a la altura de Caxito, en la provincia de Bengo. Mabubas provee de electricidad y agua potable a Luanda, la capital angolana. Aquí Patricio tiene 14 combatientes de sus fuerzas del Ministerio del Interior para garantizar la protección del perímetro. Catorce cubanitos a cargo de la electricidad y el agua de la capital de un país. El resultado, cuando se haga el conteo final de la participación cubana en la guerra —antes de su retirada hacia la isla—, es que cumplieron su misión. Mabubas estuvo todo el tiempo firmemente bajo su control. “Guapos aquí, caballeros”, le dice Patricio a sus hombres. “Guapos aquí”. Después, había que dirigirse al municipio vecino de Bula Atumbas, donde se ha detectado actividad de la agrupación contrarrevolucionaria UNITA. Otra vez un puñado de internacionalistas cubanos. Pero el mensaje del general no es de resistencia sino de ofensiva. “Hay que meterles caña a estos cabrones”, dice. “El objetivo es quitarles presión a los flancos de Mabubas.”

Yo acompañé a Patricio en ese recorrido, y junto al Kalashnikov de paracaidista soviético llevaba mi cámara de video Sony-8. Ahora puedo recrear aquellos días y ver al Patrick con sus arreos de combate y el puñal en la sobaquera y el despliegue de su cultura táctica mientras habla con sus oficiales, inspecciona los mapas de pared y toma decisiones. También tengo los apuntes de sus agendas angolanas. Así dejó escrito —la noche anterior— la tarea a cumplir: Salida para Caxito. Apreciar sit. en Bula Tumba. El “sit” es situación operativa. Bula Tumba tiene un error; el nombre correcto es Bula Atumba.

Y tales los materiales que reviso a la espera del próximo 12 de junio, el día que Patricio extingue una condena de 30 años. Los acabo de rescatar de una caja de seguridad, donde los guardo.

Yo sé todo lo que va a pasar con Patricio, más no quiero darle incentivo a la maldad. No voy a hablar siquiera de crimen ni de injusticia. Me mantengo por lo pronto en mis sesiones reservadas de video y en volver a transitar una historia —y qué historia. Una a la que los cubanos nunca más tendrán acceso.



Capturas de video: Copyright © Norberto Fuentes 1988, 2019.

jueves, 30 de mayo de 2019

La historia no contada de "Ernesto"

Respuesta a una editora en solicitud de información sobre Ernesto. The Untold Story of Hemingway in Revolutionary Cuba (Melville House, 2019) de Andrew Feldman. La publicidad en línea de la editorial y la nota de solapa anuncian que su autor es el primer americano aceptado como investigador in residence de la Finca Vigía y que allí tuvo un acceso sin precedentes a los archivos durante dos años.

[14 de febrero de 2017]

Querida Emma,

… y te voy a escribir en español, pera poder ir más rápido. Yo no conozco este libro de Feldman. Pero de cualquier manera llega con casi 40 años de retraso. Yo terminé el mío a finales de los 70 y las dos primeras ediciones se publicaron en 1984. En un párrafo de la edición en español (los gringos lo eliminaron en su edición) yo aventuré lo siguiente:

La biblioteca de Finca Vigía está necesitada de un estudio minucioso desde hace 20 años. Algunos escritores y críticos han comprendido esto. Cada vez que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos experimentan cierta mejoría, una de las primeras cosas que aparecen en el horizonte son los investigadores norteamericanos que reclaman instalarse en Finca Vigía. Desaparecen cuando los nexos vuelven a entrar en crisis.

Satisfecha mi vanidad de visionario, te agrego lo siguiente y de esto puedes tener la más absoluta seguridad: después de que Ernest Hemingway partiera de esta estancia por última vez en la mañana del 25 de julio de 1960, el otro escritor que se posesionó de la Finca Vigía y se instalara (hipotéticamente hablando, y no tan hipotéticamente) bajo su techo —y durante 7 largos años— fue Norberto Fuentes. Entré allí por primera vez investido con todos los poderes que me dio la Revolución, creo que el 30 de julio de 1975. La estancia estaba inmaculada, más o menos como la habían dejado los Hemingway. Y te puedes imaginar que no dejé libreros, gavetas, libros, rescoldos, debajo de los muebles, detrás de los cuadros, bajo los cojines, sin escudriñar, sin revisar, sin toquetear, sin manosear, sin oler, y, lo más importante de todo, sin transcribir, apropiarme o fotocopiar para usar en mi libro sobre la presencia de Hemingway en Cuba.

