martes, 23 de junio de 2026

El discurso que le costó la vida

José Abrantes, ministro del Interior, a las «personalidades de la cultura». Discurso publicado en Granma el 24 de marzo de 1989.

Queridos compañeros Hart y Aldana;

Queridos compañeros todos:

Aquí nos hemos reunido varias veces con el compañero Fidel, con Raúl y otros dirigentes del Partido y el Gobierno. Aquí hemos discutido durante muchas horas problemas importantes de la defensa de nuestra sociedad, de la lucha contra el delito y otros. Pero es la primera vez que tenemos la satisfacción y el honor de reunirnos en este lugar con una representación de nuestros artistas y literatos, de nuestra intelectualidad creadora.

Quisiera expresarles por ello la más sincera gratitud y nuestra alegría por este encuentro con personalidades tan destacadas de nuestra cultura.

Me parece necesario que les ofrezca, en primer lugar, una breve explicación.

Este 26 de marzo, nuestros Órganos de la Seguridad del Estado cumplen su trigésimo aniversario. Es un hecho, como es natural, que representa mucho para la Revolución y para cada uno de nosotros. Como ocurre por lo general cuando se acerca una fecha de esta índole, nos estuvimos preguntando cuál sería la forma mejor y más útil de conmemorarla.

En ocasiones similares, en el pasado, hemos tenido homenajes y actos políticos en que se expresó el reconocimiento del pueblo a la larga y dura lucha librada por nuestros combatientes. Ahora también habrá algunos momentos de este tipo. Pero pensamos en la conveniencia de incorporar además fórmulas nuevas. Y así concebimos que en este aniversario, junto a los saludos que estamos recibiendo y que tanto agradecemos, sería correcto que nosotros mismos aprovecháramos para tomar la iniciativa y salir al encuentro de sectores y fuerzas sociales con los que hemos compartido y seguimos compartiendo el esfuerzo por defender y perfeccionar nuestra Patria.

Esa fue el origen de esta idea. Por eso es que hemos sido los promotores de la invitación, y por eso es que hoy somos también nosotros los que venimos a destacar, precisamente, no lo que significa nuestra labor, sino lo que significa la labor de ustedes.

No se trata de un simple deseo de halagar. Hay en esto un fondo conceptual que me gustaría subrayar. Una revolución, como cualquiera comprende perfectamente, no se defiende solo con las armas. La seguridad de un país como el nuestro no es únicamente la que le puedan proporcionar las instituciones encargadas de vigilar y combatir las actividades enemigas. Esto es importante, vital si ustedes quieren, pero no podemos desvincularlo de otros factores. Nuestra fuerza es en definitiva toda la fuerza de la sociedad. Es la economía, es la vida política, es la atención social, y muy particularmente, es el clima espiritual y moral del país, el estado de ánimo de las personas, el nivel de información y de desarrollo cultural que logremos, todo eso que a veces resumimos en una sola palabra: conciencia.

Ustedes, al trabajar por un pueblo cada día más culto y mejor orientado, trabajan también por nuestra seguridad.

Por feliz coincidencia, el próximo día 25 el ICAIC conmemora también su XXX aniversario. Desde aquí transmitimos nuestro abrazo fraternal a sus fundadores, a los directores, productores, realizadores, artistas, técnicos y trabajadores que han hecho de esa institución un baluarte para la Revolución en la esfera del arte y la cultura.

Esa etapa más reciente, en la que han coincidido la rectificación, por un lado, y la agudización de las dificultades económicas, por el otro, nos ha dado una experiencia insustituible en cuanto a la importancia de estos últimos elementos y a la significación del trabajo con el hombre.

Sólo tendríamos que preguntarnos cuál sería hoy nuestra situación si este período de brusca reducción del ingreso en divisas, de problemas en general con nuestras finanzas y suministros externos, con toda la secuela que ello implica para la producción, el transporte, los servicios y la vida social, no hubiera estado presidido por el empeño rectificador y la voluntad de eliminar errores, acabar con tendencias nocivas, perfeccionar cada cual su propia labor y poner un acento decisivo en la atención al hombre, la confianza en el ser humano y el estímulo a los valores políticos, patrióticos y morales que pueden desarrollarse en él.

En otras palabras, ¿qué sería hoy de nuestro país si en esta coyuntura adversa persistieran los fenómenos existentes en 1985?

Si bien en el pasado vivimos etapas en que la lucha se decidió en el terreno de la acción, si bien jamás podremos descuidar la preparación militar y la capacidad de nuestro pueblo para defenderse con sus propias fuerzas, no hay duda de que estamos en presencia de cambios. Ya se advierte en este nuevo contexto el creciente protagonismo que le corresponde desempeñar en la sociedad a la intelectualidad creadora, entendiendo como tal no sólo al artista y al escritor, sino también al maestro, al profesor, al periodista, al investigador social e incluso a profesionales como el médico que cada día ejercen una mayor influencia sobre amplias capas de la población.

No podemos cerrar los ojos frente a estos cambios, que nos exigen una preparación superior en todos los órdenes y que trasladan y trasladarán cada vez más la confrontación al terreno de las ideas, de los derechos del hombre, de la democracia, la libertad y la cultura.

Esta parece ser hoy una tendencia dominante de la vida internacional. Ella se halla condicionada no sólo por el absurdo de la guerra nuclear, como vía para resolver las contradicciones entre los grandes bloques, y por el incipiente proceso de distensión que se abre paso, sino también por cierta actitud triunfalista y arrogante con que las potencias capitalistas están recibiendo las críticas al pasado y las autocríticas que se hacen en la Unión Soviética y otros países socialistas; algunos aspectos de las reformas económicas que se aplican, y otros fenómenos y dificultades que surgen aparejados a estos esfuerzos por resolver las dificultades que allí se han acumulado.

Por lo que se aprecia, hay políticos y estrategas occidentales que creen llegado el momento para una derrota decisiva del socialismo en los terrenos de la economía y el desarrollo científico-técnico, y en correspondencia con esto proponen intensificar y hacer más refinadas las campañas dirigidas a desacreditar, penetrar y hacer evolucionar el socialismo en el sentido que ellos desean.

Se configura una situación delicada y difícil. No hay que subestimar su gravedad. Pero, desde luego, no es la primera vez que los imperialistas anuncian la crisis definitiva del socialismo en los últimos 70 años.

Nosotros, que creemos en el socialismo, que estamos convencidos de su potencialidad y su superioridad, porque las hemos comprobado en la propia vida, tenemos que recoger el guante de este desafío, y hacerlo con valentía y determinación, pero también con mucha inteligencia y claridad en las ideas.

El papel de Cuba se agiganta en estas circunstancias. Nuestro país, en virtud de su historia, de sus realidades, de la línea que ha mantenido todos estos años, está en condiciones de hacer lo que otros no pueden.

Esto nos coloca en posibilidades de influir cada vez más dentro del socialismo, dentro del movimiento revolucionario, en el seno de América Latina y el Caribe y, en general, de todo el Tercer Mundo.

Tenemos autoridad para ello. La Revolución Cubana fue la primera que planteó la necesidad de transformaciones profundas en el socialismo, y de hecho hemos tenido en Fidel un ejemplo permanente de enfoque renovador y creador. Nuestro proceso ha sido, igualmente, el primero que subrayó con toda energía el papel de los factores ideológicos, morales y culturales en la construcción de la sociedad socialista. Contamos, además, con una tradición de lucha que enlaza de modo coherente con todos nuestros propósitos de hoy, de manera que al defender y mantener nuestros principios estamos también defendiendo y manteniendo todo lo que hay de honroso, positivo y avanzado en la historia de la nación y el pueblo cubano.

No nos corresponde hablar por otros. No podemos siquiera predecir cuál será la evolución que sigan otros procesos. Pero en lo que toca a nuestra Patria no titubeamos un solo segundo en asegurar que vamos a salir de este reto mucho más fuertes, perfeccionados y maduros, para bien de Cuba y del socialismo.

Ahora bien, por esta misma razón estamos obligados a asumir las realidades complejas y cambiantes del momento actual.

Aunque la confrontación entre Cuba y Estados Unidos, entre la revolución y la contrarrevolución, matiza inevitablemente muchos acontecimientos, ya no podemos ceder a la tentación facilista de ponerle un rótulo político a cualquier fenómeno que tenga lugar en nuestra sociedad y que pueda desagradarnos o impactarnos. Muchas veces las cosas no son tan sencillas. El tratamiento tampoco puede ser en la mayoría de los casos esquemático o represivo.

Cada día ganan más importancia las formas de influencia y de regulación social que tienen un carácter político y persuasivo, que se basan en la labor de la familia, la escuela, de las instituciones docentes, de los colectivos profesionales y las organizaciones políticas y de masas. Esto lo vemos a diario. En la propia lucha contra el delito pasa a ocupar un lugar fundamental. El papel dirigente del Partido se acrecienta aún más en estas circunstancias, y aumenta, igualmente, el significado de la coordinación, el intercambio constante y el trabajo conjunto entre todas las fuerzas de la sociedad. Esta es, precisamente, la filosofía en que descansa hoy la labor del Ministerio del Interior, junto con la profundización y la profesionalización crecientes del trabajo de sus órganos, porque es la única forma de ser certeros y eficientes en el contexto en que nos desenvolvemos.

Martí, que vio tan lejos, decía hace ya casi un siglo que “el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural…” Y que “gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”.

Si sabemos aplicarnos esta idea a las realidades de hoy, significa que tenemos que forjar paso a paso, con imaginación, con trabajo esforzado, con capacidad creadora, fórmulas para edificar el socialismo que concuerden con nuestras realidades. Si algunas de las fórmulas que importamos en el pasado son hoy cuestionadas y puestas en crisis, si nosotros mismos comprobamos su ineficacia, esto sólo podemos entenderlo como la obligación de pensar con nuestra propia cabeza, como necesidad de aplicar a nuestras condiciones los principios y el método universales de nuestra doctrina filosófica y política; como conveniencia de volver a lo mejor y más permanente de nuestra tradición intelectual, y como la responsabilidad de ejercer, en particular, una más auténtica y profunda libertad de pensamiento.

Creo que todo el que trate de razonar sobre este momento verdaderamente crucial en que nos hallemos, comprenderá que tal vez como nunca antes serán decisivas las ideas.

