sábado, 14 de marzo de 2026

Nadie escuchó

Esto lo escribió Rafael del Pino hace más de 20 años. Lo escribió y publicó (en El Nuevo Herald) en agosto de 2007. Ustedes saben a quién me refiero. El general de la aviación revolucionaria que el 28 de mayo de 1987 voló junto a toda su familia en un pequeño bimotor Cessna 402 a la sureña localidad floridana de Cayo Hueso. No solo se presentó entonces como el oficial de más alto rango que se le fuera a Fidel de las manos, sino que, cansado de sus caprichos y arbitrariedades, se convirtió en el singular caso de un desertor que se mantenía en su discurso de ideales revolucionarios —y hacerlo patente en libros y artículos. Esta pieza es una poderosa muestra de tal audacia. Lo que nos hubiésemos ahorrado de haberle prestado atención antes de caer en el pantano de la actual situación.


LA HORA DE LA NEGOCIACIÓN

Por Rafael del Pino

La vida nos ha demostrado que los extremos nunca han sido buenos y en política funestos. Por eso no sé qué es peor si el inmovilismo de la actual administración con respecto a Cuba o una concesión de una posible nueva administración sin negociar nada a cambio. Ambas cosas van en contra de los cubanos. Creo que ya es hora de ir a la mesa de negociaciones.

Raúl Castro ha dado ya el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente al gobierno norteamericano para sentarse a conversar. La respuesta de Washington a través de la señora Condoleezza Rice fue rápida. “Nosotros no tenemos nada que discutir con los cubanos. El gobierno cubano debe sentarse primero con su pueblo”.

Muy bonita la respuesta si no existiera el precedente que si lo hicieron con los vietnamitas que mataron a 58,226 norteamericanos e hirieron o mutilaron a otros 153,303. Cuyo Presidente acaba de visitar Estados Unidos siendo su primera visita al New York Stock Exchange abriendo las operaciones bursátiles del día. O con los chinos que en la Guerra de Corea mataron a 33,741 soldados y después pasaron con los tanques sobre los jóvenes de la Plaza Tiananmen sin haberse sentado ambos primero a “hablar con sus propios pueblos”. Cuba por lo menos jamás ha matado un solo soldado norteamericano. No solo eso, en Cuba jamás se ha quemado una sola bandera norteamericana, practica muy común en todos los países del mundo y en el propio Estados Unidos. Y si vamos un poco más cerca, los norteamericanos en la actualidad se han sentado a negociar con los insurgentes sunníes que todos los días se apuntan más muertes de jóvenes soldados en Irak.

Cuando vemos este doble rasero por parte de las administraciones norteamericanas los cubanos con la suspicacia que los caracteriza se hacen distintas conjeturas. He escuchado a algunos decir que los gringos desean que Cuba quede como “museo de la miseria” para que a nadie más se le ocurra implantar un sistema así, otros aseguran que si se resuelve la situación de Cuba se les acaba el pan a los políticos que bogan por los votos nuestros en el sur de la Florida. Esta última tiene bastante lógica. Los chinos y los vietnamitas están muy lejos para influir en las elecciones norteamericanas mientras que los cubanos han decidido una reñida elección presidencial en el 2000 y otra en 2004.

Yo no sé si los que vivían en el exterior recuerdan cuando la administración de Ronald Reagan dio el paso de comenzar conversaciones con Cuba celebrándose el primer encuentro en la ciudad de México el 23 de noviembre de 1981 entre el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez y el secretario de Estado Alexander Haig. Y posteriormente la de marzo de 1982 en La Habana entre el general Vernon Walters y Fidel Castro. Yo las recuerdo bien porque estaba en Cuba y también recuerdo que las exigencias de Estados Unidos tenían fundamento pues estábamos en medio de la guerra fría y en el ajedrez de esa guerra Cuba conducía acciones que afectaban los intereses estratégicos de Estados Unidos. Recuerdo perfectamente que las exigencias norteamericanas eran fundamentalmente tres. Que Cuba parara el suministro de ayuda a los guerrilleros salvadoreños del frente Farabundo Martí, que Cuba retirara sus tropas de Angola y que Cuba permitiera la repatriación de los marielitos indeseables que estaban en prisiones norteamericanas. Había otra vieja exigencia que no se tocó en esas reuniones que contemplaba que Cuba rompiera los lazos con la Unión Soviética en aras de que Estados Unidos le levantara todas las sanciones.