Todo eso, junto con los testimonios de sus vecinos y amigos y las crónicas de mis viajes por los escenarios costeros de la aventura hemingwayana en la isla fue el material invertido en mi libro. El resultado final, querida Emma, es que no dejé nada para nadie. Tierra arrasada, como aprendí del ejército de Kutusov ante el avance de Napoleón. Ten esa seguridad, Emmita. No importa que tú seas el primero o el último de los investigadores autorizados a husmear en la Finca. Porque no podrás sacar nada nuevo, relevante, sensacional, que ya no haya aparecido, hace muchos, muchos años, en Hemingway in Cuba. Y esto es algo que me complacería restregarle en el hocico a Feldman y a cualquiera de sus editores, como ya lo hice además con The New York Times y con la biblioteca John F. Kennedy.

En fin, que no tienen manera de sacarle jugo a una piedra que se secó en el siglo pasado. La sequé yo mismo, queridos amiguitos. Sorry.

*     *     *

PS (para este blog): Después que un amigo me mandó el libro de Feldman y de emplear en su lectura las últimas horas, me ha sido fácil descubrir las huellas de la copia o del aprendizaje página por página de mi Hemingway en Cuba. Eludo el término plagio porque puede tomarse como una señal de admiración, o para no incurrir en la generosidad de Jorge Luis Borges en su referencia a Macedonio Fernández: “Lo imité —dijo— hasta el apasionado y devoto plagio.” En fin, que para montarse en los raíles de mi trabajo, Feldman pudo ahorrarse el viaje a Cuba. Le bastaba con conseguirse una copia de uso en Amazon (el precio es razonable) de cualquiera de las versiones en inglés o español (mucho más completa la española) y sentarse en su casa a reescribir mi libro en sus términos y gusto.     
(29/5/19)

El miniposter plegable en el reverso de cubierta de la
cuarta edición cubana de Hemingway en Cuba
(Letras Cubanas, La Habana, 1986).
Foto: Roberto Herrera Sotolongo.
Concepto: N. Fuentes.

jueves, 23 de mayo de 2019

lunes, 20 de mayo de 2019

La cuenta regresiva


Escribo esto el 20 de mayo de 2019. Faltan 25 días para que Patricio de la Guardia extinga una condena de 30 años de prisión. Era el 12 de junio de 1989 y estaba celebrando su cumpleaños en la casa del teniente coronel Michael Montañez “Maico”, uno de sus más cercanos colaboradores. Cumpliría 51 al día siguiente. Hacia las 9 de la noche vino a buscarlo el coronel Filiberto Castiñeira “Felo”, un ayudante del general de división Pascual Martínez Gil. “El jefe quiere verte, Patri.” Desde que entró en el Lada y se sentó en el asiento trasero ya estaba preso pero no lo sabía. Felo tampoco lo sabía. Al timón iba Lomba, el chofer de Pascual. “¿Qué es lo que quiere el jefe, Felo?”, preguntó Patricio. “No sé, Patri. Me imagino que algún regalo por tu cumpleaños.” Esta respuesta, hasta el día de hoy, ha mantenido su carga de despiadada ironía en la conciencia de Felo, que la emitió en estado de absoluta ignorancia respecto a los hechos que se precipitaban. Pero cuando arribaron al despacho de Pascual en el edificio “A” del Ministerio del Interior y le cedió el paso a Patricio para que se presentara ante el jefe, lo comprendió todo. Adentro, logró atisbarlo, también se encontraban cuatro o cinco mastodontes de Operaciones, la gente de “Villa” —el centro de instrucción asentado en Villa Marista, los antiguos planteles de los Hermanos Marista en La Habana. Desde ese momento y hora, según todas las normas jurídicas internacionales, debe contarse su tiempo a cumplir tras los barrotes o donde quiera que se le someta al control policíaco. Patricio ha cumplido “de campana a campana” —como decimos los cubanos— esos 30 años. El mismo tiempo que marca la existencia de una generación y el mismo, por ejemplo, que le bastó al emperador Akihito para reinar durante la era Hesei. Ahora viene la prueba de fuego, no para Patricio, sino para el Gobierno cubano, y particularmente para Raúl Castro, que finalmente tendrá que decidir. El hecho es que Patricio ha vivido mucho más de lo que ellos calcularon. Llegará a los 81 el próximo 13 de junio. Estemos alertas. Porque en apenas 25 días se define algo más que un destino.

