Libreta de apuntes
El blog de NORBERTO FUENTES
jueves, 13 de agosto de 2026
Fidel más allá de los recuerdos
26 de julio de 2006. Fue un espectáculo dantesco. Aquel gigante en uniforme de campaña retorciéndose de dolor en el piso de su An-26 ejecutivo que volaba de Holguín a La Habana. Y no había médico a bordo. Lo demás es historia.
En ningún reporte aparece ahora su desconsuelo y que lloraba amargamente cuando supo que le habían instalado la despreciable bolsita para las evacuaciones. Mucho menos se conoce que, adaptado a la idea de su destino, dedicó todo el tiempo posible —y en el más absoluto secreto— a preparar su prole, Dalia y a sus hijos. Por primera vez en su vida iba a serle fiel a una mujer. Tenía que ponerla a salvo.
Años antes, el 10 de mayo de 1969, al mecanografiar su testamento, Ho Chi Minh citaba una aseveración de Tu Fu. «En todas las épocas, escasas son las personas que llegan a los 70 años.» Y añadió: «Este año cumplo los 79. Ya soy de esas personas “escasas en todas las épocas”.» A Fidel —pese a su confesada admiración por el «Tío Ho»— nunca le hizo mucha gracia el tope de los 80 años. De modo que, cuando comenzó a acercarse a la fecha fatídica, y con la asesoría de Eugenio Selman, su médico personal, inauguró el Club de los 120 Años. La premisa era que el ser humano estaba biológicamente diseñado para vivir esa cantidad de años. Así comenzaron, ellos mismos de cobayos, a comer casi solo vegetales y eludir las grasas animales y controlar el azúcar. (Luego se permitieron algunos pescados a la plancha y uno que otros sorbos de vino.)
Al final Fidel se quedó corto por 30 años, pero de algo sirvió el esfuerzo. Llegó a los 90.
Los americanos, que tienden a ser bastante chapuceros en cuanto a las proyecciones, se mandaron a correr con sus especulaciones. El precavido Ho Chi Minh murió dos años después de su cita del poeta Tu Fu, y efectivamente no llegó a los 80. A los pocos días de la gravísima crisis intestinal y de tres intervenciones quirúrgicas, la CIA filtró —el 6 de octubre de 2006— que «Castro padece de cáncer terminal». Así que, con respecto a Fidel, la CIA se embarcó en las predicciones —¡por 10 años! (De cualquier manera por órdenes del presidente Bush se organizó a la carrera la inevitable comisión para monitorear la situación cubana y estar preparados para la contingencia de un cambio de gobierno.)
En la especie de cobertizo que era su casa, en un discreto retiro de los jardines del Palacio Presidencial de Hanoi, el mobiliario de Ho Chi Minh consistía en un escaparate, una cama vietnamita sin colchón y una mesa de maderas cubanas regalada por Fidel Castro. De modo que al otro lado del planeta, aquel hombre para el que no había límites en sus apetencias (y en los lujos sin límites que se dispensaba) aún cabía la delicadeza de escoger un presente que sin duda agradaría al venerable anciano. En la mesita podría disfrutar de su té y oficiar con los pocos visitantes que recibía mientras los invitaba a sentarse en el piso.
De manera inadvertida, entre uno y otro líder revolucionario se abría el abismo de un hombrecito frugal y poco dado a los placeres mundanos y de un bien alimentado hijo de terrateniente criollo que no conocía límites para sus ambiciones y cuya única escala de medida era la desmesura. Mas, debe advertirse, en esas diferencias también radicaba que se hubieran convertido en los símbolos de sus respectivos pueblos. Cada uno en la hechura de culturas y tradiciones radicalmente opuestas.
Y ese tipo de regalos que Fidel solía hacer y que procuraba ajustarlo al beneplácito de sus receptores, se respaldaba en los informes de su excelente servicio de inteligencia, amén de que —para no ofender a personajes del talante del humilde Ho Chi Minh— se protegía con su bien blindada leyenda de gladiador antimperialista. Lo esencial era neutralizar la filtración de cualquier información sobre lo que él llamaba «vida personal». A Nasser le enviaba con exactitud mensual una caja de 150 puros de calibre reducido, sus favoritos. Nadie más bien recibido a bordo del yate fondeado sobre el Nilo que Luis García Guitar, el embajador cubano —con su preciada carga. (Los escudos de Cuba y Egipto enlazados en la tapa de las cajas de cedro.) Al peruano Velazco Alvarado y al chileno Salvador Allende los colmaba de pintas de helados de coco, el sabor favorito de ambos. Fidel embarcaba en un Illushin-62 de Cubana de Aviación a Lupe Veliz, la mujer de Antonio Núñez Jiménez, el embajador cubano en Lima. Cada 15 días, sin fallar, ahí estaba ella con la estiba de los sudorosos termos. Fidel aprovechaba de paso, mientras Núñez se entretenía en los avatares diplomáticos de Lima, para sus escarceos románticos con Lupe en cualquiera de sus refugios de la isla. Pero los gastos estaban justificados por los beneficios de su bien aceitada maquinaria de relaciones internacionales.
En la recepción que en enero de 1989 ofreció a las delegaciones de sus archi enemigos americanos y sudafricanos por la primera reunión de la comisión cuatripartita que dio fin al conflicto del África Austral, Fidel, excelso anfitrión, dijo a sus invitados: «¿Por qué no se dan un paseo por todo el país? No se preocupen por los gastos. De todas maneras nosotros estamos en bancarrota».
¿Para los soviéticos? Bueno, allí los tabacos eran poco apreciados, y el ron cubano tenía poca competencia con las botellas del cristalino vodka. (Solo el escritor Illia Eheremburg era un consumidor profesional del material criollo, pero él no habitaba en las cumbres del Kremlin, así que se le eludía en las listas oficiales cubanas. Pese a todo, fue uno de los que recibió con mayor alegría el establecimiento de las relaciones con «la Isla de la Libertad», y especialmente de los expendios de tabaco cubano surgidos de repente en Moscú.)
Gabriel García Márquez resultaba más afortunado. Hacia 1995 Fidel mandó a buscar a Zimbabwe dos hermosos ejemplares de impalas, de más de 160 libras cada uno, para lo cual hizo valer su alianza con Robert Mugabe y despachó el consabido Ill-62 de Cubana con el propósito de tener esa carne al fuego en la celebración del cumpleaños, el 6 de marzo, de Grabriel, como él le llamaba. Un impala para Gabo, el otro para el zoológico de la ciudad. Pero el primero hubo de ser sacrificado porque el impala original del guateque de Gabo, que pastaba en los dominios del comandante Guillermo García —uno de los llamados «comandantes históricos»—, en las afueras de La Habana, fue descuartizado por unos desalmados en vísperas de la fecha establecida para su sacrificio oficial y distribuida y consumida su carne en los poblados de los alrededores, gracias a la red del mercado negro asociada a los diestros descuartizadores.
