jueves, 21 de marzo de 2013
El rodillo aplastante
El 19 de marzo de 2013 06:45, Alcibiades Hidalgo escribió:
Norbert.
Andan diciendo por ahí que el texto de este video es tuyo.
El locutor resulta una mezcla de Rodión Malinovsky con Luis Carbonell*.
Dime la verdad.
Alc
http://www.youtube.com/watch?v=DyapeCiOl9A&feature=player_embedded
*Carbonell era un declamador de poesía, casi siempre de la llamada poesía negra, muy popular en Cuba gracias a la difusión de su imagen desde los primeros tiempos de la televisión en el país. Aparecía casi siempre con una camisola de mangas de rumbera y se hacía llamar “El Acuarelista de la Poesía Antillana”. (Esta explicación es para lectores extranjeros. Entre cubanos, si alguien no necesita presentación después de Fidel Castro, es Luis Carbonell). Pinchen en el mismo YouTube para que lo oigan y vean. Las arengas del mariscal Malinovsky en la Plaza Roja o en las sesiones del Presidium del Soviet Supremo, ya son más difíciles de encontrar.
martes, 19 de marzo de 2013
Dulce bloguero cubano
Olvídense de la política. Id a la jama, a la butuba, al caldero. No hay mejor sitio en toda la blogósfera cubana. No solo por sus suculentas recetas sino por las notas y anécdotas que le acompañan. Se llama CocinaconCuba y es del chef cubano Douglas Rudd Vilá, que opera, es decir, cocina, vive (en fin), nada más y nada menos que en Estocolmo. Para chuparse los dedos. Y dejen que llegue al majarete, a la carne mechada, al matajìbaro (casi igual que el fufú pero con otra onda), al chayote relleno, a la sopa tártara (como la de Kasalta, el restaurancito a la salida del túnel de Quinta Avenida) y al boniato relleno con tasajo (pero tasajo de caballo, que por eso, creo, te llevan aquí a la silla eléctrica), al coco glasé o a una simple y humilde timbita (un cacho de queso blanco con otro cacho de guayaba*). Ya verán Ya veremos. Háganme caso. Sitio altamente recomendado. Vamos a ver qué editor se embulla a publicarle el libro. ¿Se acuerdan de Comiendo en Hungría, de Neruda y Asturias? Éste puede calificar. A mí me gustaría más. ¿De qué sirven las nostalgias culinarias de un binomio chileno-guatemalteco respecto al recetario magyar? Por cierto, ¿alguien conserva por ahí un ejemplar del incunable? El link del sitio del maestro Rudd Vilá http://cocinaconcuba.com/
* Cacho: tajada, segmento, lasca, pedazo, trozo.
PS: ¿Cómo se conseguirá —y de qué materias estará compuesto— el sancocho de la dieta de los puercos (puercos, no cerdos, no me jodan) de los alrededores de Estocolmo?
* Cacho: tajada, segmento, lasca, pedazo, trozo.
PS: ¿Cómo se conseguirá —y de qué materias estará compuesto— el sancocho de la dieta de los puercos (puercos, no cerdos, no me jodan) de los alrededores de Estocolmo?
viernes, 15 de marzo de 2013
¿Habemus colaborador?
Se oyen voces. El reclamo es que haya transparencia de parte de su nueva santidad Francisco (no que ande con una túnica de material transparente, sino que se adelante a sacar toda la documentación sobre sus vínculos con la dictadura argentina del general Jorge Rafael Videla). Los siempre malhumorados izquierdistas —incluso de la blogósfera yanqui— están al bate. Un texto mío a propósito de una relación análoga de cardenales-hijoeputas-militares golpistas se encuentra a continuación. No hay mala voluntad. Sólo que no le ocurra igual. El fragmento procede de La autobiografía de Fidel Castro y ha sido ligeramente readaptado para este blog. El lector debe entender que Fidel Castro lo narra en primera persona.
