martes, 12 de mayo de 2015

12 millones de ovejas descarriadas




No es la primera vez que Fidel o Raúl Castro se postran de rodillas ante la iglesia. En verdad, tienen esa práctica desde su niñez. Hace cinco o seis años, poco antes de morir en Miami, en un encuentro casual en un restaurante mientras él consumía una espesa fabada, el sacerdote jesuita Armando Llorente me contó que en una excursión campestre con sus alumnos ricachones de Belén estuvo a punto de ahogarse en un rio y fue Fidel el que se lanzó al agua y lo rescató. Estando ya en la orilla, jadeantes y exhaustos, el heroico Fidel no aceptó las expresiones de gratitud de su mentor y solicitó en cambio que los dos se arrodillaran para rezar. Su hermano, sin embargo, más terrenal, o quizá menos dado a ese tipo de golpes de efecto, también pasó por las aulas de Llorente. Pero al principio de la Revolución Raúl se apareció en la televisión cubana para confesar que, según sus maestros jesuitas, “él nunca haría nada bueno en el mundo”. Dos formas de expresarse… ¿pero objetivos diferentes?

Ya desde enero de1959, luego de lograr la humillante derrota del ejército de Batista, Fidel tenía claro quiénes eran los dos enemigos principales a los cuales iba a enfrentarse: los americanos y la iglesia católica. Es decir —y empleando el lenguaje al uso del abuelo Marx—, los explotadores extranjeros y la iglesia a su servicio. (El padre Llorente, como se ve, nunca atinó a descifrar lo que se anidaba en el alma del jovencito que, trémulo y jadeante, le pedía con fervor dar gracias a Dios a la vera de un río.) No se dejen engañar por las apariencias. La iglesia, desde que desembarcaron los curas con los primeros colonizadores españoles, estuvo al servicio de las clases dominantes (ach, Karl!). Su misión espiritual se reducía a bendecir la inauguración de nuevas propiedades y eso sí, puntualmente, presentarse ante la hoguera donde los conquistadores iban a achicharrar a algún cacique rebelde o en los fosos de La Cabaña donde le partirían el espinazo a algún patriota cubano en el garrote vil. El asunto era que se arrepintieran de sus pecados. Y era además una iglesia con el mismo nivel moral de un vodevil. Era fama que Héctor Duarte, el amante del cardenal Manuel Arteaga, le arrebató el anillo cardenalicio para obtener dinero rápido en una casa de empeño pero antes le había rajado la calva al vejete con el mismo anillo.

Bien, pues, ha sido una alianza indestructible y que siempre actuó en interés de socavar y apurar la pulverización de la Revolución Cubana. Pero en 1961 todos los curas estaban expulsados y desde enero de ese año se habían roto las relaciones con los Estados Unidos. (Tengo entendido que, desde entonces, las actividades de inteligencia en Cuba se la pasaron los americanos a los ingleses.)

Resultaron lentos en producir un cambio o al menos en obtener algunos resultados, aparte de que fue sorprendente y descomunal el espíritu de resistencia cubano frente a las vicisitudes impuestas por el embargo económico y sus amenazas militares. No quita que fuera un pueblo que aún supiera bromear y hasta divertirse a costa de las penurias. Con ese entusiasmo de carnaval solíamos decir que en Cuba lo que no estaba prohibido, era obligatorio. Era una interpretación popular de “la necesidad táctica” que a veces las autoridades debían tomar, ciertas medidas represivas, o para decirlo más amablemente, profilaxis social. Está el caso de la persecución a los homosexuales (convertidos de pronto en enemigos potenciales del comunismo) y en prohibir a los jóvenes católicos que estudiaran en las universidades. Y si ya te habías colado y te descubrían, la expulsión era inmediata y sin apelaciones. Recuerdo que una noche en mi casa, alrededor de una botella de ron, donde estaba uno de mis encumbrados amigotes militares, el general de división Fabián Escalante, nombre de guerra "Roberto", jefe de la Dirección Política Central del Ministerio de Interior, y el irreverente y simpatiquísimo poeta Raúl Rivero, se habló que esas medidas punitivas se estaban revisando. Entonces Raúl, ya bien sazonado en alcohol, dijo: “Coño, Roberto, yo estoy dispuesto a regresar a la iglesia y hacer la comunión si la Revolución me lo pide, ¡pero que me obliguen a tocarle la vianda a un compañero!” Para los neófitos: vianda es una de las tantas acepciones cubanas para designar el miembro viril masculino.