Con la misma, Fidel solía adoptar una actitud diferente con personajes menos apreciados. El 20 de abril de 1961, mientras iba y venía de Bahía de Cochinos donde se combatía contra la brigada de la CIA, Fidel se presentó en la celda donde se hallaba Eufemio Fernández, un viejo conocido de su época de las luchas universitaria pero ahora acusado de operativo americano, y le dijo, mientras se trasteaba en los bolsillos de su uniforme: «Coño, Eufemio, venía a traerte unos tabaquitos, pero se me quedaron en el carro. De todas maneras, prepárate porque te van a fusilar esta noche.»
A Carlos Aldana, su secretario ideológico de fines de los 80, lo cogió en el brinco con unas tarjetas de crédito. Le envió un par de mastodontes, oficiales de Seguridad Personal, para imponerlo de un mensaje: «Dice el comandante que no quiere verte cerca del Palacio de la Revolución ni de público en una concentración.»
Fidel no tenía límites. Pero él, su familia, sus casas, sus amantes, sus gustos, sus movimientos, sus vías de acceso a Palacio, todo se hallaba protegido por un tan riguroso secretismo que encegueció a la CIA y le hizo frustrar más de 600 atentados. Mientras la salud se lo permitió, el jamón que consumía era el Cinco Jotas, solo producido en Jabugo. Su carne favorita era la de reno, que importaban exclusivamente para él desde Finlandia. Su cama se vestía con las costosísima fundas y sábanas de hilo egipcio de Pratesi. A la salida de un recodo de La Habana, al pasar el puente de hierro que cruza sobre el río Almendares, en dirección oeste, todavía está la casa donde almacenaba en refrigeración sus golosinas de chocolate y los vinos «más caros del mundo».
En cuanto a la especie de harem flotante que le rodeaba, supuestamente incluyó a la legendaria periodista americana Barbara Walters («La palabra carisma se hizo para él», dijo ella) o la desafortunada Lisa Howard, de la que Fidel se enamoró «como un perro», según su lugarteniente Manuel Piñeiro, y a la que asesinaron frente a una droguería en Estados Unidos, seguramente por aventurarse demasiado como mensajera secreta entre Fidel y el presidente Kennedy, y que contó en sus memorias inéditas que Fidel, antes de que se acostaran por primera vez, le preguntó qué le gustaba más de él —su mente o su cuerpo. Lisa no dejó constancia de su respuesta.
Y no olvidar a la traductora de inglés Juanita Vera, con la que tuvo un hijo, con pleno conocimiento de su marido, también miembro de su equipo de traductores. Preguntado uno de los coroneles de su escolta de por qué «el jefe» se «relacionaba» tanto con mujeres de su equipo oficial, respondió: «Figúrate, es que él no puede salir solo a la calle.» Fidel explicó algo parecido cuando reveló lo que más extrañaba en su vida: «Pararme en una esquina.»
Ninguna de esas correrías o despilfarros ha hecho mella en la fascinación con que todavía hoy se le recuerda. Fidel dividió la historia. En un mundo que en 1959 estaba al mando de unos viejos calvos llamados Eisenhower o Jruschov, aparecieron de repente bajando de las montañas, esta horda de jóvenes guerreros, de largas melenas y barbas pobladas y en poco menos de dos años hicieron una reforma agraria radical, le arrebataron a los americanos todas las industrias instaladas en Cuba, derrotaron militarmente a los mismos americanos en Bahía de Cochinos, erradicaron el analfabetismo en menos de un año, pusieron el mundo al borde del holocausto nuclear, llenaron el continente de guerrillas y no terminaron hasta dislocar cerca de medio millón de hombres en África y volver a ganar una guerra —esta vez contra una Sudáfrica, armada con bombas nucleares— y de paso liberar a Namibia, eliminar el apartheid en Sudáfrica y garantizar la integridad territorial de Angola.
Lo cierto es que a las 22.45 hora local de Cuba del viernes 25 de noviembre de 2016 en su residencia habanera, esa vida al filo de la navaja entre el disfrute y las amenazas permanentes de asesinato se esfumó en un instante. Ya estaba en la ambulancia cuando expiró. En espera del esperado desenlace, las órdenes de Raúl Castro ya estaban emitidas y eran terminantes. Se lo comunicaban de inmediato solo a él y se dirigían a la clínica CIMEQ (Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas) y no bajaban el cadáver hasta que él, Raúl, llegara. Entonces, con Raúl presente, directo para el crematorio.
Ahora en Cuba están celebrando sus 100 años. Bueno, lo que pueda celebrarse en un país en ruinas y bajo el salvaje bloqueo energético impuesto por Donald Trump. El cumpleaños de un muerto. Este 13 de agosto. Pero el gobierno cubano, desvaído, cansado, no logra alcanzar las expectativas de un país educado por el fragor de la Revolución. Sin embargo, hay cosas que parecen inamovibles: los americanos siguen creando comisiones y equipos para entenderse con la Cuba del día después, y los habitantes de esa isla siguen actuando como si Fidel aún gobernara. O por lo menos es su añoranza.
Es justo preguntarse cómo el mismo Fidel Castro vería una vida tan intensa.
Una vez, hacia principio de los 80 , mientras revisaba las fotografías de una de sus primeras operaciones militares, la captura —en el verano de 1959— de unos expedicionarios trujillistas en el aeródromo de Trinidad, Fidel parecía reconocerse solo a él mismo. No identificaba a más nadie. Finalmente, con la frustración reflejada en el rostro, dijo:
—Chico, el problema es que no me acuerdo de nada.
Publicado como «Excesos, amores y revolución: el siglo sin límites de Fidel» en La Repubblica (Italia), 12 de agosto de 2026.
miércoles, 1 de julio de 2026
¿Y estos también van a montar negocios en Cuba?
LOS HECHOS
A las ocho de la noche del 26 de noviembre, en la casa del campesino Pedro Lantigua Ortega, finca Palmarito, barrio de Río Ay, en Trinidad, todo transcurría apaciblemente. De repente, los perros comenzaron a ladrar intensamente anunciando la presencia de extraños. Conociendo que la zona estaba infectada de alzados, Pedro Lantigua tomó su arma y salió para averiguar lo que ocurría, pero se encontró a un grupo de hombres vestidos de verde olivo que se presentaron como milicianos. El campesino se mostró confiado y bajó el arma, lo que fue aprovechado por un individuo que se encontraba oculto detrás de la puerta para desarmarlo. Al mismo tiempo, otro lo amenazó con agredir a la familia si intentaba ofrecer resistencia. Los intrusos eran alzados, fuertemente armados, bajo las órdenes de Julio Emilio Carretero, que irrumpió en la escena y preguntó por el brigadista. A pesar de haber sido desarmado, Lantigua intentó enfrentársele. Varios alzados se interpusieron entre los dos hombres. Carretero repitió la pregunta. En ese momento Mariana de la Viña Naranjo, esposa del campesino, con un niño cargado en los brazos, le salió al encuentro y cuando insistieron en que querían ver al maestro trató de protegerlo diciendo que allí solamente estaban sus hijos. Manuel Ascunce Domenech, de apenas dieciséis años, se encontraba comiendo en el interior de la vivienda, y al escuchar la discusión salió y, de manera desafiante, dijo: «¡Yo soy el maestro!» La actitud del jovencito exacerbó el ánimo de aquellos hombres. Mariana comenzó a forcejear con los alzados pero fue rechazada a empujones. Se llevaron a Pedro y a Manuel. Todo transcurrió con mucha rapidez. Mariana, aturdida, esperó un rato. Después salió en busca de ayuda y se dirigió a la casa de un vecino que se encontraba a unos tres kilómetros de distancia. Unas dos horas después logró avisar a la compañía de Milicias del teniente Manuel Monteagudo Consuegra, que salió en persecución de los alzados y en las primeras horas de la mañana encontró ahorcados a Pedro y a Manuel en un árbol conocido en esa zona con el nombre de bienvestido.
