domingo, 28 de mayo de 2023

La decisión está tomada


27 de mayo 1987. El general Rafael del Pino se hace tomar esta foto por Laura, su mujer, en el interior de su apartamento en La Habana. Viste su uniforme de faena antes de que, en las próximas horas, la vestimenta se convierta en una reliquia personal. Es el propósito de su foto: despedirse del hombre que ha sido él mismo hasta entonces. 49 años de edad y 9 050 horas de vuelo en aviones de combate. Abril 1961. Invasión de Bahía de Cochinos. El bastón de un Lockheed T-33 Shooting Star bajo su control. El puño derecho cerrado sobre el bastón. Hundimiento de varios buques enemigos. Derribo de dos bombarderos Douglas B-26 Invader. 25 misiones de combate durante tres días de batalla. Octubre 1962. Crisis de los misiles. Designado asesor de aviación y defensa antiaérea de Fidel Castro. 1975-76. Guerra de Angola. Jefe de la actividad aérea angolano-cubana. As de ases de los pilotos de MiG-21 cubanos. Extraño. Muy extraño. La habitual afabilidad de su rostro está dominada hoy por una mirada a su vez de dureza y melancolía. Hay un rictus de ironía en los labios cerrados con firmeza. La incierta tentación de la libertad. (Todas las dulces esperanzas de su juventud agotadas por el mismo Fidel Castro.) Mañana él, Rafael, será noticia mundial cuando vuele desde un aeródromo cubano en una avioneta Cessna 402 y aterrice en una base aérea del sur de la Florida. La libertad en sus vísperas. De eso hace hoy, exactamente, treinta y siete años.

lunes, 24 de abril de 2023

Hubo una noche de felicidad


Desde la izquierda: persona no identificada (muy jodido el pie de foto que comience con una «persona no identificada»); Rafael Rojas, en su etapa de vindicación de los alzados contrarrevolucionarios del Escambray; Eliseo Alberto, bajo el abrazo protector de Norberto Fuentes y que se ha pasado la noche con esa seguidilla: «Cuídame, Norbertico, cuídame de los malos»; Norberto Fuentes, encantado de protegerlo; detrás, Jorge de la Fuente, profesor de Filosofía en la Universidad de La Habana de casi toda la concurrencia; aproximándose, Adriana Oller, mujer de Jorge; recostada a Norberto, la actriz Ivonne López Arenal, ¿existe una mujer más bella en el mundo?, y dueña de la casa y mujer de Mayito, el fotógrafo; recostada a su vez a Yvonne, Niurka de la Torre, pediatra, sicóloga y (como es de suponer, con esos dos títulos) mujer de Norberto; al fondo, el actor Jorge Luis Álvarez y la legendaria ballerina Rosario Suárez «Charín»; Alejandro Armengol cierra el semicírculo, siempre severo, siempre reflexivo y, como corresponde, ataviado de negro. Mario García Joya «Mayito» falta en la imagen, pero se impone en el escenario, por encima de todo, porque es la criatura que ha creado esta obra de arte, yo diría que perfecta, extraída de una ocasión al vuelo y de sus fulgores inherentes, que ninguno de los presentes advirtió aquella noche de noviembre de 2005.
norberto fuentes punto net (8/8/11)


El anuncio —este sábado 22 de abril— de la muerte del fotógrafo Mario García Joya, mejor conocido como Mayito, y a quien yo llamaba Mayombe —entre otras maneras—, me obliga a buscar en mis gavetas alguno de los muchos objetos de nuestra amistad desde los tiempos de la revista Cuba en los 60 y luego de nuestro reencuentro en el Miami del exilio. Aquí tienen una muestra. Una especie de nota sobre una foto suya publicada como obituario del poeta Eliseo Alberto Diego «Lichi», que se murió en México el 31 de julio de 2011. (Ahora es un obituario de uso doble.) La colgué en alguno de mis blogs el 8 de agosto de 2011 con ese título de «Hubo una noche de felicidad». La foto había sido tomada seis años antes durante una fiestecita en la casa del propio Mayito y su mujer, la actriz Yvonne López Arenal. De cómo un grupo tan heterogéneo se dio cita bajo el techo de los García-López es algo que escapa a mi memoria. Pero el dominio de esos colores entre ocres y amarillo rescatados de las brumas de una noche en el trópico —el de Miami—, y la gracia magistral de convertir un inocuo souvenir de un grupo de farras en una pequeña obra de arte por el simple gesto de hacer girar levemente la cámara hacia la izquierda y ganar toda la profundidad posible con su lente de ángulo ancho es lo que queda, lo que permanece.

Advierto que no he variado nada de la publicación original. Advierto también que la «persona no identificada» fue reconocida por un lector dos días después de su publicación. Yoela Chaveco, con el dato añadido que era hija de «alguien importante», un ministro, creo, dato si se quiere superfluo para un obituario. Última advertencia: Jorge de la Fuente era profesor de Filosofía Marxista Leninista.


