lunes, 11 de noviembre de 2019

80 años de Ernesto


En un mensaje electrónico de Ernesto Fernández por la noticia de la edición española de Hemingway en Cuba descubro que mi entrañable camarada de en cuanta guerra Cuba se involucró, es ahora un fervoroso creyente en Dios y que pone en sus manos la autenticidad de su memoria, la de Ernesto quiero decir, no la del Altísimo. Yo, igualmente, puedo ser garante de esos recuerdos, me atrevo a apuntar. Ahora seremos tres los que certificamos la veracidad de un instante de la presencia en el Teatro de Operaciones Militares Angola del más grande fotógrafo de guerra cubano (y cuídate sino universal). El mensaje subliminal para recordarnos que hoy es el día de su cumpleaños resulta insoslayable. Ese huevo quiere sal.

From: Ernesto Fernandez ˂*****@*****˃
From: Norberto Fuentes ˂*****@*****˃
Date: Wed, Nov 6, 8:33 PM
Subject:

Mi querido hermano Norberto: De verdad que te doy las gracias y además un fuerte abrazo por enviarme toda esta información sobre tu libro Hemingway en Cuba. Voy a disfrutar mucho de toda esta lectura que acompañan al libro y que además demuestras que tú eres un gran escritor y además mi socio y compañero de armas en por lo menos tres lugares de batalla y que al decir de nosotros mismos, no habían tipos más cojonudos que nosotros que éramos capaces de caminar en el medio de la milicias y los alzados y atravesar una selva  perdida en el mundo, en solitario en una tanque en medio de una guerra en la cual desde tus espaldas se disparaban los BM-21 y aviones MiG-21 sobre el enemigo que tú sabías que estaba delante pero no dónde. Así éramos de irresponsables con nuestra vidas, pero por eso creo que todavía estamos vivos y lo podemos contar. Bueno se acabó la bobería.

Dime si esto no fue así. -- Salí de la habitación nuestra en la Casa Número [residencia en Luanda del jefe de la Misión Militar Cubana] y me dirigí, no recuerdo si a desayunar o almorzar, y tú estabas en la escalera que comunicaba la entrada de la casa con la sala. Me dijiste lleno de alegría que a Gabo le habían otorgado el Premio Nobel y qué pena que no lo pudieses felicitar. Te dije llámalo por teléfono y me contestaste que si con Cuba era muy difícil, imagínate con México y te contesté prueba. Así lo hiciste y te quedaste bobo cuando te contestaron enseguida. Y además era él en persona quien te salía al teléfono. Cuando colgaste estabas más bobo todavía pues exclamaste no solo me comuniqué enseguida sino fue él el que me contestó y lo más increíble que me dijo el primero que me ha llamado eres tú aquí a México desde Angola para felicitarme. SI ESTO ES MENTIRA QUE VENGA MI PADRE DIOS Y ME DESMIENTA. Tu socio Ernesto. Perdona los errores que pueda tener esta anécdota pero la quise hacer así para que saliera de esta cabeza que dentro de 5 días cumple 80 nov..

Mi respuesta al Fernan.

From: Norberto Fuentes ˂*****@*****˃
To: Ernesto Fernandez ˂*****@*****˃
Date: Nov 7, 2019, 1:01 AM
Subject: Puchunguito

Así mismo fue, Asunción. Lo asombroso es que hace unos días escribí el episodio para algo que estoy haciendo, y casi que repito palabra por palabra ese recuerdo que tú me has contado, y por supuesto digo que fuiste tú el que me diste la idea de intentar la llamada. He podido precisar la fecha por una carta a la vieja mía que conservo. Estoy casi seguro que Pombo [coronel Harry Villegas, uno de los tres supervivientes de la guerrilla del Che en Bolivia] me llevó el prólogo de Gabo a la Casa Uno el sábado 23 de octubre. Tomás [el general de división Raúl Menéndez Tomassevich, jefe de la Misión] estaba en La Habana. Y al otro día Pombo me llamó para decirme que había oído por radio lo del Nobel. Pero a lo mejor todo pasó el mismo domingo 24. Que Pombo fue hacia el mediodía a llevarme el prólogo con la carta de Gabo y después al caer la tarde llamó con la noticia del Nobel. Como quiera que sea, es maravillosa esa memoria que tú tienes y más asombroso (o entrañable) es la manera en que nuestros dos viejos y magullados cerebritos funcionan de manera tan coordinada pese a cualquier distancia que nos separe físicamente. Somos Los Hijos de Asunción, Fernan. Los invencibles.

