lunes, 19 de agosto de 2019

Camino de la abadía


Empecemos como solía presentarse Norman Mailer: con el extracto de algún periódico o revista. Este es de The New York Times, mayo 4, 1988.

4 POWERS MEET TO EXPLORE WAYS TO END ANGOLA WAR

Representantes de Estados Unidos, Sur África, Cuba y Angola se encontraron aquí hoy para lo que ha sido descrito como conversaciones exploratorias para terminar la guerra en Angola.

Pero incluso antes de que las discusiones comenzaran esta mañana en un hotel de Londres, diplomáticos occidentales y funcionarios sudafricanos advirtieron que no se esperaran cambios súbitos basados en las fórmulas de paz propuestas por el representante americano en las conversaciones, Chester A. Crocker, secretario asistente de Estado para los asuntos africanos.

Durante siete años, el señor Crocker ha estado promoviendo un plan que llama a las partes para retirar las tropas cubanas de Angola a cambio de la salida de las fuerzas de Sud África de Namibia.

En la sosegada penumbra del salón de reuniones del Durrants Hotel, en George Street, London, W1 (telephone 01-935 8131) con sus cajitas verdes de cerillos y su nombre en círculo dorado, su emblema y escudo, cuando se iba quedando solo (el escritor fue el último en desalojar el salón), luego de las despedidas y los abrazos de los participantes, uno tuvo la comprensión de que había un libro en mente. Había estado en el frente sur de Angola, había comprado armas para el gobierno angolano, y ahora participaba en la primera ronda de conversaciones con los sudafricanos y teniendo a los yanquis como mediadores, un material que regularmente queda vedado para la presencia en carne y hueso de los cronistas y que es de uso privilegiado de los grandes políticos que, me imagino, se servirán de las notas de sus solícitos secretarios para las eventuales memorias; y de las tres aventuras, la única que regularmente se abre a los de mi estirpe, es la del frente. Es lo nuestro, caballeros. Fango y morterazos. Negociaciones de armamento, cero, y delegaciones de altísimo nivel, doble cero.

Así que cuando Chester Crocker, el principal negociador de la administración Reagan para el conflicto africano, invitó en la reunión inaugural a que cada uno se presentara con su nombre y ocupación, yo me encontré ante un difícil problema de solución práctica. ¿Qué decir? ¿Que en el año 1961 yo comencé como guionista de historietas en la revista Mella, para luego continuar con esa parte de mi historia, y a las 2 horas ya habría hecho un flashback y estaría diciendo que a los 12 años me había enamorado de mi maestra de 6to. Grado y que mi padre me llevaba de muchachón a jugar gallos con Santos Traficante, y podía imaginarme a los sudafricanos y a los yanquis y a los angolanos con la barbilla recostada al puño mientras yo contaba mi vida y trataba de llegar al punto en que por fin se aclaraba qué diablos yo hacía allí? Fue entonces que Alcibíades Hidalgo, el portavoz de la delegación cubana, sentado a unos tres asientos a mi izquierda, recibió mi mirada inquisitiva y escribió un papelito que yo me levanté a recoger y que decía: “Dí funcionario del Comité Central”, que fue la síntesis escueta que escucharon los presentes me imagino que de todas maneras con incredulidad porque me vieron levantarme hacia donde estaba Alcibíades y seguro habrán pensado, ese individuo de los espejuelos oscuros estaba pidiendo instrucciones, y el de la barbita es el comisario político.

Pero, aún no me acababa de sentar, cuando atiné a ver la irónica mirada que Carlos Aldana, secretario ideológico del Partido y el hombre de Raúl Castro en las negociaciones, me dedicaba. También estaba sentado a mi izquierda. Y negó con la cabeza, sonriendo. Era, sin dudarlo, un reproche.

Una nota suya me llegó en medio de la reunión. Leí.

Perdiste la oportunidad de tu vida.
Debiste decir:
"Norberto Fuentes,
Dirección General de Inteligencia,
República de Cuba.
Especialista en interrogatorios."

Tenía toda la razón del mundo. Me hubiera robado el show. Una extraordinario oportunidad perdida para siempre. No se repite dos veces.

* * *

Pero la oportunidad que sí no iba a perderme, ya que estaba en Londres, era cruzar la cebra de Abbey Road por la cual los cuatro Beatles habían transitado 18 años, ocho meses y 23 días antes para la portada de su último álbum y que es el verdadero motivo de este texto. (No, sabichosos, no se manden a correr, Let It Be se grabó antes, pero se publicó después.) Así que me agencié una vez más la complicidad de mi socio Alc y convencimos a un chofer de la embajada cubana para que nos llevara a Abbey Road, todo más o menos en el sigilo de la clandestinidad y a espaldas del resto de nuestra nutrida delegación de generales y altos dirigentes, excepto Aldana, por supuesto, que también se las daba de “amplio” y que se detuvo un instante antes de abordar el coche de chapa diplomática no fuera ser cosa que la CIA lo retratara en esas poses de pepillo británico y decidió abstenerse de la incursión. El chofer nos tomó las fotos. Pero las del cruce sobre la cebra nunca salieron. ¿Impericia de fotógrafo improvisado, película vencida, famosa cámara costosísima adquirida por Alcibíades en el Líbano que era un bagre? Rumbo al carro, de regreso, con la satisfacción de los comandos que han arrasado dentro de un búnker enemigo y desconocedores de que solo había sobrevivido una imagen, el chofer nos dijo que teníamos cola. Un taxi negro. Unos bultos negros tras los cristales negros. Todavía hoy yo me pregunto qué habrán pensado los encargados de nuestro seguimiento al ver tan retozones y excitados en aquella esquina y muertos de la risa a las 11 de la noche a dos enviados del sanguinario, despótico, cruel régimen castro comunista.

En la mañana del 11 de Agosto de 1969, un fotógrafo escocés, Iain Macmillan, tomó las cinco instantáneas de George Harrison, Paul McCartney, Ringo Starr y John Lennon y escogió la única en que los cuatro avanzaban con las piernas en v invertida. La policía cerró el área por 10 minutos. Fue el tiempo que dieron al equipo beatleriano para no crear un tranque apocalíptico del tránsito en Londres. De modo que, cuando Alcibíades me llamó el pasado lunes para recordarme que era el 50 Aniversario de la veloz sesión fotográfica para la cubierta del disco, yo le pregunté, del modo más convincente posible: “¿Tú no crees que esos policías los traíamos en la cola para evitar que tú y yo también armáramos un tranque?”

sábado, 3 de agosto de 2019

Mi hija se casó


Es la mayorcita de mis hijas. Yamileé Fuentes San Andrés. La madre la puso ese nombre por el personaje de Sinuhé el egipcio, la novela de Mika Waltari, un libro que ella leía con devoción mientras yo, con más devoción aún, me machacaba con Chapaev y Los hombres de Panfilov. Creo que fue la primera Yamileé de su generación registrada bajo ese nombre, y quizá la primera con ese nombre en toda Cuba, donde nadie conocía la novela de Waltari. Tengo pues, el orgullo de proclamar, que también estoy en el origen de la Generación “Y”. Aunque sea de forma tangencial. Es decir, se le debe todo a su madre, Esther (una pelirroja que quitaba el aliento ¡y con unas piernas!); “todo” es que está muchacha (a la derecha en la foto) que acaba de contraer nupcias en Toronto, Canadá, el 29 de julio de los corrientes, con Kenia Garcés y su pucha de flores, se salvó de llamarse Мария (se pronuncia en ruso "Maríya") o Клавдия ("Klávdiya") o Анастасия ("Anastasíya") o mejor aún Panfilova gracias al empeño de su señora madre. Imagínense de haberle endilgado un Klávdiya, hoy yo estaría reputado como uno de los fundadores de la Generación “K”. Y la Generación “Y” no existiría. Y tampoco Yoaní Sánchez. Bueno, quiero decir, con ese nombre. A ver… Klávdiya Fuentes San Andrés. No está mal, para que ustedes sepan… Klávdiya… Klávdiya…

Abajo: Viajaron desde La Habana a Toronto para consumar los trámites oficiales ante notario. Terminada la ceremonia, la pucha de flores cambia de mano y se ven listas para emprender el camino. El padre mira la foto desde lejos y se puede considerar orgulloso por el triunfo de sus genes: esa mochila a la espalda de una recién casada es pura impronta de Norberto Fuentes. La búsqueda eterna de la aventura. Cuiden esa felicidad, mis niñas.

viernes, 2 de agosto de 2019

Asuntos pendientes

El asunto Resurrección Búlgara


No, el señor de la foto no es el camarada Todor Yivkov, primer secretario del difunto Partido Comunista Búlgaro y él difunto también. (¿O todavía existe, el Partido, quiero decir?) El señor es el compañero Díaz. Además, observen la estatua detrás que no es la de Panayot Hitov, el gran patriota búlgaro y que también se las traía, hasta que, tengo entendido, los turcos lo empalaron. Los crueles otomanos.

