domingo, 24 de noviembre de 2024

El reposo del guerrero


Ahí lo tienen. A pleno sol. Pero en un lugar no revelado. Not disclosed location, como le encanta decir a los yanquis cuando se ponen en plan de periodistas misteriosos. Pero hay que cuidarlo. Es un tesorito de nuestra historia reciente. Historia de un país dividido en dos orillas enconadamente irreconciliables, y alimentada por un mismo grupo poblacional cuyos ánimos de combate cambian según el lugar donde se encuentren. Es decir, son los mismos que vociferaban allá —la orilla al sur, me refiero— cuando montaban sus actos de repudio en el Comité de Defensa de la cuadra, que los ahora patriotas de acá —la orilla del norte— cuando trasmutan la gritería en el discurso contrario. Y en el medio de todo esto, mi amigo Alcibíades Hidalgo. En el medio de verdad. El epicentro, digamos. Lo mismo amenazado de muerte por La Habana que cubierto de insultos por las tropas dislocadas en las aceras próximas al restaurante Versailles (a falta de la Plaza de la Revolución, nada mejor que la proximidad de un expendio de croquetas, pastelitos de guayaba y cafecito criollo).


«Hace 22 años se hacían encuestas», me dice Alcibíades —referente a una imagen que se adjunta— en un Gmail desde el lugar no revelado y donde se ha tumbado a sol. Ni La Habana logró matarlo ni las huestes de la venganza lograron impedir que, en su misma ciudad, Alcibíades se hiciera con un montón de dólares durante estos últimos 22 años, una fortuna que le garantiza la apacible jubilación que le vemos disfrutar en un patio de su propiedad. Corresponsal de guerra en el Líbano, jefe de la Oficina Política de Raúl Castro, portavoz de la delegación cubana en las conversaciones de paz del África Austral, primer embajador cubano en Namibia, vicecanciller y jefe de la Misión de Cuba en la ONU y —vale la pena decirlo— uno de los personajes principales de mi libro Dulces guerreros cubanos, reconocido ahí bajo el nombre de «El Conejo Alc», debido a una mala fama (¡o muy buena!) de hiperactividad sexual, terminó en nuestro bendito condado de Miami-Dade como uno de los más exitosos productores de la televisión. Mucho ajetreo, Alc. Sobre todo, por lo del origen del mote. La verdad que te mereces ese sitio.

lunes, 18 de noviembre de 2024

Llegan noticias, malas noticias

 
La noticia es que Carlos Aldana está hospitalizado y que, al parecer, los pronósticos no son nada alentadores. Hace poco publiqué en este blog una foto de él con su preciosa hija Laura, en la que se veía rozagante, de muy buen color, fuerte, y hasta feliz. Como si hubiese superado todas las calamidades. Pero su salud debe haber declinado mucho desde entonces, o la fecha de la imagen que me proveyeron estaba equivocada. El caso es que yo me alegré mucho cuando lo vi de ese talante. Y, como quiera que sea, se ha producido un dramático desajuste de la situación y me informan de un Parkinson (que ya conocía) pero cada vez con mayor violencia, más problemas pulmonares, más un golpe en la cabeza tras una caída, más infecciones y que está hospitalizado hace más de 15 días. A esto súmale que su mujer perdió la razón hace bastante tiempo y que debe contentarse para vivir con su retiro de coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. No le ha sido fácil al viejo compañero. A Charles, como yo le llamaba. Qué inexplicable ese enseñamiento contra uno de los mejores cuadros políticos que tuvo la Revolución.

*

La foto es en el bar techado (pero nunca habilitado) adjunto a la piscina de la llamada Casa Uno de Luanda, residencia del jefe de la Misión Militar de Cuba en Angola, y que fuera un botín de guerra de los cubanos luego de su intervención en la guerra de Angola en 1975. Era la residencia del cónsul americano en Luanda, donde no disponían de un embajador porque Angola era una colonia de Portugal. Años después, con la retirada total de los cubanos, el gobierno de Angola no tuvo mejor ocurrencia que entregársela en usufructo gratuito a Jonas Malheriro Savimbi, el más denodado enemigo nativo que tuvieron las tropas cubanas durante toda su estancia en ese país. Pero el Gallo Negro de los Kwachas, con mayor orgullo y determinación que los supuestos aliados de los cubanos, declinó la oferta. En la foto, pues, a la izquierda del autor, Carlos Aldana, por lo pronto el jefe de despacho de la oficina de Raúl Castro en el Comité Central del Partido. Detrás de Aldana, un personaje conocido por el apodo de «Barbarito», ayudante de un funcionario cubano de alto rango y especie de embajador itinerante en África, el capitán Jorge Risquet. Es el domingo 7 de febrero de 1982 Una tarde de verano en el África Austral.

jueves, 7 de noviembre de 2024


La belleza incólume.

martes, 22 de octubre de 2024

No se producen viejos camaradas


[Vía WhatsApp]

Norberto 10:47 PM 10/21/2024: ¿Este eres tú? La foto es excelente, pero la resolución muy baja.