Hoy te quiero un poquito más... si eso fuera posible.

Fuentes Cobas.

Importante: Esta respuesta necesita una explicación para los que no conocieron las zonas de responsabilidad de la Operación Olivo en el TOM Angola de 1982. El Hijo de Asunción era un himno de combate que entre Ernesto y yo introdujimos en el territorio. Queríamos elevar la moral de las tropas y darle cierto colorido al frente. Lo cantábamos a todo pecho por encima del rugido de los tanques T-62 y del mortífero ulular de los lanzacohetes BM-21. Si acabaré de decir de lo que se trata. Bueno, en fin, que me la voy a jugar. Y fíjense, si lo miran bien, la tonadita no es homofóbica, es más bien celebratoria. Lo que se limita a describir una situación, una resultante, digamos. Dos más dos son cuatro, ¿no? Bueno, aquí va la letra.

El hijo que tiene Asunción
Ni fuma ni bebe ni juega al balón

(repite)

El hijo que tiene Asunción
Ni fuma ni bebe ni juega al balón

(énfasis)

Asunción

(Crescendo)

Aaaaasuncióóóónnnn

(apoteosis final)

¡Ese niño será maricón!

lunes, 19 de agosto de 2019

Camino de la abadía


Empecemos como solía presentarse Norman Mailer: con el extracto de algún periódico o revista. Este es de The New York Times, mayo 4, 1988.

4 POWERS MEET TO EXPLORE WAYS TO END ANGOLA WAR

Representantes de Estados Unidos, Sur África, Cuba y Angola se encontraron aquí hoy para lo que ha sido descrito como conversaciones exploratorias para terminar la guerra en Angola.

Pero incluso antes de que las discusiones comenzaran esta mañana en un hotel de Londres, diplomáticos occidentales y funcionarios sudafricanos advirtieron que no se esperaran cambios súbitos basados en las fórmulas de paz propuestas por el representante americano en las conversaciones, Chester A. Crocker, secretario asistente de Estado para los asuntos africanos.

Durante siete años, el señor Crocker ha estado promoviendo un plan que llama a las partes para retirar las tropas cubanas de Angola a cambio de la salida de las fuerzas de Sud África de Namibia.

En la sosegada penumbra del salón de reuniones del Durrants Hotel, en George Street, London, W1 (telephone 01-935 8131) con sus cajitas verdes de cerillos y su nombre en círculo dorado, su emblema y escudo, cuando se iba quedando solo (el escritor fue el último en desalojar el salón), luego de las despedidas y los abrazos de los participantes, uno tuvo la comprensión de que había un libro en mente. Había estado en el frente sur de Angola, había comprado armas para el gobierno angolano, y ahora participaba en la primera ronda de conversaciones con los sudafricanos y teniendo a los yanquis como mediadores, un material que regularmente queda vedado para la presencia en carne y hueso de los cronistas y que es de uso privilegiado de los grandes políticos que, me imagino, se servirán de las notas de sus solícitos secretarios para las eventuales memorias; y de las tres aventuras, la única que regularmente se abre a los de mi estirpe, es la del frente. Es lo nuestro, caballeros. Fango y morterazos. Negociaciones de armamento, cero, y delegaciones de altísimo nivel, doble cero.