jueves, 16 de mayo de 2019

El risotto de la madrugada

Por Rui Ferreira

Ni risotto ni Roma. Desayuno gringo en un Aijop de la Avenida 42 de Miami.
Un domingo de marzo de 2007. Desde la izquierda: Guillermo Cowley “Willy”,
un excapitán de las Tropas Especiales cubanas; Omero Ciai, el
veterano corresponsal italiano; Norberto Fuentes, propietario de este blog;
y Rui Ferreira “El Portugués”, que se presta a colaborar con el siguiente texto.

Hace 10 años por estos días estaba durmiendo en casa de mi amigo Omero, en el Trantevere romano, cuando escuché un ruido en la cocina. Ruidos de cacerolas. Eran casi las cuatro de la mañana. Quien será, me dije, ¿serán fantasmas, será gente... ladrones?

No. Era Omero cocinando en calzoncillos, con un cigarro en la comisura del labio y la ceniza regada por todos lados, incluyendo la sartén en la cual preparaba un Risotto ai funghi. Y no parecía dormido, estaba bien despierto atento a cada detalle. El asunto, como diría mi amigo Benito, es que cocinar de madrugada relaja bastante. Omero es periodista como yo y en este viaje a Roma me enseñó el truco de cocinar de madrugada: hacer cosas sencillas pero que tarde su tiempo, que sean un poco laboriosas para darle a uno la oportunidad de pensar en el día de trabajo que ha terminado.

Cocinar, me explicó Omero, te relaja de todo lo que puedas hacer, olvídate del ordenador, la televisión hasta un libro. Aquí estás tú solo contra el plato, recuerdo que me dijo. La receta era sencilla y él la preparaba con mucha habilidad, romano al fin y al cabo. Aquí la clave es el vino blanco, el caldo y el arroz, me enseñó. La cocina de Omero es la ideal para cocinar Au Clair de la Lune. Resulta que su padre era pintor y forró parte del techo de la casa con tejas transparentes para que la luz reflejara mejor los colores y tonalidades de las acuarelas. En noches de luna llena la luz eléctrica puede llegar a ser superflua.

De modo que Omero cocinaba bajo las estrellas y allí nos quedamos nosotros conversando de nuestras vidas, el rumbo de la cosas y qué nos puede deparar la vida. Yo estuve 10 días en su casa, todas las noches había clases de culinaria de madrugada – Silvia, la mujer de Omero se iba a la cama y nos dejaba solos – y yo iba aprendiendo que a los espaguetis no se les echa aceite, que las lascas de pasta para la lasaña deben estar debidamente cuadradas y montadas en intervalos regulares. Fue una de esas noches que me enteré, por ejemplo, que la salsa Alfredo no es italiana, sino un invento de los inmigrantes en Estados Unidos, algo así como el arroz frito con carne de puerco que hacen por acá. En Beijing lo miran a uno con mala cara si uno se atreve a sugerir semejante herejía. De hacerlo, un chino es capaz de soltarle a uno una mirada cargada de maldiciones que se remontan a la dinastía Ming.

Aprendí con él también la cuestión de los vinos. Cuando era chico mi abuelo me decía que los vinos portugueses eran los mejores del mundo. Cuando comencé a viajar por este mundo me di cuenta que los abuelos también se equivocan. Las cosas hay que verlas en su perspectiva. Existe el error, me explicó Omero, de creer que la pizza y el espagueti se acompañan con vino blanco. De hecho los dos platos se deben comer con vino tinto, el blanco se usa más para la pizza “blanca”, que no lleva tomate sino queso mozarella. En Italia hay muchos vinos y todos son buenos (malos son los griegos, en serio, los he probado) aunque Omero a las cuatro de la mañana cocinando su risotto aconseja el Barolo, de Piamonte. Me explicó que es un vino que se puede guardar durante muchos años, prácticamente no muere y tiene un paladar que no es ni dulce ni seco. “Algo en el medio”, repetía. “Pero suave”. Me perdonan los escépticos, pero Omero es del Lazio, testarudo, habrá que creerle entonces.

