miércoles, 22 de agosto de 2018

El Caso Padilla: la verdadera historia

Norberto Fuentes publica un libro sobre lo ocurrido durante la autocrítica del poeta Heberto Padilla en la UNEAC. La lectura de Rui Ferreira.



Lisboa.- Casi 47 años tuvimos que esperar para saber realmente lo que sucedió aquella noche del martes 27 de abril de 1971, en que Heberto Padilla decidió hacer una autocrítica en el local de la Unión de Escritores en La Habana. Y digo decidió porque, como queda claro en Plaza Sitiada, el nuevo libro de Norberto Fuentes, ha sido —¿fue?— un monólogo inicial que él, Padilla, presentó como voluntario y nunca tuvo el valor de admitir públicamente que fue presionado, seguido de un desastroso diálogo donde los voluntarismos (y lo digo por el imperante ambiente de “sálvense quien pueda”) lo transformaron en un intercambio en el cual Padilla dejó establecida una dudosa incertidumbre bajo el capote de militante intelectual; y que no fue más que un episodio llano, sobre el cual muchos de mis viejos amigos en la capital cubana todavía miran con cierta vergüenza revolucionaria, pero también con incredulidad. Hay cosas en la vida que no se dicen jamás, ni aún bajo la presión leninista.

Todas estas interioridades vienen de la mano del mayor de ellos: Norberto Fuentes. Aunque en el exilio, (y yo sé que hubiera deseado haberlo escrito adentro) en el libro Plaza Sitiada, “Norber” deja sentado que todo el proceso de la autocrítica de Padilla no fue más que el “mayor acto público de cobardía que registre la historia de Cuba”. ¡Y qué se levante el primer cubano que se considere un cobarde! Aquí o allá.

Es cierto. Nadie. Y de buen ánimo o voluntad, no se puede decir que la revolución cubana ha sido cobarde o temerosa. Equivocados o no, lo cierto es que sus dirigentes, en particular Fidel Castro, lograron llegar a donde quisieron y ningún intelectual pudo colocarlos a la defensiva, porque la revolución siempre supo estar un paso más allá. Lo admite el propio Padilla en la carta que le escribió a Fidel Castro, el 5 de abril de 1971, desde “Villa”.

“Yo no quería, incluso, que mi verdad fuera lo que realmente era. Yo prefería mi disfraz, mi apariencia, mis justificaciones, mis evasivas. Yo me había habituado a vivir en un juego engañoso y astuto. Yo no me atrevía a confesar lo innoble, la injusticia, lo indigna que era mi posición. Me faltaba realmente valor para hacerlo, pero al fin logré sobreponerme y puedo exponer con absoluta crudeza los verdaderos móviles de mi conducta, la falsedad de mis alardes críticos y de mi propia vida en la Revolución”.

Este nuevo libro de Norberto Fuentes tiene esa particularidad de contarnos lo que realmente pasó, sin que realmente le importe lo que piensan de él. (Me refiero al autor).

Lo importante es que habla de un incidente, bien puntual, de la revolución, que estuvo por décadas rodeado de misterio, pero que ahora acaba de resurgirnos como algo tan sencillo que muchos de nosotros, seguramente, nos preguntamos cómo no se nos ocurrió antes.

Norberto ha logrado con Plaza Sitiada, y no me propongo aquí hacer una crítica literaria, (aunque debo subrayar la forma en que describe el ambiente intelectual en esa época y que condujo al llamado “Proceso Padilla”) sino llamarlos a que lo lean, y constatar cómo logra dar el paso de periodista a historiador, sin dejar perfectamente establecida su postura de protagonista.

Lo importante: no se disculpa ni tiene porqué hacerlo. Estaríamos todos muy jodidos si le pidiéramos eso.

Pero como sabe de lo que habla, es duro. “No hay mejor desmentido a las memorias de Padilla (se refiere al libro de Heberto titulado La Mala Memoria) que la autocrítica de Padilla. Memorias que a su vez pretendieron ser el desmentido (aunque diferido) de su autocrítica. La clásica fórmula literaria de la serpiente que se muerde su cola, y en este caso, se autodevora”, enfatiza Fuentes en Plaza Sitiada.

Lo bueno del libro es que su autor no reniega de su pasado de protagonista, de sus momentos. Lo otro, aún mejor, es que deja establecida su verdad que, por décadas, la han vilipendiado por no escucharlo. Porque esa noche en la Unión de Escritores lo cierto es que fue el único que se asumió como revolucionario en medio de una pléyade de mudos y balbucientes. Todos terriblemente asustados.

