Imágenes fuera de contexto

CIRCA 2005
Viejos revolucionarios. Con el exgeneral Patricio de las Guardia —condenado a 30 años de prisión— aguantan y hasta sonríen.
Creo que vale la pena que le tiren una ojeada a esto. No conozco otro texto más instructivo y adecuado para la comprensión de lo que está sucediendo ahora en Cuba y su repercusión en Miami, sobre todo en sus esferas financieras y
políticas. Es la transcripción de una conversación entre Mao y el Che. La recupero a propósito del debate actual sobre el auge de las llamadas mipymes —micros, pequeñas y medianas empresas— y del audaz evento que convocó en Miami a más de 70 empresarios cubanos procedentes de unos 8 000 de estos negocios que ya existen en Cuba. Quizá el texto ayude a redondear los conceptos y a lograr una visión más afilada para los futuros aproches con La Habana. El caso es que ya, tan temprano como el 19 de noviembre de 1960, quedaba claro que los comunistas —los que estaban al mando, quiero decir— se proponían incluir a los capitalistas en el sistema, y como una fuerza, digamos, de avanzada; y que, por otro lado, había un origen entendible en las precauciones, sino el rechazo, de los cubanos a usar los pesos pesados del exilio como compañeros de viaje, y mucho menos como inversionistas. En fin, y digo esto exclusivamente dentro de la campana de Faraday de mi confianza con los lectores, creo que no es nada conveniente para el discurso político desde el exterior, al menos de cara hacia los cubanos, de allá, que les pidas algo que, a lo que más se parece, es a la rendición. Cuando descubrí el documento y lo publiqué por primera vez —en su versión íntegra— como «Mao y Che en una nube» en este mismo blog el 10 de abril de 2016, proponía que se leyera sin prejuicios. Mantengo la propuesta.
El texto ha sido editado en esta ocasión al objeto de que la lectura se concentre en el asunto de nuestro interés.
Hora: 4:20 PM - 6:30PM, 19 de noviembre de 1960
Lugar: Salón Qingzhen en Zhongnanhai
Participantes: Del lado cubano - Jefe de Delegación y Presidente del Banco de Desarrollo Nacional, Comandante Ernesto Che Guevara, y otros miembros de la Delegación. Del lado chino - Zhou Enlai, Li Xiannian, Geng Biao, Shen Jian, Lin Ping.
Intérpretes: Cai Tongguo, Liu Xiliang
Registrador: Zhang Zai
Presidente Mao: Delegación cubana, bienvenida.
Guevara [“abreviado en el original como Ge”, no abreviado aquí]: Es un gran placer [para nosotros] tener esta oportunidad de saludar al presidente Mao [en persona]. Nosotros siempre hemos venerado al presidente Mao en nuestra lucha. Somos una delegación oficial, representando a Cuba, aunque los miembros de nuestra delegación nacieron en cuatro países diferentes.
Presidente Mao: Usted es argentino.
Guevara: Nací en Argentina.
Presidente Mao: ¿Dónde nacieron los otros miembros de la delegación?
Guevara: [Ramiro Fernando] Maldonado [Secretario General del Partido Social Revolucionario de Ecuador] es ecuatoriano, [economista Albán] Lataste es chileno, yo nací en Argentina, todos los demás nacieron en Cuba. Aunque algunos de nosotros no nacimos en Cuba, el pueblo cubano no toma a mal que no hayamos nacido en Cuba. Nosotros realmente defendemos la revolución cubana. Fidel [Castro] representa la voluntad de todos los latinoamericanos.
Presidente Mao: Ustedes son internacionalistas.
Guevara: Los internacionalistas de América Latina.
Presidente Mao: Los pueblos de Asia, los pueblos de África y todo el campo socialista los apoyan. El año pasado usted visitó algunos países asiáticos, [¿no es verdad?]
Guevara: Algunos países, como India, Siam [Tailandia], Indonesia, Birmania, Japón, Pakistán.
Presidente Mao: Con excepción de China, [usted] ha estado en todos los principales países de Asia.
Guevara: Por eso, ahora estoy en China.
Presidente Mao: Bienvenido.
Guevara: Nuestra situación interna aún no se había estabilizado cuando salí de Cuba el año pasado, por esa razón nos conducíamos cautelosamente con el mundo exterior, a diferencia de ahora. [Ahora] la situación interna se ha consolidado y podemos ser más resueltos.