El asunto Jerry Lee buscándose la vida

En efecto, Jerry Lee está haciendo Uber.

El asunto Tragedia Total


La noticia de la desaparición de la revista MAD de los estanquillos es algo de efectos insuperables. Después de 67 años de estarnos educando en la irreverencia y en no preocuparnos por nada —What me worry?, como era el motto de su personaje emblemático Alfred E. Neuman (en el retrato)—, ahora resulta que unos aviesos e insensibles capitalistas dueños de la transnacional que la publicaba, deciden que kaputt, la revistica ha caído en baja y no reporta los millones de sus años de gloria. (Sigue…)


Tuve oportunidad, sin embargo, hace cerca de 40 años, en abril de 1980, de conocer a William M. Gaines, el legendario editor del MAD y de decirle que yo había sido el escritor de las historietas de la revista Mella, un remedo comunista del MAD. Él se mantenía, gordo y refunfuñón, en sus trece de glorioso editor de la mejor publicación humorística yanqui. Yo me había vuelto un escritor más o menos serio y acababa de venderle mi primer libro sobre Hemingway a un editor de New Jersey llamado Lyle Stuart, que viajó a La Habana a escondidas del Department of State con una troupe de su editorial para entre otras cosas recoger mi libro, y ahí fue donde invitó a su amigo de los años Bill Gaines a participar de la aventura. La foto tomada por Stuart con su camarita Polaroid es del 21 de abril de 1980 en el lobby del hotel Habana Libre, que poco antes del triunfo de la Revolución —en sus frecuentes viajes a La Habana para jugar en los casinos e irse de putas (según confesión)— Gaines conoció como Havana Hilton (hubo que subirle la v de minúscula a mayúscula para que fuera en español, y hacerlo en el bordado de todas las toallas, fundas, sábanas, y en los troqueles de los jaboncitos, y en el fondo de los ceniceros y en el grabado de vasos, copas, tazas, cubiertos. Titánica tarea, se los digo, nacionalizar un hotel gringo.) Total, para que ahora los nuevos arrendatarios ¿o dueños? españoles lo vuelvan a alterar como Tryp Habana Libre y vuelve a descoser y a fundir y a…

El asunto Ricardón


Esto es solo para establecer un compromiso. No crean que paso por alto a Ricardo Bofill y todas nuestras historias en común. Pero quería mantener el tono de guasa y no resulta apropiado para hablar de un amigo que acaba de morir, aunque no recuerdo en nuestros largos años de socios que hayamos soslayado una sola vez el embromarnos y la burla permanente a todo lo que nos rodeaba. Pero hace falta espacio para hablar de nosotros. Espacio y libertad. Los obituarios no son el lugar. Así que, al carajo. ¿Verdad, Ricardón? Al carajo.


lunes, 22 de julio de 2019

Un instante en el infierno


Desde julio se preparaban. El convoy de los primeros 900 asesores cubanos de Olivo, procedente de Luanda, llega a Huambo el 18 de julio. Es el día del accidente del helicóptero y de las primeras enigmáticas arengas de La Voz del Gallo Negro. Atención. Atención. Pueblo heroico de Angola. Atención. Las tropas cubanas de refresco están llegando al Centro Sur. Son miles y miles de cubanos. Aquí mandan los cubanos, no los angolanos. Vergüenza para los apátridas del MPLA. Mas el enemigo no impedirá las acciones vitales que se hayan en curso. Sabemos matar cubanos. Capturar cubanos. Los cubanos y sus marionetas del MPLA morderán el polvo de la derrota. Las arengas, es evidente, promovían el interés de los profesionales de la escucha al servicio de Menéndez Tomassevich. Manifestaban una preocupación —presencia de asesores en el Centro Sur— y algo que, por si las dudas, no debía tomarse como fanfarronada: ...acciones vitales... en curso —por lo que fue subrayado en la versión mecanográfica del monitoreo.

El accidente, que involucra a Menéndez Tomassevich en el Alto de Huambo, se lo adjudicó Trovâo, uno de los más astutos comandantes de la organización contrarrevolucionaria. Savimbi lo asciende por esta acción de guerra al grado de coronel. Emitieron un documento. Menéndez Tomassevich había muerto. (Comunicado UNITA, número 6; 22 de julio de 1981.) Aunque después no vuelven a mencionarlo. Pero en el libro ese que anda por ahí, se repite el combate. Página 339 de Jonas Savimbi. A Key to Africa, de Fred Bridgland: “Los cubanos no se involucraron en los combates de la Operación Protea, pero había concluido su retirada hacia las principales poblaciones para participar en una gran ofensiva contra UNITA en el centro de Angola. La UNITA supo esto por los documentos capturados en un helicóptero soviético Mi-8 derribado el 17 de julio a 10 kilómetros de Huambo. Entre los nueve cubanos muertos encontrados en los escombros, había un general, Tomaz Felichi.”

No fueron 9. Fueron 12. No fue el 17. Fue el 18. Y ojalá hubiera sido en combate.

* * *

Hubo una falla. El mismo Tomás, como se llamaba desde Cuba al general. El día del helicóptero. El problema, al parecer, es que convocó a La Señora. Un hombre de su experiencia no debió nunca presentarse en el Alto de Huambo para ver su caravana de 900 asesores arribar sin un rasguño y, mucho menos, comentarlo con satisfacción desde su Volga 24 de rutilante laca negra de general de división con sólo dos escoltas en el asiento trasero de ese duro remedo bolchevique del Mercedes Benz, y con el coronel Anatoli Mijailovich, el asesor soviético de la Cuarta Región, al timón. Aquí los tienes, Anatoli. Llegaron. A Huambo. Sin que nadie se metiera con ellos. Ni una emboscadita. Ni una mina. ¿Qué te parece, Anatoli, eh? Insiste: No se atrevieron con nuestros muchachos. ¿Eh? ¿Qué te parece? Hoy es el 18 de julio de 1981 y aquí están los hombres que van a comenzar la Operación Olivo, una ambiciosa ofensiva contra el grupo insurgente de Savimbi. Pero Calzadilla despega de Huambo en el Mi-8. Nemecio Darío Calzadilla Angulo, teniente coronel, jefe de información o Inteligencia de la MMCA (Misión Militar Cubana en Angola). Recoge en el mismo aeropuerto una escolta reforzada: todos los cubanos disponibles que encuentra y que quepan en el aparato. Viene molesto, quejoso. Ese hombre, dice, ha salido solo para el Alto de Huambo. ¿Tú los ves?, le dice al piloto. Apúrate, exige. Camarada general Tomassevich, dice Anatoli, esto merece un brindis. Vengo armado. Tomás está contento. El soviético viene armado. Le muestra la botella. Ese vodka está encojonado, Anatoli, dice. El convoy está cruzando frente a ellos. Un porcentaje de los 900 expedicionarios de Olivo saluda sin concierto con el ritual militar —el brazo en alto— desde los camiones. Están allá abajo, dice el piloto. ¿Tú los ves?, pregunta Calzadilla. ¿Tú los ves? Sí, responde el piloto. La caravana, agrega. Pero no veo a ese hombre, comenta Calzadilla. Vine armado, dice Anatolii, que también está contento. Es un buen vodka, Anatolii. Y tú eres un buen hermano. Soviético. Y este es un buen lugar para brindar. Directo de la botella. Y la convoca de nuevo. Dice: Una caravana desde Luanda hasta Huambo sin un sólo tropiezo. Intacta. ¿Eh, Anatoli? Acércate, dice Calzadilla. Aquel paso junto al talud. ¿Aquél no es el Volga? Imagínate, Anatoli. Imagínate a esos cabrones kwachas. Eso es amanecer en umbundo. Es como se designan así mismo en la UNITA. Ellos son el amsanecer. Te aseguro, le dice Tomás al soviético, que han mantenido la caravana en observación desde que salió de Luanda. Ahora mismo tienen que estar observando. Seguro. Y me la juego que hasta nos están colimando. A ti y a mí. Acércate, dice Calzadilla. Acércate más. Baja. Cojones, dice Tomás. O cree que ha dicho. Porque sabe todo lo que va a pasar ahora con ese Mi-8 que desciende sobre la carretera y trata de hacer un pase rasante sobre el talud a su derecha. No pasa, dice Tomás, o cree que dice. No pasa. El talud con el que se enredarán las palas del rotor. Cojones, dice. O cree que ha dicho. El vuelo horizontal del helicóptero es interrumpido aunque parezca que ha seguido su trayectoria y se requiere aún de algunos instantes de observación para comprobar que no ha salido de la maniobra y que los fragmentos metálicos de opaca pintura de camuflaje que se están dispersando desde el núcleo del aparente contacto eléctrico proceden de la máquina. Hay un fogonazo como el que produce los cables de alta tensión y crees que sigues oyendo el motor del helicóptero cuando ves que se vira en campana, como siempre oíste decir que hacen los barcos, y cae, carente de velocidad pero con toda la masa de sus tonelajes de peso, sobre la sección trasera de un Volga 24, que resulta seccionado: la parte que es expelida a más de 60 metros y lleva a rastras a los dos únicos supervivientes, inflamados, pulidos por los hematomas —Anatoli sin conocimiento durante 9 horas, y Tomás quejumbroso por su puñetera mala suerte y porque siempre tiene que venir desde abajo y convencido de que está reventado por dentro aunque enseguida queriendo recuperarse e impartir las órdenes pertinentes para infundir ánimo a su gente porque así como estas son las casualidades de la guerra y aun desconociendo que perdió a Calzadilla— y la parte que queda retenida debajo del volumen aún completo del Mi-8, convertida en una base metálica de chapa enrojecida y aplastada sobre el asfalto y en la que se asienta una sólida hoguera de metales junto con los cuerpos granulados de los 12 hombres que se hallaban a bordo del helicóptero y de los dos escoltas y la enfermera que acababan de montar en el Volga 24, todos ya muertos o sin salvación posible y de cualquier manera inaccesibles al salvamento porque las mazorcas de cohetes del Mi-8 han alcanzado la temperatura en que no requieren de pulsación eléctrica desde la cabina para dispararse fuera de control y bañar el área con un fuego de destrucción de manigua previsto originalmente para servir a los kwachas. “La sangre, en literatura, es una metáfora”, decía el maestro Víctor Sklovsky. ¿Una metáfora aquella pobre enfermerita de Guantánamo bajo la presión permanente del brazo de cola del helicóptero sobre el techo hundido del coche y atrapada entre los bultos muertos de los dos escoltas de Tomás en el asiento trasero del Volga y que solicitaba a gritos por la presencia de su madre, allí, en la curva a la entrada de Huambo, como si la otra pobre mujer pudiera oírla en el lado opuesto del mundo donde son las 11.30 de la mañana mientras ella arde y se asfixia y ya su cabeza es una bola de fuego aquí en la curva de la fatídica Loma de la Cuca donde son ya casi las 4.31 de la tarde? ¿Una cabrona metáfora?

