viernes, 10 de julio de 2020


sábado, 9 de mayo de 2020

Awop-Bop-a-Loo-Mop
Abop-Bam-Boon



Si Elvis es el rey del Rock and Roll, yo soy la reina.
—Richard Penniman, conocido universalmente como Little Richard
5/12/1932 - 9/5/2020

lunes, 27 de abril de 2020

Polaroid


¡Silvio de nuevo! (A petición popular.)

Recuerdo que fue por la tarde y que yo acababa de regresar de mi primer viaje a los Estados Unidos en más de 22 años. En mayo de 1983, invitado por Sandra Levinson, había ido a Nueva York para dar unas conferencias sobre Hemingway. El viaje anterior, el de los 22 años antes, había sido a Miami a mediados de 1960, como acompañante de mi viejo en uno de sus negocios mafiosos o de publicidad. Esta tarde de la instantánea Polaroid, es evidente mi desembarco desde USA debido a esas gafas que parecen sostener, sobre el tabique de mi nariz, dos pantallas de televisores Motorola. Entonces me encuentro con Silvio, de carro a carro (se puede decir de Lada a Lada), en una calle de Miramar y lo invito a un café en la buhardilla que tengo con una mujercita y que estoy tratando de convertir en un apartamento. El entorno es aún deslavado, y donde la mujercita, diestra, resuelve la escasa capacidad de almacenamiento de ropa con una reserva de percheros que cuelga de cualquier pestillo o clavo. Pero una poderosa video grabadora Sony —fuera del encuadre de la Polaroid— está frente a las rodillas del cantautor, y hay una estiba de videos de formato Betamax (los de moda entonces) con cuanto concierto o películas de Elvis se hayan producido, inevitables dentro de mi equipaje al regreso del imperio después de tantos años de ausencia. Y tengo la poca delicadeza de someter a Silvio al suplicio de no sé qué cantidad de tiempo obligado a compartir mi fascinación por el King. Él aguantó a pie firme, la verdad. Silvio había sido el dibujante de El Hueco, una de las historietas del suplemento semanal de Mella, total creación mía —como ya he declarado varias veces en los últimos tiempos—, al que contribuía además con los guiones. Silvio dibujaba y a la vez aprendía a tocar la guitarra bajo el magisterio de Fundora, uno de los coloristas, y cantaba un rock titulado “Los Fantasmas” y todo ocurría en la única estancia con aire acondicionado de la publicación que era el departamento de diseño. Entonces, no sé cómo (o cómo Silvio se las arregló para sustraerme de la hipnotización de Elvis), la atención se desvió hacia la nueva modalidad de vida que los artistas cubanos estábamos disfrutando desde principios de los 80, que era poder viajar, cada vez con más frecuencia, al extranjero.

Y, como por gravedad, caemos en el asunto de los derechos de autor, es decir, en el de los billetes que se supone devengaríamos por nuestras obras pero que el Ministerio de Cultura se embolsaba sin miramientos si de divisas extranjeras se trataba y que a nosotros nos devolvían —¡vaya correspondencia!— en lo que llamábamos chavitos —pesos cubanos (ni siquiera CUC, que en esa época no existían, desgraciada generación la nuestra). Silvio, casi como en un lamento, me pregunta, ¿por qué no nos dejan manejar y disponer de nuestro dinero? Avispado el cantautor, la verdad, o al menos así yo lo vi aquella tarde. Empecemos ahora por despotricar —es una acción en diferido, en realidad— de nuestro principal verdugo económico, un personaje llamado Miguel Cossío Woodward, el funcionario a cargo del malévolo CENDA (Centro Nacional de Derechos de Autor) encargado de cobrar nuestras divisas y sabe dios cuánto se echaba en sus bolsillos durante las transacciones. A mí, por lo menos, me esfumó una porción del adelanto de Hemingway en Cuba en un viaje que hizo a las Bahamas creo para cobrarlo de manos de Lyle Stuart, el editor gringo. Me apresuro en declarar que no estoy hablando de un funcionario comunista que vive en Cuba y al cual hay que aplicarle —o es elegible para— los tortoles de todas esas leyes que tienen los americanos para este tipo de personajes de la nomenclatura castrista. Hace mucho que abandonó su puesto de agregado cultural de la embajada cubana en México y es un oscuro profesor no se si de literatura o de gramática española en un colegio privado de poca monta. Bueno, qué decirles. Que al final Silvio ganó esa bronca. Y es quizá hoy, según se dice, millonario. Y pienso que si hay un millonario cubano que se merece retozar sobre su montaña de monedas de oro como Rico MacPato es nuestro Silvio. (Era uno de nuestros personajes favoritos de cuando hacíamos las historietas de Mella. Ese Rico MacPato no creía en acumulación originaria ni un carajo. Lo de él era encaramarse allá arriba, en el último nivel de un rascacielos que era una especie de caja fuerte colosal repleta casi hasta el techo de monedas de oro y zambullirse en su fortuna.) Así es como me gusta imaginarme a nuestro emblemático músico. En la gozadera. Chapaleteando entre sus doblones.