MARIANA
Yo estaba en la cocina cuando sentí a los perros ladrar y a mi esposo rastrillando la checa, cuando se aparecieron unos hombres disfrazados de milicianos y con unas mochilas hechas de saco.
Ellos dijeron «¡Hola, Pedro!», como si lo conocieran bien, y cuando Pedro les apuntó con el arma, dijeron: «¡Eh!, ¿vas a matar tus compañeros?». Cuando estuvieron juntos le arrebataron el arma y le dijeron que fuera con ellos.
Yo les pregunté que para qué lo querían, y me dijeron que lo necesitaban de práctico. Les contesté que si no habían necesitado práctico para llegar a nuestra casa (…) y comencé a forcejear con ellos hasta llegar al portón. A Manolo le preguntaron si era brigadista y yo les dije que él también era hijo mío, pero Manolo se les encaró y les respondió: «Yo soy aquí el maestro».
Entonces me vi perdida y hasta me dijeron que si no los dejaba tranquilos me iban a meter cuatro tiros por la barriga. Salí corriendo para la única casa que está cerca —a unos 2 o 3 kilómetros— de la nuestra a pedir auxilio.
EL JUEZ INSTRUCTOR RUBÉN DARÍO ZAYAS MONTALBÁN
Cuando llegamos al árbol, miré a Manuel: pelo negro, algo caído hacia la frente; los labios ennegrecidos, la lengua con un intenso color violáceo, con coágulos en sus bordes. Me llama la atención que no estuvieran sus globos oculares fuera de las órbitas, como sucede siempre en los ahorcados; ello me convenció que lo habían ahorcado casi muerto. Tenía también un profundo surco en el cuello, fractura del cartílago laríngeo, perceptible a la palpación del forense. Examinados sus órganos genitales, se observan contusiones, indicativos de haber sido sometidos a compresión y distorsión. Catorce heridas punzantes de distintos grados de profundidad.
A su lado estaba Pedro Lantigua: cabellos castaños, algo rojizos; hombre fuerte, el rostro cubierto de manchas, todo rígido, muestras visibles de haber luchado contra sus asesinos y señales de haberlo arrastrado muchos hombres, golpes, un surco equitómico en el cuello.
DEL RECONOCIMIENTO MÉDICO FORENSE
Catorce heridas punzantes en el abdomen realizadas en vida; una de esas heridas profunda y penetrante, contusión y signos de torturas en sus órganos genitales, contusión —con gran hematoma y derrame sinovial— en la región rotuliana izquierda, o sea, rodilla, signos de arrastre en regiones escapulares y glúteas, desgarraduras de la piel y, por fin, el surco profundo en el cuello que demuestra la muerte por ahorcamiento.
FIDEL
Un extraño inicio de discurso. 28 de noviembre de 1961. Teatro Chaplin. Clausura del XI Congreso de la Confederación de Trabajadores de Cuba. El rostro sombrío. Apenas saluda al auditorio. Solo un sucinto «Compañeros trabajadores». De inmediato:
En el día de hoy hemos recibido la noticia de que un joven brigadista alfabetizador, de 16 años, fue asesinado por elementos contrarrevolucionarios en la finca Palmarito, barrio Río de Ay, término municipal de Trinidad, Las Villas.
El joven se nombra, o se nombraba, o se nombra y se seguirá nombrando siempre Manuel Ascunce Domenech; estudiaba en la escuela secundaria básica América, de Luyanó; terminó el segundo año y comenzaría en enero el tercer año; el nombre de su padre, Manuel Ascunce Hernández, técnico laboratorista de la productora de superfosfatos de Regla. Junto con él fue igualmente asesinado un campesino, en cuya casa enseñaba el brigadista, cuyo nombre es Pedro Lantigua Ortega; deja siete hijos.
Según el informe recibido en la provincia de Las Villas, los hechos ocurrieron así:
El campesino Pedro Lantigua fue un revolucionario de siempre; por ello, al advenir la actual Revolución se integró a ella totalmente. Pertenecía, además, a las Milicias Nacionales Revolucionarias. La tarde de los hechos, es decir, en la noche de antier, a eso de las 6.00, se presentó a la puerta del bohío un individuo que le dijo a Pedro: «Tengo que hablar contigo, sal un momento.» El campesino salió al encuentro del que así lo requería: tras de él salió el brigadista, y después la esposa y un hijo de 14 años.
Al llegar todos afuera, vieron que allí había un grupo de individuos armados; el que había hablado con el campesino se dirigió ahora al brigadista y le preguntó quién era. Aunque la campesina, comprendiendo el peligro, trató de hacerlo aparecer como hijo de ella, este respondió que era el maestro. El facineroso entonces agregó: «Tú eres brigadista, ven también.»
En esos momentos el campesino parece que intentó hacer uso de su arma, pero todo fue inútil por la superioridad numérica de los asaltantes. Emprendieron la marcha, y la campesina con su menor hijo trató por tres veces de seguirlos. Una de las veces maltrataron al niño y en la tercera la amenazaron que si volvía le entrarían a tiros. La campesina esta vez permaneció un rato en la casa, y una vez que se hubieron alejado los asaltantes con los dos hombres de la casa, ella se dirigió al lugar de vivienda más cercano, a dos o tres kilómetros, y pidió ayuda narrando lo sucedido.
Al acudir vecinos del lugar al sitio donde ella vio alejarse a los hombres, encontraron colgados de un árbol al campesino y al brigadista.
DEL BURÓ DE BANDAS CONTRARREVOLUCIONARIAS
Sus ejecutores fueron Braulio Amador Quesada (principal ejecutor), ajusticiado [fusilado] tres meses después; Pedro González Sánchez, también ejecutado [muerto en combate] posteriormente, y Julio Emilio Carretero Escajadillo, en aquel momento jefe de una comandancia, y más tarde, jefe de la Comandancia General. Fue ajusticiado [fusilado] el 28 de marzo de 1964.