Versión revisada —y aún inédita— de mi novela El último santuario. La saco a flote en el aniversario del episodio. Treinta y ocho no es el número redondo que por norma (o costumbre) se requiere para los aniversarios, amén de que se trata de una memoria íntima, algo para uso de la familia y unos pocos amigos, mas no soy yo el que lo convirtió en noticia. Fue el desenfado de los medios occidentales al argumentar la imprudencia de un piloto cubano como una exitosa acción de guerra de la UNITA. Agrego ahora el recuento del propio general Menéndez Tomassevich a su hijo Raúl Fidel Menéndez, que solía acompañar “al viejo” como escolta en todas sus empresas africanas.

El día 18 de julio de 1981 recibimos la triste noticia de la muerte de varios compañeros en un accidente en Angola, nos muestran el listado y en el estaban sus inseparables y fieles choferes-escoltas Felino Ferrera Martínez y Rufino Mustelier Moya, y Darío Calzadilla, jefe de inteligencia militar de la misión “Olivo”, la duda nos asalta al saber que Felino y Rufino siempre estaban a su lado, pensábamos que no querían darnos la noticia de inmediato o que se encontraba en estado de gravedad.

Los acontecimientos según nos explicó posteriormente fueron como expongo a continuación:

El viejo se traslada por avión hacia Huambo con parte de su EM para ir estableciendo las coordinaciones con las FAPLA para recibir al personal de asesoramiento que sería distribuido por las unidades irregulares de lucha contra bandidos, el grueso de este personal había sido despedido por él en Luanda que en formación de columna de carros se dirigía al sur del país a cumplir la misión asignada. Esta columna además de establecer y mantener las medidas de seguridad durante la marcha tenía en todo momento la cobertura de un helicóptero MI-17 artillado con sus mazorcas de cohetes C-5 a ambos lados y personal listo para entrar en combate con su armamento de infantería, al frente de esta misión en la aeronave estaba el TC Darío Calzadilla.

Al conocer la aproximación de la columna a Huambo, decide darle el recibimiento, ante la falta de medios de transporte el asesor soviético de la región se brinda para trasladarlo en su auto “Volga”. Al volante el ruso, al lado el viejo y detrás Felino y Rufino; en un jeep waz-469 como vanguardia de la pequeña columna iba Gárciga y el TC Barreras, jefe de la CIM de Olivo y en la retaguardia otro waz con un grupo de compañeros. Avanzan por carretera en dirección a Altohama hasta encontrarse con la columna en las cercanías de la loma de la “Cuca”, allí sostiene un breve encuentro con la tropa y prestos a regresar una anestesista le solicita acompañarlo por lo que ocupa un lugar en el asiento trasero.

La misión de cobertura había cesado y el helicóptero había aterrizado en el aeropuerto de Huambo, pero al ser informado Calzadilla de la decisión del “jefe”, ordena volver a levantar vuelo para reanudar la misión.

Ya de regreso a Huambo observa el helicóptero realizando un giro a muy baja altura encima de la columna y puede ver como en cuestión de segundos las aspas golpean un talud, que como si fuera un fósforo se incendia al momento y se precipita sobre la carretera, golpeando con el rotor de cola la parte trasera del carro. Por el gran impacto el viejo y el asesor soviético son expulsados al exterior, pero los del asiento trasero, Felino, Rufino y la anestesista no tuvieron la misma suerte y murieron en el acto. Gárciga y Barreras descienden rápidamente del jeep y se internan en el humo y las llamas. El viejo al incorporarse, aún aturdido por los golpes recibidos, trata de dirigirse hacia el auto envuelto en llamas buscando a los “muchachos”, inmediatamente Gárciga le hace saber que ya nada pueden hacer, en ese momento el fuego intenso de los combustibles y por causa de este, comenzaban a hacer disparar los cohetes C-5 de las mazorcas del helicóptero en todas direcciones por lo que Gárciga lo empuja hacia el suelo y en compañía del soviético se alejan a gatas del lugar por la cuneta de la carretera. Barreras, entre el ambiente de muerte que lo rodeaba, escucha unos quejidos, busca encuentra y rescata al piloto, único sobreviviente del helicóptero, que ya estaba siendo alcanzado por las llamas.


Arriba: © Ernesto Fernández, 1982, 2019. Prohibida totalmente la reproducción. Segunda foto: Felino Ferrera Martínez (izq.) y Rufino Mustelier Moya, eran los veteranos choferes del general “Tomás”, que iban en el Volga y murieron de manera instantánea con el coletazo del Mi-8 sobre el techo del coche. Habían sentado a la enfermera Marta Nápoles Disotuar entre ellos y de esta manera le bloquearon toda posibilidad de escape. En la foto, Felino y Rufino en la pista del aeropuerto internacional “José Martí” de La Habana momentos antes de abordar el Il-62 de su último viaje a Angola. (Colección de Norberto Fuentes. © Norberto Fuentes, 2019) Tercera foto: En el puente de la ruta Sumbe-Quibala. Raúl Fidel Menéndez escolta al “viejo”. (© Ernesto Fernández, 1982, 2019. Prohibida totalmente la reproducción.) Ilustración: Croquis de la Comisión Investigadora. Última foto: 27 años, 4 meses y 26 días después. Un paisaje demasiado apacible para recrear una tragedia cubana.(© Raúl Fidel Menéndez, 2008, 2019)

sábado, 13 de julio de 2019

Ya las están pagando todas,
Tonisio. Todas.

viernes, 5 de julio de 2019

Pedro contra el sol



Pedro Schwarze, el editor asociado de este blog, somete sus retinas al riesgo de quemarlas como huevos en un sartén. Pero él es un chileno orgulloso y arriesgado, y ya que vive en Santiago, ¿por qué no enfrentar el eclipse? Un colega de su trabajo (no identificado) parece protegerlo o que se está aguando de sus hombros. Sus gafas, mucho más elaboradas que las de Pedro, ofrecen un mensaje inequívoco: amén de ciegos en potencia, somos mortales.

Ahora queda una experiencia humana de más de 3 000 años de registro histórico; de ahí para atrás no hay forma de computarlo. Fue el 30 de octubre del 1207 ANE, por la tarde, según recientes cálculos científicos. Un eclipse que le sirvió al faraón Ramses el Grande para reinar en Egipto sin grandes problemas entre1276-1210 ANE. Los astrólogos bajo su servicio le pasaron por adelantado la información del fenómeno solar y Ramses debe haber dicho: “Esta es la mía.” Bueno, hay que ver en los jeroglíficos y en los viejos y crujientes papiros cómo es que los faraones decían que esa era la suya. El caso es que el hombre anunció (mediante cualquiera de los medios de difusión de la época) que él iba a apagar el sol un rato después del mediodía. Y ya ustedes saben, a partir de entonces: si el hombre se gastaba semejantes poderes, ¿qué le iba a pasar con cualquiera que se saliera de la raya dentro de sus dominios?