Así que cuando Chester Crocker, el principal negociador de la administración Reagan para el conflicto africano, invitó en la reunión inaugural a que cada uno se presentara con su nombre y ocupación, yo me encontré ante un difícil problema de solución práctica. ¿Qué decir? ¿Que en el año 1961 yo comencé como guionista de historietas en la revista Mella, para luego continuar con esa parte de mi historia, y a las 2 horas ya habría hecho un flashback y estaría diciendo que a los 12 años me había enamorado de mi maestra de 6to. Grado y que mi padre me llevaba de muchachón a jugar gallos con Santos Traficante, y podía imaginarme a los sudafricanos y a los yanquis y a los angolanos con la barbilla recostada al puño mientras yo contaba mi vida y trataba de llegar al punto en que por fin se aclaraba qué diablos yo hacía allí? Fue entonces que Alcibíades Hidalgo, el portavoz de la delegación cubana, sentado a unos tres asientos a mi izquierda, recibió mi mirada inquisitiva y escribió un papelito que yo me levanté a recoger y que decía: “Dí funcionario del Comité Central”, que fue la síntesis escueta que escucharon los presentes me imagino que de todas maneras con incredulidad porque me vieron levantarme hacia donde estaba Alcibíades y seguro habrán pensado, ese individuo de los espejuelos oscuros estaba pidiendo instrucciones, y el de la barbita es el comisario político.

Pero, aún no me acababa de sentar, cuando atiné a ver la irónica mirada que Carlos Aldana, secretario ideológico del Partido y el hombre de Raúl Castro en las negociaciones, me dedicaba. También estaba sentado a mi izquierda. Y negó con la cabeza, sonriendo. Era, sin dudarlo, un reproche.

Una nota suya me llegó en medio de la reunión. Leí.

Perdiste la oportunidad de tu vida.
Debiste decir:
"Norberto Fuentes,
Dirección General de Inteligencia,
República de Cuba.
Especialista en interrogatorios."

Tenía toda la razón del mundo. Me hubiera robado el show. Una extraordinario oportunidad perdida para siempre. No se repite dos veces.

* * *

Pero la oportunidad que sí no iba a perderme, ya que estaba en Londres, era cruzar la cebra de Abbey Road por la cual los cuatro Beatles habían transitado 18 años, ocho meses y 23 días antes para la portada de su último álbum y que es el verdadero motivo de este texto. (No, sabichosos, no se manden a correr, Let It Be se grabó antes, pero se publicó después.) Así que me agencié una vez más la complicidad de mi socio Alc y convencimos a un chofer de la embajada cubana para que nos llevara a Abbey Road, todo más o menos en el sigilo de la clandestinidad y a espaldas del resto de nuestra nutrida delegación de generales y altos dirigentes, excepto Aldana, por supuesto, que también se las daba de “amplio” y que se detuvo un instante antes de abordar el coche de chapa diplomática no fuera ser cosa que la CIA lo retratara en esas poses de pepillo británico y decidió abstenerse de la incursión. El chofer nos tomó las fotos. Pero las del cruce sobre la cebra nunca salieron. ¿Impericia de fotógrafo improvisado, película vencida, famosa cámara costosísima adquirida por Alcibíades en el Líbano que era un bagre? Rumbo al carro, de regreso, con la satisfacción de los comandos que han arrasado dentro de un búnker enemigo y desconocedores de que solo había sobrevivido una imagen, el chofer nos dijo que teníamos cola. Un taxi negro. Unos bultos negros tras los cristales negros. Todavía hoy yo me pregunto qué habrán pensado los encargados de nuestro seguimiento al ver tan retozones y excitados en aquella esquina y muertos de la risa a las 11 de la noche a dos enviados del sanguinario, despótico, cruel régimen castro comunista.

En la mañana del 11 de Agosto de 1969, un fotógrafo escocés, Iain Macmillan, tomó las cinco instantáneas de George Harrison, Paul McCartney, Ringo Starr y John Lennon y escogió la única en que los cuatro avanzaban con las piernas en v invertida. La policía cerró el área por 10 minutos. Fue el tiempo que dieron al equipo beatleriano para no crear un tranque apocalíptico del tránsito en Londres. De modo que, cuando Alcibíades me llamó el pasado lunes para recordarme que era el 50 Aniversario de la veloz sesión fotográfica para la cubierta del disco, yo le pregunté, del modo más convincente posible: “¿Tú no crees que esos policías los traíamos en la cola para evitar que tú y yo también armáramos un tranque?”