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquellos famosos encuentros. Todas esas exigencias por una razón u otra se cumplieron ya sea por el derrumbe de la URSS o los acuerdos de paz del Salvador o los acuerdos de paz en Angola.
 
Sin embargo, surgieron estas nuevas exigencias de las que habló la Secretara de Estado norteamericana de que el gobierno cubano hablara “primero con su pueblo” o que permitieran primero el multipartidismo y elecciones libres antes de sentarse a conversar con Cuba.

Estas ya no son las exigencias de la administración Reagan que sí afectaban intereses estratégicos de Estados Unidos. Estas son absolutamente exigencias de problemas internos de los cubanos que deben ser resuelto por los cubanos A mí no me pasaría por la mente si tuviera en mis manos la política exterior de Cuba exigirle a Estados Unidos que antes de sentarnos a negociar nuestras diferencias deben cambiar la constitución prohibiendo las armas de fuego para evitar masacres como la de Virginia donde murieron 32 jóvenes inocentes o que se sienten primero con los norteamericanos a resolver la cobertura médica de 40 millones de estadounidense que no la tienen. Ese es un problema interno de Estados Unidos que debe ser resuelto por los norteamericanos y nosotros no tenemos ningún derecho a exigirle esas condiciones.

De igual forma el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto para resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse. Pero por algún lugar se debe comenzar y creemos que el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo.

Utilizando una hipotética reunión como las que propició Reagan en 1982 vamos a ver por partes alguna de las cuestiones que pueden discutirse y las ventajas que pueden lograr todas las partes involucradas y terceros en ambas orillas del estrecho de la Florida.

Desde hace años una facción del poder compuesta fundamentalmente por los militares involucrados en la economía y los negocios han propuesto liberalizar toda la economía minorista y de servicio.

Si esto se produce, la parte norteamericana como primer paso puede proponer levantar las restricciones del embargo a los nuevos empresarios privados que surjan en Cuba como resultado de la liberalización económica decretada por el gobierno cubano. Este levantamiento de sanciones implica que a partir de ese momento las pequeñas empresas liberadas pueden obtener en Estados Unidos todo lo necesario para su funcionamiento y desarrollo. Al mismo tiempo los empresarios cubanos que han sido exitosos en el sur de la Florida pueden duplicar esas empresas en la isla.

¿No resultaría mucho más sensato que cualquiera de esos empresarios en lugar de pagar 10,000 dólares a los contrabandistas de las cigarretas (lanchas rápidas que se dedican al contrabando humano en el sur de la Florida cobrando $10,000 por persona a bordo) para que traigan a sus familiares hacia Estados Unidos les envíen ese dinero para abrir un negocio similar en Cuba? Por supuesto que al producirse esto desaparecerían una serie de trabas colaterales como las cartas de invitación, la famosa tarjeta blanca, las visas a los ciudadanos cubanos para entrar y salir del país, las limitaciones del tiempo de permanencia de los cubanos que viajan al exterior como los que viajen a Cuba. En fin esas arbitrariedades ya no tendrían sentido.

Es lógico que después de medio siglo de hostilidad haya recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo de este, pero si China y Vietnam lo lograron porque no lo podemos lograr los cubanos.

La segunda etapa seria ya las inversiones de grandes empresas norteamericanas en la isla. Fundamentalmente las de turismo. Ya aquí, Estados Unidos debe convencer a la parte cubana que solo sería posible efectuando cambios a la Ley 77 de Inversiones Extranjeras. No con el ánimo de inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba sino por el principio moral de que Estados Unidos no puede aceptar la mano de obra esclava que de acuerdo con esa Ley Cuba ofrece a través de sus agencias empleadoras.

El argumento norteamericano seria irrebatible. Estados Unidos tuvo que sufrir la guerra civil más sangrienta de su historia para abolir la esclavitud y no puede hacerse cómplice de esa práctica en Cuba. Solo con la libre contratación de sus empleados pueden volver a la isla las grandes empresas norteamericanas.

Esta posición de Estados Unidos pondría la pelota en el campo de Cuba que solo le quedarían dos opciones aceptarlo y continuar negociando en aras de mejorar la vida de los cubanos o rechazarlo y quedar en evidencia ante su propio pueblo de quien es el que le cierra las puertas.

De aquí se desprende que estas negociaciones tienen que tener una transparencia absoluta para que los millones de cubanos que las siguen sepan las posiciones de cada cual.