Y esa es la situación que de alguna manera me hace vincular a nuestro editor asociado con los súbditos del astuto Ramses. Máxime si explicamos que la pared a su izquierda es de la fachada del palacio de La Moneda, donde, se supone, aún deambule el fantasma del pobre Salvador Allende. Ningún astrólogo estuvo a la mano para predecirle un eclipse total aquel 11 de septiembre de 1973. Aparte de que resultaba irrisorio ofrecerle 45 años, 9 meses y 22 días de tregua para meterle miedo a Pinochet.

viernes, 21 de junio de 2019

El testigo cubano

Álvaro Alba se preparaba para un camping en un afluente del Dnieper al norte de Odesa cuando se produjo el desastre nuclear de Chernobil. Su memoria del episodio.


En abril surge un recuerdo perenne.

Todos los años, cuando llega ese mes, viene a la memoria. Chernobil. Una memoria que persigue a todo el que estuvo en Ucrania en abril de 1986.

La noche del sábado 26 de abril de 1986, un grupo de estudiantes de la Universidad Estatal de Odesa y del Conservatorio de la ciudad acamparon a orillas de un afluente del río Dnieper —el Bug del Sur. Pensaban pasar un divertido fin de semana alrededor de una fogata y viviendo en casas de campaña.

Un poco más al norte, a orillas del Pripiat —otro afluente del Dnieper—, el cuarto reactor de la planta nuclear de Chernobil explotaba a la 1 y 24 minutos de la madrugada. Nadie informó de lo acontecido. Durante casi una semana estuvo lanzando elementos radiactivos equivalentes a 500 bombas de las que se arrojaron en Hiroshima.

Los bomberos lucharon contra las llamas como si fuera un incendio forestal. Los vecinos del poblado de Pripiat, donde estaba ubicada la planta, quienes desconocían la magnitud del siniestro se negaron a abandonar la zona.

No se informó en Ucrania de la magnitud del desastre. El Primero de mayo, desfilaron por las avenidas de Kiev sus residentes, sin saber el peligro que les acechaba.

En Moscú, a pesar de que ya se había iniciado la política del glasnots y la perestroika, fenómenos de esa categoría no se anunciaban a los cuatro vientos. En Occidente conocían mejor las posibles secuelas de la tragedia y alertó a su población.

La información llegaba a los que vivíamos en territorio soviético de segundas manos, todos oían la radio extranjera. Tanto Radio Svoboda (Libertad) y la BBC informaron antes y con más detalles que el oficialista noticiero Vremia de la televisión soviética.

Los estudiantes polacos fueron los primeros en regresar a su país, pues conocían del viento que soplaba hacia el este, llevando las nubes radiactivas. Los árabes compraban a cualquier precio un pasaje (por tierra, aire o mar: como Adelita la del corrido mexicano) para salir a prisa de Ucrania.

En la Universidad de Odesa citaron para la estación de trenes, señalando un destino final más allá de los Urales, Rusia. Por el campo estudiantil pasaron entregando un frasco de yodo y ordenaron echar dos gotas en cada jarra de agua. La única medicina ante la posible radiación.

A las pocas semanas empezaron a llegar a los sanatorios y campamentos estudiantiles de la ciudad balneario los infantes de la zona afectada. Niños y niñas de Chernobil, de Pripiat, de Narodichi, de Opachichi.

Los estudiantes universitarios eran los encargados de cuidarles. Vi a diario pequeños de 5 a 12 años que salían para las consultas del médico y no regresaban a los dormitorios. Por la noche se oía a los pequeños llorar porque no sabían dónde estaban sus padres, también evacuados en otra ciudad, o quizás muertos ya.

Una tos aguda les despertaba o les obligaba a detener la marcha si jugaban balompié o simplemente caminaban. Les veía adelgazar a diario, perdían el apetito, el interés por los juegos, por bañarse en la playa, hasta por la vida.

Se hizo una gran hoguera con sus pertenencias, pues todas tenían radioactividad. Fueron cientos de niños que se veían tristes aquel verano de 1986, había cientos de miles en Bielorrusia y Rusia, a donde fue también la nube radioactiva.

Más de 4 millones de habitantes de Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron afectados por la explosión, el 10 por ciento del territorio ucraniano está contaminado todavía con la radiación. Unas 160 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares y unas 30 mil quedaron deshabilitadas por las secuelas. Uno de cada 16 ucranianos sufre de salud debido a la radiación.

Viví las jornadas posteriores a la tragedia, compartí con los ucranianos el dolor de aquel drama que aún perdura; vi enterrar a muchas de las casi 6 mil víctimas que ha cobrado la explosión, caminé por la ciudad fantasma de Pripiat, que antes del aquel 26 de abril tuvo miles de habitantes. Cada vez que se acerca la fecha afloran los mismos recuerdos, aunque hayan pasado 33 años.

Álvaro Alba
Copyright © 2011, 2019 by Álvaro Alba

Ahora un reconocido periodista radicado en Miami y con varios libros publicados sobre su experiencia soviética, Álvaro Alba era uno del millar de jóvenes cubanos que estudiaban el 26 de abril de 1986 en la ciudad portuaria de Odesa. Había unos 500 distribuidos en tres escuelas militares de las cercanías de la ciudad y, en la ciudad, los civiles del contingente que incluía a Álvaro cursaban estudios de humanidades y ciencias y en conservatorios, politécnicos, academias navales amén del grupo que se especializaba en el Instituto de Refrigeración con vistas a aplicar sus futuros conocimientos en la construcción del metro de La Habana. Álvaro escribió el texto en el 25 Aniversario del accidente y lo hemos resucitado a tenor del interés provocado por el episodio de la serie televisiva de HBO. El original, titulado “Chernobil en mi recuerdo”, apareció en diversos medios de 2011. La presente versión ha sido ligeramente revisada con el objeto de su actualización y por precisión.

La acampada fue al norte de Odesa, cerca de Uman, una ciudad intermedia entre Odesa y Kiev, y el río era el Bug del Sur. De Uman a Chernobil son 380 kilómetros. La foto fue del sábado 26 de abril en horas de la tarde. Ya había explotado el reactor. Nadie lo sabía. En la foto, una parte de los estudiantes de la Universidad de Odesa y del Conservatorio que participaron en esa excursión de fin de semana. Desde la izquierda: dos estudiantes del conservatorio no identificados; José Moreno (estudiante de Historia, y siguiendo los pasos de su padre, Manuel Moreno Fraginals), Orlando Forte (Conservatorio), y delante, con pullover a rayas, un travieso Álvaro Alba (también Historia).

martes, 18 de junio de 2019

lunes, 17 de junio de 2019

sábado, 15 de junio de 2019

La felicidad como tarea

Entrevista con el escritor y periodista cubano Norberto Fuentes en Ahora con Oscar Haza (Mega TV) 13/06/19.


[Oscar Haza] Este es uno de estos días en que nuevamente la historia de Cuba tiene que ser citada. Hechos puntuales de la historia cubana. Se cumplen 30 años de privación de libertad, [rectifica] de la sentencia de privación de libertad de Patricio de la Guardia, uno de los mellizos, gemelos, jimaguas De la Guardia, Tony y Patricio. Y está con nosotros el escritor Norberto Fuentes, escritor y periodista. Entre sus obras más importantes está Dulces guerreros cubanos, que fue, pues, de gran difusión internacional. Y le agradecemos que, dada su poca proclividad a venir a la televisión y a los programas de radio y televisión… ¿Qué lo ha motivado a venir hoy, Norberto? Y se lo agradezco que esté aquí.

[Norberto Fuentes] Uno, porque me lo pediste tú, o sea, me lo pidió tu productor. Y, dos, que yo todo lo que pueda hacer por… por Patricio, por dar a conocer la situación de Patricio, lo hago. Lo tomo como un deber.

[Oscar Haza] Muchos teleaudientes, tanto en radio como en televisión, me preguntan, o se preguntan, siendo jimaguas, siendo gemelos, siendo militares, siendo miembros de ese gobierno, fusiló a uno y al otro no. ¿Por qué a Patricio no lo fusilan? Y sí fusilan a Tony.

[Norberto Fuentes] De hecho lo fusilaron. También. [Cruzan palabras, inaudible.]

[Oscar Haza] Pero yo me refiero físicamente, de cuerpo presente.

[Norberto Fuentes] Eeese… El fiscal dijo que era porque Patricio no tenía conocimiento del narco… [rectifica] no, no había participado en el narcotráfico, aunque tenía conocimiento del narcotráfico —cosa que yo dudo. Pero además era una cosa geométrica. Ellos fusilaron a un jefe grande de las FAR, Ochoa, y su ayudante; y a un jefe tan grande o por lo menos emblemático del MinInt, Tony, y su ayudante, Amadito Padrón. Ellos hicieron una cosa geométrica, [inaudible] te digo yo, este y este… Y a Patricio lo sacaron del asunto.


[Oscar Haza] ¿Fueron hechos puramente de delito común o fue el olfato de Fidel Castro de husmear que podía venir una perestroika con esos cuadros?