DEL DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD DEL ESTADO
El oficial Manuel de J. Zamora conoció [en 1969] que un hombre llamado Amado Turiño, de Limones Cantero, que ya había cumplido siete años de prisión como colaborador de la tiranía de Batista, estaba implicado en el asesinato. Zamora y el oficial Riquelme se entrevistaron en Casilda con Mariana y comenzaron a reconstruir los hechos del 26 de noviembre. La señora recordó que, unos minutos antes de que irrumpieran los alzados en su casa, la había visitado Amado Turiño y ella lo había invitado a tomar café, pero estaba tan nervioso que se le cayó el jarro de las manos. Se detuvo a este individuo, quien confesó que por órdenes de Carretero él había ido a la casa a comprobar si Pedro Lantigua se encontraba y si había algún miliciano.
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EULALIA TURI (LALY)
El día que asesinaron a Pedro Lantigua y Manuel tenía yo once años, cuando escucho —como todos lo de mi casa— tempranito en la mañana de ese 27 de noviembre, desde el camino real, anunciando que había ahorcado a Pedro Lanigua y al brigadista y que teníamos que irnos para Limones Cantero.
Yo que me había acostado deseando que amaneciera para que azaran el cerdo, ya en púa desde la tarde, para celebrar el cumpleaños 16 de mi hermano Primitivo. Estas cosas entusiasmaban mucho a los niños, que gustaban de que les cediera un ratico para darle vueltas a la púa. Era ese mi sueño. Pero todo se derrumbó.
Nos fuimos al camino real. Con nosotros Nilda Fraga, la joven habanera que alfabetizaba a mi papá. Allí esperamos que llegaran los demás brigadistas y familias de los alrrededores.
Bajamos a pie para Limones Cantero, unos 3 kilómetros.
Al pasar por Casa de Tabla, de donde finalmente se marcharían muchos de la brigada «Conrado Benítez», pues ya la campaña había terminado y todos los alfabetizados le habían hecho una carta de gratitud a Fidel. (Se conservan en el museo de la Educación en Ciudad Libertad.)
Mi madre me dejó en Casa de Tabla para que no viera los cuerpos asesinados, tendidos en la valla de gallos de Eloy Hernández, a poca distancia.
Todos los campesinos y brigadistas se mantuvieron junto a ellos, hasta que se llevaron a Manuel para La Habana, y a Pedro, me parece que para Trinidad.
Concluyó la alfabetización en esas circunstancias.
Había movimientos de tropas, persiguiendo a los bandidos que cometieron el crimen, en camiones y a pie, milicianos de la zona, todos en función de agarrarlos. Solo de eso hablaba la gente indignada por el abominable crimen cometido contra un niño y contra un vecino querido que solo tenía 42 años, pero el rigor del campo lo había envejecido un poco.
Después, a los muchos años, quizá seis o siete, fue doloroso conocer que Amado Turiño, uno de los vecinos más cercanos y estimados por Lantigua y Marianita, y también por los pobladores, fue la persona traidora, que sirvió a los bandidos, cuando por la tarde fue a casa de Pedro con el disimulo de recoger sancocho para los puercos, cuando en realidad fue a comprobar si ya Pedro estaba en la casa.
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II
Amado había estado preso por contrarrevolución, en Isla de Pinos. Había cumplido la sanción de poco tiempo y estaba de vuelta en la zona.
Lo que no supo la Seguridad del Estado es que Amado había sido cómplice del asesinato, hasta que descubren en Camagüey a un alzado que se había escapado del Escambray y con otra identidad se había ocultado en aquella provincia.
En la entrevista, el alzado delata a Amado.
La Seguridad vuelve a Marianita, la viuda de Pedro, para que forzara su mente sobre los detalles de la tarde antes de la noche del crimen.
Es entonces que Marianita reacciona y recuerda a Amado buscando sancocho, cosa que hacía otras veces, pero cuando ella le brindó café, a Amado le temblaban las manos a tal extremo que se le cayó el jarro y se le botó el café.
Entonces lo condenaron a 30 años de prisión, que no llegó a cumplir tras las rejas por cáncer desarrollado. A su avanzada edad le permitieron volver al seno de la familia hasta que murió.
EVELIA
He sido perjudicada por lo más grande que le puede pasar a una madre: la pérdida de su hijo. Se ensañaron con su cuerpo, un adolescente de 16 años. No soy yo sola, sino miles de madres con las garras del imperio clavadas en nuestras entrañas. No tienen perdón.
RAMONA
Esta casa antes de ser de Pedro Lantigua perteneció al dueño de esta finca, Manuel Lema, a quien se le alzan los hijos en contra de nuestro proceso revolucionario y cuando se firma la Primera Ley de Reforma Agraria le intervienen la propiedad. Tenemos objetos tanto del brigadista como del campesino, folletos de la alfabetización, la funda del revólver de Pedro, el farol del maestro, mesas, taburetes, vitrinas, camas y otras piezas pertenecientes a ambos. La vivienda, demolida en 1962, fue reconstruida de acuerdo con su característica original y ambientada totalmente. El 26 de noviembre de 1986, fue inaugurada como Casa museo en el aniversario 25 del asesinato de ambos mártires por bandas contrarrevolucionarias. Me llamo Ramona Rodríguez. Soy la veladora de la institución.
miércoles, 24 de junio de 2026
martes, 23 de junio de 2026
El discurso que le costó la vida
José Abrantes, ministro del Interior, a las «personalidades de la cultura». Discurso publicado en Granma el 24 de marzo de 1989.
Queridos compañeros Hart y Aldana;
Queridos compañeros todos:
Aquí nos hemos reunido varias veces con el compañero Fidel, con Raúl y otros dirigentes del Partido y el Gobierno. Aquí hemos discutido durante muchas horas problemas importantes de la defensa de nuestra sociedad, de la lucha contra el delito y otros. Pero es la primera vez que tenemos la satisfacción y el honor de reunirnos en este lugar con una representación de nuestros artistas y literatos, de nuestra intelectualidad creadora.
Quisiera expresarles por ello la más sincera gratitud y nuestra alegría por este encuentro con personalidades tan destacadas de nuestra cultura.
Me parece necesario que les ofrezca, en primer lugar, una breve explicación.
Este 26 de marzo, nuestros Órganos de la Seguridad del Estado cumplen su trigésimo aniversario. Es un hecho, como es natural, que representa mucho para la Revolución y para cada uno de nosotros. Como ocurre por lo general cuando se acerca una fecha de esta índole, nos estuvimos preguntando cuál sería la forma mejor y más útil de conmemorarla.
En ocasiones similares, en el pasado, hemos tenido homenajes y actos políticos en que se expresó el reconocimiento del pueblo a la larga y dura lucha librada por nuestros combatientes. Ahora también habrá algunos momentos de este tipo. Pero pensamos en la conveniencia de incorporar además fórmulas nuevas. Y así concebimos que en este aniversario, junto a los saludos que estamos recibiendo y que tanto agradecemos, sería correcto que nosotros mismos aprovecháramos para tomar la iniciativa y salir al encuentro de sectores y fuerzas sociales con los que hemos compartido y seguimos compartiendo el esfuerzo por defender y perfeccionar nuestra Patria.