Presidente Mao: La actual situación internacional es mejor que la del año pasado.
Guevara: La nación entera está unida, pero cada día los imperialistas esperan dividirnos.
Presidente Mao: Aparte de los obreros y los campesinos, ¿quiénes más se han unido a ustedes?
Guevara: Nuestro gobierno representa a los obreros y campesinos. Nuestro país todavía tiene una pequeña burguesía que tiene una relación amistosa y coopera con nosotros.
Presidente Mao: ¿No [hay] burguesía nacional?
Guevara: La burguesía nacional estaba básicamente compuesta por importadores. Sus intereses estaban entrelazados con los del imperialismo y estaban contra nosotros. [Por eso] los destruimos económica y políticamente.
Presidente Mao: Ellos eran burguesía compradora. No [deben] ser considerados como burguesía nacional.
Guevara: Algunos dependían completamente del imperialismo. El imperialismo les daba capital, tecnología, patentes y mercados. Aunque vivían en su propio país, sus intereses estaban entrelazados con el imperialismo; era el caso, por ejemplo, de los comerciantes de azúcar.
Presidente Mao: Los empresarios del azúcar.
Guevara: Ellos mismos. Ahora el negocio del azúcar ha sido nacionalizado.
Presidente Mao: Ustedes básicamente han expropiado todo el capital norteamericano.
Guevara: No básicamente, sino todo. Quizás algún capital ha escapado [de la expropiación]. Pero no es que no queramos [expropiarlo].
Presidente Mao: ¿Ustedes ofrecieron compensación al expropiarlos?
Guevara: Si [una compañía azucarera] nos compraba más de tres millones de toneladas de azúcar [antes de la expropiación], [nosotros] ofrecíamos una compensación entre 5 por ciento y 25 por ciento [del valor del azúcar comprado]. [La gente] no familiarizada con la situación en Cuba tiene dificultad para entender la ironía incorporada en esta política.
Presidente Mao: Según la prensa, ustedes devolvían el capital y las ganancias sobre 47 caballerías por año, con una tasa de interés anual de 1 por ciento.
Guevara: Sólo las [compañías] que compraban más de 3 millones de toneladas de azúcar eran compensadas. Si no habían comprado, no había compensación. Había dos bancos canadienses, relativamente grandes. No los nacionalizamos, y esto es consistente con nuestras políticas interna y exterior.
Presidente Mao: Es estratégicamente aceptable tolerar temporalmente la presencia de algunas compañías imperialistas. Nosotros también tenemos algunas [compañías imperialistas] aquí.
Premier [Zhou Enlai]: Precisamente, como el HSBC [Hong Kong and Shanghai Banking Corporation], cuya presencia es casi simbólica.
Guevara: Esos bancos canadienses en Cuba son lo mismo que el HSBC aquí.
Presidente Mao: Ustedes [deben] unir a los obreros y campesinos, es decir, a la mayoría.
Guevara: Alguna gente de la burguesía se puso en contra de nosotros y se unió al campo enemigo.
Presidente Mao: Aquellos que se pusieron contra ustedes son sus enemigos. Ustedes han hecho un gran trabajo en suprimir a los contrarrevolucionarios.
Guevara: Los contrarrevolucionarios realizaban actos de agresión. [Por ejemplo,] algunas veces, ocupaban unas cuantas islas, [en cuyo caso] los aniquilábamos inmediatamente después. Nada de qué preocuparse. [Nosotros] ejecutábamos a su líder fusilándolo cuando los capturábamos. Su equipamiento provenía de Estados Unidos y era lanzado en paracaídas.
Presidente Mao: Ustedes también capturaron varios norteamericanos [¿no es así?].
Guevara: [Ellos fueron] procesados inmediatamente y fusilados.
Premier [Zhou Enlai]: El gobierno norteamericano protestaba y ustedes respondían.
Presidente Mao: Ustedes son firmes. Sean firmes hasta el final, esa es la esperanza [de la revolución], y el imperialismo se encontrará en grandes dificultades. Pero vacilen y entren en compromisos, y el imperialismo verá que es fácil [lidiar con ustedes].
Guevara: En la primera etapa de nuestra revolución, Fidel propuso una forma de resolver el problema de la vivienda pública, porque el gobierno tiene la responsabilidad de que todos tengan una vivienda. Confiscamos las propiedades de los grandes propietarios de casas y las distribuimos entre el pueblo. Los pequeños propietarios de casas conservan sus propiedades como antes.