En la investigación, en la educación, en la forma en que conduzcamos el trabajo de información, en el desarrollo de la cultura: ahí estará una parte importantísima de las respuestas que estemos buscando a nuestros problemas.

Esa será, al mismo tiempo, la respuesta al lugar de Cuba en el intercambio y el diálogo que se nos vienen encima con el proceso de apertura hacia América Latina y el Caribe, y que nos colocan en una posición especialmente influyente, dentro de un movimiento cuya orientación estratégica apunta hacia la concertación, la unidad, y la futura integración del continente. Ahí también, como ya lo vimos en Quito, en México, y más recientemente en Venezuela, en ocasión de las visitas del compañero Fidel, los vínculos intelectuales y culturales nutridos de modo perseverante durante estos 30 años se han expresado y dado sus frutos con enorme fuerza.

Hemos confirmado en la práctica la importancia que tiene haber sido animadores de una proyección amplia y no sectaria de la cultura latinoamericana, como se corresponde con la política cultural avanzada, autóctona y genuinamente creativa que la Revolución dio a nuestro país. Y esto cada día que pase multiplicará su significación.

Podremos, por tanto, si perseveramos en esa dirección, hacer una contribución al socialismo, influir en las luchas y reivindicaciones de todo el Tercer Mundo, y ejercer un papel bolivariano y martiano en el destino de nuestro hemisferio. Todo ello en la medida y a la par que seamos capaces de perfeccionar nuestra propia sociedad.

Esa es la perspectiva que nosotros vemos. De ahí la trascendencia que atribuimos al avance de nuestro movimiento cultural, considerado en su sentido más completo y vasto.

“El arte —dijo también Martí— como la sal a la vida preserva a las naciones”. Así concebimos nosotros el papel de nuestros creadores.

De ahí que no veamos ni podamos ver nunca a la cultura como un área de conflicto ni como una fuente de dificultades, sino como la gran fuerza transformadora que puede y debe ayudarnos a ganar esta batalla por la justicia a nivel continental y mundial, y por el mejoramiento humano, a nivel nacional.

Nosotros no nos engañamos. No queremos una cultura oficialista ni domesticada ni pasiva ni formalista, porque esa sería una cultura muerta e incapaz de aportar algo a la solución de los problemas.

Ese podrá ser el ideal de un burócrata, pero nunca el de un revolucionario.

Sabemos, por supuesto, que éste no es un camino fácil ni libre de obstáculos. Sabemos que el ejercicio de una mayor libertad exige, de modo consecuente, una mayor altura ética y sentido de responsabilidad. Comprendemos de modo muy claro todos los complejos factores, internos y externos, que hacen hoy especialmente sensible y difícil esta tarea. Pero no hay alternativa a la creación libre, auténtica y comprometida de modo entrañable con el pueblo y la Revolución.

Por todas estas razones, queridos compañeros, lo que quiero decirles es que los intelectuales cubanos podrán contar en este esfuerzo con la confianza, la comprensión y el respaldo sinceros del Ministerio del Interior.

Durante estas tres décadas hemos tenido relaciones de trabajo y de colaboración con muchos creadores. Realmente nos sentimos orgullosos de la lealtad y la modestia que han presidido estos vínculos.

Estamos y estaremos siempre abiertos al diálogo, en la disposición de escuchar y de discutir cualquier idea, cualquier problema que pueda preocuparles, y en el cual consideren útil nuestro conocimiento o participación. No me refiero sólo a los compañeros que tienen relaciones de muchos años con el Ministerio, ni me refiero tampoco exclusivamente a los que puedan opinar más cercanos a nosotros, sino también a aquellos que tengan ideas distintas o que vean los problemas con otros matices y enfoques.

Necesitamos perfeccionar cada día más esa comunicación, porque es preciso cerrar filas ante formas sutiles de la acción enemiga, que persiguen desorientar, confundir, desanimar, erosionarnos desde adentro.

Tenemos, frente a esto, una intelectualidad que ha probado su firmeza al lado de la Revolución. Una intelectualidad compuesta ya por varias generaciones, desde los que eran figuras consagradas al triunfo de nuestra causa, hasta las más jóvenes, inquietas e inconformes promociones de creadores.

Pocos países pueden decir esto. Por eso nos sentimos confiados, nos sentimos seguros en el porvenir, y podemos cumplir con optimismo la agradable misión que nos propusimos, de saludarlos, felicitarlos y trasmitirles un fuerte abrazo con motivo de este trigésimo aniversario, que es también de ustedes.

Muchas gracias.

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Foto arriba: En la sede del edificio «A» del Ministerio del Interior. Plaza de la Revolución. 25 de marzo de 1989. Segunda reunión consecutiva con intelectuales y artistas. Esta tarde, para hacerles entrega a medio centenar de ellos de la estatuilla Capitán San Luis, un galardón que se entrega por primera (y última vez). Desde la izquierda: Alcibiades Hidaldo, jefe de la oficina política de Raúl Castro, que asiste como representante de su jefe; José Abrantes, ministro del interior; Norberto Fuentes, uno de los artistas galardonados; y el general de división Pascual Martínez, viceministro primero del Interior.

sábado, 30 de mayo de 2026

Antes del apagón


Transcripción literal del diálogo con un amigo en Cuba a su regreso del campo de tiro, donde se entrena con su Kalashnikov. No es militar. Es un periodista y regularmente bien informado. Me envía algunas fotos (escogí una). Dice un par de cosas sorprendentes que elevan mi desconcierto sobre la situación cubana. Que Cuba le avisó a Venezuela de la inminencia de la invasión y que los cubanos de a pie —pero decididamente revolucionarios, como mi amigo— no las tienen todas consigo respecto a las decisiones de la cúpula gobernante. Queda claro que, de todas maneras, cubanos como mi amigo se van a batir. Eliminé la primera parte del diálogo por ser ajena a los asuntos actuales.


[7:13 PM, 5/29/2026] NFuentes: ¿La mirilla es un agregado cubano?
[7:15 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Es el visor Vilma
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Es cubano 100 por ciento
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Mejora el tiro
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No es necesario cerrar los ojos para apuntar y hacer blanco
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Sirve para el tiro nocturno
[7:17 PM, 5/29/2026] NFuentes: Bárbaro.
[7:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: 𝐔́𝐋𝐓𝐈𝐌𝐀 𝐇𝐎𝐑𝐀: 𝐑𝐄𝐔𝐍𝐈𝐎́𝐍 𝐌𝐈𝐋𝐈𝐓𝐀𝐑 𝐃𝐄 𝐀𝐋𝐓𝐎 𝐍𝐈𝐕𝐄𝐋 𝐂𝐔𝐁𝐀-𝐔𝐒𝐀 𝐄𝐍 𝐋𝐀 𝐁𝐀𝐒𝐄 𝐍𝐀𝐕𝐀𝐋 𝐃𝐄 𝐆𝐔𝐀𝐍𝐓𝐀́𝐍𝐀𝐌𝐎
Según reportó el SOUTCOM en las redes sociales, el encuentro se realizó para sostener un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa.
El mensaje del Comando Sur en X añadió una foto de los altos mandos militares durante la reunión en territorio cubano.
[8:03 PM, 5/29/2026] NFuentes: Ummm...
[8:04 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo por mi parte no me confío
[8:04 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con Maduro había un acuerdo, todo parece indicar, y mira lo que pasó
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahora, los mayimbes en La Habana, no sé...
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No deben
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No deberían
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Chúpate esta
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Cuba le avisó a Venezuela cuando los aviones despegaron el 3 de enero
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Y los venezolanitos dijeron que era rutina
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con AWACS arriba y el avión cisterna, que ese no lo habían sacado hasta entonces
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ellos saben que la base es una ratonera
[8:22 PM, 5/29/2026] NFuentes: ¿Y por qué no le avisaron a los cubanitos que estaban allí y mataron?
[8:23 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahhhh,
[8:23 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Tocaste una tecla
[8:24 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La misma pregunta que yo hice y me hago
[8:24 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Como tantas otras
[8:26 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Parece que todo fue muy rápido
[8:26 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Que estaban esperando a que Maduro saliera de Miraflores
[8:27 PM, 5/29/2026] NFuentes: bueno, pero lo que me preocupa ahora... ¿Qué tú quieres decir con "los mayimbes en La Habana"?
[8:27 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Maduro sale. Le confirman a USA que el tipo va camino a Fuerte Tiuna, confirman que está en el fuerte y se arma
[8:28 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: ¿El término no se usaba en tu época? Mayimbes, mayimbada
[8:29 PM, 5/29/2026] NFuentes: Sí, yo sé que los jefes... ¿pero me estás diciendo que están comiendo pinga —al borde de la traición (según sus propios estándares)?
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Eso no
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Lo que pasa es que yo no estoy allá arriba
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con Fidel yo te decía
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La cosa es así
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La cosa de que no estamos y si estamos negociando, mira… Ese titubeo
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo... Me fajo por Cuba y estoy claro que es Cuba
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahora, no sé
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Qué se tiene organizado, cuál es la valoración
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Estamos en stand bye
[8:31 PM, 5/29/2026] NFuentes: Bueno... si ellos no se dan cuenta del destino que les espera...
[8:32 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo creo que hay una presión muy grande para tratar de quebrar emocionalmente a la dirección del país y tratar de que negocien o acepten los puntos de EE.UU.
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Algo parecido a lo que sucedió en la guerra de Yugoslavia con Milosevic
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Bombardeos, mucha presión, envío de emisarios para convencerlos hasta que el hombre cedió
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Eso puede estar pasando
[8:37 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Añade el tema de los cubanos muertos en Venezuela, el tema ahora de la acusación a Raúl. Se ha visto como una afrenta al país.
[8:38 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No ha dividido
[8:38 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Al contrario
[8:39 PM, 5/29/2026] NFuentes: Y yo creo que eso ha sorprendido a los mismos mayimbes. El pueblo se les ha ido por arriba.
[8:41 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Se fue la luz ahora mismo
[Fin del diálogo.]

martes, 26 de mayo de 2026

Fuentes: «Cuba se muere de hambre, pero el pueblo es orgulloso y resistirá la invasión»

La Repubblica, 26 de mayo de 2026
Laura Lucchini, corresponsal en La Habana


Amigo íntimo de los hermanos Castro, participó en el proceso revolucionario. Luego, tras el asesinato de un amigo, optó por el exilio. «No me he convertido en contrarrevolucionario».