Esa fue el origen de esta idea. Por eso es que hemos sido los promotores de la invitación, y por eso es que hoy somos también nosotros los que venimos a destacar, precisamente, no lo que significa nuestra labor, sino lo que significa la labor de ustedes.
No se trata de un simple deseo de halagar. Hay en esto un fondo conceptual que me gustaría subrayar. Una revolución, como cualquiera comprende perfectamente, no se defiende solo con las armas. La seguridad de un país como el nuestro no es únicamente la que le puedan proporcionar las instituciones encargadas de vigilar y combatir las actividades enemigas. Esto es importante, vital si ustedes quieren, pero no podemos desvincularlo de otros factores. Nuestra fuerza es en definitiva toda la fuerza de la sociedad. Es la economía, es la vida política, es la atención social, y muy particularmente, es el clima espiritual y moral del país, el estado de ánimo de las personas, el nivel de información y de desarrollo cultural que logremos, todo eso que a veces resumimos en una sola palabra: conciencia.
Ustedes, al trabajar por un pueblo cada día más culto y mejor orientado, trabajan también por nuestra seguridad.
Por feliz coincidencia, el próximo día 25 el ICAIC conmemora también su XXX aniversario. Desde aquí transmitimos nuestro abrazo fraternal a sus fundadores, a los directores, productores, realizadores, artistas, técnicos y trabajadores que han hecho de esa institución un baluarte para la Revolución en la esfera del arte y la cultura.
Esa etapa más reciente, en la que han coincidido la rectificación, por un lado, y la agudización de las dificultades económicas, por el otro, nos ha dado una experiencia insustituible en cuanto a la importancia de estos últimos elementos y a la significación del trabajo con el hombre.
Sólo tendríamos que preguntarnos cuál sería hoy nuestra situación si este período de brusca reducción del ingreso en divisas, de problemas en general con nuestras finanzas y suministros externos, con toda la secuela que ello implica para la producción, el transporte, los servicios y la vida social, no hubiera estado presidido por el empeño rectificador y la voluntad de eliminar errores, acabar con tendencias nocivas, perfeccionar cada cual su propia labor y poner un acento decisivo en la atención al hombre, la confianza en el ser humano y el estímulo a los valores políticos, patrióticos y morales que pueden desarrollarse en él.
En otras palabras, ¿qué sería hoy de nuestro país si en esta coyuntura adversa persistieran los fenómenos existentes en 1985?
Si bien en el pasado vivimos etapas en que la lucha se decidió en el terreno de la acción, si bien jamás podremos descuidar la preparación militar y la capacidad de nuestro pueblo para defenderse con sus propias fuerzas, no hay duda de que estamos en presencia de cambios. Ya se advierte en este nuevo contexto el creciente protagonismo que le corresponde desempeñar en la sociedad a la intelectualidad creadora, entendiendo como tal no sólo al artista y al escritor, sino también al maestro, al profesor, al periodista, al investigador social e incluso a profesionales como el médico que cada día ejercen una mayor influencia sobre amplias capas de la población.
No podemos cerrar los ojos frente a estos cambios, que nos exigen una preparación superior en todos los órdenes y que trasladan y trasladarán cada vez más la confrontación al terreno de las ideas, de los derechos del hombre, de la democracia, la libertad y la cultura.
Esta parece ser hoy una tendencia dominante de la vida internacional. Ella se halla condicionada no sólo por el absurdo de la guerra nuclear, como vía para resolver las contradicciones entre los grandes bloques, y por el incipiente proceso de distensión que se abre paso, sino también por cierta actitud triunfalista y arrogante con que las potencias capitalistas están recibiendo las críticas al pasado y las autocríticas que se hacen en la Unión Soviética y otros países socialistas; algunos aspectos de las reformas económicas que se aplican, y otros fenómenos y dificultades que surgen aparejados a estos esfuerzos por resolver las dificultades que allí se han acumulado.
Por lo que se aprecia, hay políticos y estrategas occidentales que creen llegado el momento para una derrota decisiva del socialismo en los terrenos de la economía y el desarrollo científico-técnico, y en correspondencia con esto proponen intensificar y hacer más refinadas las campañas dirigidas a desacreditar, penetrar y hacer evolucionar el socialismo en el sentido que ellos desean.
Se configura una situación delicada y difícil. No hay que subestimar su gravedad. Pero, desde luego, no es la primera vez que los imperialistas anuncian la crisis definitiva del socialismo en los últimos 70 años.
Nosotros, que creemos en el socialismo, que estamos convencidos de su potencialidad y su superioridad, porque las hemos comprobado en la propia vida, tenemos que recoger el guante de este desafío, y hacerlo con valentía y determinación, pero también con mucha inteligencia y claridad en las ideas.
El papel de Cuba se agiganta en estas circunstancias. Nuestro país, en virtud de su historia, de sus realidades, de la línea que ha mantenido todos estos años, está en condiciones de hacer lo que otros no pueden.
Esto nos coloca en posibilidades de influir cada vez más dentro del socialismo, dentro del movimiento revolucionario, en el seno de América Latina y el Caribe y, en general, de todo el Tercer Mundo.
Tenemos autoridad para ello. La Revolución Cubana fue la primera que planteó la necesidad de transformaciones profundas en el socialismo, y de hecho hemos tenido en Fidel un ejemplo permanente de enfoque renovador y creador. Nuestro proceso ha sido, igualmente, el primero que subrayó con toda energía el papel de los factores ideológicos, morales y culturales en la construcción de la sociedad socialista. Contamos, además, con una tradición de lucha que enlaza de modo coherente con todos nuestros propósitos de hoy, de manera que al defender y mantener nuestros principios estamos también defendiendo y manteniendo todo lo que hay de honroso, positivo y avanzado en la historia de la nación y el pueblo cubano.
No nos corresponde hablar por otros. No podemos siquiera predecir cuál será la evolución que sigan otros procesos. Pero en lo que toca a nuestra Patria no titubeamos un solo segundo en asegurar que vamos a salir de este reto mucho más fuertes, perfeccionados y maduros, para bien de Cuba y del socialismo.
Ahora bien, por esta misma razón estamos obligados a asumir las realidades complejas y cambiantes del momento actual.
Aunque la confrontación entre Cuba y Estados Unidos, entre la revolución y la contrarrevolución, matiza inevitablemente muchos acontecimientos, ya no podemos ceder a la tentación facilista de ponerle un rótulo político a cualquier fenómeno que tenga lugar en nuestra sociedad y que pueda desagradarnos o impactarnos. Muchas veces las cosas no son tan sencillas. El tratamiento tampoco puede ser en la mayoría de los casos esquemático o represivo.
Cada día ganan más importancia las formas de influencia y de regulación social que tienen un carácter político y persuasivo, que se basan en la labor de la familia, la escuela, de las instituciones docentes, de los colectivos profesionales y las organizaciones políticas y de masas. Esto lo vemos a diario. En la propia lucha contra el delito pasa a ocupar un lugar fundamental. El papel dirigente del Partido se acrecienta aún más en estas circunstancias, y aumenta, igualmente, el significado de la coordinación, el intercambio constante y el trabajo conjunto entre todas las fuerzas de la sociedad. Esta es, precisamente, la filosofía en que descansa hoy la labor del Ministerio del Interior, junto con la profundización y la profesionalización crecientes del trabajo de sus órganos, porque es la única forma de ser certeros y eficientes en el contexto en que nos desenvolvemos.