Presidente Mao: ¿Y después?
Guevara: Ahora estamos en la segunda etapa de la revolución, es decir, terminar con el fenómeno de la explotación del hombre por el hombre. En estrecha relación con la situación interna e internacional, estamos trabajando en la consolidación de nuestro régimen: erradicando el analfabetismo y el desempleo (que está en una condición particularmente seria), desarrollando el sector industrial y profundizando la reforma agraria.
Presidente Mao: Excelente. Ustedes han influido en América Latina, e incluso en Asia y África. Ellos serán influenciados en tanto ustedes hagan bien las cosas.
Guevara: Especialmente América Latina.
Presidente Mao: La pequeña burguesía y la burguesía nacional latinoamericanas tienen miedo del socialismo. Por un buen tiempo, ustedes no deberían apresurarse con las reformas sociales. Este método les permitirá ganarse a la pequeña burguesía y a la burguesía nacional de América Latina. Después de la victoria, fueron nacionalizados todos los negocios de Jiang Jieshi [Chiang Kai-shek] y los negocios que anteriormente pertenecían a Alemania, Italia y Japón pero que después pasaron a ser patrimonio de Jiang, eso permitió que el capital propiedad del Estado alcanzara el 80 por ciento de todo el capital industrial. Aunque la burguesía nacional tenía solo el 20 por ciento [de todo el capital industrial], empleaba a más de 1 millón de obreros y controlaba toda la red comercial. Nos tomó casi siete años resolver este problema. [Nosotros] les dimos empleo, derecho al voto, administración conjunta pública- privada y compra de participaciones, con la esperanza de resolver este problema. Esta solución [conjunta] les satisfizo y tuvo un buen efecto relativo en el exterior. Después de ver esta salida, pese a que la burguesía asiática no estaba completamente feliz, estuvo de acuerdo en que ésta era una forma aceptable de unirlos, y que estaba bien utilizar la política de compra de participaciones. El problema del sector artesanal urbano y la pequeña burguesía fue enfrentado, igualmente, por medio de las cooperativas.
Guevara: Debemos aprender de la experiencia de otros países, incluido China y otros países socialistas. En cuanto a la burguesía, le dimos respeto, trabajo y dinero, deseando que no abandonaran el país. También les dimos sueldos a los técnicos. Tradicionalmente, no tenemos industria artesanal, en consecuencia, no tenemos problemas en ese sentido. Hemos reunido a los desempleados en las cooperativas, las que en retribución les dan empleo.
Presidente Mao: Estados Unidos no quiere que Cuba tenga burguesía nacional. Este es el mismo caso de Japón en Corea y del noreste de China [por ejemplo, Manchuria], y el caso de Francia en Vietnam. Ellos no permiten que la gente local construya grandes plantas.
Guevara: Este hecho se asemeja a [a lo que pasó en] América Latina. A fin de destruir las fuerzas feudales, el imperialismo promovió la burguesía nacional. La burguesía nacional también podía pedir impuestos más altos a la importación. Pero no luchaba por los intereses nacionales; de hecho, está coludida con el imperialismo.
Presidente Mao: Tengo una pregunta. ¿La industria brasileña del acero está vinculada a Estados Unidos en términos de capital?
Guevara: Las principales fábricas metalúrgicas del Brasil fueron establecidas con capital norteamericano.
Premier [Zhou Enlai]: ¿Cuál es el porcentaje del capital norteamericano? Brasil produce 1.6 millones de toneladas de acero [anualmente].
Guevara: No está bastante claro el monto total del capital en la fábrica más grande de Brasil. Pero tecnológicamente depende completamente de Estados Unidos. Brasil es un país grande, sin embargo, realmente no existe diferencia sustancial entre él y otros países latinoamericanos.
[…]
Presidente Mao: Esas doce personas son las semillas. La temperatura en vuestro país es buena.
Guevara: [Cuba está] a 22 grados al norte.
Presidente Mao: Sus tierras también son buenas.
Guevara: Todas las tierras son cultivables. Se puede plantar árboles de coco en las zonas arenosas. Pero es difícil cultivar en las montañas.
Presidente Mao: Entonces [la población de] su país podría crecer por lo menos hasta 30 millones.
Guevara: La Isla de Java de Indonesia tiene como 50 millones [de personas].
Presidente Mao: Ustedes deberían agradecer a [General Rubén Fulgencio] Batista [y Zaldívar], de la misma forma que nosotros agradecemos a Jiang Jieshi. Él nos dio lecciones matando gente.