Norberto Fuentes, de 83 años, es un escritor y periodista cubano. Participó en la Revolución y negoció la paz en Angola. Escribió Hemingway en Cuba y la biografía de Fidel Castro. Fue amigo íntimo de ambos hermanos, Fidel y Raúl, pero luego se exilió —con el apoyo de Gabriel García Márquez y la mediación de Felipe González— tras el asesinato de su mejor amigo. En una conversación telefónica entre Miami y La Habana, relata una anécdota: «Fidel, Gabo y yo estábamos en casa de Raúl. Jacques Cousteau acababa de llegar con un documental sobre el lecho marino haitiano, devastado por la pobreza. Después de ver la película, le dije a Fidel: “Necesitamos una revolución allí”. Y él me respondió: “¿Qué dices, Norberto? ¡Las revoluciones no solucionan nada!”». Habló con La Repubblica sobre el ocaso de la Revolución y las opciones para el futuro de la isla.

Usted participó en la Revolución. ¿Cómo ve lo que está sucediendo ahora, desde Miami?

Es una situación difícil de explicar, pero también de predecir. Con Donald Trump en el poder, nunca se sabe qué pasará. Los cubanos reciben mucha información de Miami, pero, según mi experiencia, la lectura e interpretación de los acontecimientos en Cuba que proviene de Miami suele ser errónea. Siempre es una visión reaccionaria y vengativa. Escucho a congresistas demócratas expresar su esperanza de que Cuba regrese a la órbita de Estados Unidos. Me parece poco realista.

Incluso se contempla la opción militar.

Cualquier cambio provocado por una operación militar sería una carnicería. Espero que Trump haya aprendido de Irán que la guerra asimétrica es inútil. El ejército cubano es prácticamente inexistente, pero hay gente que no se rendirá. Es un país con 600 000 miembros del Partido. Una intervención armada sería sangrienta para ambos bandos. Es una situación difícil desde el punto de vista militar, pero más allá de eso, la pregunta es: ¿Con qué propósito tomar el país? ¿Para proporcionar alimentos y dinero a diez millones de personas hambrientas? No le veo el sentido. Claro, la lógica podría ser que Trump necesita un triunfo. Pero los cubanos no son venezolanos.

¿Qué modelo esperaría usted para Cuba?

China y Vietnam. Necesitamos hacer los cambios necesarios para introducir una economía de mercado dentro de un gobierno socialista. Y Cuba, ahora mismo, tiene una maquinaria propagandística terrible; el periódico Granma es una vergüenza. El presidente Díaz-Canel es una momia. Y Raúl Castro tiene casi 95 años: podría irse a dormir cualquier día y no despertar jamás. Lo digo como amigo de Raúl. Así que la esperanza es que exista un grupo de oficiales, coroneles y líderes que puedan ser los portadores del cambio.

Pero, ¿cómo se realizan estos cambios en un país que solo ha conocido un régimen durante 70 años?

El imperativo debe ser “prohibido prohibir”. Que se liberen de inmediato las fuerzas productivas del país. Que se libere la imaginación de los cubanos. Cuando Obama hizo sus acercamientos, se encendió una enorme vitalidad en Cuba, pero se detuvo a medio camino. Pero ahora la situación ha cambiado, y Estados Unidos tiene un gobierno inepto, como el de Cuba. Una vez más, están convirtiendo a Cuba en un símbolo de resistencia. Cuando mataron a los 32 cubanos de la guardia de Maduro, la reacción del pueblo cubano fue enorme. Los veteranos de Venezuela fueron recibidos como héroes. Este suceso ha tocado la esencia misma del orgullo nacional.

Pero ahora la situación es extrema. No hay electricidad ni agua, la gente empieza a desesperarse. Y hay protestas espontáneas...

Por lo que veo, son protestas espontáneas pero aisladas, que se reprimen rápidamente. Un levantamiento popular en este país es muy difícil. Porque habría dos levantamientos: hay mucha gente que no lo permitirá, porque siguen siendo firmes partidarios de la Revolución. Lo que está haciendo Marco Rubio, asfixiando al país de esta manera, no tiene precedentes. Y está uniendo para la resistencia.

¿Qué pensó al leer sobre la acusación contra Raúl Castro?

Es algo político, porque es un hombre de 95 años que, si lo soplan, cae. Pero digamos que llegan los estadounidenses, que el dispositivo de seguridad no lo protege y lo suben al avión: aun así no llegaría vivo a Miami.

¿Estamos presenciando el colapso de la Revolución?

¿El colapso de qué? ¿Que no queda nada? Solo hay millones de cubanos con la boca abierta. Y ni siquiera creo que el gobierno esté negociando sinceramente. Lo que hacen es ganar tiempo.

¿Para qué?

Para estabilizar la situación.

Pero la situación es desesperada; nada se puede estabilizar en estas condiciones...

Lenin dijo que ningún levantamiento popular se produce por hambre. Que los desastres naturales como huracanes o terremotos son causas más frecuentes de levantamientos que el hambre.

Los aliados de Cuba de toda la vida no están ayudando.

Sí, es cierto, están ausentes. Y también me refiero a los países africanos, a los que Cuba ayudó y que no se hacen oír. Pero quiero decir una cosa: Estados Unidos está jugando a las elecciones de medio término a costa de Cuba. Sé que lo que digo es infantil, pero creo que el problema se reduce a esto. Y será una carnicería.

Fuiste parte de la Revolución, pero también la abandonaste...

Sí, fui parte de la Revolución. Pero la abandoné por un motivo personal. Además, necesitaba darle perspectiva a mi trabajo como escritor. Participé, tenía amigos en el ejército y me hice amigo de Fidel y Raúl. Pero Tony (Antonio de la Guardia, fusilado al final de un juicio político por corrupción y narcotráfico) era mi hermano, y lo fusilaron. Ese momento marcó el fin de la Revolución para mí. Pero no soy un contrarrevolucionario.

Cuéntame una anécdota con Fidel...

Estábamos García Márquez, Fidel y yo en casa de Gabo. Era la una de la madrugada y Fidel acababa de recibir al explorador francés Jacques Cousteau. Venía de Haití y había presentado un documental devastador, porque los haitianos estaban tan famélicos que incluso habían erosionado el lecho marino, y no quedaba nada. Fidel me preguntó si lo había visto, le dije que sí, que era dramático. Le dije: “Comandante, necesitan una revolución.” Él respondió: “¿Una revolución? ¿Qué dices, Norberto? ¡Sabemos que la revolución no soluciona nada!”

sábado, 18 de abril de 2026

viernes, 17 de abril de 2026

¿Se repite la historia?

«Avancen hasta la Carretera Central, doblen a la izquierda y ya están en La Habana»


Era la forma de explicar el avance hacia La Habana de los instructores americanos durante el entrenamiento de los brigadistas en Retalhuleu. Usaban «mapas simplificados». En esos mapas, Cuba parecía llana, de pocas carreteras y con rutas directas hacia La Habana.

«Desembarcan, toman la Carretera Central, doblan a la izquierda y siguen.»

La Carretera Central es la columna vertebral de Cuba. El eje logístico del país. Un corredor militar imposible de cortar sin superioridad aérea. Fue la vía por donde Fidel movió sus tropas en cuestión de horas. Según los planificadores de Langley, la brigada tomaría rápidamente Playa Larga y Playa Girón. Avanzaría hacia Jagüey Grande. Llegaría a la Carretera Central. De ahí, directo hacia la capital.

Pero nunca pudieron salir de la cabeza de playa.

«Nos dijeron que era cuestión de doblar a la izquierda. No nos dijeron que al doblar había tanques.»

«La carretera estaba ahí, sí… pero llena de milicianos.»

«¿Doblar a la izquierda? Si ni siquiera nuestros aviones podían despegar sin que les cayeran arriba los Sea Fury.»

La invasión de Bahía de Cochinos tenía como objetivo provocar un levantamiento contra Fidel. En cambio, le otorgó una victoria militar y un símbolo permanente de la resistencia cubana a la agresión estadounidense.

La operación de Bahía de Cochinos no fue idea de John F. Kennedy. A medida que la revolución se radicalizaba, creció el impulso en Washington de derrocar el gobierno revolucionario. La administración de Dwight D. Eisenhower planeó la invasión, que sería gestionada por la CIA. Para el momento de la investidura de Kennedy, la orden de invadir era la única pieza restante del plan por poner en marcha.

La planificación de la invasión comenzó en 1960, antes de que se rompieran las relaciones diplomáticas con Cuba. La situación era delicada, ya que el plan era derrocar a un gobierno con el que Estados Unidos no estuviera en guerra. En el plan se incluyeron varios aspectos, incluyendo propaganda y estrategias militares, junto con la directiva de que Estados Unidos no debía parecer involucrado.

Durante la campaña presidencial, Kennedy acusó a Eisenhower de no hacer lo suficiente respecto a Castro. De hecho, Eisenhower podría haber lanzado una invasión él mismo, si se hubiera presentado una excusa adecuada. En cambio, legó un plan anticipado a Kennedy, quien estaba firmemente inclinado a continuarlo.

Otros en el gobierno no estaban convencidos. Los cubanos habían presentado pruebas a Naciones Unidas ya en octubre de que Estados Unidos estaba contratando y entrenando mercenarios. La implicación estadounidense no era probable que permaneciera en secreto.

El senador J. William Fulbright le dijo a Kennedy que este tipo de hipocresía era precisamente de lo que Estados Unidos acusaba a los soviéticos. El subsecretario de Estado Chester Bowles aconsejó al secretario de Estado Dean Rusk que el plan era erróneo tanto por motivos morales como legales.

Entre los partidarios del plan también estaban el exvicepresidente Richard Nixon, el hermano de John, Robert F. Kennedy, y el secretario de Defensa Robert S. McNamara.

El 12 de abril de 1961, Kennedy declaró en una rueda de prensa que Estados Unidos no tenía intención inequívoca de intervenir en los asuntos cubanos. Cinco días después, tuvo lugar la invasión.

La fuerza de invasión se había reunido en Guatemala. Zarpó en seis barcos desde un puerto de Nicaragua el 14 de abril. El 15 de abril, los exiliados cubanos respaldados por Estados Unidos comenzaron a bombardear tres aeródromos en Cuba.