[Norberto Fuentes] Fue el olfato de Fidel Castro, de que podía venir una perestroika, pero no con ellos. Fue un aviso. Es su modus operandi eterno. Él golpea antes de que pueda pasar cualquier cosa. Y en este caso él cogió de cabeza de turco a esta gente. Ochoa no tuvo nada que ver con el narcotráfico. Ochoa, dicen que el ayudante fue a Colombia, todo eso se dice, que si apareció una tarjeta. Pero no hay [¿evidencias?] Ochoa no hizo nada. O sea que…

[Oscar Haza] ¿Por qué fusilan a Ochoa?

[Norberto Fuentes] Porque… ¿Quién es mi general más valiente? ¿Quién es el hombre más decidido que tengo aquí, que además se pasa la vida hablando como él quiere y lo que le da la gana, en Angola y en todos los lugares? ¿Es este? Pues a este lo voy a fusilar y a Patricio [lapsus mental por Tony]. Más daño estaba haciendo Abrantes con sus discursos ya francamente perestroikos, más daño está haciendo Carlos Aldana cuando apoyaba todo lo que estaba haciendo Abrantes, que Ochoa y que Tony. Daño en el sentido de lo que Fidel veía venir [Cruzan palabras, inaudible.]

[Oscar Haza] ¿Veían con simpatía a Gorbachov, lo que estaba haciendo Gorbachov?

[Norberto Fuentes] No. El que veía con antipatía lo que estaba haciendo Gorbachov, era Fidel Castro. Porque no te olvides que la Perestroika comienza en el KGB. Gorbachov es un cuadro de Andropov. Y el KGB de alguna manera está detrás de todo lo que está pasando en la Perestroika. No te olvides que en los países socialistas el órgano de la Seguridad del Estado, las inteligencias, el KGB —lo que en Cuba los unieron con policías y bomberos— en los países socialistas es la Inteligencia y la Contrainteligencia. Son las organizaciones más ilustradas, más informadas de esos países, y ellos sabían que ya no había competencia [con Occidente]. El KGB se daba cuenta y son los que impulsan de alguna manera en su orígen la Perestroika. Y Fidel Castro ve eso. Fidel Castro ve eso y se da cuenta que el sistema, como él lo concibe, sobre el cual él está montado —no quiere decir el socialismo, no vamos a meternos en una conversación teórica— no funciona si no es con el puño cerrado. Y que se le iba de las manos. Él se dio cuenta. Se le iba de las manos.

[Oscar Haza] ¿Cómo han sido los últimos años de Patricio de la Guardia? ¿Cuáles son las condiciones para decir cumpliste tu sentencia pero…?

[Norberto Fuentes] Eso no se ha dicho todavía.

[Oscar Haza] No se ha dicho.

[Norberto Fuentes] Se dijo lo que le dijeron hace un año y medio: Todo va a seguir igual. No importa el papel que le den mañana o que se lo den hoy. Todo va seguir igual.

[Oscar Haza] Va a seguir en su casa. No puede salir…

[Norberto Fuentes] No, no, él sale, sale a la calle. Él va a Soroa, donde tiene la casa de los padres. Va a Varadero. Él se mueve. Tiene un carrito. [En tono severo:] Tiene que informarlo. Y siempre tiene el K-J atrás… [rectifica] No sé cómo se llamará ahora el chequeo. Siempre los tiene atrás.

[Oscar Haza] ¿Y con la muerte de Fidel eso no cambió?

[Norberto Fuentes] En lo absoluto. En lo absoluto.

[Oscar Haza] O sea, la estructura sigue igual.

[Norberto Fuentes] En los absoluto. [Inaudible.] Más, más fuerte… y más cerrada que nunca. Porque Fidel Castro se podía permitir los lujos que no se puede permitir Raúl Castro.


[Oscar Haza] ¿Le hicieron alguna advertencia a Patricio de la Guardia, por ejemplo, de que no puede salir del país?

[Norberto Fuentes] No, se lo dijeron. Él firmó un papel, diciendo… Le llevaron un papel para que renunciara a salir… a solicitar la salida del país y a solicitar un pasaporte. Eso está firmado por Patricio. Hace un año y medio. ¿Qué iba a decir el hombre?

[Oscar Haza] ¿Qué justificación le dieron a eso?

[Norberto Fuentes] No que… Que no puede salir del país. Que si él sale del país… Esto es casi textual. “Diga lo que él diga fuera del país es lo que se va a creer, sea verdad o sea mentira.” No es ya que él tenga secretos.

[Oscar Haza] ¿Quién le dijo eso?

[Norberto Fuentes] Un mayor y un coronel de la Fiscalía Militar. Yo no sé los nombres. Que fueron los que le llevaron el papel.

[Oscar Haza] ¿Cómo vive?

[Norberto Fuentes] Vive en la casa de los padres, en la calle… En Miramar. En mi blog tengo la dirección. Eeeh… Donde ahora, ahora mismo, que tú y yo estamos hablando aquí, están celebrando la fiesta de su cumpleaños.

[Oscar Haza] 81 años.

[Norberto Fuentes, enfático] Están celebrando la fiesta de su cumpleaños. Esa es la respuesta a lo que yo publiqué. Porque yo dije que hoy se decidía [cambia la idea]. Ellos me han dado esa respuesta. Aquí no pasa nada. Esta es la felicidad como tarea.

[Oscar Haza ríe.]

[Norberto Fuentes] Mira lo alegre y lo felices que están. [Irónico:] Aquí no pasa nada. Lo cual, déjame decirte algo. Es una respuesta muy débil. Es una respuesta muy débil. [Admonitorio:] Patricio puede ganar esta. Patricio puede ganar esta porque la respuesta es muy, muy débil. Ahora mismo, si llamas ahora por este prodigio [muestra la pantalla de su móvil]. Cuando tú entraste [al estudio] me estaban enseñando la fiesta Porque me llamaron para enseñarme la fiesta. Sabían que yo venía aquí.

[Oscar Haza] Para que lo dijera.

[Norberto Fuentes] Para que lo dijera. [Inaudible] ¿Qué cosa? ¿Qué pasa con él? Igual que han publicado en algunos blogs por ahí que él va… que le ha dado por la pintura, que él está pintando…

[Oscar Haza] ¿No está pintando?

[Norberto Fuentes] Sí, está pintando.

[Oscar Haza] ¿Y vende los cuadros?

[Norberto Fuentes] Los vende, y los vende muy bien. Pero ahora se los están decomisando en el aeropuerto.

[Oscar Haza] ¿A los compradores?

[Norberto Fuentes] A los compradores. Les quitan los cuadros.

[Oscar Haza] No.

[Norberto Fuentes] Son extranjeros ¿no? Y dos o tres compradores que tiene, sobre todo americanos, psss [onomatopeya por desaparecer].

[Oscar Haza] ¿Y cuál es la razón ahora?

[Norberto Fuentes] Que no tienen un sellito, que falta no sé qué de exportación.

[Oscar Haza] La burocracia. ¿Vive con su familia? ¿Qué familia le queda?

[Norberto Fuentes] Él vive… La mamá se murió, Graciela. Tiene la tropita de sus amigos, que le es muy leal. La exmujer y mujer, la Cucusa, María Isabel Ferrer, está allí, en la fiesta, es de una lealtad blindada.

[Oscar Haza] ¿Cuántos hijos tuvo?

[Norberto Fuentes] Él tuvo… Tiene tres hijos… Dos aquí.

[Oscar Haza] ¿Ah, dos aquí en los Estados Unidos?

[Norberto Fuentes] Creo que tres. Graciela, con la Cucusa.

[Oscar Haza] Ya.

[Norberto Fuentes] Él, en realidad… está allí solo.

[Oscar Haza] Ellos tenían un hermano que vivía en Atlanta.

[Norberto Fuentes] En Atlanta. Mario.

[Oscar Haza] ¿Ya se murió?

[Norberto Fuentes] No tengo la menor idea.

[Oscar Haza] Ese se fue muchos años antes.

[Norberto Fuentes] Él… Sí. Ellos, en el 60. La familia se escinde en el 60. La familia De la Guardia. Ellos se quedan en la Revolución. Y…

[Oscar Haza] ¿Por qué se quedan en la Revolución, dos miembros de la burguesía habanera, o de la pequeña burguesía habanera, miembros del Havana Yatch Club y ese tipo de…

[Norberto Fuentes] Ellos eran…

[Oscar Haza] …de vida frívola?

[Norberto Fuentes] …los rebelditos. Ellos eran… estaban en la Academia Militar y siempre eran muchachos muy conflictivos.

[Oscar Haza] Muy traviesos.

[Norberto Fuentes] Muy traviesos, es la palabra, no conflictivos. He expresado una palabra del socialismo para definirlos. Muy travieso es más bonito. Es de La Pequeña Lulú. [Ríen.] Entonces, antes del temor que ellos se metieran, que estaban ya metidos, en la Revolución, los padres los sacaron para los Estados Unidos. Y aquí vinieron para la Florida y estudiaron pintura. Los dos se hicieron pintores. Muy buenos pintores. Y cuando triunfa la Revolución regresan a Cuba y comienzan a trabajar en el INIT. En una época que todo el mundo tenía empleo en el país. Empiezan a trabajar en el INIT. Entonces se celebra… El momento decisivo es la celebración de una regata en Varadero donde Cubela compite contra la canoa de Fidel que era de los pescadores. Y Fidel apostó públicamente por los pescadores y perdió.