Colgado por Rui Ferreira en CUBAENCUENTRO el 15 de agosto de 2018. Los dos fotogramas proceden del filme restringido de la noche de la autocrítica de Padilla.

Jota Jota cruza el Atlántico


(…) leo en los ratos libres de la FIL [Feria Internacional del Libro] de Lima un libro que aclara todos los errores y malentendidos del llamado “caso” Padilla, aquel poeta y amigo que cayó en desgracia en los años grises del castrismo. Muchos años después, y escapado del pelotón de fusilamiento, y cuando se retira de la Constitución cubana el término más hermoso, demoníaco y terrible de su texto (comunismo), Norberto Fuentes aparece en público con Plaza sitiada: ahí tienen ustedes, en esas páginas, historias e historias y muchas más historias, detalles, detalles y muchos más detalles, hasta los más secretos, aquel episodio lamentable que dura hasta hoy, lleno de reconcomios, andamiajes de enemistad y reconfortes de todo tipo.

“Lima entre libros” publicado por J.J. Armas Marcelo el día 2 de julio de 2018 en El Mundo (España). El recorte de Revolución del 14 de diciembre de 1959 es del archivo del autor.

miércoles, 25 de julio de 2018

Plaza sitiada

Estoy anunciando la publicación hoy de mi libro con toda la historia del famoso caso Padilla y mi intervención en este episodio de 1971, un volumen en el que además de mis memorias y del testimonio de participantes hasta ahora en las sombras, expongo una significativa cantidad de documentos inéditos que estuve recolectando durante años, incluidos informes y análisis de la Seguridad del Estado cubana, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de las cancillerías chilena y británica y bien reforzado este material con fotografías y facsímiles.

Es el tercer libro que me publica Cuarteles de Invierno, bajo la advocación de Pedro Schwarze.

La edición impresa se encuentra disponible en Amazon.

En los próximos días aterriza en Altamira Libros, de Coral Gables.
219 Miracle Mile
Coral Gables, FL 33134
Tel: (1-786) 717 5093

El proceso se conoce como caso Padilla y tuvo lugar en La Habana. En este libro, el narrador cubano Norberto Fuentes nos entrega su testimonio de aquellos días —en 1971— del arresto y posterior “autocrítica” del poeta Heberto Padilla, un episodio que todos los autores coinciden en señalar como el fin de la luna de miel de la intelectualidad occidental con la Revolución Cubana y, especialmente con su líder, el aún hoy mítico Fidel Castro. Un punto de giro tan dramático como insoslayable en la historia del comunismo cubano y del que Norberto Fuentes, precisamente, fue uno de los principales involucrados, pero sobre lo cual decidió guardar un inquebrantable silencio hasta el presente, cuando cree llegado el momento de “poner las cosas en su lugar”. Algo más que el testimonio de aquel episodio: este libro es también el retrato de un joven artista y su aprendizaje como escritor en una revolución.

lunes, 23 de julio de 2018

¿No eran siete las
maravillas del mundo?


Dice la doctora Niurka de la Torre, médica y sicóloga y que ejerce además como mujer mía, con absoluta resolución y sin que nadie se lo pregunte, out of the blue (como dicen los gringos), que las dos cosas más maravillosas del mundo —fíjense bien—: LAS DOS COSAS MÁS MARAVILLOSAS DEL MUNDO —y en este orden—, son: el mar y los trenes.

¿Entendieron?

El mar y los trenes.

“Los trenes”, dice. “Tú no sabes de dónde vienen ni a dónde van. Son misteriosos.”

Ningún argumento a favor del mar pese al primer lugar otorgado.

Hecha la declaración, la doctora se retira de la estancia. Va tarareando no sé qué tema de Sabina. Se me va en fade.