De resolverse este aspecto satisfactoriamente el próximo paso a seguir seria la negociación de las visitas de turistas norteamericanos a Cuba. Con este tema Estados Unidos puede inteligentemente lograr la liberación de todos los disidentes y presos políticos sin necesidad tampoco de inmiscuirse en los problemas internos de los cubanos. El argumento norteamericano sería sólido, “Si ustedes encarcelan a cualquiera por emitir libremente sus opiniones o disentir, nuestros ciudadanos correrían un gran riesgo en Cuba pues de seguro habrá quien critique el estado de la sociedad actual”. Por lo tanto antes de abrirse libremente el turismo necesitamos garantías y que mejor gesto que liberar a los prisioneros de conciencia.

Hasta aquí veo el papel positivo que Estados Unidos puede jugar para ayudar a una transición en Cuba. Si estos aspectos fundamentales en el diferendo entre ambos gobiernos se resuelven satisfactoriamente todos ganamos.

Empezando por Estados Unidos que se quitaría de arriba el siempre latente fantasma de un éxodo masivo. Ganaría la familia cubana de ambos lados del estrecho de la Florida al restablecerse las visitas a la isla y el envío de ayuda económica. Y ya no habría ninguna necesidad de la ley de ajuste cubano.

Resolviéndose la primera cuestión del levantamiento del embargo a los empresarios privados cubanos que surjan como resultado de esta negociación, automáticamente se resuelve la ayuda a los cubanos de la oposición sin tener que depender del gobierno norteamericano. El nuevo sector emergente se encargaría de ello incorporándose por supuesto el ya establecido y exitoso sector empresarial cubanoamericano del sur de la Florida.

La última cuestión económica por resolver seria como poner a funcionar el resto de las empresas del país lo más justo y democráticamente posible. Creo que en esta fase del camino hacia una economía de mercado la solución más lógica es crear una bolsa de valores en el país, convertir las empresas en corporaciones públicas, emitir las acciones correspondientes al valor de dichas empresas y dar la opción de que el Estado adquiera el 49% de dichas acciones, los cubanos en las nóminas de esas empresas y todos los cubanos que tengan posibilidades el restante 51%. Para esto no habría que complicarse mucho la vida. Simplemente aplicar la Ley No.498 “Ley del Mercado de Valores” del 24 de agosto de 1959 aprobada por el Consejo de Ministros y sancionada por el presidente Osvaldo Dorticos.

Acabemos de cerrar este capítulo. Los de allá no quieren morir en la miseria y los de acá no quieren terminar con sus nombres en una lápida del Woodlawn Park.

miércoles, 11 de marzo de 2026

En el otro objetivo estadounidense de cambio de régimen, Cuba, vi verdaderas dificultades —y resiliencia

Trump está ahogando las importaciones de petróleo a la nación comunista, sumiéndola en una crisis que no se veía desde la caída de la URSS.

Por Sara Kozameh*

El 29 de enero de este año, tras el secuestro de Nicolás Maduro de Venezuela, pero antes del asesinato del ayatolá Jamenei de Irán, el presidente Trump centró su atención en otro país. Emitió una orden ejecutiva declarando un estado de emergencia nacional contra el gobierno de Cuba, declarándolo una "amenaza inusual y extraordinaria" para Estados Unidos y amenazando con imponer aranceles para impedir que los barcos transportaran petróleo a Cuba. Era un evidente intento de cambiar el régimen.

Las acciones para negar petróleo a Cuba han agravado enormemente una crisis creciente en la isla, incluso con algunos representantes del Congreso de Estados Unidos denunciando las medidas. Cuba produce aproximadamente un tercio de sus propias necesidades petrolíferas e importa el resto, principalmente de Venezuela y México. Tras el ataque estadounidense a Venezuela y la amenaza arancelaria, ambos países detuvieron completamente las exportaciones de petróleo a Cuba. Desde principios de febrero, la duración de los cortes diarios de luz se ha duplicado, hasta unas 18 horas diarias.

Empecé a viajar e investigar en Cuba hace más de 12 años, antes de la histórica apertura y normalización de las relaciones por parte de Barack Obama, entre 2014 y 2016, un periodo de efervescencia económica y gran esperanza, de jóvenes haciendo planes, ideas floreciendo, turismo estadounidense en auge y empresas privadas surgiendo por todas partes. Cuba durante la administración Obama me parecía un lugar muy diferente al que es ahora, donde la desesperación se apodera –como vi de primera mano en mi último viaje.