[Oscar Haza] ¡Ah!

[Norberto Fuentes] Entonces cuando terminó la regata le dijo Fidel “¿Cómo tú ganaste?” “No, porque yo tengo los dos mejores remeros de Cuba, son los jimagüitas” Dijo: “Preséntamelos.” Se los presentó. Y le dijo a Cubela: “Muy pronto ellos van a estar en mi canoa.” [Riéndose:] La próxima vez que Cubela vio a Patricio y a Tony fue con Fidel en Varadero desayunando o almorzando, o algo así. Y Fidel dijo: “¿Y ustedes qué quieren hacer?” Y ellos le dijeron: “No, Fidel, hacer algo en la Revolución.” Dijo: “Bueno, vayan…” Les dijo: “Ramiro, encárgate de ellos.” Y ahí es donde ellos entran en el Ministerio del Interior. Y organizan con ellos la Sección T. Esa Sección T por Tony. Que era una especie de comando que iban a hacer, que se entrenaban en Jibacoa, comían chipojos, lagartijas, de supervivencia. Y se ponen en eso. Y los manuales de instrucción eran las novelitas de guerra americanas.

[Oscar Haza] Ya. ¿Fidel Castro lleva a cabo esa causa Número Uno con Juan Escalona de Fiscal, que falleció hace poco, para escurrir el bulto del narcotráfico?

[Norberto Fuentes] . El que lo vea así está perdido. Y le está dando la razón. Logró su propósito. Eso fue una operación de represión interna.

[Oscar Haza] ¿De purga tipo Stalin?

[Norberto Fuentes] De prepurga. Antes de que pasara nada. Eso fue ante la Perestroika, ante el Glasnot, ante lo que él veía que venía en el campo socialista. Él no podía permitirse el lujo de que la Unión Soviética se disolviera o de lo que pasara en Cuba con un Ministerio del Interior que ya le estaba reclamando cambios, pidiendo respuestas, preguntas. Ya anteriormente habían sacado 50 000 cuadros del Partido, a nivel de Gobierno y de municipio y de provincia en Cuba.

[Oscar Haza] ¿En Cuba?

[Norberto Fuentes] En Cuba.

[Oscar Haza] Eso no se publicó nunca.

[Norberto Fuentes] No se publicó nunca. En la llamada rectificación de errores. 50 000 cuadros [que] estaban pidiendo cositas. Porque había un pequeño desarrollo económico. Había un pequeño [crecimiento]. Cuando tú tienes eso en la economía, cuando tú empiezas… ya los grandes líderes comienzan a ser innecesarios.

[Oscar Haza] Claro. Y Aldana simpatizaba con la perestroika.

[Norberto Fuentes] De cabeza. Era un loco a la Perestroika. [Ríe.] Se embarcó completo. Pero más que Aldana, Raúl Castro Ruz…

[Oscar Haza, asombrado] ¡No!

[Norberto Fuentes, muy enfático] ¡Sí! Que en mi casa me dijo a mí y a mi amigo Alcibíades Hidalgo: “Vayan a la Unión Soviética. Porque ustedes dos tienen que estudiar la Perestroika, porque hay que hacer la Perestroika…”

[Oscar Haza] ¿Y por qué no la hace ahora que está solo?

[Norberto Fuentes, burlándose] Naaa. ¡Perestroika! ¿Con qué? ¿Con qué apoyo? ¿Con qué se sienta la cucaracha? [Cruzan las palabras]

[Oscar Haza] Norberto, tienes que volver para hablar de otras cosas interesantes. ¿Qué ha pasado con Lage, qué ha pasado con Felipito Pérez Roque? ¿Robaina está pintando también?

[Norberto Fuentes, riéndose] Si todavía no me revientan la caja de seguridad con toda esa documentación, yo vengo.

[Oscar Haza] Gracias.

La transcripción del diálogo ha sido ligeramente revisada por clarificación y fluidez.

Pulse este link y vea en YouTube la entrevista completa.



PEQUEÑO GLOSARIO OPERATIVO:

Tony, el coronel Antonio de la Guardia.

FAR, sigla de Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Ochoa, Arnaldo, general de división y Héroe de la República de Cuba, fusilado en el proceso de 1989.

Martínez, Jorge, capitán, ayudante de Ochoa, también fusilado.

MinInt, las siglas del Ministerio del Interior

Amadito, el mayor Amado Padrón Trujillo.

Abrantes, José, general de división y ministro del interior; muerto en la cárcel en 1991.

María Isabel Ferrer, ex mujer de Patricio, vive en Nueva York.

La Pequeña Lulú, uno de los comics de procedencia americana emblemático de los años 50.

INIT, el Instituto Nacional de la Industria Turística creado al principio de la Revolución.

Cubela, Rolando, comandante del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”. Su canoa estaba abanderada por la Universidad de La Habana.

Ramiro Valdés, legendario comandante del Ejército Rebelde y ministro del Interior desde la fundación de ese ministerio, en 1961, hasta 1969. Restablecido en el cargo entre 1978 y 1986.

Jibacoa: un playazo en los confines de la costa al noreste de La Habana.

miércoles, 12 de junio de 2019

La tercera vida


Patricio no sabe que yo sé esto que voy a contar ahora. Mucho menos Raúl Castro y sus oficiales comisionados para atender el caso “Patricio” concibieron que lo publicaría. Hace cuestión de año y medio, en 2017, los oficiales a cargo se presentaron en su casa de la calle 94 entre Primera y Tercera, número 107, municipio Playa, donde cumple su libertad condicional, y le dijeron que, efectivamente, estaba a punto de extinguir su condena pero que él debía saber que nada iba a cambiar, y enfatizaron: Que todo seguiría igual. ¿Que él debía saber, o que debía comprender? Es un matiz, pero importante en los procesos represivos cubanos. Saber tiene un tono implícito de amenaza. Pero cuando comprendes, están apelando a tu complicidad y de alguna manera a tu inteligencia. Tú comprendes porque te das cuenta de que no hay otra salida. Parece en todo caso una versión de la frase emblemática de El Gatopardo, “Cambiarlo todo para que todo siga igual”. Pero con una enorme carga de cinismo y como expresión de un poder omnímodo, aplastante, indolente. La cosa no paró ahí. A los pocos días se presentaron en el citado domicilio un coronel y una mayor de la Fiscalía Militar y le dijeron a Patricio que para ir “abreviando las cosas” y, al final de la jornada, “hacer los procedimientos más fáciles”, que le convenía firmar la límpida carta impresa en alguna impresora láser de la Contra Inteligencia Militar en la que él, Patricio de la Guardia Font, se comprometía, en ningún momento posterior al término de su sentencia, a solicitar su salida del país, y por lo tanto renunciaba desde ese momento a efectuar ningún trámite para la obtención de un pasaporte. Tuvieron a bien explicarle la razón de tal medida. El general debía entender que si viajaba al extranjero, todo lo que dijera iba ser tomado como un hecho, no importa si fuese verdad o mentira. Todo el mundo le iba a creer a él. Finalmente uno de los dos oficiales, de seguro el que llevaba los grados de mayor, que hacía las veces de ayudante del coronel, le entregó un bolígrafo. Patricio lo aceptó y preguntó dónde firmaba y ahí hizo deslizar su nombre. “Firme la copia, general, para que se quede con ella.” En eso sí fueron respetuosos. Todo el tiempo que lo han mantenido en libertad condicional, la forma de dirigirse a Patricio ha sido la de “general”.

Así pues, la hora de la verdad es hoy. 12 de junio del 2019. Lo es si tomamos como fecha de término el día de la detención, 12 de junio de 1989, y no el 7 de julio, que fue la fecha que se dictó la sentencia. Vamos, no creo que vayan a ser tan cicateros que se pongan en la rebatiña por unos 25 días, más o menos. Ahora les digo cómo andan los ánimos por esa casita del 107 de la calle 94 y lo que allí esperan. En principio no esperan nada. Como quiera que todo va a seguir igual, ¿qué necesidad tiene el Gobierno de armar un espectáculo? Puede aparecerse alguien, sin embargo, con una carta, una especia de diploma, en que se declara su libertad. Si el diploma es muy grande, pues habrá algún fotógrafo para que haga llegar la imagen a Miami y quizá a El País en Madrid. Como de costumbre, no debe ser un fotógrafo profesional, sino algún pariente o amigo de la familia que coincidió con la ceremonia. Otra variante (que se ha calculado en su círculo íntimo) es que le hagan una operación semejante a la del disidente Elizardo Sánchez cuando a Elizardo le dieron una medalla de la Seguridad del Estado y grabaron secretamente un video de la imposición (que luego distribuyeron alegremente entre los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana). En ese sentido, a Patricio pueden enfundarlo en un uniforme verde olivo, con las charreteras de general, y citarlo para alguna condecoración. Yo, realmente, no veo esta posibilidad. Pero repito que es algo que han previsto.