lunes, 2 de julio de 2018


miércoles, 9 de mayo de 2018

Beny y el melón

La foto es ajena al asunto que voy a tratar pero no encuentro una mejor con el Beny, que es el que aparece entre Jorge Dávila y yo, con el brazo derecho de Rui Ferreira recostado a su hombro y que es el sujeto de mirada más intensa dirigida hacia el foco de la cámara. Bueno, Jorge Dávila tiene una mirada con intensidad semejante, aunque parece un tanto asustado. O por lo menos descreído. El Beny, no. El Beny está ciertamente concentrado y hasta con una leve dureza de hitman antes de sacar la fuca y volarte los sesos. Y el hombre que ríe, vestido de blanco, es Adolfo Rivero, el más grande teórico marxista de nuestra generación. El fotógrafo es ahora un desconocido. El lugar también. Incluso la fecha. Pero es en Miami y todos somos cubanos exiliados, menos Rui, que es portugués. De los cinco, Adolfo fue el primero que abandonó, aunque no sin antes recibir la absolución de todos sus pecados de joven comunista de manos del ex representante federal Lincoln Díaz Balart, que fue hasta el sofoco de su oscuro apartamento para el menester. Quedamos pues, tres, y quizá cuatro porque hay que contar con el fotógrafo aunque no logremos recordar su nombre. El Beny. Ese fue el que abandonó el juego hoy [mayo 8], según me acaba de llamar Rui para informármelo. Bernardo Marqués Ravelo. 71 añitos y un talento feroz y la garganta blindada de un bebedor insaciable. Yo me divertía con el Beny lo que ustedes no tienen idea. Para empezar, nos prodigábamos todos los insultos existentes en la lengua castellana. Eso, siempre, para empezar. Y uno acudía a él invariablemente en busca de títulos. Una vez estaba haciendo algo sobre Hemingway (que no terminé, como suele ocurrirme) y no me convencía ningún nombre o etiqueta. Requería de la inclusión de tres nombres. Para mí resultaban imprescindibles: Hemingway, Cuba y Finca Vigía. Él, presto, con su desmedida audacia para manejar las palabras, las metió en la coctelera y la batió un poco. Miró hacia el techo y me dijo: “Finca Vigía o el olvido de Hemingway en Cuba”. “Coño, Beny”, le dije. “Eres un bestia.” “La tengo prohibida, Norber”, me dijo. “Prohibida.” “Bestia, bestia.” “Para que me respeten.” Otra vez se me designó para presentar la edición cubana de Crónica de una muerte anunciada, la novela de García Márquez, evento que tuvo lugar a las 12.05 PM del 17 de septiembre de 1981 en una venduta desmontable del Palacio de las Convenciones de La Habana donde se expendían libros en el transcurso del Encuentro de Intelectuales por la soberanía de los pueblos de nuestra América y mientras uno suspiraba por la novelista catalana Montserrat Roig que andaba paseándose por aquellos pasillos y fue publicado además —con un título de indudable presencia militar: “Una ráfaga de literatura”— en la edición de El Caimán Barbudo de noviembre del mismo año, y tengo anotado al pie del original de mi texto: “El conocido periodista, narrador, ensayista, articulista de fondo, crítico y poeta cubano Bernardo Marqués Ravelo colaboró en la redacción.” Más adelante, un nuevo evento de lectura pública: “El estilo necesario de la violencia”, la esforzada ponencia que desde su origen Reynaldo González, otro escritor cubano, comenzó a llamar “la quitancia de Norberto” presentada y/o leída o/y comenzada a leer a las 10.05 AM del 12 de diciembre de 1984 en el transcurso del Fórum de la Narrativa auspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en el Palacio de las Convenciones de La Habana producida a solicitud del poeta Luis Pavón y, con esta otra nota al calce: “Redacción beneficiada por la colaboración del conocido etc. cubano Bernardo Marqués Ravelo, quien aprovechó una de las jornadas de concepción y escritura para tragarse un melón de la cuota del autor”. ¿Los melones estaban incluidos en la libreta de abastecimientos de aquellos años duros? Pues, sí, señores. Los distribuyeron una sola vez en Ciudad de La Habana en toda la historia de la Revolución Cubana. Y el mío se lo zampó Bernardo Marqués Ravelo, a quien venimos a llorar hoy. Dime, Beny, ¿cómo me está quedando este obituario? El mejor del mundo, muchacho. ¿Eh? Que yo también la tengo prohibida. Prohibidísima.

En las fotos de abajo, en Miami hace años, celebración en reducidísima familia de un cumpleaños de su mujer Rosa (al centro), con mi mujer Niurka y conmigo, ella y yo alternando la posición de la derecha.