sábado, 25 de abril de 2020

Lo mío es las almohadas

 
“Los perros no se andan con protocolos. Ellos te aceptan como tú eres. No actúan de mala gana. Son felices criaturas que viven en su momento. Dios quiere que nosotros vivamos en nuestro momento. Los perros nos enseñan cómo hacerlo.”
—el rabino Gadi Capela, de la Congregación Tifereth Israel, Greenport, Nueva York, a Susan Lehman, The New York Times, 24 de abril de 2020.

[“Oye, papá, déjame dormir tranquilo. No jeringues más con ese móvil. Así no hay Dios que pueda ser feliz.”]
—transcripción telepática de los pensamientos del can llamado Jerry Lee Fuentes en diversas ocasiones de los últimos tiempos.

viernes, 17 de abril de 2020

Primera imagen de una batalla


Esta es la única copia que existe. Muchos negativos y fotos se perdieron en la vorágine de los años 60. Pero ésta es la primera de la batalla. Un episodio que los cubanos identifican como batalla de Playa Girón y los americanos como el fiasco de Bahía de Cochinos. La foto fue tomada hacia las 8 de la mañana del 17 de abril —un día como hoy, hace 59 años, de cielo igual de despejado y una temperatura pasable—, a unos 20 kilómetros de Playa Larga. Está confirmado por su autor, Ernesto Fernández, entonces de 21 años de edad y bisoño fotógrafo del periódico Revolución. Los B-26 invasores —procedentes de Bluefield, Nicaragua— acaban de efectuar un martilleo rasante sobre la zona, para dar cobertura al lanzamiento de la primera compañía de paracaidistas. El desembarco ha comenzado unas cinco horas antes y ya la Brigada 2506 se ha posesionado de Playa Girón y Playa Larga. El primer teniente Antero Fernández Vargas, jefe del puesto militar de Jagüey Grande (5 kilómetros al norte del lugar de la foto) ha recibido de alguna manera (ya nadie sabe cómo se lo informaron) la noticia del desembarco y se las ha agenciado a través de un viejo teléfono de magneto para que se la comuniquen al Puesto de Mando de Fidel, en La Habana. Está también confirmado que Fidel recibió la noticia a las 03.29 am. En el llamado Punto Uno. El teniente Antero reúne una veintena de milicianos y soldados bajo su mando, espera a que aclare un poco y los monta en un pequeño ómnibus y un automóvil y sale “a averiguar qué pasa” en Playa Larga. Al llegar a este sitio —conocido como Los Alpes (repito, 5 kilómetros al sur de Jagüey Grande y 20 al norte de Playa Larga)—, ve un par de B-26 que se aproximan en vuelo rasante y se apea de la cabina de su automóvil, fusil checo M-52 en mano, y se enfrenta a los monstruos —"palo a palo" como dicen los cubanos—, y tiene tiempo para disparar las 10 balas de su cargador, hasta que un proyectil perforante calibre 50 de las 8 ametralladoras de proa del avión le impacta de refilón en la cabeza. Pocos minutos después, el fotógrafo Ernesto Fernández, a bordo de su vagoneta VW con el emblemático rótulo rojo del periódico Revolución en sus costados, llega al lugar. Es el primer fotógrafo que se presenta en el teatro de operaciones. El primero por casi 6 horas de ventaja sobre los demás. Lleva en la carretera, desde La Habana, unas tres horas. El asunto es que Carlos Franqui, director de Revolución, es el tercero en La Habana que recibe la noticia, porque Celia Sánchez, la conocida ayudante de Fidel desde la guerrilla de Sierra Maestra, lo ha llamado. Franqui sabe que tiene un fotógrafo de guardia en el cuarto oscuro para cualquier eventualidad: Ernesto Fernández, que descabezaba un sueñito en el suelo, cerca de la ampliadora, cuando Franqui lo impone de la noticia y le dice que se lleve la guagüita VW y a al chofer Orestes Cardoso. Ahora Ernesto está en la carretera y los B-26 ya le han pasado por arriba —a él también, aunque no le han hecho fuego— y saca su Nikon de estreno y toma la fotografía. No quiere acercar el lente a la cabeza abierta de Antero, para que la foto sea publicable. El teniente ha caído con la región del cráneo abierta contra el pavimento. El espeso rastro de sangre cruza la carretera y es pavoroso. Ernesto conocía al teniente de sus recorridos con Fidel por la Ciénaga de Zapata, desde el principio de la Revolución, puesto que Antero era el jefe militar de mayor graduación en el territorio, y debía acompañar al Comandante en Jefe. Pero no sabe en este momento que se trata de Antero, que ése es el soldado que tiene muerto a sus pies. Una vez Ernesto lo retrató en el recorrido de Fidel con Sartre. Es el joven militar de bigotito que sonríe detrás del filósofo francés en una foto de aquel recorrido.