Martí, que vio tan lejos, decía hace ya casi un siglo que “el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural…” Y que “gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”.
Si sabemos aplicarnos esta idea a las realidades de hoy, significa que tenemos que forjar paso a paso, con imaginación, con trabajo esforzado, con capacidad creadora, fórmulas para edificar el socialismo que concuerden con nuestras realidades. Si algunas de las fórmulas que importamos en el pasado son hoy cuestionadas y puestas en crisis, si nosotros mismos comprobamos su ineficacia, esto sólo podemos entenderlo como la obligación de pensar con nuestra propia cabeza, como necesidad de aplicar a nuestras condiciones los principios y el método universales de nuestra doctrina filosófica y política; como conveniencia de volver a lo mejor y más permanente de nuestra tradición intelectual, y como la responsabilidad de ejercer, en particular, una más auténtica y profunda libertad de pensamiento.
Creo que todo el que trate de razonar sobre este momento verdaderamente crucial en que nos hallemos, comprenderá que tal vez como nunca antes serán decisivas las ideas.
En la investigación, en la educación, en la forma en que conduzcamos el trabajo de información, en el desarrollo de la cultura: ahí estará una parte importantísima de las respuestas que estemos buscando a nuestros problemas.
Esa será, al mismo tiempo, la respuesta al lugar de Cuba en el intercambio y el diálogo que se nos vienen encima con el proceso de apertura hacia América Latina y el Caribe, y que nos colocan en una posición especialmente influyente, dentro de un movimiento cuya orientación estratégica apunta hacia la concertación, la unidad, y la futura integración del continente. Ahí también, como ya lo vimos en Quito, en México, y más recientemente en Venezuela, en ocasión de las visitas del compañero Fidel, los vínculos intelectuales y culturales nutridos de modo perseverante durante estos 30 años se han expresado y dado sus frutos con enorme fuerza.
Hemos confirmado en la práctica la importancia que tiene haber sido animadores de una proyección amplia y no sectaria de la cultura latinoamericana, como se corresponde con la política cultural avanzada, autóctona y genuinamente creativa que la Revolución dio a nuestro país. Y esto cada día que pase multiplicará su significación.
Podremos, por tanto, si perseveramos en esa dirección, hacer una contribución al socialismo, influir en las luchas y reivindicaciones de todo el Tercer Mundo, y ejercer un papel bolivariano y martiano en el destino de nuestro hemisferio. Todo ello en la medida y a la par que seamos capaces de perfeccionar nuestra propia sociedad.
Esa es la perspectiva que nosotros vemos. De ahí la trascendencia que atribuimos al avance de nuestro movimiento cultural, considerado en su sentido más completo y vasto.
“El arte —dijo también Martí— como la sal a la vida preserva a las naciones”. Así concebimos nosotros el papel de nuestros creadores.
De ahí que no veamos ni podamos ver nunca a la cultura como un área de conflicto ni como una fuente de dificultades, sino como la gran fuerza transformadora que puede y debe ayudarnos a ganar esta batalla por la justicia a nivel continental y mundial, y por el mejoramiento humano, a nivel nacional.
Nosotros no nos engañamos. No queremos una cultura oficialista ni domesticada ni pasiva ni formalista, porque esa sería una cultura muerta e incapaz de aportar algo a la solución de los problemas.
Ese podrá ser el ideal de un burócrata, pero nunca el de un revolucionario.
Sabemos, por supuesto, que éste no es un camino fácil ni libre de obstáculos. Sabemos que el ejercicio de una mayor libertad exige, de modo consecuente, una mayor altura ética y sentido de responsabilidad. Comprendemos de modo muy claro todos los complejos factores, internos y externos, que hacen hoy especialmente sensible y difícil esta tarea. Pero no hay alternativa a la creación libre, auténtica y comprometida de modo entrañable con el pueblo y la Revolución.
Por todas estas razones, queridos compañeros, lo que quiero decirles es que los intelectuales cubanos podrán contar en este esfuerzo con la confianza, la comprensión y el respaldo sinceros del Ministerio del Interior.
Durante estas tres décadas hemos tenido relaciones de trabajo y de colaboración con muchos creadores. Realmente nos sentimos orgullosos de la lealtad y la modestia que han presidido estos vínculos.
Estamos y estaremos siempre abiertos al diálogo, en la disposición de escuchar y de discutir cualquier idea, cualquier problema que pueda preocuparles, y en el cual consideren útil nuestro conocimiento o participación. No me refiero sólo a los compañeros que tienen relaciones de muchos años con el Ministerio, ni me refiero tampoco exclusivamente a los que puedan opinar más cercanos a nosotros, sino también a aquellos que tengan ideas distintas o que vean los problemas con otros matices y enfoques.
Necesitamos perfeccionar cada día más esa comunicación, porque es preciso cerrar filas ante formas sutiles de la acción enemiga, que persiguen desorientar, confundir, desanimar, erosionarnos desde adentro.
Tenemos, frente a esto, una intelectualidad que ha probado su firmeza al lado de la Revolución. Una intelectualidad compuesta ya por varias generaciones, desde los que eran figuras consagradas al triunfo de nuestra causa, hasta las más jóvenes, inquietas e inconformes promociones de creadores.
Pocos países pueden decir esto. Por eso nos sentimos confiados, nos sentimos seguros en el porvenir, y podemos cumplir con optimismo la agradable misión que nos propusimos, de saludarlos, felicitarlos y trasmitirles un fuerte abrazo con motivo de este trigésimo aniversario, que es también de ustedes.
Muchas gracias.
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Foto arriba: En la sede del edificio «A» del Ministerio del Interior. Plaza de la Revolución. 25 de marzo de 1989. Segunda reunión consecutiva con intelectuales y artistas. Esta tarde, para hacerles entrega a medio centenar de ellos de la estatuilla Capitán San Luis, un galardón que se entrega por primera (y última vez). Desde la izquierda: Alcibiades Hidaldo, jefe de la oficina política de Raúl Castro, que asiste como representante de su jefe; José Abrantes, ministro del interior; Norberto Fuentes, uno de los artistas galardonados; y el general de división Pascual Martínez, viceministro primero del Interior.
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Para Fidel «peligrosos eran Abrantes y el Ministerio del Interior»
Fragmento de una entrevista de Pedro Schwarze para un trabajo en progreso
En su opinión, ¿qué provoca el proceso de 1989 contra el general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia, de supuesto narcotráfico, conocido como la Causa Número 1?