Y en eso pasábamos horas, cocinando, aprendiendo y conversando. Una vez nos enfrascamos en una discusión sobre el Borgoña. No se si han probado este vino francés pero es buenísimo. Una noche Omero no vino a cenar a casa y yo decidí meter mano a una botella de Borgoña sin contar con él. Cuando se enteró salió a relucir su costilla del Lazio. La voz tronó por los cimientos levantados, quizá, en los tiempos de Marco Aurelio. El papa seguro que se despertó en el Vaticano. Pero hasta el día de hoy no entendí qué más le costó, si hubiera tomado la botella sin él o que la hubiera escogido. Nunca más toqué en ninguna botella de la casa.

Omero no está bien. No sé si volveremos a cocinar algo de nuevo durante la madrugada. Pero yo si lo voy hacer, porque como los periodistas son muy parecidos a los taxistas, es ya un hábito regresar de madrugada a casa tras una noche manejando Uber y ponerme a cocinar porque realmente relaja. Y mientras lo hago voy “conversando” con Omero.

Antes de irme: Lo que no les he contado es que aquella noche una vez terminado de hacer el risotto, Omero lo mandó directo para el refrigerador. Ese es el secreto del cocinar de madrugada. Es solo para relajar, no para comer. Comer sería un sacrilegio. Además mañana seguro que sabe mejor. Basta calentarlo con una gotica de aceite.




miércoles, 13 de marzo de 2019

Bunder Pacheco regresa

A la venta en Amazon la edición del 50 Aniversario de Condenados de Condado

Para el área de Miami hay copias disponibles en
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El 8 de febrero de 1968 Norberto Fuentes recibió la noticia de que el jurado compuesto por el argentino Rodolfo Walsh, el chileno Jorge Edwards, el francés Claude Couffon, el peruano Emilio Adolfo Westphalen y el hispano-mexicano Federico Álvarez, había elegido a Condenados de Condado como la obra ganadora en el certamen de cuento de ese año de la Casa de las Américas.

Así fue como Norberto vio su primer libro publicado pero también quedó en la mira y el enojo del “mayimbón de los mayimbones”, del mismísimo Fidel Castro, y si su situación era precaria hasta ese momento, por una capacidad innata de Fuentes para caminar por el borde de la cornisa, se mantendrá en el filo del abismo por los siguientes años, en los cuales se atrevió a publicar sin autorización oficial un libro en el extranjero (Cazabandido, 1970) y fue la nota discordante y el protagonista inesperado de la llamada autocrítica del poeta Heberto Padilla (1971).

Por todo eso y pese a todo eso, Condenados de Condado se transformó en un clásico de la literatura de la Revolución Cubana. Por años solo ha podido ser encontrado en librerías de viejo —con la excepción de aquella edición de 2000 (Seix/Barral)— razón de sobra para haberlo vuelto a publicar y mantener al alcance de todos los lectores, especialmente aquellos que llegamos tarde a la Revolución. Y a través de estas páginas podemos sentir con una inexplicable nostalgia la humedad del Escambray, el polvo que se incrusta en nuestra piel tras días de operaciones, el eco de los disparos y ser testigos del humor o mal humor de los milicianos y sus comandantes.

—Pedro Schwarze
(en el prólogo de esta edición)

Scrapbook


Norberto Fuentes es el narrador más original producido por el período revolucionario cubano.
—Ángel Rama, Literatura y clase social

Fuentes no quiso como narrador dividir el mundo en blanco y negro, con lo cual tocó el tema de la inmaculada pureza del ejército revolucionario.
—Jorge Edwards, Persona non grata

Sorpresivamente, en un momento de máxima ortodoxia revolucionaria, Norberto Fuentes produjo uno de los libros más interesantes y polémicos de la literatura cubana.
—Juan Domingo Argüelles, El Universal (México)

Desde el primero al último, su único tema es la revolución. Lo fascinante, lo violento, lo imprevisible y aterrador de esas situaciones límites que todo movimiento revolucionario comporta, es la sustancia de su obra… Sus relatos son como los de un poseso en que apenas interviene la elaboración, de algún modo concebidos al margen de la literatura.
—Heberto Padilla, El Nuevo Herald (EEUU)