El ojo del águila

Debido a la imposibilidad de que el Mayombe me responda ahora, acudo al fotógrafo principal de mi cófrade, Ernesto Fernández, en La Habana, vía WhatsApp, para cerciorarme de que la imagen fue obtenida con un lente de ángulo ancho. Responde por la misma vía: «Claro, nadie tiene un campo visual tan amplio. Tú puedes ver y hasta distinguir, pero, al objeto de tener resolución y foco tendrías que mover los ojos hacia los lados o de arriba abajo. Es decir, el asunto es la mácula de los ojos. El águila, el animal que mejor ve, lo logra, pero tampoco lo hace fijo. Logra capturar en su foco visual cualquier presa a la altura inmensa de su vuelo porque tiene dos máculas; es decir, en ese cuadro tan amplio que se ve, pero que no se define todo, ella logra capturar su presa porque dispone de dos máculas: una fija en la presa, que no la mueve, y la otra que mira constantemente en derredor del marco visual para evitar cual interferencia, y la otra firme, mantenida sobre la presa.»

Once objetivos (¿presas?) tenía Mayito frente a su lente cuando —primero haciendo panear su cámara como en un suave banqueo a las nueve en vuelo rasante— apretó el obturador. Habíamos salido a la terracita para la sobremesa y para la foto del grupo. Los cristales de la doble puerta de corredera a nuestras espaldas surgen ahora como una frontera en el tiempo. En una de las dos fotografías que precedieron a esta toma, se revela el apetito con que acometen el yantar la bonita muchacha hija (creo) del ministro y el riguroso ensayista Rojas mientras el filósofo marxista leninista concentra su atención al otro lado de la mesa en lo que parece ser una de las divertidas contiendas verbales entre Lichi y Norberto, Lichi admonitorio, Norberto —¿qué quieren ustedes?— riéndose. Quizá el lector necesite ampliar la imagen para captar esos detalles que ocurren frente a Alejandro Armengol y Niurka de la Torre (enseguida se une Yvonne López-Arenal, en la foto siguiente) y que les está provocando la misma diversión que al filósofo marxista leninista, puesto que lo que en apariencia ocurre detrás de ellos es en realidad el reflejo de lo que está ocurriendo delante. El siempre deslumbrante juego de los espejos. Pronto cruzaremos ese lindero espaciotemporal y nos moveremos hacia el otro lado de la frontera de cristal y entonces, muy elegantes nosotros, procederemos a la sobremesa donde se produce la foto de aquella noche de felicidad. Y con el Mayombe sin soltar su cámara.


lunes, 17 de abril de 2023

Hubo otro lunes


Esta es la única copia que existe. Muchos negativos y fotos se perdieron en la vorágine de los años 60. Pero ésta es la primera de la batalla. Un episodio que los cubanos identifican como batalla de Playa Girón y los adversarios como el desastre de Bahía de Cochinos. La foto fue tomada hacia las 8 de la mañana del 17 de abril, a unos 20 kilómetros de Playa Larga. Está confirmado por su autor, Ernesto Fernández, entonces de 21 años y bisoño fotógrafo del periódico Revolución. Los B-26 invasores —procedentes de Bluefield, Nicaragua— acaban de efectuar un martilleo rasante sobre la zona, para dar cobertura al lanzamiento de la primera compañía de paracaidistas. El desembarco ha comenzado unas cinco horas antes y ya la Brigada 2506 se ha posesionado de Playa Girón y Playa Larga. El primer teniente Antero Fernández Vargas, jefe del puesto militar de Jagüey Grande (5 kilómetros al norte del lugar de la foto) ha recibido de alguna manera (ya nadie sabe cómo se lo informaron) la noticia del desembarco y se las ha agenciado a través de un viejo teléfono de magneto para que se la comuniquen al Puesto de Mando de Fidel, en La Habana. Está también confirmado que Fidel recibió la noticia a las 3:29 am. En el llamado Punto Uno. El teniente Antero reúne una veintena de milicianos y soldados bajo su mando, espera que aclare un poco y los monta en un pequeño ómnibus y un automóvil y sale “a averiguar qué pasa” en Playa Larga. Al llegar a este sitio —conocido como Los Alpes (repito, 5 kilómetros al sur de Jagüey Grande y 20 al norte de Playa Larga)—, ve un par de B-26 que se aproximan en vuelo rasante y se apea de la cabina de su automóvil, fusil checo M-52 en mano, y se enfrenta a los monstruos —”palo a palo” como dicen los cubanos—, y tiene tiempo para disparar las 10 balas de su cargador, hasta que un proyectil perforante calibre 50 de las 8 ametralladoras de proa del avión le impacta de refilón en la cabeza. Pocos minutos después, el fotógrafo Ernesto Fernández, a bordo de su vagoneta VW con el emblemático rótulo rojo del periódico Revolución en sus costados, llega al lugar. Es el primer fotógrafo que se presenta en el teatro de operaciones. El primero por casi seis horas de ventaja sobre los demás. Lleva en la carretera, desde La Habana, unas tres horas. El asunto es que Carlos Franqui, director de Revolución, es el tercero en La Habana que recibe la noticia, porque Celia Sánchez, la conocida ayudante de Fidel desde la guerrilla de Sierra Maestra, lo ha llamado. Franqui sabe que tiene un fotógrafo de guardia en el cuarto oscuro para cualquier eventualidad: Ernesto Fernández, que descabezaba un sueñito en el piso, cerca de la ampliadora, cuando Franqui lo impone de la noticia y le dice que se lleve la guagüita VW y al chofer Orestes Cardoso. Ahora Ernesto está en la carretera y los B-26 ya le han pasado por arriba —a él también, aunque no le han hecho fuego— y saca su Nikon de estreno y toma la fotografía. No quiere acercar el lente a la cabeza abierta de Antero, para que la foto sea publicable. El teniente ha caído con la parte abierta de la cabeza contra el pavimento. El espeso rastro de sangre cruza la carretera y es pavoroso. Ernesto conocía al teniente de sus recorridos con Fidel por la Ciénaga de Zapata, desde el principio de la Revolución, puesto que Antero era el jefe militar de mayor graduación en el territorio, y debía acompañar al Comandante en Jefe. Pero no sabe en este momento que se trata de Antero, que ese es el soldado que tiene muerto a sus pies. Una vez Ernesto lo retrató en el recorrido de Fidel con Sartre. Es el joven militar de bigotito que sonríe detrás del filósofo francés en una foto de aquel recorrido.