Un factor a tomar en cuenta, es el económico. Cerrarle todas las vías de ingreso, para hacerlo dependiente de algunos parientes que ellos puedan controlar. Patricio ha estado ganando dinero con sus pinturas (un excelente pintor, de verdad. ¿No han visto sus cuadros?) Sobre todo, es apetecido y cortejado por coleccionistas extranjeros. Incluso hay uno americano que considera a Patricio como “el más grande pintor cubano”. Pero estos dealers y mecenas están siendo retenidos a su salida por el aeropuerto de Rancho Boyeros y las obras de Patricio decomisadas. Y sin explicaciones.

Queda la variante final. Patricio sabe que está viviendo algunos de los momentos más peligrosos de su existencia. La sentencia de muerte, el infarto, es una realidad de la que él está advertido. “Caso mojado” le llamaban en el KGB a los planes de asesinato, una terminología que parece mantener su uso en la inteligencia rusa y los cubanos suelen repetir. Un procedimiento regular de convertir un caso mojado en caso seco es la inducción de un infarto. Ya he dicho que sus carceleros nunca pensaron que iba a llegar con vida a los treinta años cuando lo arrestaron en la oficina del general Pascual Martínez Gil. Patricio, sin embargo, ha llegado a la fecha con vida y con una espléndida capacidad creativa. No era lo que calcularon cuando lo visitaron las dos comisiones. Lo que planearon entonces fue “dormirlo”, “marearlo”, entretenerlo en fin, durante dos años más, seguros como estaban de que antes de esa fecha improbable el corazón del general no aguantaría más y él “se iría del parque”.

Hasta aquí todos los elementos de juicio que he logrado reunir, casi siempre a través de crípticas conversaciones vía WhatsApp (el bendito wasap —o wasá— al uso en los barrios habaneros), con mis amigos. Se trata ahora de esperar. En lo adelante la vida de Patricio va a ser la de un ciudadano cubano común. Un ciudadano común, claro, pero al que le mantendrán la cola de chequeo a donde quiera que se dirija y la obligación de informar de cualquiera de sus planes y movimientos. Cambiarlo todo para que todo siga igual. ¿Usted entiende eso, general?

martes, 11 de junio de 2019

Últimos dos hombres en pie


En un día de inicios de invierno, en 1990, Patricio de la Guardia me hizo este dibujo a plumilla de una mariposa africana —una Druria, según su descripción. La mayúscula de Druria es de su cosecha y yo la respeto en la transcripción. Se trata de su versión estilizada y de alguna manera en composición geométrica de lo que ahora he conocido en la Internet como Papilio antimachus o como Drurya antimachus o igualmente como Druryaeia antimachus. Su mensaje a modo de dedicatoria está escrito en el reverso de la cartulina. Dibujo a plumilla y dedicatoria fueron producidos en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, donde comenzó a purgar una condena de 30 años, que en el descarnado sistema jurídico cubano está considerado como alternativa de la pena de muerte. María Isabel Ferrer, a quien todos conocíamos por el mote de Cucusa que le había indilgado el mismo Patricio, y que a su vez había conocido un diminutivo, Cucu, era quien lo proveía de las magníficas cartulinas Bristol y los rollos de papel Ingres y de las plumillas y tintas que nadie sabía de donde las sacaba en un país al inicio de la escasez y las hambrunas del llamado Período Especial (una especia de NEP a la cubana después de la caída de la URSS), y también nos servía como un eficiente correo semiclandestino. Total, como si sacar el dibujo de un Papilio antimachus de entre aquellos muros blindados de piedra de cantería fuese a poner el Estado en peligro. Una sola cosa se le hacía insoportable a la Cucu: “Cuando esas puertas de hierro se cierran, Norber, y yo dejo a ese hombre desolado allá adentro. Y como me mira mientras el resquicio del portón se va cerrando en sus narices. Ese hombre… Se me encoge el pecho, Norber…” Para mí era conmovedor ver a la veinteañera que en algún momento el legendario general había conquistado en aquella conversión de conducta, en aquel estoico talante de hablar de su marido como si fuera su hijo. Las mariposas. Lógico que Patricio se obsesionara con las mariposas. Eran el símbolo de libertad perdida quizá para siempre, o lo más próximo al significado de siempre que son 30 años de cárcel para un hombre que fue arrestado el 12 de junio de 1989, la noche de la víspera de su cumpleaños 51. Piénsenlo por un instante. Que te digan el día que llegas a la media naranja: “Mira, compañero, esta es la celda en que te vamos a meter hasta que cumplas los 81 años.” Y míralo más bien como una cadena perpetua, porque son muy pocos los que sobreviven al régimen carcelario de Cuba hasta esa edad. (Mas no pregunten el porqué de tanto ensañamiento. Nadie tiene una respuesta cuando están matando a un hombre totalmente inocente. “Decisión política” o “Razón de Estado” son los mejores argumentos que puedes conseguir.) Cuando me mandó su dibujo, ya Patricio llevaba un año, 4 meses y 22 días tras las rejas. Yo lo contemplo ahora, en la pared frente a mi mesa de trabajo, enmarcado y con cristal y me pregunto si no estaré viviendo en otra vida. ¿Otra vida? ¿Nada de esto pasó frente a nuestros ojos? ¿Nada de esto laceró la carne de un hombre tan lindo como Patricio de la Guardia? La verdad es que nunca podremos liberarlo de treinta años de insomnio viendo una y otra vez la descarga que prácticamente decapitó a su hermano gemelo y él restrellándose los dientes, desbaratándose la dentadura, sin poder acudir en auxilio de ese hermanito, el menor de los dos. Calculo: bueno, el Patrick va cumplir mañana los 30 años exactos de su condena. Ténganlo presente. Mañana. Miércoles 12 de junio de 2019. Ahora el mensaje que Patricio de la Guardia me envió desde la cárcel de máxima seguridad de Guanajay en el reverso de dibujo a plumilla sobre cartulina amarilla de una mariposa africana:

Brother:

           De aquí para adelante sí hay más pueblos. Sigues y seguirás siendo mi hermano, digan lo que digan o hablen lo que hablen. Y como te diría el brother Tony “Never say die”. A él y a todos nosotros le pega aquello que dijera Martí “Aquel que ha corrido el peligro vuelve a buscarlo de nuevo —bien por el insaciable placer de desafiarlo o bien por la invencible influencia de la muerte”.

          A ti y a mí sobreviviente de N´Dalatando nos queda la esperanza de sentarnos algún día a reírnos de aquello que Tony te dijera el día que les estalló la turbina del avión en que volaban, y para que puedas llegar a ese día te dibujo esta Druria africana que según las creencias de ese continente exótico y embrujado, trae suerte, dicha y felicidad.

          No te dejes
          abatir por las despedidas.
Son indispensables como preparación
          para el
reencuentro
          y es seguro que
          los amigos y los hermanos se reencontrarán
         después de algunos momentos
        o de todo un ciclo
vital

Tu hermano

         Patricio.         2/11/90.           Guanajay

Post Scriptum: Noche cerrada y de relampagueos en el Caribe a mediados de los 80 y nosotros a bordo de un Tu-154, una máquina subsónica, que en su momento los soviéticos reconvirtieron de bombardero nuclear de medio alcance (para arrasar con Europa Occidental) en avión de pasajeros. Y esa noche de la turbina, volábamos de Panamá a La Habana y en el momento que yo consideré llegado el fin de nuestra existencia, Tony, a mi derecha, reclinó su asiento hasta ponerse casi horizontal y se encajó un antifaz de dormir. Yo le reclamé un mínimo de angustia en aquel momento postrero y él, con la mansedumbre de su dulce sonrisa y sin despojarse del antifaz, me dijo: “Esto no se cae, Norbertus. No se puede caer. Y si se cae, tú no sabes el peso que me quita de encima, aparte de lo que me divertiré. Piensa solo en la cantidad de traficantes, contrabandistas, guerrilleros, mercenarios, e hijos de puta de toda laya con los que yo trato y con un nombre diferente para cada uno, cuando comienzan a desembarcar en Cuba, por cuanto aeropuerto, puerto y playa existen allí y pregunten por el coronel Manolo, o el coronel Pepe, o el coronel Mengano. Y así. Y todos con mercancía diferente y con reclamos de pagos de montos diversos. ¿Quién los identifica en Cuba? Nadie. ¿De qué negocio están hablando? Nadie tiene idea. ¿Y tú sabes lo que pasa? Que yo nunca opero con papeles. Yo nunca anoto un nombre ni el objetivo de ninguna operación comercial. ¿Tú me entiendes ahora, Norbertus? Todo está aquí en esta cabecita. Cabecita que muy pronto, según todos los pronósticos, desaparecerá en el fondo del mar.” Entonces sacó la mano derecha de debajo de la manta con que lo había acolchado una muy displicente aeromoza, ajena por completo a la turbina en baja, y Tony se tocó la sien con el índice, como diciendo, la información hay que sacarla de aquí adentro. Volvió a entibiarse hasta el cuello con la manta de Cubana de Aviación. Me dejó a solas con la noche y en los bordes de un cúmulo nimbus en toda su potencia de desfogue.