sábado, 3 de agosto de 2019

Mi hija se casó


Es la mayorcita de mis hijas. Yamileé Fuentes San Andrés. La madre la puso ese nombre por el personaje de Sinuhé el egipcio, la novela de Mika Waltari, un libro que ella leía con devoción mientras yo, con más devoción aún, me machacaba con Chapaev y Los hombres de Panfilov. Creo que fue la primera Yamileé de su generación registrada bajo ese nombre, y quizá la primera con ese nombre en toda Cuba, donde nadie conocía la novela de Waltari. Tengo pues, el orgullo de proclamar, que también estoy en el origen de la Generación “Y”. Aunque sea de forma tangencial. Es decir, se le debe todo a su madre, Esther (una pelirroja que quitaba el aliento ¡y con unas piernas!); “todo” es que está muchacha (a la derecha en la foto) que acaba de contraer nupcias en Toronto, Canadá, el 29 de julio de los corrientes, con Kenia Garcés y su pucha de flores, se salvó de llamarse Мария (se pronuncia en ruso "Maríya") o Клавдия ("Klávdiya") o Анастасия ("Anastasíya") o mejor aún Panfilova gracias al empeño de su señora madre. Imagínense de haberle endilgado un Klávdiya, hoy yo estaría reputado como uno de los fundadores de la Generación “K”. Y la Generación “Y” no existiría. Y tampoco Yoaní Sánchez. Bueno, quiero decir, con ese nombre. A ver… Klávdiya Fuentes San Andrés. No está mal, para que ustedes sepan… Klávdiya… Klávdiya…

Abajo: Viajaron desde La Habana a Toronto para consumar los trámites oficiales ante notario. Terminada la ceremonia, la pucha de flores cambia de mano y se ven listas para emprender el camino. El padre mira la foto desde lejos y se puede considerar orgulloso por el triunfo de sus genes: esa mochila a la espalda de una recién casada es pura impronta de Norberto Fuentes. La búsqueda eterna de la aventura. Cuiden esa felicidad, mis niñas.

viernes, 2 de agosto de 2019

Asuntos pendientes

El asunto Resurrección Búlgara


No, el señor de la foto no es el camarada Todor Yivkov, primer secretario del difunto Partido Comunista Búlgaro y él difunto también. (¿O todavía existe, el Partido, quiero decir?) El señor es el compañero Díaz. Además, observen la estatua detrás que no es la de Panayot Hitov, el gran patriota búlgaro y que también se las traía, hasta que, tengo entendido, los turcos lo empalaron. Los crueles otomanos.

El asunto Jerry Lee buscándose la vida

En efecto, Jerry Lee está haciendo Uber.

El asunto Tragedia Total


La noticia de la desaparición de la revista MAD de los estanquillos es algo de efectos insuperables. Después de 67 años de estarnos educando en la irreverencia y en no preocuparnos por nada —What me worry?, como era el motto de su personaje emblemático Alfred E. Neuman (en el retrato)—, ahora resulta que unos aviesos e insensibles capitalistas dueños de la transnacional que la publicaba, deciden que kaputt, la revistica ha caído en baja y no reporta los millones de sus años de gloria. (Sigue…)


Tuve oportunidad, sin embargo, hace cerca de 40 años, en abril de 1980, de conocer a William M. Gaines, el legendario editor del MAD y de decirle que yo había sido el escritor de las historietas de la revista Mella, un remedo comunista del MAD. Él se mantenía, gordo y refunfuñón, en sus trece de glorioso editor de la mejor publicación humorística yanqui. Yo me había vuelto un escritor más o menos serio y acababa de venderle mi primer libro sobre Hemingway a un editor de New Jersey llamado Lyle Stuart, que viajó a La Habana a escondidas del Department of State con una troupe de su editorial para entre otras cosas recoger mi libro, y ahí fue donde invitó a su amigo de los años Bill Gaines a participar de la aventura. La foto tomada por Stuart con su camarita Polaroid es del 21 de abril de 1980 en el lobby del hotel Habana Libre, que poco antes del triunfo de la Revolución —en sus frecuentes viajes a La Habana para jugar en los casinos e irse de putas (según confesión)— Gaines conoció como Havana Hilton (hubo que subirle la v de minúscula a mayúscula para que fuera en español, y hacerlo en el bordado de todas las toallas, fundas, sábanas, y en los troqueles de los jaboncitos, y en el fondo de los ceniceros y en el grabado de vasos, copas, tazas, cubiertos. Titánica tarea, se los digo, nacionalizar un hotel gringo.) Total, para que ahora los nuevos arrendatarios ¿o dueños? españoles lo vuelvan a alterar como Tryp Habana Libre y vuelve a descoser y a fundir y a…