Fidel invita a Sartre a un recorrido por la Ciénaga de Zapata.


Es en marzo de 1960 y nadie puede prever aún que una brigada (según la composición de las Fuerzas Armadas americanas) va a desembarcar por esta zona con el objetivo de destruir la Revolución Cubana. El teniente Antero Fernández es el militar que sonríe un tanto paternalmente mientras mira a Sartre. Estamos en un lugar que se llama La Boca, que lleva hacia un paraje llamado Laguna del Tesoro en el interior de la Ciénaga, donde Fidel lo único que ha hecho hasta ahora, de cierta relevancia, es cazar cocodrilos con un fusil belga FAL. El mismo Fidel ha mandado a construir esta carretera el año anterior, apenas al triunfo de la Revolución. La carretera conduce desde el pueblo de Jagüey Grande hasta Playa Larga y luego a Playa Girón. Un poco más arriba de este sitio de la foto se encuentra un lugar llamado enigmáticamente Los Alpes, donde Antero le va a presentar combate con su fusil M-52 a dos bombarderos ligeros B-26 en vuelo rasante.

Ernesto Fernández, sus dos Leicas al cuello, retratado por Bob Taber al borde de la carretera que conduce de Playa Larga a Playa Girón. Taber se le unió a Ernesto al otro día del desembarco de la brigada. Es el mismo reportero americano que filmó a Fidel y sus guerrillas en el Turquino a principios de 1957. Pero Taber sale de esta con una grave herida en una pierna. Las Leicas, por su parte, quedaron fuera de servicio tras la exposición al descubierto durante tres días de la onda expansiva de los bombardeos de los B-26 sobre la carretera.

viernes, 14 de abril de 2023

¡Coño, Chino!



…una literatura como la nuestra, la que escribimos Jesús Díaz, Norberto Fuentes y yo, necesariamente tenía que chocar con los estereotipos de la época…
(Eduardo Heras en una entrevista con Alberto Garrandés)

 
Dedicatorias de un viejo artillero a quien yo llamaba «Asiático Ser». Las transcribo para facilitar la lectura de las desgastadas páginas. En su primer libro: Para Norberto, para comenzar a pagarle el libro que escribió, para comprometerlo a que continúe su obra, que esta generación y las futuras van a agradecer.— Un abrazo fraternal de Eduardo Heras León, 18 /mayo /69. La otra, seca, dura, aunque el trabajo frente a la boca de fuego del horno Martin no doblegó su delicada caligrafía. Para Norberto, hermano. Eduardo. 15-8-77
 
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Alguien me despierta con el siguiente mensaje «El Chino Heras se fue del parque». Acompaña el correo con el titular de DDC [Diario de Cuba], uno de los sitios del exilio:

Muere en La Habana el narrador y editor Eduardo Heras León
El intelectual oficialista recibirá un homenaje de escritores, artistas e instituciones cubanas.

Me digo: «¡Vaya, caramba! La muerte de un escritor oficialista de la Revolución es informada por un escritor oficialista de la contra.» Pero resuelven el problema con un solo adjetivo. Después de ese calificativo qué le queda al pobre hombre, que estuvo batallando hasta el final con unas manos a las que el Parkinson no le daban tregua y que lo llevaban al desespero de imponerse escribir a puñetazos contra el teclado. Qué va, no pudo más y clamaba por la muerte y hace cuatro o cinco días no aceptó recibir una sola cucharada más de alimento. Bueno, entiéndanlo: con el último de los escritores oficialistas que se hallaba en Cuba, la investidura que le otorga la denominación de alguna manera debe poner a salvo a los oficialistas de este lado.

Por último, las condolencias del presidente de la República (¡que eso sí es ser oficial!):

Amanecemos con la triste noticia del fallecimiento de Eduardo Heras León, hombre imprescindible de la cultura cubana. Enviamos un abrazo y nuestras más sentidas condolencias a la familia, amigos, y discípulos del Chino Heras, maestro de tantos.

En verdad, yo no creo que nadie pueda ser tan cínico. Cuesta trabajo tragarse la píldora de que Díaz Canel ignore que ese mismo gobierno ahora bajo su presidencia fue el que destruyó la carrera, las ilusiones, la vida de un joven miliciano cuya única pretensión era reflejar la Revolución en sus libros de cuentos, y solo se explicaría con la decisión de engañarlo por parte de sus asesores del sector cultural, o, lo más previsible, que la gente de Seguridad del Estado le esté escamoteando una tonelada de expedientes.

En ese sentido, entra el siguiente aporte. Es uno de los segmentos inéditos de una edición especial de mi libro Plaza sitiada, previsto a publicarse este año.