La Perestroika y el Ministerio del Interior. El Minint era la institución más progresista que había en Cuba. Y no solo eso. Era la mejor informada, la mejor abastecida, la mejor vestida, la de mayor conocimiento, la más culta. ¡Y la que tenía el control del país! Los miembros de las FAR estaban en los cuarteles. Pero [el ministro del Interior, José] Abrantes levantaba el teléfono y tenía el país en la mano: agentes en todas las cuadras, los CDR [Comités de Defensa de la Revolución], los mismos guardias y sus mujeres y sus primos y sus tíos eran miembros de las redes del Minint.
¿Fidel Castro recelaba de la Perestroika?
Fidel se da cuenta de que la Perestroika puede provocar la disolución de la Unión Soviética y que sus impulsores vienen del KGB, con Andrópov y Gorbachov, que era su ahijado.
¿Y cómo llegaban esos aires a Cuba?
En 1988 estuve como cuatro meses en París, haciendo el segundo libro sobre Hemingway. Allí, la gente del Minint y del Centro de Inteligencia estaba alzada, echándole a Fidel con las dos manos. Había una bulla, un movimiento. Y está el discurso de Abrantes, del 23 de marzo de 1989, a los intelectuales, totalmente perestroiko. Y hasta ahí llegó.
¿En qué sentido?
Lo primero que preguntó Fidel fue: «¿Quién le escribió este discurso a Abrantes?». Los lineamientos fundamentales del discurso los habían hecho Abrantes y Carlos Aldana. Luego, esos discursos se le daban a escribir, entre otros, a Julio García (Julito), que era el presidente de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba) en ese momento. Y era, además, el muchacho que, siendo secretario de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas) en Topes de Collantes en 1964 o 1965, Fidel lo había convertido en su periodista y lo acompañaba desde entonces a todos los viajes. Alguien le dice el discurso que lo había escrito Julito. «Ya tenemos al primer traidor: Julio García», dijo.
¿No se lanzó contra Abrantes ni contra Aldama?
Guardó pan para mayo. Esa era otra bronca y no quería anunciarla porque ya la tenía diseñada: quería echarse al Ministerio del Interior, con la intención de descabezar la organización que realmente podía provocar un cambio. Ochoa no era ningún peligro porque no tenía estructura detrás para dar un golpe de Estado. Peligrosos eran Abrantes y el Minint.
Pero al final a quien mandó al paredón fue a Ochoa.
Arnaldo, para decírtelo en cubano, bembeteaba mucho. Y digo esto de una persona que quise muchísimo y quiero. Pero hablaba mucho y vivía un poco como en un sueño, en una conspiración que sucedía en alguna nube de una computadora. Eso no tumba un gobierno. Pero el Minint sí era una organización que había que desbaratar.
En la foto: José Abrantes va adelante de Fidel Castro durante la visita del entonces primer ministro cubano al puerto de Iquique, Chile, en noviembre de 1971.
sábado, 30 de mayo de 2026
Antes del apagón
[7:13 PM, 5/29/2026] NFuentes: ¿La mirilla es un agregado cubano?
[7:15 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Es el visor Vilma
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Es cubano 100 por ciento
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Mejora el tiro
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No es necesario cerrar los ojos para apuntar y hacer blanco
[7:16 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Sirve para el tiro nocturno
[7:17 PM, 5/29/2026] NFuentes: Bárbaro.
[7:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: 𝐔́𝐋𝐓𝐈𝐌𝐀 𝐇𝐎𝐑𝐀: 𝐑𝐄𝐔𝐍𝐈𝐎́𝐍 𝐌𝐈𝐋𝐈𝐓𝐀𝐑 𝐃𝐄 𝐀𝐋𝐓𝐎 𝐍𝐈𝐕𝐄𝐋 𝐂𝐔𝐁𝐀-𝐔𝐒𝐀 𝐄𝐍 𝐋𝐀 𝐁𝐀𝐒𝐄 𝐍𝐀𝐕𝐀𝐋 𝐃𝐄 𝐆𝐔𝐀𝐍𝐓𝐀́𝐍𝐀𝐌𝐎
Según reportó el SOUTCOM en las redes sociales, el encuentro se realizó para sostener un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa.
El mensaje del Comando Sur en X añadió una foto de los altos mandos militares durante la reunión en territorio cubano.
[8:03 PM, 5/29/2026] NFuentes: Ummm...
[8:04 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo por mi parte no me confío
[8:04 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con Maduro había un acuerdo, todo parece indicar, y mira lo que pasó
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahora, los mayimbes en La Habana, no sé...
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No deben
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No deberían
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Chúpate esta
[8:05 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Cuba le avisó a Venezuela cuando los aviones despegaron el 3 de enero
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Y los venezolanitos dijeron que era rutina
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con AWACS arriba y el avión cisterna, que ese no lo habían sacado hasta entonces
[8:06 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ellos saben que la base es una ratonera
[8:22 PM, 5/29/2026] NFuentes: ¿Y por qué no le avisaron a los cubanitos que estaban allí y mataron?
[8:23 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahhhh,
[8:23 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Tocaste una tecla
[8:24 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La misma pregunta que yo hice y me hago
[8:24 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Como tantas otras
[8:26 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Parece que todo fue muy rápido
[8:26 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Que estaban esperando a que Maduro saliera de Miraflores
[8:27 PM, 5/29/2026] NFuentes: bueno, pero lo que me preocupa ahora... ¿Qué tú quieres decir con "los mayimbes en La Habana"?
[8:27 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Maduro sale. Le confirman a USA que el tipo va camino a Fuerte Tiuna, confirman que está en el fuerte y se arma
[8:28 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: ¿El término no se usaba en tu época? Mayimbes, mayimbada
[8:29 PM, 5/29/2026] NFuentes: Sí, yo sé que los jefes... ¿pero me estás diciendo que están comiendo pinga —al borde de la traición (según sus propios estándares)?
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Eso no
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Lo que pasa es que yo no estoy allá arriba
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Con Fidel yo te decía
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La cosa es así
[8:30 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: La cosa de que no estamos y si estamos negociando, mira… Ese titubeo
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo... Me fajo por Cuba y estoy claro que es Cuba
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Ahora, no sé
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Qué se tiene organizado, cuál es la valoración
[8:31 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Estamos en stand bye
[8:31 PM, 5/29/2026] NFuentes: Bueno... si ellos no se dan cuenta del destino que les espera...
[8:32 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Yo creo que hay una presión muy grande para tratar de quebrar emocionalmente a la dirección del país y tratar de que negocien o acepten los puntos de EE.UU.
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Algo parecido a lo que sucedió en la guerra de Yugoslavia con Milosevic
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Bombardeos, mucha presión, envío de emisarios para convencerlos hasta que el hombre cedió
[8:33 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Eso puede estar pasando
[8:37 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Añade el tema de los cubanos muertos en Venezuela, el tema ahora de la acusación a Raúl. Se ha visto como una afrenta al país.
[8:38 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: No ha dividido
[8:38 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Al contrario
[8:39 PM, 5/29/2026] NFuentes: Y yo creo que eso ha sorprendido a los mismos mayimbes. El pueblo se les ha ido por arriba.