El cardenal Manuel Arteaga fue uno de los estandartes tempranos de la burguesía criolla en su combate contra la Revolución Cubana y se prestó a que circularan las primeras pastorales de la iglesia en mi contra y que se organizara un llamado Congreso Nacional Católico en noviembre de 1959 que en realidad era un bien concebido ensayo de rebelión urbana, válido como un ejercicio de conteo de fuerzas y muestreo de disponibilidad y una advertencia que nos lanzaban. Aunque su mensaje podía parecer muy confuso para los no advertidos, yo tomé las debidas precauciones. Afluyeron miles de católicos —de las provincias a La Habana—, que se albergaban en casas de otros miles de feligreses, todo bajo el control de los prelados y las iglesias de las barriadas, que entonces abundaban. También hicieron de los colegios e instituciones benéficas de su propiedad o que administraban un excelente uso de apoyo logístico. El programa elaborado comprendía que la Virgen de la Caridad del Cobre recorriera la isla. Para tal efecto hicieron un maratón de relevos, que, saliendo del Santuario del Cobre en Oriente y avanzando delante de la carroza con la efigie de la Virgen, miembros de la Juventud Católica y creyentes en general, se fueran pasando una antorcha que supuestamente identificaba sus anhelos contrarrevolucionarios. En fin, no se trataba de otra cosa que poner a competir la Virgen de la Caridad contra mí. Por lo menos el recorrido desde las afueras de Santiago de Cuba —donde radica el Santuario de El Cobre— hasta La Habana era el mismo de mi Caravana de la Libertad de once meses antes.
Al atardecer del 28 de noviembre, el maratón concluía en la explanada que se llamaba Plaza Cívica (pocos meses después rebautizada como Plaza de la Revolución) donde lograron reunir a unos 500.000 feligreses y donde se ofició una misa ante la venerada imagen. Al hacer su aparición la estatuilla de yeso, cargada en hombros por una escuadra de alucinados, los aplausos se hicieron sentir con fuerza en todo el ámbito de la Plaza Cívica. Fue este el momento en que mis compañeros comenzaron a mostrar su nerviosismo. Estábamos en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ya perfectamente instalado en el antiguo Estado Mayor de la Marina de Guerra, y observamos los pormenores de la actividad en un par de televisores allí instalados. Raúl, el primero, quería pasarles los tanques por arriba. Su opinión era secundada por una docena de comandantes allí congregados. Tuve que llamarlos a la calma y a la reflexión. En primer lugar, ¿de qué tanques estábamos hablando? Era imprescindible extender la vida útil de los quince cacharros viejos que teníamos en el campamento de Managua, al suroeste de La Habana. ¿Y cómo querían hacer la masacre? ¿A la vista de todo el mundo y en presencia de las cámaras de televisión? Ellos no entendían. Esa es la clase de batalla que nunca uno se permite el reto de aceptar. Son batallas que se eluden porque además tú las ganas a posteriori, cuando las condiciones y el terreno te son enteramente favorables. Y eso ocurre cuando los coges después, uno por uno, solitos, en sus casas.
La clausura estaba programa para el día siguiente con una procesión a través de una céntrica avenida y terminando en el estadio de pelota, ante unos cuarenta mil miembros de la organización Acción Católica (ni yo mismo tengo idea de la cantidad de miembros de esa organización que fusilamos en los años siguientes). Hasta ese momento no tuvieron la cortesía de invitarme a ninguno de sus eventos. Pero les cogí la delantera en la avenida y me deslicé dentro del público y me puse al frente de la procesión. Había sacado de una gaveta todos los escapularios, cadenas y medallitas que yo llevaba colgados al cuello en la Sierra Maestra para recibir a los fotógrafos americanos y volví a mostrarme con ellos. Pero corrieron con suerte. O mejor dicho: su suerte radicó en la frialdad de mis cálculos. No hubo un solo sacerdote muerto en Cuba entonces ni lo ha habido como resultado de la violencia revolucionaria a lo largo de todo nuestro proceso. Hasta esa posibilidad del martirologio se las arrebaté. “No quiero un maricón de estos muertos —les dejé siempre bien claro a los oficiales que conducían los operativos o las manifestaciones callejeras contra las iglesias. Pueden matar hasta un monaguillo. Pero incluso éste fuera de la iglesia. Preferiblemente camino de su casa y en un barrio alejado”. Les digo una cosa. Ninguna obra de mayor precisión y de ejercicio de un esmerado control como el que exigen esas manifestaciones callejeras. Un solo detalle que se nos escapara, como por ejemplo, que algún civil portara inadvertidamente un arma de fuego y que en un momento de confrontación la extrajera y la usara, o que las turbas lograran romper las puertas, o las rejas, o las ventanas, e ingresasen en las edificaciones bajo sitio de su vocinglerío, ya estábamos avocados a la guerra civil. Casi todas las guerras civiles comienzan en una manifestación que se va de control. En este caso nuestra táctica era consistente y consecuente.