Desembarqué en el este de Cuba el mes pasado, un día después de que el presidente Díaz-Canel anunciara una serie de medidas de austeridad petrolera. Las medidas que pusieron fin a la venta de gasolina y diésel al público fueron seguidas rápidamente por la cancelación de rutas aéreas a Cuba, un aumento inflacionario causado por el aumento de los precios del combustible y el debilitamiento del peso cubano. Los taxis estaban vacíos, se habían reducido el horario escolar, se habían pospuesto grandes eventos y los estudiantes universitarios estaban siendo enviados a casa. Los primeros en sentir el dolor de estas políticas son las personas corrientes.

Los cubanos están soportando verdaderas dificultades. La enorme interrupción en su vida diaria y rutinas está afectando su capacidad para encontrar comida, llegar a donde necesitan y comunicarse con los demás. Vi que el precio del pollo había subido de 400 a casi 600 pesos la libra en días, un precio casi fuera del alcance de cualquiera que ganara un salario modesto del gobierno. Los ciudadanos con la capacidad de recaudar fondos en el extranjero se están organizando para financiar cocinas populares, que alimentan a los más necesitados, pero tienen pocas formas de financiar estos proyectos y los obstáculos inducidos por Trump a las transferencias internacionales de dinero dificultan sus esfuerzos. En Guantanamo City vi que las panaderías siguen haciendo pan, pero todas funcionan con leña.

Con las torres de telefonía móvil locales sin combustible, las personas alejadas de los centros urbanos se quedan sin medios fiables de comunicación cuando la red eléctrica está apagada; El zumbido rápido de un teléfono cuando una avalancha de mensajes enviados horas antes llega de golpe es señal de que las torres han recuperado la electricidad. Los cubanos también se despiertan en mitad de la noche, cuando se enciende la luz, para ir a la cocina, cocinar las comidas del día, preparar café, cargar dispositivos y hacer las tareas del hogar. Es mental y físicamente agotador y están visiblemente tensos.

Los cubanos insisten en que son resilientes, que superarán esto. Pero, como también señalan, esta crisis —que creció cuando la primera administración Trump revirtió las políticas de normalización de Obama y promulgó duras nuevas sanciones económicas en la isla en 2017— se siente peor que la que vivieron en el "periodo especial", cuando la caída de la Unión Soviética provocó una caída del PIB cubano un 35% en tres años. El gobierno ha implementado un plan estratégico para superar la crisis, que incluye ceder empresas estatales a pequeñas y medianas empresas privadas y aumentar significativamente la dependencia de la tecnología solar. Por ahora, solo se trata de gestionar.

Aunque es cierto que los cubanos se han cansado con los años de que el gobierno culpe sus problemas a las sanciones, el actual bloqueo petrolero parece estar uniendo a la gente. (Históricamente, las sanciones económicas han fracasado en sus objetivos declarados e incluso han salido mal, dañando gravemente a personas inocentes.) Durante el viaje, hablé con 70 u 80 personas en el este de Cuba de todos los ámbitos de la vida: profesores, empresarios, agricultores, historiadores, personas mayores, niños, trabajadores del transporte, empleados estatales y líderes comunitarios. Mantuve largas conversaciones con decenas de ellos —algunos que son ferozmente críticos con el gobierno, su política e ideología— y ninguno de ellos estuvo de acuerdo con las medidas estadounidenses. Una mujer que tiene un negocio privado me dijo con vehemencia que resistirían las intrusiones estadounidenses. Sus dos empleados, ambos miembros de consejos gubernamentales a nivel de barrio, estaban de acuerdo intensamente. No fueron las únicas personas con las que hablé que alzaron la voz en fuerte oposición a las políticas de Trump, e insistieron, para mi sorpresa, en que se defenderían.

En los últimos días, las tensiones con Estados Unidos no han hecho más que aumentar. El mes pasado, ciudadanos cubanos a bordo de una lancha rápida procedentes de Florida dispararon contra la guardia costera cuando se acercaba a suelo cubano, algo que no se veía en décadas. Cuatro de los hombres a bordo murieron en el tiroteo y los otros seis resultaron heridos. Desde entonces, Trump ha lanzado con despreocupación lo que él llamó una "toma amistosa" de Cuba y el senador republicano Lindsey Graham ha insistido públicamente en que "Cuba es la siguiente". Los cubanos que conocí estaban visiblemente destrozados por lo que Estados Unidos está haciendo. Pero quizá la mayor lección sobre la historia cubana que los políticos estadounidenses suelen pasar por alto es que los cubanos son nacionalistas convencidos; han luchado una y otra vez para conseguir y mantener su independencia, incluso cuando eso ha significado oponerse directamente a Estados Unidos.