Bien pues, llegamos a ese día luminoso del regreso al redil. Porque Raúl Castro acaba de decir en Roma, luego de su reunión a cámara cerrada con el Papa Francisco, que “…si el Papa sigue así, yo volveré a rezar y volveré a la Iglesia, y no lo digo por broma.”

No sé si se darán cuenta de que es Raúl Castro el que está otorgando el perdón. Claro, nunca deja de ser un Castro Ruz. No lo digo en forma peyorativa. No hay otro mecanismo de liderazgo posible en una revolución que además se produce sobre una población hasta ayer inculta, indisciplinada, chusma y con siete varas de hambre. Decididamente si los cubanos hoy son otras personas no se lo deben a Dios. Pero, al igual que con sus acuerdos con el presidente Obama, en su entente de estreno con el Papa Francisco, Raúl Castro no ha entregado nada. A menos que ustedes consideran que hablar y decir sinecuras y escanciar elogios sea alguna clase de concesión estratégica o política.

No veo nada novedoso, se los confieso. Un día de 1996, apenas llegado al exilio, fui invitado a dar una conferencia en el llamado “mall” de la CIA. Sí, en Langley, Virginia. Con el anfiteatro lleno. Y casi todas las preguntas de los presentes estuvieron dirigidas a conocer mi apreciación sobre las posibilidades de la iglesia en Cuba. Ah, pensé, la vieja alianza se despereza. El eje Washington-Roma revive. “Todas las que ustedes quieran —recuerdo que más o menos dije (no tengo la transcripción conmigo)— pero después que ustedes capitulen.”

En fin, que la única novedad posible aquí, no es que Raúl Castro regrese al redil. Es que el Papa Francisco pida su ingreso en el Partido Comunista.

Publicado en La Repubblica como “Ma dietro quella pecorella smarrita le mosse di un político abile” el 11/5/2015 y en La Tercera el 12/6/2015.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Rehabilitado


El Gobierno estadounidense retiró a decenas de compañías cubanas e individuos de una lista de quienes apoyan el terrorismo y el narcotráfico, “en un nuevo paso en el proceso de mejora de las relaciones entre los dos países”, informa AP.

Entre los nombres que figuran en la lista está el mayor Amado Padrón Trujillo, fusilado en Cuba el 13 de julio de 1989 tras un juicio por traición junto al general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia y el capitán Jorge Martínez. El Departamento del Tesoro hizo el anuncio este martes.

En la foto, el mayor Amado Padrón Trujillo (izq.) junto a su jefe, el coronel Antonio de la Guardia Font, en la discoteca Fantasy, de Acapulco, el sábado 16 de abril de 1988.
Foto Copyright © 1988, 2015 by Norberto Fuentes. Prohibida su reproducción. 

martes, 17 de marzo de 2015

Se acabaron los besos



Un breve intercambio de mensajes sobre la invectiva de Heberto Padilla que él logró convertir en un lugar común. Más que breve, consta de un solo mensaje mío (aunque en dos etapas) y en tres de mi ansiosa destinataria. La transcripción es textual, tal y como la copié sobre papel para archivar. Aunque la información personal ha sido eliminada, como es menester.
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De: Norberto Fuentes
Fecha: 26 de enero de 2014, 13:57
Asunto: Norberto Fuentes
Para: Lillian Guerra

Querida Lillian,
Espero no robarte mucho tiempo, e incluso que tengas la bondad de atenderme. Te escribo a la dirección que encontré en la Internet. Directo al grano. En la página 409 n*


* Una torpeza habitual de este autor: meter el dedo en la tecla equivocada y, como en este caso, activar un comando y mandar el mensaje antes de terminarlo.
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De: Lillian Guerra
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:07
Asunto: Re: Norberto Fuentes
Para: Norberto Fuentes

Norberto, encantada. No me llego ni la mitad de tu correo.
Mandamelo de nuevo.
Un beso de Lily
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De: Norberto Fuentes
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:14
Asunto:
Para: Lillian Guerra

Querida Lillian,

Espero no robarte mucho tiempo, e incluso que tengas la bondad de atenderme. Te escribo a la dirección que encontré en la Internet. Directo al grano. En la página 409 de tu Visions of Power in Cuba, nota 3 referida al capítulo 7, tú dices que yo soy un longtime informant for G2, Cuba´s domestic intelligence service. Como quiera que lo dices sin entrecomillar y sin citar fuente alguna para tan aventurada declaración, debo asumir —al menos bajo cualquiera de los estándares académicos establecidos— que hay algún tipo de error de edición y que seguramente tú vas a subsanar esto lo más rápido que sea posible.