Fidel invita a Sarte a un recorrido por la Ciénaga de Zapata. Es en marzo de 1960 y nadie puede prever aún que una brigada (según la composición de las Fuerzas Armadas americanas) va a desembarcar por esta zona con el objetivo de destruir la Revolución cubana. El teniente Antero Vargas es el militar que sonríe un tanto paternalmente mientras mira a Sartre. Estamos en un lugar que se llama La Boca, que lleva hacia un paraje llamado Laguna del Tesoro en el interior de la Ciénaga, donde Fidel lo único que ha hecho de cierta relevancia hasta ahora es cazar cocodrilos con un fusil belga FAL. El mismo Fidel ha mandado a construir esta carretera el año anterior, apenas al triunfo de la Revolución. Conduce desde el pueblo de Jagüey Grande hasta Playa Larga y luego a Playa Girón. Un poco más arriba de este sitio de la foto se encuentra el lugar llamado enigmáticamente Los Alpes, donde Antero le va a presentar combate con su fusil M-52 a dos bombarderos ligeros B-26 en vuelo rasante.

Ernesto Fernández en la carretera Playa Larga-Playa Girón, abril 18 de 1961.



martes, 14 de abril de 2020


domingo, 12 de abril de 2020

Escritor enclaustrado

Sabiduría

Aquí están las cinco reglas para hombres que deseen llevar una vida feliz. Están inscritas en la lápida de Rusell J. Larsen. Mr. Rusell murió y fue enterrado en Logan, Utah, sin llegar a imaginarse nunca que la lápida sobre su tumba ganaría —67 años después de su muerte— el concurso de la Lápida más Jodedora (¿alguien tiene una mejor traducción para “coolest”?).


Lápida de Rusell G. Larsen
Cementerio de Logan City, Logan, Utah


ES IMPORTANTE TENER UNA MUJER QUE AYUDE EN CASA, COCINE DE VEZ EN CUANDO, LIMPIE, Y TENGA UN EMPLEO

ES IMPORTANTE TENER UNA MUJER QUE TE HAGA REÍR

ES IMPORTANTE TENER UNA MUJER EN LA QUE CONFIAR Y NO TE MIENTA

ES IMPORTANTE TENER UNA MUJER QUE SEA BUENA EN LA CAMA Y QUE LE GUSTE ESTAR CONTIGO

ES MUY, MUY IMPORTANTE QUE ÉSTAS CUATRO MUJERES NO SE CONOZCAN ENTRE SI O PUEDES TERMINAR MUERTO COMO YO


El Viejo Oeste 

Aquí está la especie de autocrítica colectiva de un pueblo gringo (no lo tengo ubicado). Imaginad el confort del pobre George de haber leído la inscripción sobre su tumba.


AQUÍ YACE
GEORGE JOHNSON
AHORCADO POR
ERROR
1882
ÉL TENÍA RAZÓN
NOSOTROS
NOS EQUIVOCAMOS
PERO NOSOTROS
LO COLGAMOS
Y AHORA ÉL
SE FUE