* Sara Kozameh es profesora adjunta de historia en la Universidad de California, San Diego. La pieza fue publicada en The Guardian el lunes 9 de febrero de 2026.

Una escalera hacia ninguna parte. Uno de los inminentes peligros para la seguridad nacional de
Estados Unidos que en las próximas semanas deben ser barridos del mapa.


¿En cuál de estas fachadas —de las miles en igual estado que pueden localizarse hoy en La Habana—
colocarán el banner de «MISSION ACCOMPLISHED»?

jueves, 5 de febrero de 2026

El Rufi

 
Querido Norberto, quiero decirte que hoy de madrugada murió Jorge. Un abrazo, Cristina.

Después, por teléfono, ella me dijo que fue a las 4.30 AM, hora local de San Francisco, California. Repitió varias veces «pobrecito» para referirse a él y a sus sufrimientos. También me dijo que no había sabido lidiar con su enfermedad. Que desde 2017 no había querido abrir más su computadora ni su laptop. Advertía cómo iba perdiendo la memoria y su dificultad para concentrarse. Me recodaba a Hemingway. El horror en que lo sumió su destino. Porque, ¿qué puede hacer un escritor sin memoria? Pero el de Hemingway fue un deterioro mental producido por los malditos electrochoques que le aplicaron en la clínica Mayo. En el caso de Jorgito fue la crueldad indetenible del Alzheimer. No vino del exterior. Sino de adentro de él mismo. Con lo embullado que él estaba con su enciclopedia del cine latinoamericano. La concebía como una obra monumental. Yo lo embromaba diciéndole que cómo un tipo «tan chiquitico» se proponía una obra tan gigantesca. «Que casi que vas a poder caminar dentro de ella», le decía. Ahora hay que ver qué va a pasar con todos esos papeles, discos duros, grabaciones. Se supone que era un material a punto de concluirse. Por lo pronto conocí de una separata sobre el cine y el fútbol, un proyecto que había titulado A las patadas. ¿Qué cosa mejor se puede pedir de un escritor uruguayo, hincha de nacimiento? Nada de eso debe perderse. Cristinita, su mujer, me prometió entre sollozos que ella iba a cuidarlo y que se comprometía conmigo a convertirse en su feroz guardián y que ya buscaríamos una forma de editarlo y publicarlo. Mientras, tiene el tesoro a buen recaudo, debidamente empacado en cajas y clasificado. Ahora yo me dedico a rastrear en mis gavetas y en mis memorias portátiles nuestros divertidos y regularmente irrespetuosos intercambios de mensajes. También las entrevistas que me grabó en video. Estoy a la espera de unas fotos prometidas por Cristina de Jorge hojeando su ejemplar de la segunda edición de mi Cazabandido que él contribuyó a editar en Uruguay en 1970 y que en esta última edición yo le anexé nuestra correspondencia de entonces. Lo cito porque Cristina me dice que en sus momentos de lucidez la presencia de ese libro en sus manos o en la mesa del café frente a su poltrona le causaba mucha alegría. Y nada me produce más orgullo hoy que saberlo. Las dos fotos que agrego a este texto es de lo primero que sale a flote de mis archivos. Son de finales de los 70. La barba que él intenta podarme y la abundante pelambrera son mis atributos de la época. Ni idea me pasaba por la cabeza aquella tarde en un patio de las afueras de La Habana que más de 40 años después yo estaría escribiendo esta nota sobre el día en que mi hermanito Jorge Rufinelli, a quien yo llamaba indistintamente Jorgito o El Rufi, se nos ha ido.

viernes, 23 de enero de 2026

El único error estratégico

A mediados de los 70, durante la euforia por su victoria en Angola —«un Girón africano», le llamó Fidel— él se ufanaba de que la Revolución cubana, es decir, él mismo, no había cometido ningún error estratégico. Tuvieron que pasar algunas décadas y que el líder se muriera, para constatar que sí hubo un enorme, incomprensible error: dejar los destinos de la Revolución en manos de Raúl Castro. Por lo pronto, miren los resultados de su gestión como sustituto de Fidel.