Así, pues, a los pocos días de ese fervor y posible incremento de ilusión clerical, en una de mis comparecencias por televisión, me propuse abordar el tema para, a su vez, liquidarlo. Recuerdo que le dije a Raúl al oído algo realmente grosero antes de sentarme frente a las cámaras. Lo voy a repetir aquí porque es un detalle de rigor histórico. Y aunque no creo que ni siquiera Raúl lo recuerde ahora, por lo que la historia podría pasárselas perfectamente sin la frase, yo no quiero dejar ningún cabo suelto, ni aún flotando en las nebulosas de un recuerdo con data de más de 50 años. Reitero mis excusas por la vulgaridad. Pero le dije a Raúl: “Al cardenal Arteaga lo voy a poner a cagar por la boca”. Yo sabía que tenía un cáncer en el recto y le habían practicado una colestomía. Mi declaración esa noche de que cientos de cheques de banco por valor de miles de pesos expedidos de puño y letra a nombre del cardenal Arteaga por el sanguinario dictador Fulgencio Batista estaban en nuestro poder y cuyas fotografías iban a ser publicadas a partir del día siguiente en el periódico Revolución provocaron una sucesión de obstrucciones intestinales y de deterioro del estado general de la salud del prelado. Coño. Qué desagradable tirada este párrafo. Pero así fueron las cosas.
Foto central: Fidel se presenta en la procesión y de inmediato se pone al frente de la marcha. Es más grande que Cristo y probablemente más apuesto. Por lo menos, no tan sufrido. Y olvídense de clavarlo por las manos. ¿Más grande que el Señor? Sí, según su propia y razonable pretensión. Al otro día, sin embargo, se mostrará quejumbroso por la televisión. Los organizadores del acto lo han ignorado, no anunciaron su presencia. “Y no es porque sea yo. Es porque yo soy el Primer Ministro del país”. Foto de abajo: El vejete es el cardenal Manuel Arteaga, ayudado a dar unos breves pasitos frente al público. ¿De qué forma va a competir con ese mozo de apenas 34 años recién cumplidos? No hay forma de que compita con él. Y cierto que no lo habrán anunciado, pero también él se va a mantener a una prudente distancia de Su Eminencia.
¡Uuyy! Cómo guardo material, fotos y todo, para Peligros de la memoria. Foto central y de abajo: Ernesto Fernández.
El cardenal Manuel Arteaga fue uno de los estandartes tempranos de la burguesía criolla en su combate contra la Revolución Cubana y se prestó a que circularan las primeras pastorales de la iglesia en mi contra y que se organizara un llamado Congreso Nacional Católico en noviembre de 1959 que en realidad era un bien concebido ensayo de rebelión urbana, válido como un ejercicio de conteo de fuerzas y muestreo de disponibilidad y una advertencia que nos lanzaban. Aunque su mensaje podía parecer muy confuso para los no advertidos, yo tomé las debidas precauciones. Afluyeron miles de católicos —de las provincias a La Habana—, que se albergaban en casas de otros miles de feligreses, todo bajo el control de los prelados y las iglesias de las barriadas, que entonces abundaban. También hicieron de los colegios e instituciones benéficas de su propiedad o que administraban un excelente uso de apoyo logístico. El programa elaborado comprendía que la Virgen de la Caridad del Cobre recorriera la isla. Para tal efecto hicieron un maratón de relevos, que, saliendo del Santuario del Cobre en Oriente y avanzando delante de la carroza con la efigie de la Virgen, miembros de la Juventud Católica y creyentes en general, se fueran pasando una antorcha que supuestamente identificaba sus anhelos contrarrevolucionarios. En fin, no se trataba de otra cosa que poner a competir la Virgen de la Caridad contra mí. Por lo menos el recorrido desde las afueras de Santiago de Cuba —donde radica el Santuario de El Cobre— hasta La Habana era el mismo de mi Caravana de la Libertad de once meses antes.