[Alberto] Mora [Becerra]: También estamos agradecidos con Batista porque él puso a más gente de nuestro lado.
Presidente Mao: Nosotros tenemos otro maestro: el imperialismo. Es nuestro educador constante. El mejor maestro es el imperialismo norteamericano. Ustedes también tuvieron dos maestros: Batista y el imperialismo norteamericano. [Hasta donde sé,] Batista está ahora en Estados Unidos. ¿Está pensando en una restauración?
Guevara: Los partidarios de Batista están ahora divididos en 5 facciones, que han elegido cinco candidatos presidenciales. Esos candidatos tienen puntos de vista diferentes unos de otros. Algunos se oponen a Batista, mientras que otros se
comportan más o menos como Batista.
Presidente Mao: Ellos no son rivales para Batista. ¿Qué edad tiene Batista?
Guevara: 60 años.
Presidente Mao: Nuestro Jiang Jieshi tiene ahora 74 años, anhelando todos los días con regresar a Beijing.
Mora: Todos esos 5 candidatos fueron dirigentes partidarios. La gente conoce sus nombres y ellos también anhelan todos los días regresar a Cuba.
[…]
Premier [Zhou Enlai]: La vida de cliente no es fácil.
Presidente Mao: Ahora los norteamericanos no quieren a Jiang Jieshi. Nosotros nos estamos encariñando con él. Los que son 100 por ciento pro-norteamericanos son peores que Jiang Jieshi, que sólo es 99 por ciento pro-norteamericano. Él todavía quiere conservar su ascendiente.
Premier [Zhou Enlai]: Eso es dialéctico.
[Comandante Eddy] Suñol: Creo que ustedes esperan que Jiang Jieshi regrese.
Presidente Mao: A condición de que rompa con los Estados Unidos, le haremos un lugar en nuestro gobierno.
Premier [Zhou Enlai]: Mejor todavía si trae, de regreso con él, a Taiwán.
Presidente Mao: Aunque parece que él no está interesado en regresar.
Fuente: Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, N° 202-00098-01, págs. 1-14. Según la versión en inglés para Cold War International Historic Project, de Zhang Qian.
Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Jiang Yucmoi.
Para la lectura de «Mao y el Che en una nube», el blog original, cliquee aquí.
Para el texto completo del documento, vaya a la nube.
El recorte de Granma es del 15 de septiembre de 1973. En el extremo izquierdo, con jeans claros y las manos agarradas a la espalda, está el entonces capitán Patricio de la Guardia; detrás, Claudio Menéndez, a quien llaman «Honduras»; le siguen por la izquierda, en la primera fila, Lisandro Otero, Juan Carretero, el embajador Mario García Incháustegui, el brazo derecho en cabestrillo; Ulises Estrada y Luis Fernández Oña. Con excepción de Lisandro, que no se hallaba en Chile, los demás acaban de aterrizar en La Habana.
Pocos días antes, Fidel había tomado «las medidas necesarias» respecto a la situación chilena. Se reúne con dos de sus hombres antes de salir para Argel a participar en la IV Cumbre de los Países No Alineados, y de allí seguir un largo periplo que concluirá en Vietnam. Noche del 27 de agosto de 1973. La conversación con Patricio de la Guardia y el también capitán Enrique Montero, ocurre en la casa del comandante Manuel Piñeiro «Barbarroja». Los dos oficiales del MinInt también a punto de abordar un avión, pero en dirección a Chile. Patricio es el más alto cargo de los servicios especiales cubanos en Santiago, y Montero uno de sus segundos. Fidel ha mandado a detener el Ilyushin Il-62 que Patricio y Montero deben abordar —hasta eso de las 9 PM, en que terminó su conversación.
«Voy a decir mis últimas palabras sobre Chile», había comenzado.
Tenía perfectamente articuladas sus ideas sobre Chile y lo que debía ser la actuación: de los cubanos.
1. Allende iba a ser derrocado.
2. Allende había hecho demasiadas concesiones.
3. Los cubanos tenían que salir de allí de la manera más digna posible.
4. Los cubanos no podían involucrarse en ninguna clase de lucha callejera contra el Ejército si las masas no se lanzaban al combate.