El asunto Ricardón


Esto es solo para establecer un compromiso. No crean que paso por alto a Ricardo Bofill y todas nuestras historias en común. Pero quería mantener el tono de guasa y no resulta apropiado para hablar de un amigo que acaba de morir, aunque no recuerdo en nuestros largos años de socios que hayamos soslayado una sola vez el embromarnos y la burla permanente a todo lo que nos rodeaba. Pero hace falta espacio para hablar de nosotros. Espacio y libertad. Los obituarios no son el lugar. Así que, al carajo. ¿Verdad, Ricardón? Al carajo.


lunes, 22 de julio de 2019

Un instante en el infierno


Desde julio se preparaban. El convoy de los primeros 900 asesores cubanos de Olivo, procedente de Luanda, llega a Huambo el 18 de julio. Es el día del accidente del helicóptero y de las primeras enigmáticas arengas de La Voz del Gallo Negro. Atención. Atención. Pueblo heroico de Angola. Atención. Las tropas cubanas de refresco están llegando al Centro Sur. Son miles y miles de cubanos. Aquí mandan los cubanos, no los angolanos. Vergüenza para los apátridas del MPLA. Mas el enemigo no impedirá las acciones vitales que se hayan en curso. Sabemos matar cubanos. Capturar cubanos. Los cubanos y sus marionetas del MPLA morderán el polvo de la derrota. Las arengas, es evidente, promovían el interés de los profesionales de la escucha al servicio de Menéndez Tomassevich. Manifestaban una preocupación —presencia de asesores en el Centro Sur— y algo que, por si las dudas, no debía tomarse como fanfarronada: ...acciones vitales... en curso —por lo que fue subrayado en la versión mecanográfica del monitoreo.

El accidente, que involucra a Menéndez Tomassevich en el Alto de Huambo, se lo adjudicó Trovâo, uno de los más astutos comandantes de la organización contrarrevolucionaria. Savimbi lo asciende por esta acción de guerra al grado de coronel. Emitieron un documento. Menéndez Tomassevich había muerto. (Comunicado UNITA, número 6; 22 de julio de 1981.) Aunque después no vuelven a mencionarlo. Pero en el libro ese que anda por ahí, se repite el combate. Página 339 de Jonas Savimbi. A Key to Africa, de Fred Bridgland: “Los cubanos no se involucraron en los combates de la Operación Protea, pero había concluido su retirada hacia las principales poblaciones para participar en una gran ofensiva contra UNITA en el centro de Angola. La UNITA supo esto por los documentos capturados en un helicóptero soviético Mi-8 derribado el 17 de julio a 10 kilómetros de Huambo. Entre los nueve cubanos muertos encontrados en los escombros, había un general, Tomaz Felichi.”

No fueron 9. Fueron 12. No fue el 17. Fue el 18. Y ojalá hubiera sido en combate.