De cualquier manera necesito saber cuál es el origen de ese párrafo tuyo, y te agradecería que me lo hicieras saber con cierta prontitud, puesto que estoy terminando un libro y en él me refiero a tu declaración. En este caso no quiero ser yo el que deje escapar un error semejante.

Con los mejores deseos,

Norberto Fuentes
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De: Lillian Guerra
Fecha: 26 de enero de 2014, 14:54
Asunto: Re:
Para: Norberto Fuentes

Querido y estimado Norberto:
Dejeme hablar contigo por telefono para explicarle los origenes de mi interpretacion y las fuentes en que me baso. Sera problematico, pero nadie serio que conozco tiene ninguna duda de que usted sirvio de informante para los servicios de seguridad de estado.

Ahora, si usted desea cambiar esa imagen y dejar su propia perspectiva sobre el asunto, lo invito a conversar, pues saldra el paperback con los cambios que yo sugiero en agosto.
Un abrazo de Lily
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De: Lillian Guerra
Fecha: 27 de enero de 2014, 5:46
Asunto: Mi telefono
Para: Norberto Fuentes

Con el apuro de siempre, se me escapo mandarle mi telefono: *** *** ****. Estare mas libre hoy por la tarde, pues doy clase por la mañana. Gracias por su interes en corregir este trabajo mio.

Sent from my iPhone
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Avispada la chica, piensa uno. Va a Cuba, allí se despacha en los archivos secretos del Ministerio de Cultura y, cuando regresa, dice que el de la Seguridad soy yo.

Las cosas no terminan ahí. Meses después —12 de octubre de 2014— la veo en la primera plana de El Nuevo Herald, una foto desplegada a todo meter de ella lloriqueando mientras escucha el relato sobre uno de los colaboradores de los alzados del Escambray al que despojaron de sus bienes (aunque le devolvieron el caballo) por sus actividades fuera de la ley. Malditos comunistas.

Y entonces pienso, oh, pero si la chica es además admirable. Y creo correcto dar marcha atrás. Alguien que esté dispuesto a perder la confianza del Gobierno cubano y no empatarse nunca más con información altamente clasificada debido al temerario hecho de aparecer a moco tendido frente a las cámaras por reivindicar históricamente a un guajiro sin tierra (pero con caballo), merece mi perdón.

Me parece incluso excelente aquellas latas de manteca atiborradas de arroz con carne de puerco tapadas con un grasoso papel de cartucho que el ciudadano campesino contrarrevolucionario le dejaba en un cayito de monte a la banda de Tomás San Gil para que lo recogieran. Barriga llena, alzado contento. Y dispuesto a barrer a cualquier rojo que se les apareciera por delante. Aunque el tal rojo hubiese sido yo mismo.

Desde luego, queda siempre la angustia de que te está tomando el pelo. Al menos, si toda la información que ella proporciona a sus lectores, tiene la veracidad de la que ha vertido sobre mí, los lectores son objetos de una burla, o peor, de la ignorancia. Y si no, ¿cómo pueda ella garantizarme que el caballo lo devolvieron con la montura y que lo traía un funcionario del Partido agarrado por las riendas, para no montar una bestia ajena? Ummm, como diría mi viejo amigo Raúl Rivero.

Elevad la vista ahora —tres párrafos arriba, por favor— al final, donde dice “merece mi perdón”. Pues sí, ya estaba perdonada, e incluso olvidada, cuando conozco que, en el instante que escribo este texto —16 de marzo del 2015, a las 4.46 PM—, la valerosa académica Guerra termina de preparar sus maletas y se dispone a tomar su avión hacia La Habana, mañana, martes 17 de marzo del 2015.

Ah, recórcholis —como dirían en Lorenzo y Pepita y el señor Mota, el padre de La Pequeña Lulú, y también el poeta Raúl Rivero— pero entonces los comunistas no son tan malos, y tú puedes llorar todo lo que tú quieras por sus desmanes (llanto por un bandido se llamaría eso en mi época de efervescencia revolucionaria; y ahora, como todos sabemos y apoyamos, sería llanto por un patriota) y me la juego que allá te esperan tus amiguitos del piso 12 de la Biblioteca Nacional, donde se atesora la preciada información confidencial del sector cultural, loquitos —me imagino— por ver la pacotilla que les llevas, aunque, eso sí, siempre bajo el rubro de “donación”.