Al atardecer del 28 de noviembre, el maratón concluía en la explanada que se llamaba Plaza Cívica (pocos meses después rebautizada como Plaza de la Revolución) donde lograron reunir a unos 500.000 feligreses y donde se ofició una misa ante la venerada imagen. Al hacer su aparición la estatuilla de yeso, cargada en hombros por una escuadra de alucinados, los aplausos se hicieron sentir con fuerza en todo el ámbito de la Plaza Cívica. Fue este el momento en que mis compañeros comenzaron a mostrar su nerviosismo. Estábamos en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, ya perfectamente instalado en el antiguo Estado Mayor de la Marina de Guerra, y observamos los pormenores de la actividad en un par de televisores allí instalados. Raúl, el primero, quería pasarles los tanques por arriba. Su opinión era secundada por una docena de comandantes allí congregados. Tuve que llamarlos a la calma y a la reflexión. En primer lugar, ¿de qué tanques estábamos hablando? Era imprescindible extender la vida útil de los quince cacharros viejos que teníamos en el campamento de Managua, al suroeste de La Habana. ¿Y cómo querían hacer la masacre? ¿A la vista de todo el mundo y en presencia de las cámaras de televisión? Ellos no entendían. Esa es la clase de batalla que nunca uno se permite el reto de aceptar. Son batallas que se eluden porque además tú las ganas a posteriori, cuando las condiciones y el terreno te son enteramente favorables. Y eso ocurre cuando los coges después, uno por uno, solitos, en sus casas.
La clausura estaba programa para el día siguiente con una procesión a través de una céntrica avenida y terminando en el estadio de pelota, ante unos cuarenta mil miembros de la organización Acción Católica (ni yo mismo tengo idea de la cantidad de miembros de esa organización que fusilamos en los años siguientes). Hasta ese momento no tuvieron la cortesía de invitarme a ninguno de sus eventos. Pero les cogí la delantera en la avenida y me deslicé dentro del público y me puse al frente de la procesión. Había sacado de una gaveta todos los escapularios, cadenas y medallitas que yo llevaba colgados al cuello en la Sierra Maestra para recibir a los fotógrafos americanos y volví a mostrarme con ellos. Pero corrieron con suerte. O mejor dicho: su suerte radicó en la frialdad de mis cálculos. No hubo un solo sacerdote muerto en Cuba entonces ni lo ha habido como resultado de la violencia revolucionaria a lo largo de todo nuestro proceso. Hasta esa posibilidad del martirologio se las arrebaté. “No quiero un maricón de estos muertos —les dejé siempre bien claro a los oficiales que conducían los operativos o las manifestaciones callejeras contra las iglesias. Pueden matar hasta un monaguillo. Pero incluso éste fuera de la iglesia. Preferiblemente camino de su casa y en un barrio alejado”. Les digo una cosa. Ninguna obra de mayor precisión y de ejercicio de un esmerado control como el que exigen esas manifestaciones callejeras. Un solo detalle que se nos escapara, como por ejemplo, que algún civil portara inadvertidamente un arma de fuego y que en un momento de confrontación la extrajera y la usara, o que las turbas lograran romper las puertas, o las rejas, o las ventanas, e ingresasen en las edificaciones bajo sitio de su vocinglerío, ya estábamos avocados a la guerra civil. Casi todas las guerras civiles comienzan en una manifestación que se va de control. En este caso nuestra táctica era consistente y consecuente.
Así, pues, a los pocos días de ese fervor y posible incremento de ilusión clerical, en una de mis comparecencias por televisión, me propuse abordar el tema para, a su vez, liquidarlo. Recuerdo que le dije a Raúl al oído algo realmente grosero antes de sentarme frente a las cámaras. Lo voy a repetir aquí porque es un detalle de rigor histórico. Y aunque no creo que ni siquiera Raúl lo recuerde ahora, por lo que la historia podría pasárselas perfectamente sin la frase, yo no quiero dejar ningún cabo suelto, ni aún flotando en las nebulosas de un recuerdo con data de más de 50 años. Reitero mis excusas por la vulgaridad. Pero le dije a Raúl: “Al cardenal Arteaga lo voy a poner a cagar por la boca”. Yo sabía que tenía un cáncer en el recto y le habían practicado una colestomía. Mi declaración esa noche de que cientos de cheques de banco por valor de miles de pesos expedidos de puño y letra a nombre del cardenal Arteaga por el sanguinario dictador Fulgencio Batista estaban en nuestro poder y cuyas fotografías iban a ser publicadas a partir del día siguiente en el periódico Revolución provocaron una sucesión de obstrucciones intestinales y de deterioro del estado general de la salud del prelado. Coño. Qué desagradable tirada este párrafo. Pero así fueron las cosas.