En un torpe intento de hacer parecer que los ataques habían sido realizados por desertores, los aviones B-26 atacantes fueron disfrazados para parecer aviones cubanos. Un piloto llamado Mario Zúñiga fue presentado a la prensa junto con su avión, pero faltaban tantos detalles importantes y la prensa había descubierto tanta verdad, que el esfuerzo de encubrimiento tuvo poco éxito.

En las primeras horas de la operación, parecía que la invasión fracasaría porque no había contado con el apoyo de la población local. Para sorpresa de la CIA, apoyaban firmemente la Revolución.

Adlai E. Stevenson, embajador estadounidense ante la ONU, negó rotundamente las acusaciones del embajador cubano sobre el ataque y mostró las fotografías oficiales para respaldar la versión del desertor. Desgraciadamente para él, la verdad salió a la luz en pocas horas y Stevenson quedó humillado. También supo que Kennedy se había referido a él como «mi mentiroso oficial».

El ataque comenzó poco después de la medianoche del 16 de abril. Los arrecifes de coral, identificados erróneamente por los aviones espía U-2 como algas marinas, retrasaron los desembarcos. Dos barcos quedaron varados a 80 yardas de la costa y se perdió equipo pesado. Con la invasión claramente en marcha, Rusk anunció el lunes 17 de abril que Estados Unidos no intervendría en Cuba ni lo haría en el futuro.

Como la opinión mundial estaba en contra de Estados Unidos, Kennedy decidió no proporcionar más cobertura aérea hasta que pudiera ser lanzada desde una pista de aterrizaje en algún lugar de Cuba. Esto nunca ocurrió, y las fuerzas cubanas tenían control total del aire. Un último intento desesperado de apoyo aéreo resultó en la pérdida de cuatro aviadores estadounidenses el 19 de abril, pero el resultado ya estaba sellado.

Los invasores se rindieron en la tarde del 19 de abril. 104 habían muerto; otros 1 189 fueron hechos prisioneros. El 20 de abril, Kennedy dijo a la Sociedad Americana de Editores de Periódicos que el episodio era de cubanos luchando contra cubanos y que Estados Unidos no había estado involucrado.

Unos meses después, los tres responsables de planificar la invasión — el director de la CIA Allen Dulles, el subdirector de Operaciones Richard Bissell y el general de la Fuerza Aérea Charles Cabell fueron despedidos.

Se celebraron juicios masivos a los hombres capturados y casi todos fueron condenados a 30 años de prisión. Ocho fueron fusilados por crímenes de guerra durante su servicio en la policía de Batista. El resto, tras 20 meses de negociaciones, fueron liberados a cambio de 53 millones de dólares en alimentos y medicinas.

Fotos: Restos de la flota de la CIA en Bahía de Cochinos seis décadas después.

miércoles, 8 de abril de 2026

La generación que no traiciona

 
Chico Buarque en La Habana

Vino a grabar una canción con nosotros.
—Silvio Rodríguez
8 de abril de 2026 a las 11.51

Treinta y cuatro años después de su última visita a Cuba, Chico Buarque aterrizó en La Habana ayer por invitación del cantante y compositor Silvio Rodríguez, uno de los principales exponentes de la llamada Nova Trova Cubana. En medio de las sanciones más duras contra la isla y el empeoramiento de la crisis económica y energética, el viaje se realiza en solidaridad con la gente del país.

Amigos desde hace más de cinco décadas, los dos entran mañana al estudio para grabar una nueva versión de Sueño con Serpientes, un clásico del repertorio de Silvio, del cual el artista brasileño ya había vertido en portugués y grabado otras canciones. Pista disponible pronto en todas las plataformas musicales.

La visita fortalece los lazos entre dos nombres centrales de la canción latinoamericana, históricamente vinculados por afinidades estéticas y compromiso político en el continente. Junto a su esposa, la abogada Carol Proner, Chico también donó medicamentos esenciales al Ministerio de Salud cubano.

Foto: Kaloian Santos Cabrera

jueves, 26 de marzo de 2026

Entre Greta y Silvio —y Norberto


Columna de opinión de Ismael Carvallo Robledo publicada como «Cuba, entre Greta y Silvio» en El Independiente, México, el 25/3/26

La impresión fue aplastante, para ponerse a llorar. Lo vi en redes sociales. Era un cartel hablando de la defensa de Cuba pero con una foto de Greta Thumberg ocupando todo el espacio. Lo publicó uno de estos personajes que van de “intelectuales en defensa de la humanidad” –concepto cursi, ridículo y pedante hasta decir basta– celebrando el acontecimiento –mejor omito el nombre de quien lo publicó, pero dejo en actas que la pena ajena que produjo fue en verdad superlativa–, y diciendo algo así como que hay esperanza. Si Greta se involucra en esto, entonces hay esperanza. Imagínense ustedes.

Y luego la foto de esta pobre adolescente con su bufanda palestina de rigor y el gesto de amargura crónica y ceño fruncido con el que lleva fastidiando años –supongo que desde brazos la vienen adoctrinando– desde aquél insoportable perfomance de la ONU o no sé dónde en el que apareció regañándonos a todos con perspectiva de género por el daño ambiental que la humanidad ha causado. He aquí el lamentable resultado del progresismo woke de la Agenda 2030 en estado puro.

Y lo peor de todo es que esto fue publicado por un veterano “de izquierda”, o eso habría que suponer. Vaya contraste: en vez de buques, tanques o armas, que en su momento fueron de hechura soviética o checoeslovaca, la Internacional Progre organiza hoy una caravana humanitaria encabezada por Greta Thumberg y un grupo de hippies e inadaptados españoles y europeos neozapatistas indignados profesionalmente contra occidente, el heteropatriarcado y el ecocidio neoliberal. La han abandonado. La hemos abandonado. Su soporte fundamental durante años, caída la Unión Soviética, eran Venezuela y México. A ambos nos tienen acorralados. Es doloroso pero es así.

Norberto Fuentes dice en texto reciente (‘Apearse del tigre’, Libreta de apuntes, marzo 16, 2026) que ‘nadie ha hecho nada por Cuba. La han dejado al garete. ¿Dónde está Rusia? ¡Y Angola, por Dios, podrida en petróleo, donde dejamos 2000 compañeros muertos por su independencia!’.

Hace diez años exactamente, cuando la visita de Obama a la isla, dijo también Fuentes que ‘garantizada la estabilidad de los vínculos internacionales gracias al restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos, Raúl podrá concentrar todas sus energías en allanarle el terreno a la nueva generación de gobernantes cubanos, esto es, y dicho de manera más tajante, lograr el tránsito hacia el capitalismo. ¿Quizá lo haya expresado brutalmente? Si les complace, llámenle neocapitalismo, economía de mercado o una nueva modalidad muy ingeniosa ella del socialismo a la cubana’.

Hoy ha escrito esto (mismo texto): ‘En fin, que por lo pronto los yanquis no van a invadir. Es decir —de acuerdo con las normas Trump—, que en cualquier momento lo hacen. (Nada le place más que un buen espectáculo de televisión.) Pero tratemos de ser optimistas. Esto puede dar un aire, puede acercarse a la situación que dejó Obama, y, si los cubanos son capaces de maniobrar, pueden enrrumbar por el camino chino/vietnamita. La experiencia de China y Vietnam es mejor que la experiencia de una restauración contrarrevolucionaria. Esperemos que por ahí vayan los tiros. Al final, no sería tan dramático que el capitalismo se esparciera por Cuba, si un Partido Comunista bien acerado lo utiliza y controla; el problema son esos repugnantes personajes que —desde Miami— ya se están repartiendo el pastel.’

El pivote de articulación de las negociaciones, según Fuentes, es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Apuntemos ese nombre, que muy seguramente será el próximo líder y par cubano de Delcy Rodríguez, versión, a su vez, del modelo chino/vietnamita de transición política hacia una nueva etapa, acaso valga decir nueva época.

Mientras todo esto sucede Silvio Rodríguez ha sacado pecho y pidió su AKS-74U para morir tirando si es lo que la patria demanda, que Cuba es un país profundamente nacionalista y eso, el nacionalismo, fue lo que activó y detonó la Revolución cubana de Fidel Castro, que según Pedro Schwarze cumplió tal cual lo que ofreció: una historia única, una aventura revolucionaria y hacer del suyo un pueblo con dignidad.

Ahora lo que toca es sobrevivir, extraer experiencias y buscarle un sentido al sacrificio, por aquello que por su parte dijo el Che Guevara en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo: la victoria es una gran fuente de experiencias positivas, pero la derrota también lo es.

En las fotos: Tarde del 5 de agosto de 1994. La Revolución cubana conoce uno de sus momentos más dramáticos cuando multitudes de habaneros se lanzan a protestar en la calle por las vicisitudes de su existencia cotidiana. Hay focos de violencia. Dando muestras de su habitual arrojo, Fidel Castro se presenta en el centro de los estallidos: la avenida del Malecón, que corre paralelo a la costa. Al inicio de su marcha por entre los manifestantes, pronunciará una frase que se hará célebre: «Si están apedreando la Revolución, vengo a recibir las que me corresponden.» También se ha dicho que les exigió a sus escoltas que se desarmaran. Las imágenes, sin embargo, desmienten esta fábula, o al menos demuestran que no lo obedecieron. Desde luego, ni un rasguño va a recibir de los airados manifestantes que ante su sola presencia revierten sus exigencias materiales y de libertad por vítores al líder revolucionario.