[8:41 PM, 5/29/2026] Amigo en Cuba: Se fue la luz ahora mismo
[Fin del diálogo.]
martes, 26 de mayo de 2026
Fuentes: «Cuba se muere de hambre, pero el pueblo es orgulloso y resistirá la invasión»
La Repubblica, 26 de mayo de 2026
Laura Lucchini, corresponsal en La Habana
Amigo íntimo de los hermanos Castro, participó en el proceso revolucionario. Luego, tras el asesinato de un amigo, optó por el exilio. «No me he convertido en contrarrevolucionario».
Norberto Fuentes, de 83 años, es un escritor y periodista cubano. Participó en la Revolución y negoció la paz en Angola. Escribió Hemingway en Cuba y la biografía de Fidel Castro. Fue amigo íntimo de ambos hermanos, Fidel y Raúl, pero luego se exilió —con el apoyo de Gabriel García Márquez y la mediación de Felipe González— tras el asesinato de su mejor amigo. En una conversación telefónica entre Miami y La Habana, relata una anécdota: «Fidel, Gabo y yo estábamos en casa de Raúl. Jacques Cousteau acababa de llegar con un documental sobre el lecho marino haitiano, devastado por la pobreza. Después de ver la película, le dije a Fidel: “Necesitamos una revolución allí”. Y él me respondió: “¿Qué dices, Norberto? ¡Las revoluciones no solucionan nada!”». Habló con La Repubblica sobre el ocaso de la Revolución y las opciones para el futuro de la isla.
Usted participó en la Revolución. ¿Cómo ve lo que está sucediendo ahora, desde Miami?
Es una situación difícil de explicar, pero también de predecir. Con Donald Trump en el poder, nunca se sabe qué pasará. Los cubanos reciben mucha información de Miami, pero, según mi experiencia, la lectura e interpretación de los acontecimientos en Cuba que proviene de Miami suele ser errónea. Siempre es una visión reaccionaria y vengativa. Escucho a congresistas demócratas expresar su esperanza de que Cuba regrese a la órbita de Estados Unidos. Me parece poco realista.
Incluso se contempla la opción militar.
Cualquier cambio provocado por una operación militar sería una carnicería. Espero que Trump haya aprendido de Irán que la guerra asimétrica es inútil. El ejército cubano es prácticamente inexistente, pero hay gente que no se rendirá. Es un país con 600 000 miembros del Partido. Una intervención armada sería sangrienta para ambos bandos. Es una situación difícil desde el punto de vista militar, pero más allá de eso, la pregunta es: ¿Con qué propósito tomar el país? ¿Para proporcionar alimentos y dinero a diez millones de personas hambrientas? No le veo el sentido. Claro, la lógica podría ser que Trump necesita un triunfo. Pero los cubanos no son venezolanos.
¿Qué modelo esperaría usted para Cuba?
China y Vietnam. Necesitamos hacer los cambios necesarios para introducir una economía de mercado dentro de un gobierno socialista. Y Cuba, ahora mismo, tiene una maquinaria propagandística terrible; el periódico Granma es una vergüenza. El presidente Díaz-Canel es una momia. Y Raúl Castro tiene casi 95 años: podría irse a dormir cualquier día y no despertar jamás. Lo digo como amigo de Raúl. Así que la esperanza es que exista un grupo de oficiales, coroneles y líderes que puedan ser los portadores del cambio.
Pero, ¿cómo se realizan estos cambios en un país que solo ha conocido un régimen durante 70 años?
El imperativo debe ser “prohibido prohibir”. Que se liberen de inmediato las fuerzas productivas del país. Que se libere la imaginación de los cubanos. Cuando Obama hizo sus acercamientos, se encendió una enorme vitalidad en Cuba, pero se detuvo a medio camino. Pero ahora la situación ha cambiado, y Estados Unidos tiene un gobierno inepto, como el de Cuba. Una vez más, están convirtiendo a Cuba en un símbolo de resistencia. Cuando mataron a los 32 cubanos de la guardia de Maduro, la reacción del pueblo cubano fue enorme. Los veteranos de Venezuela fueron recibidos como héroes. Este suceso ha tocado la esencia misma del orgullo nacional.
Pero ahora la situación es extrema. No hay electricidad ni agua, la gente empieza a desesperarse. Y hay protestas espontáneas...
Por lo que veo, son protestas espontáneas pero aisladas, que se reprimen rápidamente. Un levantamiento popular en este país es muy difícil. Porque habría dos levantamientos: hay mucha gente que no lo permitirá, porque siguen siendo firmes partidarios de la Revolución. Lo que está haciendo Marco Rubio, asfixiando al país de esta manera, no tiene precedentes. Y está uniendo para la resistencia.
¿Qué pensó al leer sobre la acusación contra Raúl Castro?
Es algo político, porque es un hombre de 95 años que, si lo soplan, cae. Pero digamos que llegan los estadounidenses, que el dispositivo de seguridad no lo protege y lo suben al avión: aun así no llegaría vivo a Miami.
¿Estamos presenciando el colapso de la Revolución?
¿El colapso de qué? ¿Que no queda nada? Solo hay millones de cubanos con la boca abierta. Y ni siquiera creo que el gobierno esté negociando sinceramente. Lo que hacen es ganar tiempo.
¿Para qué?
Para estabilizar la situación.
Pero la situación es desesperada; nada se puede estabilizar en estas condiciones...
Lenin dijo que ningún levantamiento popular se produce por hambre. Que los desastres naturales como huracanes o terremotos son causas más frecuentes de levantamientos que el hambre.
Los aliados de Cuba de toda la vida no están ayudando.
Sí, es cierto, están ausentes. Y también me refiero a los países africanos, a los que Cuba ayudó y que no se hacen oír. Pero quiero decir una cosa: Estados Unidos está jugando a las elecciones de medio término a costa de Cuba. Sé que lo que digo es infantil, pero creo que el problema se reduce a esto. Y será una carnicería.
Fuiste parte de la Revolución, pero también la abandonaste...
Sí, fui parte de la Revolución. Pero la abandoné por un motivo personal. Además, necesitaba darle perspectiva a mi trabajo como escritor. Participé, tenía amigos en el ejército y me hice amigo de Fidel y Raúl. Pero Tony (Antonio de la Guardia, fusilado al final de un juicio político por corrupción y narcotráfico) era mi hermano, y lo fusilaron. Ese momento marcó el fin de la Revolución para mí. Pero no soy un contrarrevolucionario.
Cuéntame una anécdota con Fidel...
Estábamos García Márquez, Fidel y yo en casa de Gabo. Era la una de la madrugada y Fidel acababa de recibir al explorador francés Jacques Cousteau. Venía de Haití y había presentado un documental devastador, porque los haitianos estaban tan famélicos que incluso habían erosionado el lecho marino, y no quedaba nada. Fidel me preguntó si lo había visto, le dije que sí, que era dramático. Le dije: “Comandante, necesitan una revolución.” Él respondió: “¿Una revolución? ¿Qué dices, Norberto? ¡Sabemos que la revolución no soluciona nada!”