5. No comprometerse en ninguna ayuda con Allende si el pueblo no está en la calle.
6. Toda ayuda a Allende tiene que ser antes de un golpe de Estado y no después.
7. No apoyar a ningún grupo paralelo. Solo al gobierno central (Allende).
8. La misión de los cubanos es defender nuestra embajada.
9. Activar desde ahora los dispositivos de la Operación Quang Try.
«La caída de Allende me va a sorprender en el viaje», dijo Fidel. «Aquello está perdido. Salvador ha caído en muchas concesiones. Las concesiones nada más que se siembran con concesiones. Para salir de las concesiones hay que hacer otras concesiones. Es igual que las mentiras. Dices una mentira y para taparla hay que decir otra. Déjenme advertirles lo siguiente: Los cubanos tienen que salir de allí con la cabeza en alto. Allí nada más se combate y se sale a la calle si hay pueblo en la calle. Salir a la calle a matar pueblo no se puede. ¿Me están oyendo? Les digo más, si Salvador pide ayuda, hay que constatar primero que haya pueblo en la calle, manifestándose a su favor. Tampoco se puede estar apoyando al MIR [Movimiento de Izquierda Revolucionaria] ni a nadie, a ninguna otra agrupación colateral. Hay que darle todo el apoyo a Salvador. Pero es un apoyo anterior, no para brindárselo con posterioridad. Repito. Si hay un golpe, tienen que esperar por una revuelta del pueblo. La posición de ustedes, en todo caso, es defender la embajada, igual que los vietnamitas defendieron el bastión de Quang Try, la aldea irreducible de Vietnam. Recuérdense que yo bauticé así esta operación al inicio. Recuérdense que les dije, cuando estábamos reunidos allí, en Tropas, seleccionando el personal que íbamos a mandar a Chile. “Esto va a ser como Quang Try.”»
Y así, en efecto, se le puso de nombre: Operación Quang Try.
Circa 9 de septiembre de 1973. Patricio se reúne con Allende en su residencia de Tomás Moro. Ofrece por última vez cualquier ayuda que necesite del personal cubano bajo su mando. El tozudo presidente chileno la rechaza. Agradece el gesto de los hermanos cubanos, pero no puede aceptarlo.
11 de septiembre de 1973. Patricio vuelve a reunirse con Allende, ahora en el Palacio de La Moneda. Lo acompaña Antonio Tenjido, otro veterano de los tiempos de las Tropas Especiales. Allende, en tono enérgico, les dice que no quiere cubanos allí. «Vamos», es lo último que Patricio le oye decir al presidente. «Vamos, que los van a matar. Fuera.»
Fidel está en Nueva Delhi, donde ha aterrizado luego de una breve estancia en Bagdad. Indira Gandhi le ofrece una cena en el hotel Ashoka. Tras los discursos de rigor, una degustación de platos típicos y el disfrute de varios grupos folclóricos, aproximadamente a las 9.05 entra al salón el jefe del sector de prensa y propaganda del Partido cubano, Orlando Fundora, que susurra al oído de Fidel que se ha iniciado (9 AM de Chile) el golpe de Estado contra Allende. Dijo, exactamente: «Acaba de ser derrocado Allende en Chile.»
Fidel apresura los rituales de la despedida con Indira y decide partir hacia Vietnam a la mayor brevedad. Se hallan, según sus propias palabras, ante «un escenario nuevo». De ahí la necesidad de tomar medidas excepcionales: reducir en días el viaje a Vietnam, eliminar el recorrido ulterior y cambiar la ruta de regreso a Cuba.
11 al 13 de septiembre de 1973. Harald Edelstam, el embajador sueco en Santiago negocia la evacuación de los cubanos y convenia que el mismo ejército chileno aliste la caravana de cuatro ómnibus dentro de los cuales alojan al personal cubano y los conducen hasta el aeropuerto, un embajador occidental (también agenciados por Edelstam) a bordo de cada ómnibus a modo de protección diplomática. Para cualquier eventualidad que se presente en el camino y que no logren contener el escudo humano montado por el sueco, los cubanos han embutido suficientes Kalashnikov en una docena de las intocables valijas diplomáticas. Patricio va en el primer ómnibus y con su mirada de águila va registrando cada rescoldo del camino, presto a dar la orden de combate. El cierre de la caravana está compuesto por un Mercedez con placa de la embajada cubana y un camión del ejército chileno, atiborrado de soldados. Es el Mercedez de Juan Carretero, uno de los cuadros decisivos de la inteligencia cubana en América Latina y que ha convertido a Chile en trampolín de sus operaciones subversivas. Conduce él mismo. A su derecha, el capitán Enrique Montero. Detrás va un guardia chileno, armado hasta los dientes, y un coronel llamado Uro Domic (¿o Dominiq?) Al llegar al aeropuerto, antes de apearse, Carretero extrae las llaves del encendedor y se las entrega al coronel. «Te lo regalo», le dice. «Los papeles están en la guantera. Déjame firmártelos.»