sábado, 21 de marzo de 2026

El profeta armado

En el invierno de 1960, cuando los camiones del ejército llegaban a los cuartones de las montañas y comenzaban a desembalar las cajas repletas de los fusiles checos M-52 o de las pistolas ametralladoras Ppsha soviéticas con discos de tamboras, y las repartían a los integrantes de las compañías serranas acabadas de organizar, se inició la costumbre de besarlas por cada combatiente al recibirla en sus manos. Yo vi repetir esa costumbre en Angola cuando los combatientes se veían investidos con los mucho más modernos Kalashnikov. El que le entregaron ayer al trovador Silvio Rodríguez es uno de los prodigios avanzados del ingenio de Mijaíl Kalashnikov: el fusil de asalto AKS-74U, probablemente de producción cubana. Desconozco si Silvio siguió el ritual de los milicianos campesinos que se preparaban para enfrentar las primeras amenazas de invasión americana anunciada desde mediados de 1960. Pero sí lo recuerdo durante la Crisis de Octubre cuando nos entrenábamos —junto al resto del colectivo de la revista Mella— para el segundo capítulo de aquella amenaza. Una amenaza que, como vemos hoy en día, se mantiene latente, y ahora además a solas en este mundo, sin siquiera la esperanza de la cohetería estratégica soviética para respaldarnos aunque fuese como bluff. Pero Silvio, el Silvito de nuestras promesas como artistas mientras producíamos unas surrealistas páginas de una historieta llamada El Hueco, vuelve a disponerse para el combate y sin pensarlo dos veces, y sin siquiera aprovecharse de su fortuna y de la posibilidad cierta de acomodarse en cualquier parte del mundo y ponerse a salvo para seguir componiendo y cantando, elige plantarle cara a la cada vez más probable presencia de los destructores del país. Aunque —y yo conozco muy bien a Silvio como para saber lo que estoy diciendo—: no se va a arrepentir nunca de haber exigido su AKM. Salió por la puerta ancha. Le dieron un AKS-74U.

lunes, 16 de marzo de 2026

Apearse del tigre

 
Al comenzar su comparecencia ante lo que los cubanos llaman «medios de comunicación», un tenso, gastado presidente, Miguel Díaz-Canel, aceptó finalmente que se estaban realizando conversaciones con Estados Unidos. Al desgranar los tres puntos esenciales que debían estar tratándose en el diálogo, los describió de esta manera:

1. Determinar qué problemas bilaterales necesitan solución.

2. Establecer posibles vías de solución para estos problemas.

3. Determinar si hay voluntad para concretar acciones en beneficio de nuestros pueblos, lo que implica identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambos países. «Se trata de un tema que —dijo—: «… se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación.»

Demasiadas palabras para aceptar públicamente lo obvio. Es decir, dicho sin ambages: la claudicación.

No sé si ustedes se darán cuenta que están preguntándole a los americanos qué debe hacer, a partir de ahora, el gobierno cubano.

Los perritos falderos del imperio en la redacción de The New York Times no se dejan engañar por ese lenguaje de improbable apaciguamiento. «El anuncio fue considerado un último esfuerzo desesperado de un régimen debilitado para mantenerse en el poder, mientras el gobierno de Trump intensificaba la presión sobre el Estado comunista de 67 años.»

Lean el artículo de Christopher Sabatini y Katrin Hansing «Trump no está preparado para lo que inició en Cuba» (The New York Times, 12 de marzo de 2026). El desprecio con que contempla la maniobra cubana debe servir de advertencia a Díaz-Canel y su cohorte.

También —importante— repasen esa última línea de las aspiraciones cubanas: « … y alejarnos de la confrontación». ¡Alejarnos de la confrontación! Oigan, si hay algo difícil de asimilar en todo esto, es que esté ocurriendo en una revolución que heredaron de Fidel Castro. Una revolución que existía, precisamente, por la confrontación.

Jean Paul Sartre lo vio desde Ideología y revolución, su afilado texto sobre la Revolución cubana, donde entendió desde muy temprano que, en el caso de Cuba, los acontecimientos eran los que dictaban el contenido de la Revolución —y no al revés, a diferencia de otros procesos en los que pretendieron definir a priori su contenido ideológico. Las «improvisaciones», no eran más que una técnica defensiva. La Revolución cubana debía adaptarse constantemente a las maniobras enemigas.

Como vemos, es el camino equivocado al que está tomando la actual dirigencia cubana. No es difícil de imaginar lo que hubiese hecho Fidel con este liderazgo ahora instalado en el Palacio de la Revolución. Bueno, en realidad, ninguno de ellos hubiera llegado ni cerca de una de las calles aledañas.

La presencia torva, impositiva de un extraño personaje que observa la diatriba de Díaz-Canel desde un escaño delantero a la derecha del podio presidencial, serviría para explicar mejor la situación. Es un hombre de 41 años, corpulento y con inequívoca presencia de matón, llamado Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Desde su asiento, su silenciosa postura tiene un significado claramente descifrable para los cubanos entrenados por seis décadas de cátedras subliminales por televisión. Es algo más que observar si Díaz-Canel se ciñe al guion establecido.

Todo parece indicarlo, Raúl Guillermo es nuestro próximo líder. Por lo pronto, es el que está llevando las conversaciones con los enemigos de antes, es decir, los enemigos de su padre… y de su tío. Si bien no tiene otra historia que la de servir de escolta del abuelo, dar empujones a todo el que se les atraviese, adquirir propiedades y clubes nocturnos y desplegar una voracidad sexual que comienza a ser legendaria en La Habana, a la hora de hablar con los americanos, él es el designado. Raúl Castro no va a confiarse en Díaz-Canel, ni otro semejante, para tan delicada misión —de la que puede surgir fácilmente el prototipo cubano de Delcy Rodríguez.

Tampoco le ha ido mal al nieto en su nuevo papel. Según se conoce de fuentes muy fiables, le ha hecho exclamar al secretario de Estado Marco Rubio, al otro lado de la línea de diálogo: «¡Es como hablar entre cubanos de Hialeah!».

Entre guasas y tuteos y llamarse mutuamente «chico» no es descabellado pensar que, entre los argumentos indicados por el abuelo al nieto, esté la inutilidad de bombardear La Habana. Coño, chico, ¿para qué bombardear lo que, de hecho, ya está bombardeado? ¿Tú no ha visto cómo está esta ciudad? Igualita que Berlín o Dresde después de mayo de 1945. Bueno, esto último supone una cultura quizá excesiva.

El problema, sin embargo, ahora no reside en la pesada presencia de un nieto sin fronteras ni en un parigual en la presidencia de Estados Unidos. Es de origen. El asunto es que Raúl Castro nunca fue un verdadero revolucionario. Mas Fidel, al final, achacoso y agotado, y traicionado por la Unión Soviética, se dejó vencer por él.

Así pues, están negociando.

¿Negociando?

Lo que están es rindiéndose. Que a la larga se los vayan a comer, carece de importancia. Él (Díaz-Canel) no significa nada. Ni ninguno de sus acólitos, todos panzones, que solo hacen recordar aquel obeso personaje de los cómics de Anita la Huerfanita que hacían saltar los botones de las camisas. Hay que entenderlo, sin embargo. Ser compasivos. Él está allí y no hace otra cosa que luchar por su supervivencia. Por otro lado, nadie ha hecho nada por Cuba. La han dejado al garete. ¿Dónde está Rusia? ¡Y Angola, por Dios, podrida en petróleo, donde dejamos 2 000 compañeros muertos por su independencia!

En fin, que por lo pronto los yanquis no van a invadir. Es decir —de acuerdo con las normas Trump—, que en cualquier momento lo hacen. (Nada le place más que un buen espectáculo de televisión.) Pero tratemos de ser optimistas. Esto puede dar un aire, puede acercarse a la situación que dejó Obama, y, si los cubanos son capaces de maniobrar, pueden enrrumbar por el camino chino/vietnamita. La experiencia de China y Vietnam es mejor que la experiencia de una restauración contrarrevolucionaria. Esperemos que por ahí vayan los tiros.

Al final, no sería tan dramático que el capitalismo se esparciera por Cuba, si un Partido Comunista bien acerado lo utiliza y controla; el problema son esos repugnantes personajes que —desde Miami— ya se están repartiendo el pastel. El problema desde el punto de vista moral. ¿Meaning? ¡Bienvenido Mister Marshall!—con buena suerte. Alisten los escuadrones de la muerte —con mala. (Hay 600 000 militantes comunistas registrados a ejecutar en esa isla).

Se acabó el sueño, amigos. Ergo, esto es un negocio entre tenderos de alto calibre en la Florida (me estoy refiriendo a los millonarios cubanoamericanos, entre los que destaca Jorge Más Santos, señalado como el hombre detrás de Marco Rubio) y el célebre «Cangrejo» (Raúl Guillermo Rodríguez Castro), dueño —entre otros negocios— de un puticlub en La Habana.

Todos los demás, olvídense de participar en la piñata. Porque lo curioso aquí es que a los cubanos de ambas orillas se las van a dejar en la mano.

La verdad que nunca pensé que la Revolución cubana terminaría de forma tan humillante. Pobre Fidel.

Pero es algo que también Sartre vio. No solo el avanzar a contragolpe. Sino las acechanzas del futuro inaccesible.

«El futuro deviene su esperanza: la Isla espera de él su salvación; pero también es su temor. Puede saltar sobre ella como un ladrón.»

Foto: en el camino a Santiago. A la espera de la caravana con las cenizas de Fidel.

sábado, 14 de marzo de 2026

Nadie escuchó

Esto lo escribió Rafael del Pino hace más de 20 años. Lo escribió y publicó (en El Nuevo Herald) en agosto de 2007. Ustedes saben a quién me refiero. El general de la aviación revolucionaria que el 28 de mayo de 1987 voló junto a toda su familia en un pequeño bimotor Cessna 402 a la sureña localidad floridana de Cayo Hueso. No solo se presentó entonces como el oficial de más alto rango que se le fuera a Fidel de las manos, sino que, cansado de sus caprichos y arbitrariedades, se convirtió en el singular caso de un desertor que se mantenía en su discurso de ideales revolucionarios —y hacerlo patente en libros y artículos. Esta pieza es una poderosa muestra de tal audacia. Lo que nos hubiésemos ahorrado de haberle prestado atención antes de caer en el pantano de la actual situación.


LA HORA DE LA NEGOCIACIÓN

Por Rafael del Pino

La vida nos ha demostrado que los extremos nunca han sido buenos y en política funestos. Por eso no sé qué es peor si el inmovilismo de la actual administración con respecto a Cuba o una concesión de una posible nueva administración sin negociar nada a cambio. Ambas cosas van en contra de los cubanos. Creo que ya es hora de ir a la mesa de negociaciones.

Raúl Castro ha dado ya el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente al gobierno norteamericano para sentarse a conversar. La respuesta de Washington a través de la señora Condoleezza Rice fue rápida. “Nosotros no tenemos nada que discutir con los cubanos. El gobierno cubano debe sentarse primero con su pueblo”.