Foto central: Fidel se presenta en la procesión y de inmediato se pone al frente de la marcha. Es más grande que Cristo y probablemente más apuesto. Por lo menos, no tan sufrido. Y olvídense de clavarlo por las manos. ¿Más grande que el Señor? Sí, según su propia y razonable pretensión. Al otro día, sin embargo, se mostrará quejumbroso por la televisión. Los organizadores del acto lo han ignorado, no anunciaron su presencia. “Y no es porque sea yo. Es porque yo soy el Primer Ministro del país”. Foto de abajo: El vejete es el cardenal Manuel Arteaga, ayudado a dar unos breves pasitos frente al público. ¿De qué forma va a competir con ese mozo de apenas 34 años recién cumplidos? No hay forma de que compita con él. Y cierto que no lo habrán anunciado, pero también él se va a mantener a una prudente distancia de Su Eminencia.
¡Uuyy! Cómo guardo material, fotos y todo, para Peligros de la memoria. Foto central y de abajo: Ernesto Fernández.
jueves, 14 de marzo de 2013
Los elegidos de marzo
Somos un buen grupo, y qué decirles del 2 de marzo, no porque sea mi día, sino porque también cumplen Tom Wolfe, Jon Bon Jovi, Desi Arnaz, Mihail Gorbachov y Pablo Armando Fernández. Después, el 4, viene Alberto Batista, a quien llamo El Ton, no por el tonelaje de su peso, que apena existe, el peso quiero decir, sino porque en algún momento de nuestros estudios universitarios comencé a decirle Albertón, de lo que surgió la inevitable derivación compactada de Ton. Entonces, el 6, el buque insignia de nuestra literatura:Gabo, a quien yo ponía nerviosito todos los seis de marzo de nuestra comunión cubana cuando me le aparecía al mediodía —frente a la puerta de su mansión nacionalizada— con el correspondiente quei de merengue amarillo, el color de su suerte, el que nunca le daba pavura.
Patricia Fuentes a continuación. La cuarta de mi producción de chamas. 7 de marzo de 1991. El mismo día que enamoré —y obtuve el sí, además— de la doctora Niurka de la Torre, a la cual llamo Crocha porque ella me llamó Crocho a mí primero, y con la cual aún estoy empatado pero que no es de marzo. Ah, y mi última adquisición en materia de la hermandad: el chilenito Pedro Schwarze, a quien llamo Pitel—o ¡Piiiiiteeeel! si trato de atraer su atención en la ventanita de los mensajes electrónicos— y que es una cubanización de la traducción al inglés del tan natural Pedro. En fin, piscianos todos. Y por tal razón, soñadores, intuitivos, parasicológicos, comprensivos, inteligentísimos, simpáticos a matarnos y mentirosos. ¿Cómo? ¿Después de esto quieren que les mencione un defecto? Porque ahí ni siquiera mentiroso es criticable. Todo lo contrario. Es una de las grandes virtudes. Con los cuatro primeros de la lista (Wolfe, Bon Jovi, Arnaz y Gorbachov), no me hablo, pero todavía intercambio mensajes con Pablo Armando Fernández, el poeta, a quien llamo PAF, por sus iniciales y porque así lo catalogó por primera vez la revista Verde Olivo en una época que Fidel no nos quería. Fidel es Leo, claro, y no hay manera de que descifre a los peces. ¿Intelectual y piscis? No, por Dios. Nada que ver con eso. Yo lo entiendo, no obstante (ya hablé del carácter comprensivo de nuestro signo): a los peces no hay forma de atraparlos entre las garras. Tú serás todo lo Rey de la Selva que tú quieras, pero los peces te resbalamos. Bien, pues, no quiero que pase el 14 de marzo, el cumpleaños del Pitel—y frontera de mi jubileo piscianeril—, sin atestar que no los olvido. Y japiberdi, cabrones.
Arriba: Tres piscianos en línea: Patricia Fuentes y su papá y Alberto Batista El Ton y su hija Andrea, capricornio para variar, en La Habana de 1993. Centro: Gabo y su amigo. Los pelos en punta de ambos son auténticos. El elevador se ha trabado. La Habana, desde luego, circa 1986. Abajo: Pablo Schwarze y su papá Pedro, Algarrobo, este verano. Verano austral, se entiende.