Chino
 
Un informe firmado por Armando Quesada, director del mensuario El Caimán Barbudo, que patrocinaba la Unión de Jóvenes Comunistas, destinado a la Universidad de La Habana y producido, según su título y el consenso de algunos testimonios, después del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura —celebrado entre el 23 y 30 de abril de 1971—, pero no en una fecha muy apartada de este evento, si acaso una semana, describía en el auténtico y exaltado lenguaje de las barricadas, las acciones y los cargos contra el grupo acusado —“el grupo”, así llamado en el informe—, y, de hecho, enjuiciado y sancionado. Es un documento mimeografiado, sin fecha y no hace constar la cantidad de ejemplares. A continuación se transcriben, en una especie de reconstrucción, los fragmentos disponibles, tal y como han llegado a nuestras manos.

Explico ahora que el informe parece ser un resumen de los ataques producidos en una de las comisiones de trabajo del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura contra el grupo que inventó y organizó El Caimán Barbudo y originalmente había trabajado en este mensuario. O por lo menos contra sus principales exponentes: Guillermo Rodríguez Rivera, Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras. Extrañamente, Jesús Días, líder indiscutido del grupo y director de la publicación, no aparece mencionado en todo el documento, al menos es las páginas que tenemos frente a nosotros. No lo tocan ni con el pétalo de una rosa. (La publicación había sido fundada en abril de 1966 por Jesús Díaz y su reducido grupo de seguidores.) Pero Fidel decidió poner a salvo a Jesús del proceso inquisitorial y, cual amorosa tigresa acabada de parir, atrapó por el cogote entre sus fauces al cachorro y lo extrajo de la zona de peligro. Es así como Jesús deviene uno de los participantes más activos del mismo Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura en el que han puesto a hervir en aceite a sus más cercanos alabarderos. Regresemos a Armando Quesada. Por su parte, Quesada había sido nombrado director de El Caimán en octubre de 1970 y estuvo en el cargo durante nueve números —del 41 hasta el 49. Es decir, estaba —para utilizar términos beisboleros— en el cajón de bateo cuando explotó el caso Padilla y en los días posteriores de represión intelectual, y arremetió con saña contra mí la noche de la autocrítica y luego contra sus compañeros de las vísperas en El Caimán).

Vean como uno de los argumentos concluyentes para atacarles es lo que llama “su defensa de Norberto Fuentes” y recuerden que pocos días antes de la producción de este informe se produjo el encontronazo Padilla vs Fuentes en la UNEAC. Leído el párrafo por primera vez cuarenta años después, este le indica al autor lo cerca que estuvo de la hoguera.

Otros dos “acusados” son Rogerio Moya y Renato Recio, autores de El año más largo de la historia, sobre la épica zafra de 1970, en la que Cuba se propuso producir 10 millones de toneladas de azúcar (no lo logró) y que consumió la imaginación popular por los supuestos beneficios materiales que se obtendrían de inmediato, como un maná tropical, el azúcar como maná. Nunca se sabrá por qué un libro tan bonito y con tanto entusiasmo por la batalla provocara el rencor oficial. Hay una causa probable: no era el libro sino los autores, que se contaban entre los más liberales y “connotados” alumnos en los predios de las escuelas de Letras y de Periodismo de la Universidad, y estábamos en época de razia intelectual, zafra pero de cabezas. Bueno, en definitiva, ambos en tándem con Eduardo Heras elaboraban la fatídica ponencia “Notas sobre la prensa en Cuba”.

Por último, la arremetida contra este joven escritor y periodista y entonces venerado profesor de redacción de la Escuela de Periodismo: Eduardo Heras León “El Chino”. Es contra quien más duro se lanzan después de destruir a Padilla y de casi lograrlo con este autor, y que ya ha sido expulsado de la Universidad y plantado frente a la boca de fuego del horno Martin, o algo parecido, de una fundición llamada Vanguardia Socialista. En realidad, todos estos muchachos habían establecido (o mudado, si eran los de El Caimán) sus campamentos hacia la revista Alma Mater, que se suponía una publicación académica de la Universidad, y pontificaban por los pasillos de sus escuelas. Y Heras era sangre fresca en el debate, además de —¡ojo!— haberse acabado de ganar dos premios con sendos libros de cuentos y que se sindicaban de muchas maneras al estilo crítico y libertino del Condenados de Condado de Norberto Fuentes, amén de —¡horror de horrores!— el desafío de Heras al citar mis reportajes como modelos en sus clases de redacción.

Los fragmentos rescatados:

Armando Quesada:
Informe a la Universidad sobre las posiciones del grupo cuestionado en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura

—Exposición a manera de esbozo ante el Congreso (…) de la situación en nuestro país, de la literatura, concursos, premios y ediciones (…) y en el capítulo final de la intervención cuestionamos a: Víctor Casaus, Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera, Rogerio Moya y Renato Recio, caracterizándolo como un grupo de jóvenes seudo-intelectuales, que al amparo del liberalismo y el criticismo han caído en posiciones de franco diversionismo ideológico, [que, no obstante, no debían confundirse con] un Padilla, un Norberto Fuentes, y otros, contrarrevolucionarios […] pero que era justo combatir desde sus raíces […] para que por medio de la rectificación sean salvados de caer en posiciones más comprometedoras y graves, haciéndoles el juego a los enemigos de la Revolución.