𝐖𝐀𝐋𝐓 𝐒𝐓𝐑𝐄𝐄𝐓 𝐉𝐎𝐔𝐑𝐍𝐀𝐋: 𝐀𝐃𝐌𝐈𝐍𝐈𝐒𝐓𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐓𝐑𝐔𝐌𝐏 𝐁𝐔𝐒𝐂𝐀 𝐏𝐈𝐄𝐙𝐀𝐒 𝐈𝐍𝐅𝐋𝐔𝐘𝐄𝐍𝐓𝐄𝐒 𝐃𝐄𝐍𝐓𝐑𝐎 𝐃𝐄𝐋 𝐆𝐎𝐁𝐈𝐄𝐑𝐍𝐎 𝐂𝐔𝐁𝐀𝐍𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐍𝐄𝐆𝐎𝐂𝐈𝐀𝐑 𝐔𝐍 𝐂𝐀𝐌𝐁𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐑𝐄́𝐆𝐈𝐌𝐄𝐍 𝐀𝐋 𝐄𝐒𝐓𝐈𝐋𝐎 𝐕𝐄𝐍𝐄𝐙𝐔𝐄𝐋𝐀

𝙀𝙎𝙏𝘼𝘿𝙊𝙎 𝙐𝙉𝙄𝘿𝙊𝙎 𝘽𝙐𝙎𝘾𝘼 𝘼𝘾𝙏𝙄𝙑𝘼𝙈𝙀𝙉𝙏𝙀 𝙐𝙉 𝘾𝘼𝙈𝘽𝙄𝙊 𝘿𝙀 𝙍𝙀́𝙂𝙄𝙈𝙀𝙉 𝙀𝙉 𝘾𝙐𝘽𝘼 𝙋𝘼𝙍𝘼 𝙁𝙄𝙉𝘼𝙇𝙀𝙎 𝘿𝙀 𝘼𝙉̃𝙊

𝙋𝙤𝙧 𝙅𝙤𝙨𝙚́ 𝙙𝙚 𝘾𝙤́𝙧𝙙𝙤𝙗𝙖, 𝙑𝙚𝙧𝙖 𝘽𝙚𝙧𝙜𝙚𝙣𝙜𝙧𝙪𝙚𝙣 𝙮 𝘿𝙚𝙗𝙤𝙧𝙖𝙝 𝘼𝙘𝙤𝙨𝙩𝙖

Envalentonada por el derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, la administración Trump está buscando personas influyentes dentro del gobierno cubano que puedan ayudar a negociar un acuerdo para derrocar al régimen comunista antes de fin de año, según fuentes familiarizadas con el asunto.

La administración Trump ha evaluado que la economía cubana está al borde del colapso y que el gobierno nunca ha estado tan frágil tras perder a un benefactor vital como Maduro, según estas fuentes. Los funcionarios no tienen un plan concreto para poner fin al gobierno comunista que ha estado en el poder en la isla caribeña durante casi siete décadas, pero consideran la captura de Maduro y las posteriores concesiones de sus aliados como un modelo a seguir y una advertencia para Cuba, según altos funcionarios estadounidenses.

“Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo. ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”, declaró el presidente Trump en una publicación en redes sociales el 11 de enero, en la que afirmó que “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO” para Cuba.

En reuniones con exiliados cubanos y grupos cívicos en Miami y Washington, se han centrado en identificar a alguien dentro del gobierno actual que comprenda la gravedad de la situación y quiera negociar un acuerdo, según un funcionario estadounidense.

La operación del 3 de enero para capturar a Maduro contó con la ayuda de un informante dentro del círculo íntimo del líder venezolano, según funcionarios de la administración. La operación militar estadounidense en Caracas causó la muerte de 32 soldados y agentes de inteligencia cubanos que formaban parte del equipo de seguridad de Maduro.

Si bien Estados Unidos no ha amenazado públicamente con usar la fuerza militar en Cuba, funcionarios de la administración Trump afirman en privado que la audaz operación que derrocó a Maduro debería servir como una amenaza implícita para La Habana.

Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses han pintado un panorama sombrío de la economía de la isla, plagada de escasez crónica de productos básicos, medicamentos y frecuentes apagones, según personas familiarizadas con el análisis.

El destino de Cuba ha estado ligado durante mucho tiempo al de Venezuela: el petróleo venezolano subsidiado ha sido un pilar de su economía desde poco después de que Hugo Chávez llegara al poder en Venezuela en 1999. Washington tiene la intención de debilitar al régimen cortando el suministro de ese petróleo, que ha mantenido a Cuba con energía eléctrica, según altos funcionarios estadounidenses.