Patricia Fuentes a continuación. La cuarta de mi producción de chamas. 7 de marzo de 1991. El mismo día que enamoré —y obtuve el sí, además— de la doctora Niurka de la Torre, a la cual llamo Crocha porque ella me llamó Crocho a mí primero, y con la cual aún estoy empatado pero que no es de marzo. Ah, y mi última adquisición en materia de la hermandad: el chilenito Pedro Schwarze, a quien llamo Pitel—o ¡Piiiiiteeeel! si trato de atraer su atención en la ventanita de los mensajes electrónicos— y que es una cubanización de la traducción al inglés del tan natural Pedro. En fin, piscianos todos. Y por tal razón, soñadores, intuitivos, parasicológicos, comprensivos, inteligentísimos, simpáticos a matarnos y mentirosos. ¿Cómo? ¿Después de esto quieren que les mencione un defecto? Porque ahí ni siquiera mentiroso es criticable. Todo lo contrario. Es una de las grandes virtudes. Con los cuatro primeros de la lista (Wolfe, Bon Jovi, Arnaz y Gorbachov), no me hablo, pero todavía intercambio mensajes con Pablo Armando Fernández, el poeta, a quien llamo PAF, por sus iniciales y porque así lo catalogó por primera vez la revista Verde Olivo en una época que Fidel no nos quería. Fidel es Leo, claro, y no hay manera de que descifre a los peces. ¿Intelectual y piscis? No, por Dios. Nada que ver con eso. Yo lo entiendo, no obstante (ya hablé del carácter comprensivo de nuestro signo): a los peces no hay forma de atraparlos entre las garras. Tú serás todo lo Rey de la Selva que tú quieras, pero los peces te resbalamos. Bien, pues, no quiero que pase el 14 de marzo, el cumpleaños del Pitel—y frontera de mi jubileo piscianeril—, sin atestar que no los olvido. Y japiberdi, cabrones.
Arriba: Tres piscianos en línea: Patricia Fuentes y su papá y Alberto Batista El Ton y su hija Andrea, capricornio para variar, en La Habana de 1993. Centro: Gabo y su amigo. Los pelos en punta de ambos son auténticos. El elevador se ha trabado. La Habana, desde luego, circa 1986. Abajo: Pablo Schwarze y su papá Pedro, Algarrobo, este verano. Verano austral, se entiende.
lunes, 4 de marzo de 2013
El síndrome de Estocolmo
Una entrevista de Roberto Careaga
Publicado como “Norberto Fuentes: 'Padilla fue un hombre equivocado, un iluso' — Cuba rescata la obra de Heberto Padilla, el poeta que desató el quiebre de los escritores con Fidel Castro”, en La Tercera, el 2 de marzo de 2013. Esta es la versión final.
“Heberto, yo no he tenido actitudes contrarrevolucionarias”, dijo Norberto Fuentes al tomar la palabra la noche de 29 de abril de 1971. Era una jornada suficientemente tensa, pero de todas formas el escritor y periodista salió a desmentir al poeta Heberto Padilla, que lo había acusado a él –y a varios otros escritores- en el curso de una agria autocrítica pública tras 37 días detenido por “actividades subversivas” contra la Revolución Cubana. Estaban en la sede de la Unión Escritores y Artistas de Cuba, en La Habana, la oficialidad cultural castrista, que presidía la cita, y corrían horas claves para el infame Caso Padilla, la herida que dividió a la intelectualidad del planeta en relación de Fidel Castro.
Años después, Fuentes ingresaría en el círculo más íntimo de Castro, pero al entrar en pugna con el poder terminaría en el exilio en 1994. Encontró domicilio en Miami, Estados Unidos, precisamente donde llevaba casi 15 años Padilla. Habían sido amigos, siguieron siendo amigos. El poeta nunca se había recuperado de su derrota contra la Revolución Cubana. Escritores como Mario Vargas Llosa, Jean Paul Sartre y Juan Rulfo le habían dado su apoyo público en 1971, pero él no fue capaz de corresponder a tanta responsabilidad: se acusó de difamar e injuriar al proceso revolucionario.
“Padilla fue siempre un hombre equivocado”, dice Fuentes al teléfono desde Miami. Autor de una voluminosa biografía novelada de Fidel Castro escrita en primera persona, la investigación Hemingway en Cuba y, entre otros, la controvertida novela Condenados de Condado, conoce íntimamente los pormenores del caso Padilla. En su versión, más que poner en aprietos a Cuba, permitió a Castro saber quiénes estaban con él: “Con todo respeto y cariño, pero a quien cojones le importa los 37 días que pasó Padilla llorando en una cárcel de La Habana en medio de la Revolución. Tuvo el enorme y maravilloso efecto de que Fidel aprendió la lección: con los intelectuales no iba a ningún lado”, sostiene.