* * *

Hubo una falla. El mismo Tomás, como se llamaba desde Cuba al general. El día del helicóptero. El problema, al parecer, es que convocó a La Señora. Un hombre de su experiencia no debió nunca presentarse en el Alto de Huambo para ver su caravana de 900 asesores arribar sin un rasguño y, mucho menos, comentarlo con satisfacción desde su Volga 24 de rutilante laca negra de general de división con sólo dos escoltas en el asiento trasero de ese duro remedo bolchevique del Mercedes Benz, y con el coronel Anatoli Mijailovich, el asesor soviético de la Cuarta Región, al timón. Aquí los tienes, Anatoli. Llegaron. A Huambo. Sin que nadie se metiera con ellos. Ni una emboscadita. Ni una mina. ¿Qué te parece, Anatoli, eh? Insiste: No se atrevieron con nuestros muchachos. ¿Eh? ¿Qué te parece? Hoy es el 18 de julio de 1981 y aquí están los hombres que van a comenzar la Operación Olivo, una ambiciosa ofensiva contra el grupo insurgente de Savimbi. Pero Calzadilla despega de Huambo en el Mi-8. Nemecio Darío Calzadilla Angulo, teniente coronel, jefe de información o Inteligencia de la MMCA (Misión Militar Cubana en Angola). Recoge en el mismo aeropuerto una escolta reforzada: todos los cubanos disponibles que encuentra y que quepan en el aparato. Viene molesto, quejoso. Ese hombre, dice, ha salido solo para el Alto de Huambo. ¿Tú los ves?, le dice al piloto. Apúrate, exige. Camarada general Tomassevich, dice Anatoli, esto merece un brindis. Vengo armado. Tomás está contento. El soviético viene armado. Le muestra la botella. Ese vodka está encojonado, Anatoli, dice. El convoy está cruzando frente a ellos. Un porcentaje de los 900 expedicionarios de Olivo saluda sin concierto con el ritual militar —el brazo en alto— desde los camiones. Están allá abajo, dice el piloto. ¿Tú los ves?, pregunta Calzadilla. ¿Tú los ves? Sí, responde el piloto. La caravana, agrega. Pero no veo a ese hombre, comenta Calzadilla. Vine armado, dice Anatolii, que también está contento. Es un buen vodka, Anatolii. Y tú eres un buen hermano. Soviético. Y este es un buen lugar para brindar. Directo de la botella. Y la convoca de nuevo. Dice: Una caravana desde Luanda hasta Huambo sin un sólo tropiezo. Intacta. ¿Eh, Anatoli? Acércate, dice Calzadilla. Aquel paso junto al talud. ¿Aquél no es el Volga? Imagínate, Anatoli. Imagínate a esos cabrones kwachas. Eso es amanecer en umbundo. Es como se designan así mismo en la UNITA. Ellos son el amsanecer. Te aseguro, le dice Tomás al soviético, que han mantenido la caravana en observación desde que salió de Luanda. Ahora mismo tienen que estar observando. Seguro. Y me la juego que hasta nos están colimando. A ti y a mí. Acércate, dice Calzadilla. Acércate más. Baja. Cojones, dice Tomás. O cree que ha dicho. Porque sabe todo lo que va a pasar ahora con ese Mi-8 que desciende sobre la carretera y trata de hacer un pase rasante sobre el talud a su derecha. No pasa, dice Tomás, o cree que dice. No pasa. El talud con el que se enredarán las palas del rotor. Cojones, dice. O cree que ha dicho. El vuelo horizontal del helicóptero es interrumpido aunque parezca que ha seguido su trayectoria y se requiere aún de algunos instantes de observación para comprobar que no ha salido de la maniobra y que los fragmentos metálicos de opaca pintura de camuflaje que se están dispersando desde el núcleo del aparente contacto eléctrico proceden de la máquina. Hay un fogonazo como el que produce los cables de alta tensión y crees que sigues oyendo el motor del helicóptero cuando ves que se vira en campana, como siempre oíste decir que hacen los barcos, y cae, carente de velocidad pero con toda la masa de sus tonelajes de peso, sobre la sección trasera de un Volga 24, que resulta seccionado: la parte que es expelida a más de 60 metros y lleva a rastras a los dos únicos supervivientes, inflamados, pulidos por los hematomas —Anatoli sin conocimiento durante 9 horas, y Tomás quejumbroso por su puñetera mala suerte y porque siempre tiene que venir desde abajo y convencido de que está reventado por dentro aunque enseguida queriendo recuperarse e impartir las órdenes pertinentes para infundir ánimo a su gente porque así como estas son las casualidades de la guerra y aun desconociendo que perdió a Calzadilla— y la parte que queda retenida debajo del volumen aún completo del Mi-8, convertida en una base metálica de chapa enrojecida y aplastada sobre el asfalto y en la que se asienta una sólida hoguera de metales junto con los cuerpos granulados de los 12 hombres que se hallaban a bordo del helicóptero y de los dos escoltas y la enfermera que acababan de montar en el Volga 24, todos ya muertos o sin salvación posible y de cualquier manera inaccesibles al salvamento porque las mazorcas de cohetes del Mi-8 han alcanzado la temperatura en que no requieren de pulsación eléctrica desde la cabina para dispararse fuera de control y bañar el área con un fuego de destrucción de manigua previsto originalmente para servir a los kwachas. “La sangre, en literatura, es una metáfora”, decía el maestro Víctor Sklovsky. ¿Una metáfora aquella pobre enfermerita de Guantánamo bajo la presión permanente del brazo de cola del helicóptero sobre el techo hundido del coche y atrapada entre los bultos muertos de los dos escoltas de Tomás en el asiento trasero del Volga y que solicitaba a gritos por la presencia de su madre, allí, en la curva a la entrada de Huambo, como si la otra pobre mujer pudiera oírla en el lado opuesto del mundo donde son las 11.30 de la mañana mientras ella arde y se asfixia y ya su cabeza es una bola de fuego aquí en la curva de la fatídica Loma de la Cuca donde son ya casi las 4.31 de la tarde? ¿Una cabrona metáfora?