—Se cuestiona al grupo por considerar que a lo largo de más de 6 años, que va desde El Caimán 1 (1) a la fecha, la participación en lo señalado tiene sus matices de (…) responsabilidad, pero que engrosan una comunidad de criterios sustentados por el grupo en el terreno intelectual e ideológico. El grupo ha desarrollado actividad diversionista, desarrollando el criticismo, tendencia de piña, de autobombos mutuos y han llevado el criticismo al terreno de las obras artísticas, al cuestionar la política de prensa de la dirección de la Revolución, a los Organismos (indistintamente) y a los funcionarios políticos, tildándolos de comisarios de la cultura, manteniéndose ahogado el “libre” ejercicio de la crítica.

[Sobre Norberto Fuentes:]
—El grupo mencionado lo ha defendido, reconocido y lo ha tratado de imponer como un joven escritor, crítico, rebelde y premiado que habla “desde la Revolución". Heras y Casaus en conversaciones con Arufe (2) y Quesada sostienen que había que reconocer y ayudar a Fuentes. De todos es conocido cómo Heras introdujo en la Escuela de Periodismo a Fuentes. [Alude a que en sus clases de técnica periodística, Heras había estudiado y analizado un reportaje de Fuentes, sobre los Guardafronteras, aparecido en la revista Cuba, “no porque fuera de Fuentes, por supuesto, sino porque era magnífico”.] Esta opinión y actividad de Heras no es aislada, se manifiesta en el apoyo de Casaus al Premio de Moya y Recio [Se refiere a la mención en el género testimonio que había obtenido el libro En el año más largo de la historia, dedicado a la zafra de los diez millones, de los referidos autores, en el Concurso Casa 1971, en el cual Víctor Casaus había sido jurado de testimonio, y favorecido con su voto], y de sus constantes ataques a la prensa y a la Revolución, creyéndose con la autosuficiencia que los caracteriza, de ser los jueces y profetas, de lo que debe ser la prensa, la literatura y la cultura en general.

[Al final, luego de acusar a Heras y Casaus de defender públicamente a Norberto Fuentes a pesar de sus conocidos vínculos con Padilla y la “imagen desgarrada, desoladora y contrarrevolucionaria” que mostraba en su literatura, el informe acusa a Guillermo Rodríguez Rivera de escribir el “poema reaccionario ´El poeta y el ministro´”, incluido en su colección El libro rojo, y de invitar a César López, “contrarrevolucionario confeso”, a participar como moderador en un Coloquio de Poesía Joven organizado por el grupo en la Escuela de Letras y como profesor de literatura en la Universidad de Oriente; y, a Víctor Casaus, de influir en el jurado de Casa de las Américas para que otorgara Mención de Testimonio al libro “tendencioso y reaccionario” de Rogerio Moya y Renato Recio, así como, en asociación con Luis Rogelio Nogueras, de su “ardorosa defensa” de la publicación por el Instituto del Libro de un texto “desgarrado y pesimista” de la historia de la Unión de Jóvenes Comunistas].


Falta, en relación con Heras, el argumento de su —así lo calificaron— “conducta homosexual”. Fue el que emplearon con mayor ahínco en la asamblea donde lo expulsaron de la Universidad. Como no tenemos acceso al Informe en su totalidad, que es posterior a la asamblea, no podemos asegurar que Quesada se meta en tales honduras. Sin embargo, en nuestra investigación, un cable de AFP fechado en La Habana el 21 de abril de 1971, ha salido a flote. Un cable donde dice por las claras que la vida privada de Eduardo ha sido examinada públicamente. No estará en el informe posterior, pero estuvo en la acción anterior. “… en la Universidad de La Habana, se conocía la expulsión de la misma del escritor Eduardo Heras León, profesor de la Escuela de Periodismo, tras una Asamblea masiva en la que se examinó su conducta personal — incluso en el plano estrictamente privado.”


 
Hasta un argentino de ojos tan duros y de costumbres tan aberradas como Alfredo Muñoz-Unsaín, el corresponsal de AFP, un pederasta con patente de corso de la Seguridad del Estado para operar en La Habana “siempre y cuando no hubiera sangre”, parece espantado a la hora de redactar su información.

Facsímil del cable de AFP original:

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(1)Quiere decir, el primer número de la publicación.
 
(2)Alberto Rodríguez Arufe, cuadro de la UJC, que no parece haber actuado siempre como un esbirro dislocado en las instituciones culturales. Es al menos una especie de héroe particular del trovador Silvio Rodríguez, ya que intercedió para que la Flota Cubana de Pesca le permitiera enrolarse en el “Playa Girón” y participara en una de sus fragorosas campañas de pesca, de la que surgió, precisamente, la composición de una de sus baladas emblemáticas: “Playa Girón”.