Fuentes recuerda a Padilla a propósito del anuncio en Cuba de la publicación de un volumen con toda la obra del poeta. La edición, 40 años después de los hechos, tiene la apariencia de un hito: la editorial estatal Letras Cubanas rescata la poesía del autor símbolo de la censura castrista a la libertad de expresión en Cuba. Fuentes pone paños fríos. Asegura que el libro aún no entra a imprenta y que será una edición no vendible, para no tener problemas de derechos con la viuda, Belkis Cuza Malé. Es, agrega, un gesto de la Isla al mando de Raúl Castro: “Quedan estas rémoras del Caso Padilla y es hora de acabarlo. Lo hacen para limpiarse el pecho, Cuba está cambiando su imagen”.
El inicio fue un libro, Fuera del juego. Ganador en 1969 del premio Unión Escritores y Artistas de Cuba, rápidamente generó que la oficialidad castrista sospechara de Padilla. Según Fuentes, en esos poemas más que una crítica a la realidad cubana, Heberto disparaba contra el stalinismo soviético. Precisamente, el poeta venía llegado de un viaje por la Unión Soviética. Venía desencantado con el futuro del socialismo. Y, dice Fuentes, con un plan: “Desde el año 67 quiere crear polémicas en Cuba. Viene de la URSS con el objetivo de convertirse en una fuerza de poder en la cultura cubana”.
Literaria e intelectualmente respetado en La Habana, Padilla se pone del lado de Guillermo Cabrera Infante, que desde 1965 está en el exilio. Privadamente, es crítico del curso de la Revolución y, dice Fuentes, toma la voz para hablar con reporteros internacionales sobre la realidad Cubana. No siempre habla bien. Cuando en 1971 —el año en que publicó Provocaciones— llegó a la Isla Jorge Edwards para preparar el arribo del embajador chileno, Padilla se puso a su lado. La crisis se desató rápido.
“A Padilla no lo ponen preso por la poesía. A Padilla no lo ponen preso por Fuera del Juego. A Fidel Castro qué le importa un libro. Dirigía la Revolución”, dice Fuentes. “Edwards llega a Cuba y desde que desembarca habla mierda de Fidel, y el que se convierte en su interlocutor, con quien anda para arriba y para abajo, es Heberto Padilla. El trainer de Edwards es Padilla. Ah no, hasta ahí quedó Padilla y también Edwards”, explica Fuentes.
Tras informar a Chile de restricciones a la libertad en Cuba, Edwards deja la Isla. Castro no lo quiere en casa. El 20 marzo, tres patrullas llegan al departamento de Padilla y lo detienen. Pasará 37 días preso, mientras en el mundo se desató una campaña internacional para su libertad. Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Sartre, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras. Desde Chile, Enrique Lihn lo defendió con una carta en la revista uruguaya Marcha. Dos días después de ser liberado, Padilla leyó su amarga inculpación, donde acusó también de contrarrevolucionarios a su esposa, Cuza Malé y Fuentes, entre otros.
“¿Tú crees que a Padilla lo soltaron por la presión internacional?”, duda Fuentes. “Fidel determina poner preso a Padilla y sabe cuáles serán las consecuencias. Verá cuáles son los enemigos, los amigos y las ovejas descarriadas. No va a tener a Padilla mucho tiempo preso, serán unos días. Porque 30 años preso son 30 años de escándalo. La represión en Cuba es utilitaria, no tiene sed de sangre. Además, sabía quién era Padilla: internamente en los expedientes secretos, el caso se llamaba el Caso Iluso. Eso era Padilla, un iluso”, sostiene.
Tras nueve años solitarios en Cuba, Padilla sale al exilio en 1981. Morirá en el año 2000 en Estados Unidos, según Fuentes muy cerca de regresar a La Habana. “Sí quiso volver. No sólo quiso volver, sino que tuvo conversaciones con la seguridad cubana, en Estocolmo. Eso estuvo presente en nuestro último encuentro, pocos días antes que se muriera, dice Fuentes, que en Miami lo vio siempre como un hombre destruido. “Él sabía que había cometido un acto de cobardía sin nombre y pasó toda su vida posterior explicándolo”, dice.
domingo, 3 de marzo de 2013
sábado, 2 de marzo de 2013
Llegan postales
Felicidades, maestro
Norberto Fuentes cumple 70 años. Un aniversario de respeto. Un escritor a quien la historia debe más que la literatura (espero que no me mate, por escribir esto).