Versión revisada —y aún inédita— de mi novela El último santuario. La saco a flote en el aniversario del episodio. Treinta y ocho no es el número redondo que por norma (o costumbre) se requiere para los aniversarios, amén de que se trata de una memoria íntima, algo para uso de la familia y unos pocos amigos, mas no soy yo el que lo convirtió en noticia. Fue el desenfado de los medios occidentales al argumentar la imprudencia de un piloto cubano como una exitosa acción de guerra de la UNITA. Agrego ahora el recuento del propio general Menéndez Tomassevich a su hijo Raúl Fidel Menéndez, que solía acompañar “al viejo” como escolta en todas sus empresas africanas.

El día 18 de julio de 1981 recibimos la triste noticia de la muerte de varios compañeros en un accidente en Angola, nos muestran el listado y en el estaban sus inseparables y fieles choferes-escoltas Felino Ferrera Martínez y Rufino Mustelier Moya, y Darío Calzadilla, jefe de inteligencia militar de la misión “Olivo”, la duda nos asalta al saber que Felino y Rufino siempre estaban a su lado, pensábamos que no querían darnos la noticia de inmediato o que se encontraba en estado de gravedad.

Los acontecimientos según nos explicó posteriormente fueron como expongo a continuación:

El viejo se traslada por avión hacia Huambo con parte de su EM para ir estableciendo las coordinaciones con las FAPLA para recibir al personal de asesoramiento que sería distribuido por las unidades irregulares de lucha contra bandidos, el grueso de este personal había sido despedido por él en Luanda que en formación de columna de carros se dirigía al sur del país a cumplir la misión asignada. Esta columna además de establecer y mantener las medidas de seguridad durante la marcha tenía en todo momento la cobertura de un helicóptero MI-17 artillado con sus mazorcas de cohetes C-5 a ambos lados y personal listo para entrar en combate con su armamento de infantería, al frente de esta misión en la aeronave estaba el TC Darío Calzadilla.

Al conocer la aproximación de la columna a Huambo, decide darle el recibimiento, ante la falta de medios de transporte el asesor soviético de la región se brinda para trasladarlo en su auto “Volga”. Al volante el ruso, al lado el viejo y detrás Felino y Rufino; en un jeep waz-469 como vanguardia de la pequeña columna iba Gárciga y el TC Barreras, jefe de la CIM de Olivo y en la retaguardia otro waz con un grupo de compañeros. Avanzan por carretera en dirección a Altohama hasta encontrarse con la columna en las cercanías de la loma de la “Cuca”, allí sostiene un breve encuentro con la tropa y prestos a regresar una anestesista le solicita acompañarlo por lo que ocupa un lugar en el asiento trasero.

La misión de cobertura había cesado y el helicóptero había aterrizado en el aeropuerto de Huambo, pero al ser informado Calzadilla de la decisión del “jefe”, ordena volver a levantar vuelo para reanudar la misión.