Cuba podría quedarse sin petróleo en cuestión de semanas, lo que paralizaría la economía, según economistas. La administración también está apuntando a las misiones médicas cubanas en el extranjero, la fuente más importante de divisas para La Habana, incluso mediante la prohibición de visados a funcionarios cubanos y extranjeros acusados de facilitar el programa.

Según funcionarios, Trump y su círculo íntimo, muchos de los cuales tienen vínculos con Florida, consideran que derrocar el régimen comunista de Cuba es la prueba definitiva de su estrategia de seguridad nacional para rehacer el hemisferio. Trump considera que el acuerdo con Venezuela es un éxito, citando la cooperación de la presidenta interina Delcy Rodríguez como prueba de que Estados Unidos puede dictar las condiciones.

“Los gobernantes de Cuba son marxistas incompetentes que han destruido su país, y han sufrido un gran revés con el régimen de Maduro, al que son responsables de apoyar”, dijo un funcionario de la Casa Blanca, reiterando que Cuba debería “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.

En un comunicado, el Departamento de Estado afirmó que es de interés para la seguridad nacional de Estados Unidos que Cuba “sea gobernada de manera competente por un gobierno democrático y que se niegue a albergar a los servicios militares y de inteligencia de nuestros adversarios”. Algunos funcionarios de Trump dijeron que el presidente rechaza las estrategias de cambio de régimen del pasado. En cambio, busca llegar a acuerdos siempre que sea posible y aprovechar las oportunidades a medida que surgen, dijo un alto funcionario de Trump. Como en Venezuela, esto podría implicar intensificar la presión al tiempo que se indica que la Casa Blanca está abierta a negociar una salida, dijo el funcionario.

Muchos aliados de Trump no esperan menos que el fin del régimen comunista en Cuba. Pero el derrocamiento del gobierno, que atraviesa dificultades económicas, podría provocar el tipo de turbulencia y crisis humanitaria que Trump quería evitar en Venezuela, donde optó por mantener a los principales leales en el poder.

El régimen ha resistido años de intensa presión estadounidense, desde la invasión de Bahía de Cochinos respaldada por la Agencia Central de Inteligencia en 1961 hasta un embargo punitivo impuesto en 1962 que se endureció con el tiempo. Los dos países se convirtieron en adversarios poco después de que los hermanos Castro descendieran de las montañas de Sierra Maestra en Cuba con un grupo de guerrilleros barbudos en 1959.

Esto deja a Estados Unidos buscando un plan claro sobre qué sucederá después y quién podría reemplazar al régimen actual, dijeron estas personas. El modelo venezolano puede ser más difícil de replicar en Cuba.

Cuba es un Estado estalinista de partido único que prohíbe la oposición política y donde la sociedad civil apenas existe, mientras que Venezuela cuenta con un movimiento de oposición, protestas que antes eran frecuentes y elecciones.

«Estos tipos son un hueso mucho más duro de roer», afirma Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración Obama que participó en las negociaciones para el breve acercamiento entre Estados Unidos y Cuba entre 2014 y 2017. «No hay nadie que se sienta tentado a colaborar con Estados Unidos».

A lo largo de sus casi 70 años de historia, el régimen cubano nunca ha estado dispuesto a negociar cambios en su sistema político, y solo ha implementado cambios económicos esporádicos y menores.

Trump cree que poner fin a la era Castro consolidaría su legado y lograría lo que el presidente John F. Kennedy no pudo hacer en la década de 1960, dijo un funcionario estadounidense que trabajó en el tema durante el primer mandato de Trump. Ha sido un objetivo declarado desde hace mucho tiempo para el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Florida en 1956.

En Miami, donde los políticos han argumentado durante mucho tiempo que el camino hacia el cambio de régimen en La Habana pasa por un cambio de gobierno en Caracas, la destitución de Maduro ha desatado júbilo y la ferviente expectativa de que Cuba sea la siguiente.

Destacados aliados de Trump y legisladores estadounidenses han compartido videos generados por inteligencia artificial que muestran una utopía poscomunista, con barcos que llegan desde Miami, reuniones familiares y Trump y Rubio conduciendo un descapotable de la década de 1950 frente a los relucientes hoteles de una Cuba liberada.

“El régimen tiene que tomar la decisión de dimitir o de mejorar las condiciones de vida de su pueblo”, dijo Jeremy Lewin, subsecretario interino de asistencia exterior del Departamento de Estado, la semana pasada, al destacar los 3 millones de dólares en suministros de ayuda para huracanes enviados a Cuba a través de la Iglesia Católica en cajas con la bandera estadounidense.