Muy bonita la respuesta si no existiera el precedente que si lo hicieron con los vietnamitas que mataron a 58,226 norteamericanos e hirieron o mutilaron a otros 153,303. Cuyo Presidente acaba de visitar Estados Unidos siendo su primera visita al New York Stock Exchange abriendo las operaciones bursátiles del día. O con los chinos que en la Guerra de Corea mataron a 33,741 soldados y después pasaron con los tanques sobre los jóvenes de la Plaza Tiananmen sin haberse sentado ambos primero a “hablar con sus propios pueblos”. Cuba por lo menos jamás ha matado un solo soldado norteamericano. No solo eso, en Cuba jamás se ha quemado una sola bandera norteamericana, practica muy común en todos los países del mundo y en el propio Estados Unidos. Y si vamos un poco más cerca, los norteamericanos en la actualidad se han sentado a negociar con los insurgentes sunníes que todos los días se apuntan más muertes de jóvenes soldados en Irak.

Cuando vemos este doble rasero por parte de las administraciones norteamericanas los cubanos con la suspicacia que los caracteriza se hacen distintas conjeturas. He escuchado a algunos decir que los gringos desean que Cuba quede como “museo de la miseria” para que a nadie más se le ocurra implantar un sistema así, otros aseguran que si se resuelve la situación de Cuba se les acaba el pan a los políticos que bogan por los votos nuestros en el sur de la Florida. Esta última tiene bastante lógica. Los chinos y los vietnamitas están muy lejos para influir en las elecciones norteamericanas mientras que los cubanos han decidido una reñida elección presidencial en el 2000 y otra en 2004.

Yo no sé si los que vivían en el exterior recuerdan cuando la administración de Ronald Reagan dio el paso de comenzar conversaciones con Cuba celebrándose el primer encuentro en la ciudad de México el 23 de noviembre de 1981 entre el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez y el secretario de Estado Alexander Haig. Y posteriormente la de marzo de 1982 en La Habana entre el general Vernon Walters y Fidel Castro. Yo las recuerdo bien porque estaba en Cuba y también recuerdo que las exigencias de Estados Unidos tenían fundamento pues estábamos en medio de la guerra fría y en el ajedrez de esa guerra Cuba conducía acciones que afectaban los intereses estratégicos de Estados Unidos. Recuerdo perfectamente que las exigencias norteamericanas eran fundamentalmente tres. Que Cuba parara el suministro de ayuda a los guerrilleros salvadoreños del frente Farabundo Martí, que Cuba retirara sus tropas de Angola y que Cuba permitiera la repatriación de los marielitos indeseables que estaban en prisiones norteamericanas. Había otra vieja exigencia que no se tocó en esas reuniones que contemplaba que Cuba rompiera los lazos con la Unión Soviética en aras de que Estados Unidos le levantara todas las sanciones.

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquellos famosos encuentros. Todas esas exigencias por una razón u otra se cumplieron ya sea por el derrumbe de la URSS o los acuerdos de paz del Salvador o los acuerdos de paz en Angola.
 
Sin embargo, surgieron estas nuevas exigencias de las que habló la Secretara de Estado norteamericana de que el gobierno cubano hablara “primero con su pueblo” o que permitieran primero el multipartidismo y elecciones libres antes de sentarse a conversar con Cuba.

Estas ya no son las exigencias de la administración Reagan que sí afectaban intereses estratégicos de Estados Unidos. Estas son absolutamente exigencias de problemas internos de los cubanos que deben ser resuelto por los cubanos A mí no me pasaría por la mente si tuviera en mis manos la política exterior de Cuba exigirle a Estados Unidos que antes de sentarnos a negociar nuestras diferencias deben cambiar la constitución prohibiendo las armas de fuego para evitar masacres como la de Virginia donde murieron 32 jóvenes inocentes o que se sienten primero con los norteamericanos a resolver la cobertura médica de 40 millones de estadounidense que no la tienen. Ese es un problema interno de Estados Unidos que debe ser resuelto por los norteamericanos y nosotros no tenemos ningún derecho a exigirle esas condiciones.

De igual forma el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto para resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse. Pero por algún lugar se debe comenzar y creemos que el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo.

Utilizando una hipotética reunión como las que propició Reagan en 1982 vamos a ver por partes alguna de las cuestiones que pueden discutirse y las ventajas que pueden lograr todas las partes involucradas y terceros en ambas orillas del estrecho de la Florida.

Desde hace años una facción del poder compuesta fundamentalmente por los militares involucrados en la economía y los negocios han propuesto liberalizar toda la economía minorista y de servicio.

Si esto se produce, la parte norteamericana como primer paso puede proponer levantar las restricciones del embargo a los nuevos empresarios privados que surjan en Cuba como resultado de la liberalización económica decretada por el gobierno cubano. Este levantamiento de sanciones implica que a partir de ese momento las pequeñas empresas liberadas pueden obtener en Estados Unidos todo lo necesario para su funcionamiento y desarrollo. Al mismo tiempo los empresarios cubanos que han sido exitosos en el sur de la Florida pueden duplicar esas empresas en la isla.

¿No resultaría mucho más sensato que cualquiera de esos empresarios en lugar de pagar 10,000 dólares a los contrabandistas de las cigarretas (lanchas rápidas que se dedican al contrabando humano en el sur de la Florida cobrando $10,000 por persona a bordo) para que traigan a sus familiares hacia Estados Unidos les envíen ese dinero para abrir un negocio similar en Cuba? Por supuesto que al producirse esto desaparecerían una serie de trabas colaterales como las cartas de invitación, la famosa tarjeta blanca, las visas a los ciudadanos cubanos para entrar y salir del país, las limitaciones del tiempo de permanencia de los cubanos que viajan al exterior como los que viajen a Cuba. En fin esas arbitrariedades ya no tendrían sentido.

Es lógico que después de medio siglo de hostilidad haya recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo de este, pero si China y Vietnam lo lograron porque no lo podemos lograr los cubanos.

La segunda etapa seria ya las inversiones de grandes empresas norteamericanas en la isla. Fundamentalmente las de turismo. Ya aquí, Estados Unidos debe convencer a la parte cubana que solo sería posible efectuando cambios a la Ley 77 de Inversiones Extranjeras. No con el ánimo de inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba sino por el principio moral de que Estados Unidos no puede aceptar la mano de obra esclava que de acuerdo con esa Ley Cuba ofrece a través de sus agencias empleadoras.

El argumento norteamericano seria irrebatible. Estados Unidos tuvo que sufrir la guerra civil más sangrienta de su historia para abolir la esclavitud y no puede hacerse cómplice de esa práctica en Cuba. Solo con la libre contratación de sus empleados pueden volver a la isla las grandes empresas norteamericanas.

Esta posición de Estados Unidos pondría la pelota en el campo de Cuba que solo le quedarían dos opciones aceptarlo y continuar negociando en aras de mejorar la vida de los cubanos o rechazarlo y quedar en evidencia ante su propio pueblo de quien es el que le cierra las puertas.

De aquí se desprende que estas negociaciones tienen que tener una transparencia absoluta para que los millones de cubanos que las siguen sepan las posiciones de cada cual.

De resolverse este aspecto satisfactoriamente el próximo paso a seguir seria la negociación de las visitas de turistas norteamericanos a Cuba. Con este tema Estados Unidos puede inteligentemente lograr la liberación de todos los disidentes y presos políticos sin necesidad tampoco de inmiscuirse en los problemas internos de los cubanos. El argumento norteamericano sería sólido, “Si ustedes encarcelan a cualquiera por emitir libremente sus opiniones o disentir, nuestros ciudadanos correrían un gran riesgo en Cuba pues de seguro habrá quien critique el estado de la sociedad actual”. Por lo tanto antes de abrirse libremente el turismo necesitamos garantías y que mejor gesto que liberar a los prisioneros de conciencia.

Hasta aquí veo el papel positivo que Estados Unidos puede jugar para ayudar a una transición en Cuba. Si estos aspectos fundamentales en el diferendo entre ambos gobiernos se resuelven satisfactoriamente todos ganamos.

Empezando por Estados Unidos que se quitaría de arriba el siempre latente fantasma de un éxodo masivo. Ganaría la familia cubana de ambos lados del estrecho de la Florida al restablecerse las visitas a la isla y el envío de ayuda económica. Y ya no habría ninguna necesidad de la ley de ajuste cubano.

Resolviéndose la primera cuestión del levantamiento del embargo a los empresarios privados cubanos que surjan como resultado de esta negociación, automáticamente se resuelve la ayuda a los cubanos de la oposición sin tener que depender del gobierno norteamericano. El nuevo sector emergente se encargaría de ello incorporándose por supuesto el ya establecido y exitoso sector empresarial cubanoamericano del sur de la Florida.

La última cuestión económica por resolver seria como poner a funcionar el resto de las empresas del país lo más justo y democráticamente posible. Creo que en esta fase del camino hacia una economía de mercado la solución más lógica es crear una bolsa de valores en el país, convertir las empresas en corporaciones públicas, emitir las acciones correspondientes al valor de dichas empresas y dar la opción de que el Estado adquiera el 49% de dichas acciones, los cubanos en las nóminas de esas empresas y todos los cubanos que tengan posibilidades el restante 51%. Para esto no habría que complicarse mucho la vida. Simplemente aplicar la Ley No.498 “Ley del Mercado de Valores” del 24 de agosto de 1959 aprobada por el Consejo de Ministros y sancionada por el presidente Osvaldo Dorticos.

Acabemos de cerrar este capítulo. Los de allá no quieren morir en la miseria y los de acá no quieren terminar con sus nombres en una lápida del Woodlawn Park.

miércoles, 11 de marzo de 2026

En el otro objetivo estadounidense de cambio de régimen, Cuba, vi verdaderas dificultades —y resiliencia

Trump está ahogando las importaciones de petróleo a la nación comunista, sumiéndola en una crisis que no se veía desde la caída de la URSS.

Por Sara Kozameh*

El 29 de enero de este año, tras el secuestro de Nicolás Maduro de Venezuela, pero antes del asesinato del ayatolá Jamenei de Irán, el presidente Trump centró su atención en otro país. Emitió una orden ejecutiva declarando un estado de emergencia nacional contra el gobierno de Cuba, declarándolo una "amenaza inusual y extraordinaria" para Estados Unidos y amenazando con imponer aranceles para impedir que los barcos transportaran petróleo a Cuba. Era un evidente intento de cambiar el régimen.