jueves, 13 de abril de 2023

Última estrella en el firmamento

10 de enero de 1989. Luanda, Angola. Aeropuerto. Mediodía. La ceremonia pone fin a una guerra que los cubanos echamos durante 16 años. Tres naves soviéticas Ilyushin-62 tienen la misión de cruzar sobre 14 000 kilómetros de mar atlántico y llevar al primer contingente de nuestras tropas —unos 600 hombres en total—, de regreso a su isla. Cada nave con los rótulos en sus fuselajes de tres de las naciones participantes del conflicto: Cubana, Aeroflot y TAAG Angola Airlines. Los majestuosos, invencibles Ilyushins de nuestros acarreos bélicos. Los caballos de tiro trasatlánticos del poderío soviético a nuestra disposición, sacándole el jugo a esas formidables máquinas. Malo que no todos regresamos, como pasajeros, quiero decir; de los 377 000 soldados y 56 000 oficiales que de forma rotativa intervenimos en los teatros de operaciones de Angola, Etiopía, Guinea-Bissau, Congo, resten 2 289 bajas (863 en combate, 597 por enfermedad, 829 en accidentes). El día de nuestro regreso como vencedores. Registrado en estas imágenes, resulta que es ahora un material de exhibición prohibida en Cuba. Menos mal que yo guardé esos tapes, que además yo mismo había filmado con mi Sony del entonces nuevo formato video-8. Fue una labor de conservación clandestina, casetes dispersos en copias múltiples en cuanto escondrijo me pareció adecuado. Vine haciéndolo desde la famosa Causa No. 1 de 1989, cuando los más bravíos combatientes de la Revolución cubana se convirtieron en enemigos del pueblo. Paredón y/o cárcel, y a continuación, como parte de la sentencia no escrita pero inviolable, te borran de la historia. No solo te matan, sino que además decretan que nunca exististe. Sepan que es una norma: cuando el oficial del Ministerio del Interior se presenta en tu casa a la mañana contigua de la ejecución, te informa que ha sido cumplida la sentencia por la que tu ¿esposo?, ¿padre?, ¿hermano?, ¿hijo? es ahora un cadáver que se encuentra en la tumba consignada en la tarjetita que te entregan y te advierte que está prohibido poner el nombre del fallecido ni ninguna clase de lápida. Todo esto me viene a la mente por dos sueltos de estas semanas de la edición digital de Granma dedicados a exaltar dos de nuestras más convincentes victorias africanas: Etiopía (Granma, 17/3/23) y Cuito-Cuanavale (Granma 23/3/23).


Victorias que, según se puede ver, no tuvieron participantes con nombres y apellidos, especies de cubanos genéricos, que uno puede imaginar que en sus carnés de identificación no haya un rostro en la foto. Al menos el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, el primer Héroe de la República de Cuba, que fue el jefe y estratega de esas dos batallas, no se nombra por ningún lado. Pero, hete aquí, que yo estaba en ese aeropuerto. Yo y mi camarita de video, con la cual tenía acceso a todas las instancias del frente. No paraba de filmar y de acumular los pequeños casetes de video-8. Estaba grabando, en imágenes a todo color y con sonido, algo que consideraba de valor histórico. Una historia que en ese momento era fiesta, orgullo, vanidad de los vencedores. Poco podía imaginarme que a la vuelta de siete meses iba a ser historia, pero de otra clase. Una lección me quedó clara desde entonces: la historia no basta con vivirla, ni tampoco asentarla —por cualquiera de los medios disponibles: cincel y piedra, la pared de una cueva, papiros, los lienzos de pintura (¡arriba, Goya!), papel y lápiz, fotografía, grabadoras de cine, película, video); hay que también ponerla a buen recaudo. Escribe, graba, da cincel, PERO GUARDA. Así que ahí tenemos a Arnaldo Ochoa el 10 de enero de 1989. El individuo a la izquierda en la primera foto pueden desecharlo. Es el general Abelardo Colomé Ibarra, el famoso «Furry». Un petimetre. Ha venido desde La Habana con la misión de llevarse a Ochoa, virtualmente arrestado, para La Habana. Desde luego que Ochoa no lo sabe. Ninguno de nosotros lo sabe. Se confió demasiado en lo que él mismo consideraba sus cojones. Y, digámoslo de una vez, se confió en Fidel; sobre todo, en el nivel de tolerancia que Fidel siempre le había dispensado y en no darse cuenta de la frontera que había entre sus bravuconadas y lo que se podía tornar en desacato. Entonces mírenlo mientras avanza desde la derecha de Furry. Va a hacer entrega de una bandera cubana al coronel Ávila Marrero que ha sido designado jefe del primer destacamento que abordará los aviones. Un locutor, desde alguna cabina cercana a la pista, le da carácter de reliquia a la bandera, al informar con voz emocionada, que fue la que cubrió el féretro del comandante Raúl Díaz Argüelles, caído durante la Batalla de Ebo, por la explosión de una mina antitanque que destruyó su blindado el 11 de diciembre de 1975. Ochoa, con su lento paso de campesino, pero como abrumado por los pensamientos, acompaña a los portadores de la bandera y a Ávila Marrero hasta el pie de la escalerilla. Ordena que suban la bandera hasta la portezuela del avión y que todos los combatientes vayan ingresando en la nave bajo el amparo tan familiar del pabellón. Cada vez que «los muchachos» llegan ante él y le rinden el saludo militar, el general les ofrece su mano y se las va estrechando, uno a uno. «Feliz regreso a la patria», les dice.




PS: El próximo aniversario de relevancia es el de la victoria de Playa Girón, en abril de 1961. ¿Me pregunto qué hará Granma con el general Rafael del Pino o con el capitán Douglas Rudd? El desconcertante destino de dos de los ases de la aviación revolucionaria que limpiaron de naves enemigas el cielo del teatro de operaciones.

PS2: Recuérdense de cliquear sobre las imágenes para ampliarlas. 
 

lunes, 20 de marzo de 2023

Ha muerto Jorge Edwards

Jorge Edwards y Fidel Castro a bordo del buque escuela
chileno Esmeralda, en febrero de 1971, en La Habana.