Monorquideo

A tenor de la historia de este infeliz de la lápida anterior, recuerdo un cuento que me hacía el viejo, nunca determiné con certeza si horrorizado o burlón. El tono excesivamente compasivo de su voz era una fuente alarmante de sospecha. En un hospital —uno gringo, of course—traspapelaron las asignaciones de dos casos de cirugía: una extracción de apéndice y una extirpación de un testículo. Y practicaron en un paciente lo que le correspondía al otro. Y viceversa. ¡Y viceversa! Imagínense (el viejo me hacía ver todo el cuadro como si fuera una película) el momento en que el imponente Dr. Crawford, desplegado en su impoluta bata blanca, se presentaba a la vera de la cama de post operatorio y, satisfecho, profesional, le comunicaba a su paciente, aún conectado a un enjambre de tubos: “Mister Jones, la intervención ha sido un éxito. Ese huevito suyo no le dará más problemas.” “¿Huevito?”, preguntaba, espantado, Mister Jones. “Sí, su cojón izquierdo, me refiero, Mister Jones”, continuaba, impávido, el Dr. Crawford, según continuaba a su vez el cuento de mi viejo. “Cortamos y limpiamos casi hasta la zona del ombligo, pero por dentro. Siempre hay que profundizar, usted sabe, Mister Jones...” Biiip biiiipbiiiip… “¿Mister Jones?” Biiiip…. Biiiip… “¡Mister Jones!” Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip

LO CORTAMOS
Y AHORA
NO ESTÁ

¿Actualidad del guisopo?

Una nota en Granma (primera plana del 5 de febrero de 2020) debió llenar de esperanzas y de buenos augurios el espíritu de todos aquellos ciudadanos que disfrutan de un buen baño y luego embadurnarse las axilas de desodorante y poner punto final al refocile higiénico con una buena tunda (¿tanda?) de talco en cuanta verija haya que mantener fresca. Vean este titular. Es de competencia en los Pulitzer:

Prevén para abril estabilidad de productos de aseo y pollo en Cuba, dice Ministra de Comercio Interior

Y, de inmediato, la locuacidad del bajante:

              La Ministra de Comercio Interior afirmó que prevén que en abril
              se estabilicen los productos de aseo y el pollo en la red comercial.

Me dio por conservar este recorte quizá por una corazonada. Aunque era firme el propósito de burlarme de la redacción de Granma. Ponerme a darle fuerte a los encargados de abastecer a la ciudadanía de estos artículos de primera necesidad, no estuvo nunca entre mis propósitos. Mis fieles lectores (creo que llegan a siete) saben que yo no soporto los lugares comunes. Pero hete aquí, de pronto, que viene la pandemia, y lo primero que desaparece de los iluminados anaqueles en los deslumbrantes supermercados del imperio donde vivo, son las estibas del bendito rollo. Entonces ocurre que, en este país —gran país, enfatizo— cunde el pánico. Y no por la propagación acelerada del virus asesino. Sino porque la disyuntiva es terrible: aguantar como un bestia, con el gollete apretado, hasta que te enteres por el móvil que la rastra Mac con los suministros del preciado papel ha llegado al Publix, o lo otro, que es peor, esperar por la dichosa rastra sentado en la taza—paciente, sufrido, quizá uno o dos días, y con la materia residual que se va secando como concreto en lo que el tripulante de un submarino portamisiles atómico llamaría la escotilla de lanzamiento. ¿Se acuerdan del grito en Cuba que retumbaba por toda la cuadra cuando el Zil de la Empresa de Acopios se detenía, resoplando como un búfalo, y con el cargamento de algunos de los tubérculos de nuestra eterna dieta, y se escuchaba aquel espléndido: ¡Llegó la paaaaaapaaaaa!? Claro, la situación de los barrios cubanos del sur de la Florida, sobre todo de Hialeah, es la de la habitual alternativa criolla, que se produce del siguiente talante, en un diálogo que salta desde el baño (donde está “viejo”) hasta la sala o la cocina (donde está “vieja”):

(Sonidos de nerviosos trasteos desde el baño)

“Vieja…. ¿Y el papel higiénico?”

“Viejo, ¿tú no sabes que se acabó?”

“¿Cómo que se acabó, vieja? ¿El del osito?”

“El del osito y el de la nubecita y todos los demás.”

“No me digas eso… Con la cara de felicidad que me ponen al oso en la tele cada vez que se limpia… ¿Y tú me quieres decir ahora con qué se va a limpiar el cabrón?”

“Coge una Bohemia, viejo, anda.”

“¡Vieja, por favor, ¿tú no sabes que aquí no hay Bohemia?!”

“Bueno, viejo, coge el Jeral, que para el caso es lo mismo.”

Instantes de silencio, de reconsideración. Vuelve “vieja”:

“Y oye, viejo, no lo eches en la taza. Que se traba.”

“Vieja, estaba pensando…“

“¿Tú me estás oyendo, viejo? ¡Que el Jeral se traba!”


Una propuesta en The New York Times, siempre tan razonable

El asunto vuelve a ocupar una primera plana, ahora del coloso de la prensa mundial en su edición del 1 de abril del 2020.