Las acciones para negar petróleo a Cuba han agravado enormemente una crisis creciente en la isla, incluso con algunos representantes del Congreso de Estados Unidos denunciando las medidas. Cuba produce aproximadamente un tercio de sus propias necesidades petrolíferas e importa el resto, principalmente de Venezuela y México. Tras el ataque estadounidense a Venezuela y la amenaza arancelaria, ambos países detuvieron completamente las exportaciones de petróleo a Cuba. Desde principios de febrero, la duración de los cortes diarios de luz se ha duplicado, hasta unas 18 horas diarias.

Empecé a viajar e investigar en Cuba hace más de 12 años, antes de la histórica apertura y normalización de las relaciones por parte de Barack Obama, entre 2014 y 2016, un periodo de efervescencia económica y gran esperanza, de jóvenes haciendo planes, ideas floreciendo, turismo estadounidense en auge y empresas privadas surgiendo por todas partes. Cuba durante la administración Obama me parecía un lugar muy diferente al que es ahora, donde la desesperación se apodera –como vi de primera mano en mi último viaje.

Desembarqué en el este de Cuba el mes pasado, un día después de que el presidente Díaz-Canel anunciara una serie de medidas de austeridad petrolera. Las medidas que pusieron fin a la venta de gasolina y diésel al público fueron seguidas rápidamente por la cancelación de rutas aéreas a Cuba, un aumento inflacionario causado por el aumento de los precios del combustible y el debilitamiento del peso cubano. Los taxis estaban vacíos, se habían reducido el horario escolar, se habían pospuesto grandes eventos y los estudiantes universitarios estaban siendo enviados a casa. Los primeros en sentir el dolor de estas políticas son las personas corrientes.

Los cubanos están soportando verdaderas dificultades. La enorme interrupción en su vida diaria y rutinas está afectando su capacidad para encontrar comida, llegar a donde necesitan y comunicarse con los demás. Vi que el precio del pollo había subido de 400 a casi 600 pesos la libra en días, un precio casi fuera del alcance de cualquiera que ganara un salario modesto del gobierno. Los ciudadanos con la capacidad de recaudar fondos en el extranjero se están organizando para financiar cocinas populares, que alimentan a los más necesitados, pero tienen pocas formas de financiar estos proyectos y los obstáculos inducidos por Trump a las transferencias internacionales de dinero dificultan sus esfuerzos. En Guantanamo City vi que las panaderías siguen haciendo pan, pero todas funcionan con leña.

Con las torres de telefonía móvil locales sin combustible, las personas alejadas de los centros urbanos se quedan sin medios fiables de comunicación cuando la red eléctrica está apagada; El zumbido rápido de un teléfono cuando una avalancha de mensajes enviados horas antes llega de golpe es señal de que las torres han recuperado la electricidad. Los cubanos también se despiertan en mitad de la noche, cuando se enciende la luz, para ir a la cocina, cocinar las comidas del día, preparar café, cargar dispositivos y hacer las tareas del hogar. Es mental y físicamente agotador y están visiblemente tensos.

Los cubanos insisten en que son resilientes, que superarán esto. Pero, como también señalan, esta crisis —que creció cuando la primera administración Trump revirtió las políticas de normalización de Obama y promulgó duras nuevas sanciones económicas en la isla en 2017— se siente peor que la que vivieron en el "periodo especial", cuando la caída de la Unión Soviética provocó una caída del PIB cubano un 35% en tres años. El gobierno ha implementado un plan estratégico para superar la crisis, que incluye ceder empresas estatales a pequeñas y medianas empresas privadas y aumentar significativamente la dependencia de la tecnología solar. Por ahora, solo se trata de gestionar.

Aunque es cierto que los cubanos se han cansado con los años de que el gobierno culpe sus problemas a las sanciones, el actual bloqueo petrolero parece estar uniendo a la gente. (Históricamente, las sanciones económicas han fracasado en sus objetivos declarados e incluso han salido mal, dañando gravemente a personas inocentes.) Durante el viaje, hablé con 70 u 80 personas en el este de Cuba de todos los ámbitos de la vida: profesores, empresarios, agricultores, historiadores, personas mayores, niños, trabajadores del transporte, empleados estatales y líderes comunitarios. Mantuve largas conversaciones con decenas de ellos —algunos que son ferozmente críticos con el gobierno, su política e ideología— y ninguno de ellos estuvo de acuerdo con las medidas estadounidenses. Una mujer que tiene un negocio privado me dijo con vehemencia que resistirían las intrusiones estadounidenses. Sus dos empleados, ambos miembros de consejos gubernamentales a nivel de barrio, estaban de acuerdo intensamente. No fueron las únicas personas con las que hablé que alzaron la voz en fuerte oposición a las políticas de Trump, e insistieron, para mi sorpresa, en que se defenderían.

En los últimos días, las tensiones con Estados Unidos no han hecho más que aumentar. El mes pasado, ciudadanos cubanos a bordo de una lancha rápida procedentes de Florida dispararon contra la guardia costera cuando se acercaba a suelo cubano, algo que no se veía en décadas. Cuatro de los hombres a bordo murieron en el tiroteo y los otros seis resultaron heridos. Desde entonces, Trump ha lanzado con despreocupación lo que él llamó una "toma amistosa" de Cuba y el senador republicano Lindsey Graham ha insistido públicamente en que "Cuba es la siguiente". Los cubanos que conocí estaban visiblemente destrozados por lo que Estados Unidos está haciendo. Pero quizá la mayor lección sobre la historia cubana que los políticos estadounidenses suelen pasar por alto es que los cubanos son nacionalistas convencidos; han luchado una y otra vez para conseguir y mantener su independencia, incluso cuando eso ha significado oponerse directamente a Estados Unidos.

* Sara Kozameh es profesora adjunta de historia en la Universidad de California, San Diego. La pieza fue publicada en The Guardian el lunes 9 de febrero de 2026.

Una escalera hacia ninguna parte. Uno de los inminentes peligros para la seguridad nacional de
Estados Unidos que en las próximas semanas deben ser barridos del mapa.


¿En cuál de estas fachadas —de las miles en igual estado que pueden localizarse hoy en La Habana—
colocarán el banner de «MISSION ACCOMPLISHED»?

jueves, 5 de febrero de 2026

El Rufi

 
Querido Norberto, quiero decirte que hoy de madrugada murió Jorge. Un abrazo, Cristina.

Después, por teléfono, ella me dijo que fue a las 4.30 AM, hora local de San Francisco, California. Repitió varias veces «pobrecito» para referirse a él y a sus sufrimientos. También me dijo que no había sabido lidiar con su enfermedad. Que desde 2017 no había querido abrir más su computadora ni su laptop. Advertía cómo iba perdiendo la memoria y su dificultad para concentrarse. Me recodaba a Hemingway. El horror en que lo sumió su destino. Porque, ¿qué puede hacer un escritor sin memoria? Pero el de Hemingway fue un deterioro mental producido por los malditos electrochoques que le aplicaron en la clínica Mayo. En el caso de Jorgito fue la crueldad indetenible del Alzheimer. No vino del exterior. Sino de adentro de él mismo. Con lo embullado que él estaba con su enciclopedia del cine latinoamericano. La concebía como una obra monumental. Yo lo embromaba diciéndole que cómo un tipo «tan chiquitico» se proponía una obra tan gigantesca. «Que casi que vas a poder caminar dentro de ella», le decía. Ahora hay que ver qué va a pasar con todos esos papeles, discos duros, grabaciones. Se supone que era un material a punto de concluirse. Por lo pronto conocí de una separata sobre el cine y el fútbol, un proyecto que había titulado A las patadas. ¿Qué cosa mejor se puede pedir de un escritor uruguayo, hincha de nacimiento? Nada de eso debe perderse. Cristinita, su mujer, me prometió entre sollozos que ella iba a cuidarlo y que se comprometía conmigo a convertirse en su feroz guardián y que ya buscaríamos una forma de editarlo y publicarlo. Mientras, tiene el tesoro a buen recaudo, debidamente empacado en cajas y clasificado. Ahora yo me dedico a rastrear en mis gavetas y en mis memorias portátiles nuestros divertidos y regularmente irrespetuosos intercambios de mensajes. También las entrevistas que me grabó en video. Estoy a la espera de unas fotos prometidas por Cristina de Jorge hojeando su ejemplar de la segunda edición de mi Cazabandido que él contribuyó a editar en Uruguay en 1970 y que en esta última edición yo le anexé nuestra correspondencia de entonces. Lo cito porque Cristina me dice que en sus momentos de lucidez la presencia de ese libro en sus manos o en la mesa del café frente a su poltrona le causaba mucha alegría. Y nada me produce más orgullo hoy que saberlo. Las dos fotos que agrego a este texto es de lo primero que sale a flote de mis archivos. Son de finales de los 70. La barba que él intenta podarme y la abundante pelambrera son mis atributos de la época. Ni idea me pasaba por la cabeza aquella tarde en un patio de las afueras de La Habana que más de 40 años después yo estaría escribiendo esta nota sobre el día en que mi hermanito Jorge Rufinelli, a quien yo llamaba indistintamente Jorgito o El Rufi, se nos ha ido.

viernes, 23 de enero de 2026

El único error estratégico

A mediados de los 70, durante la euforia por su victoria en Angola —«un Girón africano», le llamó Fidel— él se ufanaba de que la Revolución cubana, es decir, él mismo, no había cometido ningún error estratégico. Tuvieron que pasar algunas décadas y que el líder se muriera, para constatar que sí hubo un enorme, incomprensible error: dejar los destinos de la Revolución en manos de Raúl Castro. Por lo pronto, miren los resultados de su gestión como sustituto de Fidel.