El Ilyushin Il-62 de Aeroflot hizo escala en Lima. El 14 estaban en La Habana. Una foto recorre las primeras planas de todos los periódicos del mundo: el embajador Mario García Incháustegui con el brazo en cabestrillo, quebrado por un balazo de los militares chilenos la mañana del golpe de Estado (ya habían liquidado la resistencia en La Moneda y convinieron seguir la fiesta con un asalto a la embajada cubana cuando el fuego cerrado de sus defensores los devolvió a la realidad y recularon; algunas bajas desperdigadas en las calles aledañas a la legación y convulsionando por el ametrallamiento de los Kalashnikov). El mismo empaque diplomático, o quizá aún más severo, por las gruesas gafas de pasta, y ahora siendo el héroe de terno oscuro, cuello y corbata que descendió por la escalerilla al frente de su hosca centuria de descamisados que dejaron en Chile un reguero de mujeres enamoradas y un pasadizo secreto en el sótano de la embajada repleto de Kalashnikov y lanza cohetes antitanques RPG-7, más un quirófano de campaña.
Un custodio fortuito para el arsenal. Obligado por las circunstancias, el chileno Max Marambio, exjefe del Grupo de Amigos del Presidente —la escolta paramilitar de Allende— y muy vinculado a Cuba— se ha refugiado en la sede apenas escuchada de la noticia de la asonada y debe quedarse a solas en el recinto. Las circunstancias son que lo golpistas no lo admiten entre los evacuados. Antes de partir hacia el aeropuerto, sus compañeros cubanos se vacían los bolsillos de todo el dinero que trae cada uno encima y hacen una colecta, con sombrero y todo, para que «vaya tirando». Patricio, que ha dirigido con éxito la defensa de la embajada, tiene el gesto, siempre simbólico entre los combatientes revolucionarios, de entregarle su pistola. Una espléndida Browning High Power de 9 milímetros. Entre los abrazos de despedida, otra vez resurge Edelstam en su papel de Ángel de la Guardia. Se compromete a mantener a Marambio bajo su protección —«siempre y cuando no se salga de los predios cubanos», advierten los chilenos— y cubrir sus necesidades básicas. Diez meses más tarde, logrará el preciado salvoconducto y sacar a Marambio hacia Estocolmo. Supuestamente en ese tiempo y con la colaboración de un fantasmagórico movimiento clandestino, todo el armamento es extraído del lugar y puesto a salvo en las mejores manos. Mas el camino final que Marambio le reservó a la Browning de Patricio es un enigma.
Regresemos en un lento paneo hacia la izquierda de la imagen. Un extraño desprecio en el rostro de Patricio de la Guardia es perceptible aún en la borrosa fotocopia. La tensión no abandona a Patricio. Hay como una mirada llena de dudas mientras repasa con su mirada por encima de todos los presentes. Desconozco si Patricio recuerda esta foto. Si es capaz de volver en su memoria a ese momento. Pero habría que preguntarle qué significado tiene para él después del fusilamiento de su hermano gemelo, de su condenen a 30 años de prisión —y de que tuviera que cumplirlo hasta el último día— y el permanente acoso de los servicios de seguridad, que todavía no le pierden ni pie ni pisada. (Innecesario detenernos aquí en los pormenores de la célebre Causa # 1 de 1989.)
Bueno, ese fue el hombre que el pasado domingo 10 de septiembre fue visitado por una comisión de altos oficiales del Ministerio del Interior que solicitaban su asistencia a los actos que organizaba el Ministerio por el 50º aniversario del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende. Me imagino que se consideraban a sí mismos magnánimos y de mucho tacto político al tratarlo de general. Se trataba de invitarlo a esa conmemoración y querían hacerle ver que su presencia le daría «lustre» a «la actividad». «¿Qué?» Tengo entendido que Patricio lo preguntó varias veces. Como si las interrogantes fueran cortadas a navaja. «¿Qué?» El desprecio de vuelta a su rostro. Visceral. Sanguíneo. «¿Qué dicen ustedes?»