Colgado por Rui Ferreira en su blog Herejías y Caipirinhas el 3/02/2013 a las 12.02.00 a.m.
De: "Luis Edmundo Fuentes Cobas"
Para: "NorberBro"
Enviados: Sábado, 2 de Marzo 2013 13:54:15
Asunto: Lo malo de ser tu hermano…
Lo malo de ser tu hermano…
…es que no te puedo mencionar en mi conversación.
Imagina este escenario, fácil: Acabo de conocer a varias personas, físico-químicos igual que yo, pero colombianos, americanos y/o españoles. Hombres que no me interesan tanto y mujeres de buen ver, alguna bien “sexy”. Nos contamos de nuestras vidas. Todos fascinados con nuestras historias de físicos-nucleares, milicianos de puntería con los AK-42, cortadores de caña y participantes en investigaciones desde el reactor ruso hasta el sincrotrón americano. Además presumimos buen humor y cierta capacidad de análisis. Yo me siento Rey del Mundo porque percibo un auditorio fascinado.
De pronto, Oh, pequeño desliz que desencadena la bola de nieve que me sepulta! La conversación menciona incidentalmente que tengo un hermano escritor-ahijado preferido de Fidel-mujeriego-fiel a los condenados-carismático-biógrafo del Siglo 20-analista de bisturí afilado.
Hasta ahí llegó el interés del público por el físico nuclear. Todas las mujeres brincan de excitación:
¿Que la sexta esposa era hermana de la cuarta? ¿Qué si Hemingway y García Márquez? ¿La auto-biografía de quién?¿Que del Premio Casa castigado para los cañaverales?¿Y qué tiene la Niurka esa que lo domó?
Ay, Yeyo, ya me aburrí de ti. Preséntame a tu hermano!
En la foto: con mi hermano Luis ocupando los cinco escalones que Ernest Hemingway conoció durante sus 22 años de estancia en esta casa de San Francisco de Paula, Cuba. Foto de 1971. Pregunta: ¿De dónde el socialismo real cubano habrá sacado esos zapatos para suministrar a uno de sus jóvenes científicos de la esfera nuclear?
Norberto Fuentes cumple 70 años. Un aniversario de respeto. Un escritor a quien la historia debe más que la literatura (espero que no me mate, por escribir esto).
Colgado por Rui Ferreira en su blog Herejías y Caipirinhas el 3/02/2013 a las 12.02.00 a.m.
* * *
De: "Luis Edmundo Fuentes Cobas"
Para: "NorberBro"
Enviados: Sábado, 2 de Marzo 2013 13:54:15
Asunto: Lo malo de ser tu hermano…
Lo malo de ser tu hermano…
…es que no te puedo mencionar en mi conversación.
Imagina este escenario, fácil: Acabo de conocer a varias personas, físico-químicos igual que yo, pero colombianos, americanos y/o españoles. Hombres que no me interesan tanto y mujeres de buen ver, alguna bien “sexy”. Nos contamos de nuestras vidas. Todos fascinados con nuestras historias de físicos-nucleares, milicianos de puntería con los AK-42, cortadores de caña y participantes en investigaciones desde el reactor ruso hasta el sincrotrón americano. Además presumimos buen humor y cierta capacidad de análisis. Yo me siento Rey del Mundo porque percibo un auditorio fascinado.
De pronto, Oh, pequeño desliz que desencadena la bola de nieve que me sepulta! La conversación menciona incidentalmente que tengo un hermano escritor-ahijado preferido de Fidel-mujeriego-fiel a los condenados-carismático-biógrafo del Siglo 20-analista de bisturí afilado.
Hasta ahí llegó el interés del público por el físico nuclear. Todas las mujeres brincan de excitación:
¿Que la sexta esposa era hermana de la cuarta? ¿Qué si Hemingway y García Márquez? ¿La auto-biografía de quién?¿Que del Premio Casa castigado para los cañaverales?¿Y qué tiene la Niurka esa que lo domó?
Ay, Yeyo, ya me aburrí de ti. Preséntame a tu hermano!
En la foto: con mi hermano Luis ocupando los cinco escalones que Ernest Hemingway conoció durante sus 22 años de estancia en esta casa de San Francisco de Paula, Cuba. Foto de 1971. Pregunta: ¿De dónde el socialismo real cubano habrá sacado esos zapatos para suministrar a uno de sus jóvenes científicos de la esfera nuclear?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