A lo mejor, con suerte, te dan hasta el video del fusilamiento de Ochoa. Pero, para eso, creo que debes dirigirte al antiguo despacho del Presidente Raúl Castro, que es donde se guardan. No más cruzar la Avenida Paseo y ahí tienes el edificio. Ojo: que el portero o guardajurado de la Biblioteca te deje pasar, no significa que el guardia con el AKM terciado actúe igual en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Bien, pues, ¿cuándo tú regresas, preciosura? Será esa la hora de esconderme por un buen rato. Veremos de qué me acusas ahora. El oficial de la Seguridad del Estado que te atiende, ya te lo impondrá. ¿Qué quién me dijo que te atendía un oficial de la Seguridad del Estado? La misma fuente tuya, o de igual naturaleza, y que nadie serio pondría en duda.

martes, 27 de enero de 2015

¡Esos hermanitos!


No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos…

El Presidente de Cuba ha dado los pasos pertinentes de acuerdo a sus prerrogativas y las facultades que le conceden la Asamblea Nacional y el Partido Comunista de Cuba.

—carta de Fidel a la Federación de Estudiantes Universitarios, 26 de enero 2015

… y yo no creo nada.

Fidel, Raúl:

¿Qué quieren? ¿Qué están buscando?

viernes, 23 de enero de 2015

El color que cayó en Key West

…los oscuros bosques se aclaran y el erial muere a orillas de unas aguas azules cuya superficie refleja el cielo y reluce al sol. Y los secretos de los extraños días se funden con los secretos de las profundidades; se funden con la oculta erudición del viejo océano, y con todo el misterio de la primitiva tierra.
                       —H.P. Lovecraft


Invitación

VICENTE DOPICO LERNER
Su obra

Se presenta actualmente en Gildea Contemporary Gallery
522 Southhard street, Key West, Forida, 33040/tel 305 797 6485

miércoles, 21 de enero de 2015

Duelo de titanes

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De: "Rafael Del Pino"
Para: "Norberto Fuentes"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 8:03:34
Asunto: Duelo de Titanes

Se miraron fijamente como Gary Cooper y Burt Lancaster en Veracruz. Ambas tarjetas de crédito listas para ser disparadas hasta que el mas debil desenfundó primero.

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De: norber
Para: "Rafael Del Pino"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 13:59:19
Asunto: Re: Duelo de Titanes

¿Cómo que ambas tarjetas de crédito?

martes, 20 de enero de 2015

El compañero Silito

Dados los acontecimientos de los días recientes y de hallarnos en las vísperas del pleno restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, lo que yo he dado en proclamar como “la guerra ha terminado” (sí, una parodia del último parte de Franco para anunciar el fin de la Guerra Civil Española, y también título de la preciosa película de Alain Resnais, con Yves Montand e Ingrid Thulin y el guión de Jorge Semprún en su buena época), el fallecimiento hoy, 20 de enero de 2015, en West Palm Beach del brigadier general Francisco Tabernilla Palmero, que fuera el jefe de la Casa Militar del Presidente Fulgencio Batista y de la fuerza de élite de su ejército, la División “Alejandro Rodríguez”, me parece algo más que un requerimiento cuasi obligatorio para un hombre de 94 años: es decididamente simbólico.

Hace más de 10 años escribí un libro (duerme en una de mis gavetas) sobre los últimos días de Batista o lo que serían las vísperas de la Revolución Cubana. Silito, apenas una llamada de mi parte, fue mi más entusiasta colaborador. Luego mantuvimos la amistad. Incluso hasta una vez me presenté en su casa con el general Rafael del Pino. Pasamos la mañana y un almuerzo formidable. Yo, gozando. Dos generales de fuerzas enemigas al final del servicio en un restaurante “latino” de West Palm Beach mirando hacia el techo a ver cuál de los dos se hacía cargo de la cuenta. Bueno, ese es un cuento que se hará en su momento. No voy a gastar todas las balas aquí.

El texto a continuación es uno de los capítulos del libro engavetado. Tampoco lo reproduzco completo. Sigo ahorrando parque. Sí, la reserva de municiones es importante. Tampoco he cambiado una tilde ni actualizado las fechas. Se trata, en todo caso, de rendir homenaje a alguien que aprendí a querer y a respetar y que me acabo de enterar de su partida . 94 añitos. Está bien, Silito. Largo fue tu viaje.


El principio del fin. Todo comienza un 14 de marzo. Cuando los americanos le fallan a Batista. El general «Silito» Tabernilla Palmero ofrece esta perspectiva desde su refugio en Palm Beach, Florida, a 41 años de los acontecimientos.