viernes, 4 de mayo de 2018

Cassinga


El asalto fue el 4 de mayo de 1978. Lanzaron paracaidistas por la madrugada, los paracaídas quedaron colgando en las matas durante varios días. El Dr. Manuel Fuentes todavía tiene pedazos de tela de camuflaje y cordones no combustibles en su casa de La Habana. Era el campamento SWAPO de Cassinga, a unos 2 kilómetros de la base de blindados cubanos de Tchamutete. Un camino recto de tierra unía las dos instalaciones. Los SWAPO era el movimiento de liberación de Namibia y montaban sus campamentos en la vecina Angola, al norte de su territorio ocupado por Sudáfrica. El regimiento de blindados de Tchamutete era parte del contingente internacionalista cubano. Los angolanos apoyaban a los namibios y se descansaban en los cubanos. Los SWAPO estaban dislocados allí probablemente por la protección de la base. Al Dr. Fuentes le avisaron en su hospital, el “Agostinho Neto”, de Lubango, un hospital civil. Estaba a más de 200 kilómetros. El Dr. Fuentes era un burgués cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959. Así debía aparecer en su expediente. “Origen burgués.” Pero voló de Lubango a Cassinga en un Piper Azteca. Tuvo que regresar por falta de combustible y porque nunca vieron los dos camiones con las luces para señalar la pista. Hasta que aclaró y por fin divisaron el campo. Las SADF —las tropas sudafricanas— cogieron a los namibios entre dos fuegos y los cercaron. Todo el tiempo tuvieron por lo menos un Mirage sobre la zona “dando candela” —según la expresión cubana, en este caso para decir abriendo fuego a tierra. Entraba un Mirage y salía otro. Cuando los namibios trataban de huir, los cogía el fuego del cerco. A las fuerzas que habían helidesembarcado por la mañana, el mando SADF las recogió en los mismos helicópteros Puma esa noche. Pero estuvieron dos o tres días más por la zona, quizá algunos hombres perdidos porque el Dr. Fuentes estuvo por las noches oyendo los Puma a lo lejos y viendo las luces fugaces y las bengalas de los rescates. Unos cubanitos salieron de Tchamutete con las antiaéreas del 14,5. Todos eran de Ciego de Ávila, un pueblo ganadero en el este de la isla, y los Mirage los barrieron. Mataron a catorce. Hubo otros con las manos quemadas de no soltar las cintas de proyectiles en el proceso de alimentación de sus ametralladoras.
El Dr. Fuentes usaba el poderoso anestésico Ketalar, de la Park Davis. Lo primero que hizo fue clasificar y discriminar un centenar de heridos sin salvación. Después debe haber hecho unas 50 amputaciones, todas con los mismos guantes e instrumental. Ningún herido profirió una queja. El Dr. Fuentes aprendió después que nada se graba más en la memoria que el silencio. El día 7 fue que comenzaron a llegar los An-26, los formidables turborreactores de la aviación soviética, para la evacuación y con personal médico militar. El Dr. Fuentes estuvo allí una semana. Le dieron una carta de reconocimiento. En Tchamutete lo que había era un urólogo, un otorrino y un médico general. Los utilizó a todos. Sobre la marcha los enseñó a amputar. A la distancia de un kilómetro y medio se divisaba la colina que llamaban la montaña de hierro, a la vera del camino de Tchamutete, donde estaba el puesto de observación cubano y desde donde enfrentaron a un Mirage. Los cohetes flechas portátiles no sirvieron para este combate. Quemaron como antorchas a unos cubanos que no supieron dispararlos.

ooOoo -----------------------(camino 2 kms) ----------------------------xxXxx
      [Tchamutete]                                                                                  [Cassinga]

                                             mmMmm
                                     [Montaña de hierro
                               con puesto de observación]

El Dr. Fuentes era el único vestido de civil en Cassinga. Llevó algún instrumental desde Lubango. Y su AKM y sus municiones. Lo más molesto eran esas moscas que enseguida ponían larvas en las heridas y los gusanos saliendo en pocas horas. Pero las mujeres SWAPO cantaban sus himnos de lucha y baldeaban las mesas de operaciones y enterraban la carne y los huesos cortados y lavaban la ropa. El Dr. Fuentes nunca regresó a Cassinga. La Revolución Cubana lo consideró suficientemente recompensado con la carta de reconocimiento. Quizá todavía le esté afectando el origen burgués.

Insertada: El cirujano Manuel Fuentes se adentra unos 300 kilómetros en el desierto de Mossamedes (Namibe) desde la base hospitalaria de Lubango, donde cumple su misión internacionalista de dos años. Quiere ver esta reliquia del período Jurásico. Una reliquia viva. Las prodigiosas Welwitschia mirabilis, con una existencia probada de hasta 1 500 años, solo se encuentran en esta franja de terreno fronterizo entre Angola y Namibia. Pese a la pobreza de la imagen, la pose del médico junto al objeto de su exploración es una de las escasas piezas africanas que atesora. Él todavía vive en La Habana y hoy es el 40 aniversario de la masacre de Cassinga. Nadie ha tocado en su puerta.