Ya de regreso a Huambo observa el helicóptero realizando un giro a muy baja altura encima de la columna y puede ver como en cuestión de segundos las aspas golpean un talud, que como si fuera un fósforo se incendia al momento y se precipita sobre la carretera, golpeando con el rotor de cola la parte trasera del carro. Por el gran impacto el viejo y el asesor soviético son expulsados al exterior, pero los del asiento trasero, Felino, Rufino y la anestesista no tuvieron la misma suerte y murieron en el acto. Gárciga y Barreras descienden rápidamente del jeep y se internan en el humo y las llamas. El viejo al incorporarse, aún aturdido por los golpes recibidos, trata de dirigirse hacia el auto envuelto en llamas buscando a los “muchachos”, inmediatamente Gárciga le hace saber que ya nada pueden hacer, en ese momento el fuego intenso de los combustibles y por causa de este, comenzaban a hacer disparar los cohetes C-5 de las mazorcas del helicóptero en todas direcciones por lo que Gárciga lo empuja hacia el suelo y en compañía del soviético se alejan a gatas del lugar por la cuneta de la carretera. Barreras, entre el ambiente de muerte que lo rodeaba, escucha unos quejidos, busca encuentra y rescata al piloto, único sobreviviente del helicóptero, que ya estaba siendo alcanzado por las llamas.


Arriba: © Ernesto Fernández, 1982, 2019. Prohibida totalmente la reproducción. Segunda foto: Felino Ferrera Martínez (izq.) y Rufino Mustelier Moya, eran los veteranos choferes del general “Tomás”, que iban en el Volga y murieron de manera instantánea con el coletazo del Mi-8 sobre el techo del coche. Habían sentado a la enfermera Marta Nápoles Disotuar entre ellos y de esta manera le bloquearon toda posibilidad de escape. En la foto, Felino y Rufino en la pista del aeropuerto internacional “José Martí” de La Habana momentos antes de abordar el Il-62 de su último viaje a Angola. (Colección de Norberto Fuentes. © Norberto Fuentes, 2019) Tercera foto: En el puente de la ruta Sumbe-Quibala. Raúl Fidel Menéndez escolta al “viejo”. (© Ernesto Fernández, 1982, 2019. Prohibida totalmente la reproducción.) Ilustración: Croquis de la Comisión Investigadora. Última foto: 27 años, 4 meses y 26 días después. Un paisaje demasiado apacible para recrear una tragedia cubana.(© Raúl Fidel Menéndez, 2008, 2019)

sábado, 13 de julio de 2019

Ya las están pagando todas,
Tonisio. Todas.

viernes, 5 de julio de 2019

Pedro contra el sol



Pedro Schwarze, el editor asociado de este blog, somete sus retinas al riesgo de quemarlas como huevos en un sartén. Pero él es un chileno orgulloso y arriesgado, y ya que vive en Santiago, ¿por qué no enfrentar el eclipse? Un colega de su trabajo (no identificado) parece protegerlo o que se está aguando de sus hombros. Sus gafas, mucho más elaboradas que las de Pedro, ofrecen un mensaje inequívoco: amén de ciegos en potencia, somos mortales.

Ahora queda una experiencia humana de más de 3 000 años de registro histórico; de ahí para atrás no hay forma de computarlo. Fue el 30 de octubre del 1207 ANE, por la tarde, según recientes cálculos científicos. Un eclipse que le sirvió al faraón Ramses el Grande para reinar en Egipto sin grandes problemas entre1276-1210 ANE. Los astrólogos bajo su servicio le pasaron por adelantado la información del fenómeno solar y Ramses debe haber dicho: “Esta es la mía.” Bueno, hay que ver en los jeroglíficos y en los viejos y crujientes papiros cómo es que los faraones decían que esa era la suya. El caso es que el hombre anunció (mediante cualquiera de los medios de difusión de la época) que él iba a apagar el sol un rato después del mediodía. Y ya ustedes saben, a partir de entonces: si el hombre se gastaba semejantes poderes, ¿qué le iba a pasar con cualquiera que se saliera de la raya dentro de sus dominios?

Y esa es la situación que de alguna manera me hace vincular a nuestro editor asociado con los súbditos del astuto Ramses. Máxime si explicamos que la pared a su izquierda es de la fachada del palacio de La Moneda, donde, se supone, aún deambule el fantasma del pobre Salvador Allende. Ningún astrólogo estuvo a la mano para predecirle un eclipse total aquel 11 de septiembre de 1973. Aparte de que resultaba irrisorio ofrecerle 45 años, 9 meses y 22 días de tregua para meterle miedo a Pinochet.