Cuando el entrevistador se encuentra con él, en mayo 29 y luego en junio 24 del 2000, y más tarde el 23 de febrero de 2002, ve un hombre de mediana estatura, de mirada compasiva y que ha sobrepasado su tiempo de haber sido cubano, puesto que 41 años después de que llegara a Estados Unidos es razonable rendirse ante la evidencia de que ha estado más años bajo el pabellón americano, el que una vez fuera el extranjero. Se demoraron nueve años en otorgarle la ciudadanía al antiguo general del Ejército Constitucional de la República de Cuba y estuvo bastante tiempo bajo vigilancia policial –«los federales»–, para evitar cualquier participación suya en una jugada contra Fidel Castro. Era la época en que la CIA –primero la CIA– decidió hacerse cargo de todo el operativo cubano, hasta 1967 en que Lyndon B. Jonson cerró el operativo «JM Wave» de Miami y pasó el liderazgo –que mantiene hasta hoy– de la actividad cubana al Departamento de Estado.

Tiene la misma casa que compró cuando llegó a esta apacible ciudad en enero de 1959 y ahora casi todos los batistianos de sus alrededores han muerto, pero él goza visiblemente de una dulce y suave salud, y se mueve a su gusto por los vericuetos y serenas calles de este pueblo de gringos multimillonarios retirados y viste aún con una fajilla militar de enganche metálico –«el vicio del kaki»– mientras se destaca como activista de la iglesia católica más cercana. Tuvo un buen negocio hace años, asociado con viejos amigos suyos generales del Ejército Americano. Montó una academia militar que era una de las únicas nueve con franquicia auténtica del Pentágono y que funcionó sin contratiempos hasta que comenzaron las protestas por la guerra de Vietnam y los hippies llenaron las calles. Tal parece que siempre hay una banda de jóvenes barbudos y con melenas que se disponen a atravesarse en el camino del general «Silito» Tabernilla, porque la academia debió cerrar a tono con los aires de los nuevos tiempos en que evidentemente la sociedad se liberalizó al punto de que a ningún padre de familia de la clase media gringa se le ocurría mandar un hijo a disciplinarse como un prusiano cuando la moda que se imponía era la indisciplina sazonada con chupaditas de marihuana. Por lo que entonces se dedicó a su último negocio, el que le duró hasta que se retiró a los 75 años de edad: la construcción. Para esa fecha, Batista y su padre ya habían muerto. El viejo «Pancho» un poco después de Batista. Murió de tristeza, dice «Silito». «El viejo murió de tristeza. Y con sólo 800 dólares en el banco.»

De izquierda a derecha: Norberto Fuentes,
"Silito" y Rafael del Pino.
 Este es el hombre que el entrevistador ve y para el que «Silito» ofrece, sin que se le altere uno sólo de los músculos de su rostro, con la compasión que parece ser permanente en sus observaciones, la declaración de que Batista era un hombre muy difícil. ¿Cómo era realmente Batista? Francisco Tabernilla dice que «Muy difícil». Repite: «Batista era un hombre muy difícil, chico.»

Sobre la famosa lista de los elegidos para salir del país dictada por Batista el 22 de diciembre de 1958, «Silito» dice que se le pasó, manuscrita, a su ayudante, el capitán Martínez, que era mecanógrafo y le solicitó que la pasara en limpio. Al parecer, Martínez no hizo correr el rumor. «Aunque se daba cuenta de lo que estaba pasando y de lo que esa lista significaba. «Silito» aún cree, y está orgulloso de ello, que su ayudante «no filtró nada», porque nunca le reportaron en ese sentido. «Un compañero muy responsable.»

«¿Compañero?», le pregunta uno creyendo que ha tomado la expresión de la fraseología revolucionaria al uso en Cuba desde 1959. «No», dice. «No es vuestro invento. Así era. Así nos tratábamos. Nosotros. ¿O qué otra cosa somos en el Ejército, sino compañeros?»

Una hermandad que probablemente sólo existe en sus recuerdos más remotos, él sigue identificándola con algo que llama «la enfermedad o vicio del kaki.» Y la evoca: «Eso te pasa cuando llevas unos años en el ejército, te entra la enfermedad del kaki, sí, como un vicio, por eso la derrota es lo peor que le puede pasar a un militar, porque casi siempre los ejércitos derrotados son disueltos y ya más nunca te empatas con el uniforme y los viejos compañeros.»

Y repite: «Compañeros. Así era como nos llamábamos en el ejército. ¿Qué otra cosa éramos sino compañeros? Hasta esa palabra, esa forma de llamarnos, nos lo ha quitado la Revolución.

»Chico, qué jodido es todo esto.»