Norberto 10:55 PM 10/21/2024: Aquí la mejoré un poquito.

Rafael 10:52 AM 10/22/24: Si ese soy yo 1960. Hace 64 primaveras.

Norberto 12:08 PM 10/22/ 24: Ahí no sabías cuál de los dos palos estabas agarrando. 😜

martes, 15 de octubre de 2024

Un genio del eslogan

El escritor chileno Antonio Skármeta ocupa el flanco izquierdo del Comandante. Norberto Fuentes, el derecho. Noche del viernes 3 de febrero de 1984 en el Palacio de la Revolución. Los dos escritores han servido como jurados de la edición del concurso Casa de las Américas. El Comandante, como es su costumbre de todos los años, ha ordenado una recepción oficial para festejar el evento. Esta noche, además, los dos cubanos de la foto hacen las paces. Era un diferendo que arrastraban desde la publicación en 1968 de Condenados de Condado. Skármeta, por su parte, no tenía problemas. Se ganó el premio en el 69, al año siguiente del cubano, con su colección de cuentos Desnudo en el tejado. El tema inicial de la conversación, antes de la foto, había sido Hemingway. El Comandante no tenía nada que aportar a la experiencia de andar en pelotas por los techos de Chile. Pero le dijo al cubano que tenía la copia mecanografiada de su libro de Hemingway, aunque no lo había leído. En cuanto al chileno, Fidel tuvo la elegancia de callar el entusiasmo que le causaba la chica alemana con la que Skármeta aterrizó en La Habana. Una chica de muy buen ver, con una espectacular geometría de la cintura para arriba, por lo que la tropa cubana dio en llamarla «La Teutónica», muy a propósito de las ancestrales tribus de su región de origen. El Comandante no le quitaba los ojos de encima. Meses después, cuando el escritor cubano se encontró con Skármeta en la Feria del Libro de Frankfurt, el chileno parecía hallarse aún bajo el embrujo del encuentro con Fidel. Repitió varias veces: «¡Qué hermosa noche aquella! Inolvidable.» Ninguno de los dos mencionamos a La Teutónica. Ahora el cubano no sabe —luego de todo lo que ha llovido—, hasta dónde aquella noche se mantuvo para Skármeta en la categoría de inolvidable. Para el cubano, debe reconocerlo, fue además una noche afortunada. Tres días después, el lunes 6 de febrero, hacia las 7 de la noche, Fidel lo estaba llamando a su casa, él personalmente, para decirle que se había leído el libro, un mamotreto de más de 800 cuartillas largas a dos espacios, y que si podía ir a verlo a su despacho en el Palacio de la Revolución. El cubano cree que nadie se ha puesto tan rápido con un Lada 1500-S entre el edificio donde él vivía, un edificio en la desembocadura del río Almendares, y la primera garita de acceso a Palacio. Amén de que estuvieron solos en su despacho —y quizá por no haber interferencias teutónicas— esta segunda conversación le produjo material suficiente para una entrevista que publicada primero en la revista Bohemia como avance del libro tuvo amplia cobertura internacional. Regresando a Skármeta y a lo que se supone que sea una dolida nota por su fallecimiento. Ocurre que el recuerdo esencial del cubano sobre su amigo chileno tiene carácter de guasa. Es un cuento que él mismo Antonio Skármeta hizo. Se trataba de que había conseguido que una prestigiosa compañía publicitaria de Santiago lo pusiera a prueba para decidir si le daba empleo. La Coca-Cola de Chile acababa de sacar al mercado una soda de base de limón llamada Sprite. Le dieron el clásico paquetito de seis latas a Skármeta y le dijeron que se fuera a la casa, probara el refresco y regresara al otro día con un eslogan. El Skármeta que regresó al otro día a la oficina de publicidad irradiaba una felicidad solo comparable a la de Einstein luego de dar con las claves de la teoría de la relatividad. «¡Lo tengo!», dijo, convencido. Entonces, como si estuviera mirando a cámara y enarbolando la latica que había dejado sin abrir, dijo:

¡Sprite, amarguito como la vida!