Por Pedro Schwarze. Publicado en el blog Toda la noche oyendo pasar pájaros, el 20/3/23

Jorge Edwards falleció el viernes en Madrid. En este lapso se han escrito obituarios, artículos y comentarios sobre su vida y obra. Y en casi todos ellos se aborda con especial interés un punto común y reiterado en la vida del escritor chileno, tal vez algo desproporcionado para una persona que vivió 91 años: los tres meses que fungió como enviado del presidente Salvador Allende ante la Cuba revolucionaria.

Se refieren con dedicación al breve tiempo que Edwards fue encargado de negocios —en jerga diplomática, el sucedáneo de embajador— de Chile en La Habana, entre el 7 de diciembre de 1970 y el 22 de marzo de 1971, cuando salió de Cuba con destino a París para trabajar al alero de Pablo Neruda.

Su experiencia en la isla la relató en el libro Persona non grata, que se publicó en diciembre de 1973, en España. Es decir, cuando ya se había producido el golpe de Estado que derrocó a Allende, cuando Edwards ya no formaba parte de servicio diplomático chileno y cuando Neruda ya estaba muerto. Podemos agregar como hecho de la causa que el libro fue editado y salió a la venta cuando aún faltaban casi dos años para la muerte del dictador español Francisco Franco.

Ese paso de tres meses por Cuba marcó el distanciamiento de Edwards con esa revolución y con la izquierda, al sentirse víctima de hostigamiento del aparato castrista, percibir el ahogo de las voces críticas en la isla y palpar la construcción de un régimen hecho a la medida y beneficio de Fidel Castro.

En decenas de artículos publicados tras el deceso de Jorge Edwards no hay una línea crítica sobre esos días habaneros ni sobre su testimonio en forma de libro.

Lo cierto es que su gestión como enviado de Salvador Allende, mostró falencias desde el primer momento. Tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y Cuba el 12 de noviembre de 1970 y la instalación casi inmediata en Santiago del ministro consejero y encargado de negocios de Cuba Luis Fernández Oña (el yerno de Allende), el paso lógico era el envío a La Habana de un encargado chileno para reinstalar esos vínculos.

El designado para una tarea que en ningún caso era un trámite sino que tenía una gran carga política y simbólica, fue Jorge Edwards. Él debía ser uno de los nexos entre Santiago y La Habana luego de seis años de quiebre, puntal de uno de los primeros países en América Latina que restablecía relaciones con Cuba, y actor esencial en los vínculos de dos gobiernos con una innegable simpatía ideológica.

Sin embargo, objetivamente Edwards no actuó profesionalmente como diplomático ni respondió a la confianza otorgada por el presidente de su país. Prefirió seguir sus intereses de escritor, por los que ya había sido invitado a Cuba en el pasado, como jurado de un concurso literario.

El mismo Jorge Edwards sostiene en Persona non grata (siempre leído con su debido grano de sal) que le dijo a Fidel: "Es probable que haya actuado más como escritor que como diplomático" y "Reconozco que en Cuba he sido un mal diplomático". 

Además, no hizo el mínimo esfuerzo por averiguar antes de llegar a La Habana quién había sido su antecesor, es decir, el último embajador chileno hasta el rompimiento de relaciones en 1964. De haber hecho la pregunta, se habría enterado de dos temas relevantes: que era un familiar suyo y que no era un diplomático de paso que cumplió su función en La Habana y nada más.

Se llamaba Emilio Edwards Bello y era un primo del padre de Jorge Edwards. Alcanzó a vivir más de 20 años en La Habana, se casó con una cubana (hija de un general del ejército de la independencia), y fue testigo del triunfo revolucionario en 1959 y de los primeros años en el poder de Fidel Castro.

Edwards, Jorge, reconoce que no hizo “la pega” previa de averiguar quién había sido el último embajador chileno en La Habana. Lo confesó a su manera en Persona non grata, en una columna publicada en El País y en el libro Esclavos de la consigna. “Era una coincidencia de nombres [el de Edwards] en la que nadie en Chile, ni yo, se había fijado”, escribió.

Fidel Castro, el comandante del buque escuela chileno
Esmeralda, Ernesto Jobet, y Jorge Edwards, en febrero de 1971.

No pasó mucho tiempo para que Jorge Edwards se involucrara en La Habana con escritores cubanos a los que ya conocía y que empezaban a disentir con el régimen. Y el más destacado de ellos fue Heberto Padilla. El poeta, que se haría mundialmente conocido por su autocrítica, se la pasaba en las habitaciones que ocupaba el diplomático chileno en el Hotel Riviera, para conversar y aprovechar los licores y tabacos a los que Edwards tenía acceso por su condición de extranjero, a través de la “diplotienda” y en el “diplomercado”.

Meses después, cuando Edwards ya se había marchado de La Habana, su sucesor, el embajador chileno Juan Enrique Vega, le hizo saber, en comunicación enviada a París en julio de 1971, que tenía una “gruesa” deuda que pagar en la capital cubana. Se trataba de más de 4.200 dólares de la época por “gastos personales”, “como son licores, cigarrillos o comidas en restaurantes”, dice el cable.

La situación de Padilla, quien fue detenido el 20 de marzo de 1971, y su posterior autocrítica, el 27 de abril, así como la salida de Edwards de Cuba (el 22 de marzo) tras una larga discusión con Fidel Castro descrita con detalle en Persona non grata, son hechos que han sido comentados ampliamente. Y evidentemente están relacionados. Por más de 50 años se ha dicho que ese momento marcó el divorcio de una parte de la intelectualidad occidental con la Revolución Cubana.