lunes, 10 de junio de 2019

N’Dalatando

Fue el del sábado 5 de diciembre de 1987, cuando, con el tren fijo del carguero Casa de producción española, a bordo del cual nos hallábamos —el Patrick, el coronel Miguel, el coronel Payret, el teniente coronel Maico, el Negro Agapio, con su ametralladora RPK de bípode al hombro, el mayor Cadelo, el hijo del general Papo a cargo del maletín de documentos secretos del Patrick, y yo—, arrastramos unos troncos de palma cortados y apilados que se hallaban al final de los 250 metros de la pista de tierra de N´Dalatando. Las palas del motor derecho se enredaron de inmediato en un maniguazo, que peinamos después de golpear los troncos y en el momento que, de todas maneras, despegamos, con el motor derecho ido y sin saber si aún conservábamos el tren para el aterrizaje, que fue cuando, a duras penas, logramos sobrevolar el peñón que se hallaba a medio kilómetro de la pista. Con el único motor de que disponíamos y que dejaba escuchar un angustioso silbido de metal en sus límites, exhausto, intentamos mantener la trepada, obligados, como estábamos, a ganar altura, por lo menos irnos por encima de los 2 500 metros, que era el alcance de los cohetes portátiles de conducción térmica de que disponía la fuerza enemiga UNITA, cuando, con la proa aún levantada, lo cual es una mala actitud para una máquina que no dispone de fuerzas en reserva, tuvimos que enfrentarnos a la realidad objetiva de que teníamos un cúmulo nimbos en formación exactamente arriba y delante de nosotros. No sabríamos hasta dos horas después, al hacer el aproche a la pista del aeropuerto internacional de Luanda si aún contábamos con el tren. La torre de control nos pidió un pase frente a ellos y revisaron con binoculares la parte baja de la panza del avión y nos dieron una confirmación positiva. Teníamos los cuatro patines. Si resistirían o no el impacto del aterrizaje se definiría en el desplome final. El acontecimiento, en su totalidad, aumentaría en forma considerable los valores de nuestro pasado y además, para ilustrarlo casi a la perfección, teníamos el tape, gracias a que Maico, el teniente coronel Michael Montañez, con toda tranquilidad y sus habituales nervios de acero, no abandonó su cámara mientras nuestro avión se proyectaba hacia el desastre y mientras sostenía por el cinturón al navegante del Casa, un joven sargento angolano que intentaba abrir la compuerta trasera y lanzarse al vacío. Maico puso un ojo en el visor y grabó el instante antes de morirnos. Comenzábamos a contar por primera vez para el recuento de nuestros recuerdos, con una grabación de video. La etiqueta, en el lomo del casete, de puño y letra de Maico, aún dice: "N´Dalatando — Los rangers nunca mueren".

Recuerdo que en el momento del trancazo contra los leños y ya saltando al aire, el Patrick me dijo: “Esto se jodió.” Yo estaba a su izquierda en el único asiento doble no lateral de la pequeña nave, designado para los jefes. Patricio lo dijo con justificada indignación por la impericia de los pilotos angolanos. Y mira lo que dicen los valientes antes de morir, fue lo que yo pensé. Mira lo que dicen cuando les toca a ellos. Tenía todo el derecho a indignarse porque luego supimos que en este tipo de accidente solo uno de veinte sobrevive. Fue el caso nuestro. De aquella tropita de afortunados cubanos. Armados hasta los dientes pero ninguna manera de defendernos dentro de aquella lata. Fuimos ese cinco por ciento. Les cuento que uno de mis planes en permanente añejamiento es escribir una novela sobre aquella tarde en N´Dalatando. El argumento subyacente sería lo que aconteció después con esos hombres, cuando cayó sobre ellos el escarnio de ser hombres de Fidel Castro cuando este necesita deshacerse de ellos en beneficio de una maniobra política. La moraleja, en consecuencia, es que habría sido mejor morirse en aquel momento y no tener que conocer el rostro verdadero de la historia final de la Revolución Cubana. “ —Ah qué la muerte más cabrona… Nomás sirve para alejarnos un poquito”, dice un personaje de Carlos Fuentes en La región más transparente, antes de que lo fusilen con otros tres compañeros en uno de los episodios de la Revolución Mexicana. Patrick, a unos escasos dos días de cumplir sin sosiego ni piedad una condena de 30 años, es un testigo de excepción de la experiencia. ¿Hasta dónde alargarán su sufrimiento? ¿Hasta dónde Raúl Castro va a permitirlo? Estamos a punto de saberlo. El próximo día 12 de junio lo sabremos. “El fin de Tony fue más gallardo y romántico que el mío que aún está por ver cómo termina”, escribió Patricio en una carta el 12 de octubre de 1990 desde la antigua cárcel de mujeres de Guanajay rehabilitada como establecimiento penitenciario de máxima seguridad para encerrar a los procesados de la Causa 1/89 y subsiguientes. Ah qué la muerte más cabrona.


El general de brigada Patricio de la Guardia, el “Patrick” de mis notas, en su calidad de jefe de la Misión Especial del Ministerio del Interior en la República Popular de Angola, se había presentado en N´Dalatando, capital de la provincia Cuanza Norte, para imponer al gobernador provincial Paulo Jorge de la presencia de avanzadas de la organización contrarrevolucionaria UNITA en su región, y detallarle que esto era parte de un plan estratégico del enemigo para dislocar estas avanzadas al norte del país. Ya en alguna de estas avanzadas nos habían tiroteado el helicóptero Mi-8 en el viaje hacia N´Dalatando la tarde anterior (viernes 4 de diciembre de 1987) y provocó que la tripulación cubana se mostrara reluctante a despegar de Luanda al otro día para recogernos y devolvernos a casa. “Los cabrones se apendejaron”, dijo el coronel Payret. Paulo Jorge, con la habitual calma de los chefes angolanos, mitad calma, mitad sabiduría, dijo: “No se angustien, camaradas. El avión con mi correo está en la pista. Ahí los embarco.”

De las notas de uno de los diarios angolanos de Patricio en mi poder.


Fotogramas del video. Proceden de la dañada cinta original que, entre otros estropicios, se partió en alguna operación de rebobinado. Una narración de los fotogramas se encuentra al final de la secuencia.



















1
Una animada conversación en el jardín de la residencia de Paulo Jorge, el gobernador de Cuanza Norte. De izquierda a derecha: el coronel Rogelio Payret, el general Patricio de la Guardia y el escritor Norberto Fuentes.

2
Paulo Jorge, que fuese el primer canciller de la recién estrenada República Popular de Angola en 1976, muestra a los camaradas cubanos el jardín que él mismo atiende en la residencia de gobierno.

3
La despedida. Caravana lista.

4
En el rústico aeródromo de N´Dalatando. El escritor no las tiene todas consigo y el aparato de factura española que debe abordar.

5
Mas el general Patricio tampoco parece convencido de su destino inmediato.

6
El piloto y su invitación al abordaje de su nave y acomodarnos. De uno en fondo, camaradas.

7
Patricio y Norberto ocupan el asiento delantero.

8
La rampa inicia su ascenso de cierre. Una silenciosa familia angolana relacionada con Paulo Jorge nos acompaña.

9
Un instante antes de Patricio soltar su perentoria declaración de esto se jodió.

10-12
No se ha jodido completo, al menos todavía. Patricio y el escritor husmean desde la puerta de la cabina y calculan sus posibilidades de supervivencia.

13
El abochornado navegante expurga, en solitario, arrinconado, sus culpas por pretender abrir la rampa para escapar del avión.

14-15
Los bomberos parecen emboscados al borde de la pista de Luanda. Nos estaban esperando por indicaciones de la torre de control. Apenas ha tocado el pavimento y ha comenzado a correr sobre la pista, el piloto abre la rampa hasta que frene el equipo. En caso de incendio, tenemos solo 15 segundos para evacuar.

16
El Negro Agapio es el último de los nuestros en abandonar la nave. La combinación de los ramilletes de flores obsequiados por Paulo Jorge y de su RPK al hombro constituye un motivo de broma en las próximas semanas. Era un obsequio del gobernador para las camaradas mulheres cubanas de la Misión del Ministerio del Interior.

17
El piloto angolano desciende con cierta precaución. Los cubanos lo están esperando.

18
Pero los cubanos están demasiado excitados y contentos por haber regresado a Luanda en una sola pieza. Así que en vez de reproches al piloto, buscan el lado positivo de su maniobra. Hizo lo correcto con los controles y no titubeó al apagar el motor averiado y mantener la trepada del avión en un ángulo aceptable para el trabajo de un solo motor y sacó el avión al aire y ahí lo mantuvo.