¿Debemos agregar que no necesitó más razones para orientarse en la búsqueda de nuevos rumbos ocupacionales en disciplinas menos exigentes? ¿Quizá la literatura? ¿La academia?

sábado, 12 de octubre de 2024

Blepio


Si el lector cliquea en este link se va a encontrar con mi hermano Luis en una entrevista. Calvo, canoso, jubilado, pero muerto de la risa. La entrevista es de la semana anterior a esta publicación. En Chihuahua, donde vive, están celebrando el 30 aniversario de la creación del CIMAV (Centro de Investigaciones en Materiales Avanzados), donde aún trabaja, pese a su jubilación, y él es allí un personaje célebre. Entiendo que ninguno de ustedes pueda concebir que un hermano mío sea doctor y profesor emérito de algo para el común de los mortales tan complicado y remoto como la física y la cristalografía y que se dedique al estudio de la estructura y propiedades de los cristales, policristales y materiales relacionados. ¿Entendieron? Que no se diga, caballeros. Lo pongo más claro: él y sus asociados y sus alumnos están enfocados a la relación entre la estructura de materiales sólidos y sus propiedades físicas, fundamentalmente las propiedades eléctricas, magnéticas y magnetoeléctricas. ¿Ya? Facilito.

Lo interesante de la entrevista es que nos logra hacer ver disciplinas tan complicadas y sesudas como si fuese la narración de un evento deportivo y que emplea, además, y como cosas domésticas, naturales, los giros poéticos.

Una aclaración antes de continuar. El título de este texto responde a una onomatopeya. Resulta que, de chamas, mi hermano tenía unas cachetones que a mí se me antojaban suculentos y me daba por halárselos y, al soltarlos, exclamar: «¡Blepio!» Suponía que tal era el sonido de un elástico al regresar a su lugar original después de estirarlo por sus dos puntas, ergo, antes del empuje hacia afuera, y, libre de la presión en direcciones opuestas, soltarlo. La influencia de los comics es evidente en la lógica del concepto. Es una onomatopeya equivalente a «¡Bang!» (revólver de El Llanero Solitario) o «¡Rat-atat-atat!» (ametralladoras en Frentes de guerra) o «Cacle Cacle Cacle» (la bruja Agatha en La Pequeña Lulú). Era el tipo de acción que llegamos a bautizarla como Los Blepios. Y él, obediente a las idioteces de su hermano mayor, le permitía blepiar a su antojo. Aunque creo que, un poco antes de la adolescencia, establecimos un mínimo de blepios al día. No recuerdo bien, pero serían dos o tres diarios. Luego, ya de mayorcitos, los blepios quedaron como un código de comunicación. Yo aún suelo encabezar los mensajes electrónicos que le envío y su palabra final con un sonoro Blepio.

Seguimos. De cómo fue a dar mi hermano a México y a instalarse con toda su familia en Chihuahua, él mismo se encarga de explicarlo en la entrevista. Pero México estaba marcado en su destino. En junio de 1961, nuestro infatigable padre, a quien siempre hemos reconocido como El Viejo Fuentes, infatigable y compinche de Santos Trafficante jr, nos llevó a disfrutar en el De Efe (también con mi hermanita Estrella), de nuestras últimas vacaciones capitalistas (La Vieja Estrella se quedó en La Habana para cuidar de la casa y de Rocky y Perri, satos ambos, y además porque estaba al frente de la campaña de alfabetización en el barrio). Aquí tienen al actual profesor emérito, al abrigo del Viejo Fuentes («Don Pancho Villa», según Santos Trafficante jr.) acabado de desembarcar del Bristol Britanjnia de Cubana en el aeropuerto del De Efe.


En fin, que México estuviera marcado en su destino no quiere decir ni mucho menos que lo adivináramos, o que él lo intuyera. Lo que importa es que desde 1997 está en una ciudad en medio de un desierto mexicano que en su tiempo dominaron los apaches y los comanches y donde aún exhiben el Dodge Brothers donde ametrallaron a Pancho Villa (el de la División del Norte, no el de Santos Trafficante jr.) de 13 balazos el 20 de julio de 1923.

Muchas historias. Todo es historia. Para mí, sin embargo, la que hoy quiero celebrar es la de mi hermano Luis Edmundo. Un tipo capaz de estar casado 54 años con la misma mujer y de hacerla parir dos chamas que luego también serán reconocidos en esos celajes de las investigaciones físicas, ser científico, trabajar con unos rarísimos aparatos llamados, creo, ciclotrón y que además lleva no sé cuánto tiempo tratando de explicarme qué coño había en este universo o el insondable vacío que ahora llamamos universo antes del dichoso Big Bang. Porque, veamos, caramba, si no había nada de nada cómo es que de pronto hay algo y cómo es que la nada existiera si, precisamente, no había nada, aunque de pronto vaya a haber algo y que esa mierda que de pronto aparece en donde no hay nada va a estallar como un ciquitraque y entonces donde no había nada de nada hay de pronto todo…

Complicado, mi hermanito, muy complicado. Mira, mejor dedico la jornada a decir que te quiero mucho y que celebro con toda tu familia mexicana la obra de tu vida. ¡Blepio!


Ah, por cierto, ¿tienes alguna idea de en qué restaurante de México el viejo nos tomó esta foto?

miércoles, 2 de octubre de 2024

¡Que viva México!

...Y ahora, a esperar por Kamala.