Toda la evidencia muestra algo parecido, pero… ¡en sentido contrario! Fue Fidel Castro quien orquestó la autocrítica de Padilla para romper con esa intelectualidad que cada vez le resultaba más molesta y para cortarle las alas a aquella que decidiera acatar las reglas del juego del comandante. ¿Y Jorge Edwards? Bueno, él fue el personaje que necesitaba Castro para avanzar sobre Padilla, quebrarlo y llevarlo a esa burda actuación del 27 de abril en que se convirtió la autocrítica.

Además, con la salida precipitada de Edwards de la isla —Vega llegará recién a La Habana el 21 de mayo—, Castro se liberaba de un personaje que no solo no estaba haciendo su trabajo como enviado de Allende sino que más bien se mostraba desconfiado con un gobierno amigo y se había dedicado a revolver parte del gallinero cubano.

Las interrogantes que deja

Concluida la evaluación de lo que fue la vivencia habanera de Jorge Edwards, hay demasiadas dudas que el premio Cervantes 1999 nunca resolvió y ahora con su muerte quedarán para el terreno de las deducciones. Dudas que ya fueron planteadas por Norberto Fuentes en su libro Plaza sitiada. Fuentes es uno de los protagonistas de esa noche de la autocrítica porque fue el único que contradijo a Padilla, reafirmó su condición de revolucionario, la de Norberto, y echó por tierra la puesta en escena armada por el aparato cubano para cumplir con los objetivos de Fidel sobre los intelectuales.

La primera de esas interrogantes es quizá la más llamativa: ¿Por qué Edwards nunca firmó alguna de las cartas de apoyo a Padilla de los intelectuales europeos y latinoamericanos impulsadas esencialmente por Mario Vargas Llosa? El peruano escuchó de primera mano el relato de Edwards ya que acogió en Barcelona al chileno inmediatamente después de salir de Cuba y antes de que se presentara para nuevas funciones en París.

Heberto Padilla (izquierda) y Norberto Fuentes durante la
autocrítica del poeta, el 27 de abril de 1971.

Se podrá decir que no se hizo parte con su firma porque sus funciones de diplomático chileno y protegido por Neruda en París se lo impedían. Pero nunca consideró su trabajo de diplomático y enviado de Allende en La Habana para evitar molestar al gobierno cubano con sus reuniones de amigos escritores. ¿Por qué después sí?

Segunda cuestión. Padilla, que se acusó de antirrevolucionario y embarcó a todos sus amigos escritores, no mencionó a Jorge Edwards, por cuya razón él y su esposa, Belkis Cuza Malé, fueron arrestados. ¿O es que acaso la gente de la Seguridad del Estado, que “orientó” a Padilla en lo que debía decir en su autocrítica, le dijo que dejara fuera de eso a Edwards?

Última duda. ¿Por qué Jorge Edwards esperó casi tres años para hablar de lo que había vivido en Cuba? En los archivos de la Cancillería chilena, donde están sus despachos a Santiago, cuando era “nuestro hombre en La Habana” y luego consejero en la capital francesa, no hay nada de eso que escribió en Persona non grata. ¿No era relevante para el gobierno chileno el acoso que sufrió en la capital cubana? ¿Ni siquiera correspondía informar de la detención de un tal poeta Heberto Padilla, involucrado con el encargado de negocios de Chile?

Edwards dijo que Neruda le recomendó escribir de lo vivido en Cuba pero no hacerlo público, pero lo hizo como ya dijimos en diciembre de 1973, muy lejos de todo, en tiempo y espacio, y con varios muertos de por medio. ¿Es que Jorge Edwards le temía más al enojo o a ser reprendido por Neruda —quien aún no recibía el premio Nobel, algo que se anunció el 21 de octubre de 1971— que por Fidel Castro?

¿O es que acaso en esa conversación extensa de la noche del 21 de marzo y la madrugada del 22 se estableció un acuerdo, un pacto de silencio entre Jorge Edwards y Fidel Castro? ¿Un pacto cuyo plazo estaba vencido o podía darse por vencido en diciembre de 1973, considerando que el gobierno de la Unidad Popular era historia y Edwards había sido apartado del servicio exterior chileno y había iniciado su vida como exiliado en Barcelona?

viernes, 17 de marzo de 2023

El Hemingway que esconden

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La academia americana ha querido mostrar por décadas a Ernest Hemingway como un personaje progresista, pero convencional y para nada contestatario. Eso es lo que vuelve a desmentir Norberto Fuentes con este libro. A través de tres textos olvidados de quien ganó el premio Nobel de Literatura 1954, surge el escritor comprometido, de izquierda, donde siempre tuvo claro cuál era su lugar: contra el fascismo, con los obreros y olvidados, con los republicanos españoles, incluso en el mismo frente de batalla. No por nada el FBI abrió un expediente en su contra, que se extendió al menos durante las décadas de 1950 y 1960, por sus simpatías, vínculos y apoyo a los izquierdistas, brigadistas internacionales en la Guerra Civil española, comunistas y refugiados españoles.
             —Pedro Schwarze


Mi atuendo y pelambrera responden a las pretensiones de un hippie a destiempo. En verdad, dicen algunos de mis amigos, lo que parezco es «un cromañón en jeans». Ah, malditos. Finca Vigía. Año 1976, quizá en verano. Hay que tomar posesión de este inmueble. Al inicio de mis avatares como scholar de Hemingway, en la escalera de acceso a la emblemática casa.