Norberto Fuentes ha comprendido como nadie lo que significó el shock que originó la agresión a la joven Revolución, reaccionó de forma creativa y le imprimió a sus textos la imagen de la escena cubana con todo rigor.
—Jorge Santos Caballero, Resonancias (Cuba)

El mayor hallazgo del libro no hay que buscarlo en el tema en sí, en su carácter específico de épica nacional, sino, justamente, en la trascendencia de esas fronteras, en el salto a lo universal que late en lo inmediato y en lo cotidiano. Y ese salto… lo ha conseguido Norberto Fuentes con todo un libro.
—Antonio Benítez Rojo, Casa de las Américas (Cuba)

Condenados de Condado —que generó culto entre los cuentistas jóvenes de la isla y aún hoy es tratado como modelo literario— era… literariamente, muy bueno, y la crueldad de sus páginas tan real como la vida misma de aquellos convulsos, años sesenta y especialmente de los conflictos armados en la sierra del Escambray.
—Roger Salas, El País (España)

Visto el libro con la perspectiva del tiempo, puede considerarse como una auténtica obra maestra del relato corto. Veinticinco relatos [que] poseen la intensidad de lo vivido y de lo narrado con los mínimos recursos, casi todos ellos de naturaleza verbal. Sin embargo, las historias están construidas con un cañamazo de dramatismo y de humor negro y sin referencias políticas. Tampoco carecen de ternura, de un amor a la vida que se combina con sentimientos como el honor, el heroísmo o la pasión y la nostalgia.
—Joaquín Marco, El Cultural (España)

El libro muestra su calibre humano y la dirección ejemplar que ha tomado, al margen de su sabroso sentido del lenguaje, de una habilidad ya consumada para el diálogo con sus vivaces giros coloquiales, de un rigor cuentístico con que dejar de lado todo material adventicio de la palabra o de la imaginación para hacer de Condenados un preciso breviario de una literatura que aún mejor que la historia reflejará desde adentro a la Revolución.
—Jorge Rufinelli, Marcha (Uruguay)

Una crónica, a veces feroz hasta la alucinación. Ejército revolucionario y "bandidos" uno frente al otro. Bajo el disfraz de guerrilleros atroces y despiadados, mantienen viva, tanto de un lado como del otro, una humanidad genuina y soñadora que sabe cómo encontrar espacio para las pausas líricas.
—Mariapia Bonanate, Gazzetta del Popolo (Italia)

Parece ser un libro de cine, y con esto no queremos empañarlo o disminuirlo. Queremos decir que posee una vivacidad plástica y un dinamismo que nos hace pensar en el cine: y estamos convencidos de que es capaz de recrear la concreción más deslumbrante de las imágenes en movimiento.
L´Espresso (Italia)

Condenados de Condado sigue siendo fresca, motivadora, herética, perturbadora, audaz. Y por todo esto, actual. Quizá su lectura ayude a entender un poco mejor ese enrevesado panorama cubano y hacer ver hasta qué punto la voluntad ha movido montes, con un insólito, brutal y —¿por qué no?— simpático Bunder Pacheco, un hippie guerrillero, tierno e ingenuo, como son los hombres de pueblo que hacen la historia de la cual Norberto ha sido un Melquiades un tanto molesto.
—Alejando González Acosta, Unomásuno

Fuentes no es un bardo retórico que tiende a las notas épicas. Las crudas experiencias de la guerra civil son recordadas por él con un humilde sentido de la humanidad, impregnado de piedad y de ironía, y en ocasiones con asombro e inquietud.
La Gazzetta del Mezzogiorno (Italia)

Un fino humor irónico, tremendamente cubano transita por las páginas de estos cuentos escritos con maestría y gran poder de síntesis… y se apodera de nuestra atención, ganándonos el combate por knot-out, como diría Cortázar.
—Eduardo Heras, autor de La guerra tuvo seis nombres (crítica censurada)

Norberto Fuentes logra recrear la atmósfera de uno de los momentos decisivos de Cuba, dio constancia de la contrariedad y la complejidad de la naturaleza humana en situaciones límites y, sobre todo, materializa una extraña concisión, de amplitud de contenido y de rigor formal… Un clásico de la Narrativa Latinoamericana de fin de milenio.
—José Agustín