𝐖𝐀𝐋𝐓 𝐒𝐓𝐑𝐄𝐄𝐓 𝐉𝐎𝐔𝐑𝐍𝐀𝐋: 𝐀𝐃𝐌𝐈𝐍𝐈𝐒𝐓𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐓𝐑𝐔𝐌𝐏 𝐁𝐔𝐒𝐂𝐀 𝐏𝐈𝐄𝐙𝐀𝐒 𝐈𝐍𝐅𝐋𝐔𝐘𝐄𝐍𝐓𝐄𝐒 𝐃𝐄𝐍𝐓𝐑𝐎 𝐃𝐄𝐋 𝐆𝐎𝐁𝐈𝐄𝐑𝐍𝐎 𝐂𝐔𝐁𝐀𝐍𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐍𝐄𝐆𝐎𝐂𝐈𝐀𝐑 𝐔𝐍 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐑𝐄́𝐆𝐈𝐌𝐄𝐍 𝐀𝐋 𝐄𝐒𝐓𝐈𝐋𝐎 𝐕𝐄𝐍𝐄𝐙𝐔𝐄𝐋𝐀

𝙀𝙎𝙏𝘼𝘿𝙊𝙎 𝙐𝙉𝙄𝘿𝙊𝙎 𝘽𝙐𝙎𝘾𝘼 𝘼𝘾𝙏𝙄𝙑𝘼𝙈𝙀𝙉𝙏𝙀 𝙐𝙉 𝘾𝘼𝙈𝘽𝙄𝙊 𝘿𝙀 𝙍𝙀́𝙂𝙄𝙈𝙀𝙉 𝙀𝙉 𝘾𝙐𝘽𝘼 𝙋𝘼𝙍𝘼 𝙁𝙄𝙉𝘼𝙇𝙀𝙎 𝘿𝙀 𝘼𝙉̃𝙊

𝙋𝙤𝙧 𝙅𝙤𝙨𝙚́ 𝙙𝙚 𝘾𝙤́𝙧𝙙𝙤𝙗𝙖, 𝙑𝙚𝙧𝙖 𝘽𝙚𝙧𝙜𝙚𝙣𝙜𝙧𝙪𝙚𝙣 𝙮 𝘿𝙚𝙗𝙤𝙧𝙖𝙝 𝘼𝙘𝙤𝙨𝙩𝙖

Envalentonada por el derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, la administración Trump está buscando personas influyentes dentro del gobierno cubano que puedan ayudar a negociar un acuerdo para derrocar al régimen comunista antes de fin de año, según fuentes familiarizadas con el asunto.

La administración Trump ha evaluado que la economía cubana está al borde del colapso y que el gobierno nunca ha estado tan frágil tras perder a un benefactor vital como Maduro, según estas fuentes. Los funcionarios no tienen un plan concreto para poner fin al gobierno comunista que ha estado en el poder en la isla caribeña durante casi siete décadas, pero consideran la captura de Maduro y las posteriores concesiones de sus aliados como un modelo a seguir y una advertencia para Cuba, según altos funcionarios estadounidenses.

“Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo. ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”, declaró el presidente Trump en una publicación en redes sociales el 11 de enero, en la que afirmó que “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO” para Cuba.

En reuniones con exiliados cubanos y grupos cívicos en Miami y Washington, se han centrado en identificar a alguien dentro del gobierno actual que comprenda la gravedad de la situación y quiera negociar un acuerdo, según un funcionario estadounidense.

La operación del 3 de enero para capturar a Maduro contó con la ayuda de un informante dentro del círculo íntimo del líder venezolano, según funcionarios de la administración. La operación militar estadounidense en Caracas causó la muerte de 32 soldados y agentes de inteligencia cubanos que formaban parte del equipo de seguridad de Maduro.

Si bien Estados Unidos no ha amenazado públicamente con usar la fuerza militar en Cuba, funcionarios de la administración Trump afirman en privado que la audaz operación que derrocó a Maduro debería servir como una amenaza implícita para La Habana.

Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses han pintado un panorama sombrío de la economía de la isla, plagada de escasez crónica de productos básicos, medicamentos y frecuentes apagones, según personas familiarizadas con el análisis.

El destino de Cuba ha estado ligado durante mucho tiempo al de Venezuela: el petróleo venezolano subsidiado ha sido un pilar de su economía desde poco después de que Hugo Chávez llegara al poder en Venezuela en 1999. Washington tiene la intención de debilitar al régimen cortando el suministro de ese petróleo, que ha mantenido a Cuba con energía eléctrica, según altos funcionarios estadounidenses.

Cuba podría quedarse sin petróleo en cuestión de semanas, lo que paralizaría la economía, según economistas. La administración también está apuntando a las misiones médicas cubanas en el extranjero, la fuente más importante de divisas para La Habana, incluso mediante la prohibición de visados a funcionarios cubanos y extranjeros acusados de facilitar el programa.

Según funcionarios, Trump y su círculo íntimo, muchos de los cuales tienen vínculos con Florida, consideran que derrocar el régimen comunista de Cuba es la prueba definitiva de su estrategia de seguridad nacional para rehacer el hemisferio. Trump considera que el acuerdo con Venezuela es un éxito, citando la cooperación de la presidenta interina Delcy Rodríguez como prueba de que Estados Unidos puede dictar las condiciones.

“Los gobernantes de Cuba son marxistas incompetentes que han destruido su país, y han sufrido un gran revés con el régimen de Maduro, al que son responsables de apoyar”, dijo un funcionario de la Casa Blanca, reiterando que Cuba debería “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.

En un comunicado, el Departamento de Estado afirmó que es de interés para la seguridad nacional de Estados Unidos que Cuba “sea gobernada de manera competente por un gobierno democrático y que se niegue a albergar a los servicios militares y de inteligencia de nuestros adversarios”. Algunos funcionarios de Trump dijeron que el presidente rechaza las estrategias de cambio de régimen del pasado. En cambio, busca llegar a acuerdos siempre que sea posible y aprovechar las oportunidades a medida que surgen, dijo un alto funcionario de Trump. Como en Venezuela, esto podría implicar intensificar la presión al tiempo que se indica que la Casa Blanca está abierta a negociar una salida, dijo el funcionario.

Muchos aliados de Trump no esperan menos que el fin del régimen comunista en Cuba. Pero el derrocamiento del gobierno, que atraviesa dificultades económicas, podría provocar el tipo de turbulencia y crisis humanitaria que Trump quería evitar en Venezuela, donde optó por mantener a los principales leales en el poder.

El régimen ha resistido años de intensa presión estadounidense, desde la invasión de Bahía de Cochinos respaldada por la Agencia Central de Inteligencia en 1961 hasta un embargo punitivo impuesto en 1962 que se endureció con el tiempo. Los dos países se convirtieron en adversarios poco después de que los hermanos Castro descendieran de las montañas de Sierra Maestra en Cuba con un grupo de guerrilleros barbudos en 1959.

Esto deja a Estados Unidos buscando un plan claro sobre qué sucederá después y quién podría reemplazar al régimen actual, dijeron estas personas. El modelo venezolano puede ser más difícil de replicar en Cuba.

Cuba es un Estado estalinista de partido único que prohíbe la oposición política y donde la sociedad civil apenas existe, mientras que Venezuela cuenta con un movimiento de oposición, protestas que antes eran frecuentes y elecciones.

«Estos tipos son un hueso mucho más duro de roer», afirma Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración Obama que participó en las negociaciones para el breve acercamiento entre Estados Unidos y Cuba entre 2014 y 2017. «No hay nadie que se sienta tentado a colaborar con Estados Unidos».

A lo largo de sus casi 70 años de historia, el régimen cubano nunca ha estado dispuesto a negociar cambios en su sistema político, y solo ha implementado cambios económicos esporádicos y menores.

Trump cree que poner fin a la era Castro consolidaría su legado y lograría lo que el presidente John F. Kennedy no pudo hacer en la década de 1960, dijo un funcionario estadounidense que trabajó en el tema durante el primer mandato de Trump. Ha sido un objetivo declarado desde hace mucho tiempo para el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Florida en 1956.

En Miami, donde los políticos han argumentado durante mucho tiempo que el camino hacia el cambio de régimen en La Habana pasa por un cambio de gobierno en Caracas, la destitución de Maduro ha desatado júbilo y la ferviente expectativa de que Cuba sea la siguiente.

Destacados aliados de Trump y legisladores estadounidenses han compartido videos generados por inteligencia artificial que muestran una utopía poscomunista, con barcos que llegan desde Miami, reuniones familiares y Trump y Rubio conduciendo un descapotable de la década de 1950 frente a los relucientes hoteles de una Cuba liberada.

“El régimen tiene que tomar la decisión de dimitir o de mejorar las condiciones de vida de su pueblo”, dijo Jeremy Lewin, subsecretario interino de asistencia exterior del Departamento de Estado, la semana pasada, al destacar los 3 millones de dólares en suministros de ayuda para huracanes enviados a Cuba a través de la Iglesia Católica en cajas con la bandera estadounidense.

La Habana ha rechazado públicamente esa premisa. El gobierno cubano todavía está dominado por Raúl Castro, de 94 años, el hermano menor de Fidel, mientras que el presidente Miguel Díaz-Canel, de 65 años, un burócrata impopular, se encarga de los asuntos cotidianos.

“No hay posibilidad de rendición ni capitulación, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”, dijo Díaz-Canel, vestido con uniforme militar verde, en un reciente homenaje a los miembros de las fuerzas de seguridad cubanas muertos en Caracas mientras protegían a Maduro.

El gobierno cubano ha sido un maestro en la represión de la disidencia en una población empobrecida. Solo se ha enfrentado a dos protestas generalizadas: en 1994 en La Habana y en 2021, cuando decenas de miles de cubanos salieron a las calles en toda la isla. Organizaciones de derechos humanos estiman que el gobierno mantiene a más de 1.000 presos políticos.

Ante el aumento de las tensiones con Estados Unidos, Cuba celebró el domingo un día nacional de defensa. Los cubanos practicaron para una "guerra de todo el pueblo" con el fin de repeler a los invasores.

Las transmisiones televisivas mostraron a personas mayores disparando viejos fusiles AK-47 y a mujeres de mediana edad colocando minas. "Es una farsa", dijo Joe García, cubanoamericano y excongresista demócrata de Florida con contactos en la cúpula cubana. "Este es un país que no puede recoger su basura y pretende estar preparándose para un conflicto con la superpotencia vecina".

Algunas noches, sin electricidad y con poca gasolina para desplazarse, las calles de La Habana están oscuras y silenciosas, salvo por el ocasional ruido de cucharas de madera golpeando ollas: una forma anónima de protesta que proviene de ventanas, balcones y azoteas a altas horas de la noche, cuando la electricidad ha estado cortada todo el día y la desesperación aumenta.

"No se puede saber quiénes son. No gritan ni nada. Solo hacen eso: golpear las ollas", dijo Rodolfo Jiménez, un jubilado que ha vivido en la misma calle de La Habana toda su vida. "Solo lo hacen de noche. La gente tiene miedo de ser delatada".

La traducción ha sido tomada del sitio Café Fuerte.