La Habana ha rechazado públicamente esa premisa. El gobierno cubano todavía está dominado por Raúl Castro, de 94 años, el hermano menor de Fidel, mientras que el presidente Miguel Díaz-Canel, de 65 años, un burócrata impopular, se encarga de los asuntos cotidianos.

“No hay posibilidad de rendición ni capitulación, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”, dijo Díaz-Canel, vestido con uniforme militar verde, en un reciente homenaje a los miembros de las fuerzas de seguridad cubanas muertos en Caracas mientras protegían a Maduro.

El gobierno cubano ha sido un maestro en la represión de la disidencia en una población empobrecida. Solo se ha enfrentado a dos protestas generalizadas: en 1994 en La Habana y en 2021, cuando decenas de miles de cubanos salieron a las calles en toda la isla. Organizaciones de derechos humanos estiman que el gobierno mantiene a más de 1.000 presos políticos.

Ante el aumento de las tensiones con Estados Unidos, Cuba celebró el domingo un día nacional de defensa. Los cubanos practicaron para una "guerra de todo el pueblo" con el fin de repeler a los invasores.

Las transmisiones televisivas mostraron a personas mayores disparando viejos fusiles AK-47 y a mujeres de mediana edad colocando minas. "Es una farsa", dijo Joe García, cubanoamericano y excongresista demócrata de Florida con contactos en la cúpula cubana. "Este es un país que no puede recoger su basura y pretende estar preparándose para un conflicto con la superpotencia vecina".

Algunas noches, sin electricidad y con poca gasolina para desplazarse, las calles de La Habana están oscuras y silenciosas, salvo por el ocasional ruido de cucharas de madera golpeando ollas: una forma anónima de protesta que proviene de ventanas, balcones y azoteas a altas horas de la noche, cuando la electricidad ha estado cortada todo el día y la desesperación aumenta.

"No se puede saber quiénes son. No gritan ni nada. Solo hacen eso: golpear las ollas", dijo Rodolfo Jiménez, un jubilado que ha vivido en la misma calle de La Habana toda su vida. "Solo lo hacen de noche. La gente tiene miedo de ser delatada".

La traducción ha sido tomada del sitio Café Fuerte.

jueves, 8 de enero de 2026

Ilusiones perdidas

Nota de la Embajada de los EE.UU.

En la Embajada norteamericana en esta capital se dio a la publicidad la siguiente nota:

El Embajador de los Estados Unidos desea felicitar y dar las gracias a los miembros de la comunidad de estadounidenses residentes en Cuba por la calma y entereza que en todo momento mostraron durante los acontecimientos recientemente ocurridos en Cuba. Es un tributo a su buen criterio y comprensión de Cuba el hecho de que la Embajada no ha recibido ni una sola petición o consulta de los estadounidenses residentes, en relación con su posible salida de Cuba durante este periodo.

El Embajador también desea dar las gracias a los miembros de la comunidad por su inestimable ayuda a la Embajada en conexión con las facilidades dadas para la salida de más de dos mil turistas, ciudadanos en tránsito y estudiantes durante los días del 2 al 5 de enero. Los servicios personales brindados a este respecto a sus compatriotas estadounidenses incluyeron la ayuda dada para su desenvolvimiento en el hotel, el aeropuerto y en los muelles, así como la facilitación de medios de transporte y conducción en convoy hasta los lugares de salida.

Así mismo fueron puestos a disposición de esos turistas los suministros de gasolina y otras facilidades requeridas. El personal estadounidense y cubano de los hoteles, compañías aéreas, y el ferry de Cayo Hueso prestaron una valiosa ayuda. Durante este período la Embajada también fue ayudada grandemente por la acción de los residentes estadounidenses residentes y los representativos visitantes contribuyeron grandemente a la plena circulación de información.

En distintos aspectos, la cooperación de las autoridades revolucionarias facilitó a la Embajada el poder ejercer sus responsabilidades. El hecho de que ningún ciudadano estadounidense resultara herido en los acontecimientos durante los recientes días hablan elocuentemente por los firmes lazos de amistad existentes entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos.


Nota publicada en el periódico Prensa Libre el 8 de enero de 1959. Es la misma tarde de la entrada de Fidel en La Habana. En la transcripción se ha respetado el uso de las negritas de la nota original. Gracias especiales al historiador Eliades Acosta por el acceso al documento.

martes, 6 de enero de 2026

Foto: The New York Times

miércoles, 5 de noviembre de 2025

El sol siempre se levanta