martes, 27 de enero de 2015
¡Esos hermanitos!
No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos…
El Presidente de Cuba ha dado los pasos pertinentes de acuerdo a sus prerrogativas y las facultades que le conceden la Asamblea Nacional y el Partido Comunista de Cuba.
—carta de Fidel a la Federación de Estudiantes Universitarios, 26 de enero 2015
… y yo no creo nada.
Fidel, Raúl:
¿Qué quieren? ¿Qué están buscando?
viernes, 23 de enero de 2015
El color que cayó en Key West
…los oscuros bosques se aclaran y el erial muere a orillas de unas aguas azules cuya superficie
refleja el cielo y reluce al sol. Y los secretos de los extraños días se funden con los secretos de las
profundidades; se funden con la oculta erudición del viejo océano, y con todo el misterio de la
primitiva tierra.
—H.P. Lovecraft
—H.P. Lovecraft
Invitación
VICENTE DOPICO LERNER
Su obra
Se presenta actualmente en Gildea Contemporary Gallery
522 Southhard street, Key West, Forida, 33040/tel 305 797 6485
miércoles, 21 de enero de 2015
Duelo de titanes
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De: "Rafael Del Pino"
Para: "Norberto Fuentes"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 8:03:34
Asunto: Duelo de Titanes
Se miraron fijamente como Gary Cooper y Burt Lancaster en Veracruz. Ambas tarjetas de crédito listas para ser disparadas hasta que el mas debil desenfundó primero.
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De: norber
Para: "Rafael Del Pino"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 13:59:19
Asunto: Re: Duelo de Titanes
¿Cómo que ambas tarjetas de crédito?
De: "Rafael Del Pino"
Para: "Norberto Fuentes"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 8:03:34
Asunto: Duelo de Titanes
Se miraron fijamente como Gary Cooper y Burt Lancaster en Veracruz. Ambas tarjetas de crédito listas para ser disparadas hasta que el mas debil desenfundó primero.
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De: norber
Para: "Rafael Del Pino"
Enviados: Jueves, 5 de Abril 2012 13:59:19
Asunto: Re: Duelo de Titanes
¿Cómo que ambas tarjetas de crédito?
martes, 20 de enero de 2015
El compañero Silito
Dados los acontecimientos de los días recientes y de hallarnos en las vísperas del pleno restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, lo que yo he dado en proclamar como “la guerra ha terminado” (sí, una parodia del último parte de Franco para anunciar el fin de la Guerra Civil Española, y también título de la preciosa película de Alain Resnais, con Yves Montand e Ingrid Thulin y el guión de Jorge Semprún en su buena época), el fallecimiento hoy, 20 de enero de 2015, en West Palm Beach del brigadier general Francisco Tabernilla Palmero, que fuera el jefe de la Casa Militar del Presidente Fulgencio Batista y de la fuerza de élite de su ejército, la División “Alejandro Rodríguez”, me parece algo más que un requerimiento cuasi obligatorio para un hombre de 94 años: es decididamente simbólico.
Hace más de 10 años escribí un libro (duerme en una de mis gavetas) sobre los últimos días de Batista o lo que serían las vísperas de la Revolución Cubana. Silito, apenas una llamada de mi parte, fue mi más entusiasta colaborador. Luego mantuvimos la amistad. Incluso hasta una vez me presenté en su casa con el general Rafael del Pino. Pasamos la mañana y un almuerzo formidable. Yo, gozando. Dos generales de fuerzas enemigas al final del servicio en un restaurante “latino” de West Palm Beach mirando hacia el techo a ver cuál de los dos se hacía cargo de la cuenta. Bueno, ese es un cuento que se hará en su momento. No voy a gastar todas las balas aquí.
El texto a continuación es uno de los capítulos del libro engavetado. Tampoco lo reproduzco completo. Sigo ahorrando parque. Sí, la reserva de municiones es importante. Tampoco he cambiado una tilde ni actualizado las fechas. Se trata, en todo caso, de rendir homenaje a alguien que aprendí a querer y a respetar y que me acabo de enterar de su partida . 94 añitos. Está bien, Silito. Largo fue tu viaje.
El principio del fin. Todo comienza un 14 de marzo. Cuando los americanos le fallan a Batista. El general «Silito» Tabernilla Palmero ofrece esta perspectiva desde su refugio en Palm Beach, Florida, a 41 años de los acontecimientos.
Cuando el entrevistador se encuentra con él, en mayo 29 y luego en junio 24 del 2000, y más tarde el 23 de febrero de 2002, ve un hombre de mediana estatura, de mirada compasiva y que ha sobrepasado su tiempo de haber sido cubano, puesto que 41 años después de que llegara a Estados Unidos es razonable rendirse ante la evidencia de que ha estado más años bajo el pabellón americano, el que una vez fuera el extranjero. Se demoraron nueve años en otorgarle la ciudadanía al antiguo general del Ejército Constitucional de la República de Cuba y estuvo bastante tiempo bajo vigilancia policial –«los federales»–, para evitar cualquier participación suya en una jugada contra Fidel Castro. Era la época en que la CIA –primero la CIA– decidió hacerse cargo de todo el operativo cubano, hasta 1967 en que Lyndon B. Jonson cerró el operativo «JM Wave» de Miami y pasó el liderazgo –que mantiene hasta hoy– de la actividad cubana al Departamento de Estado.
Tiene la misma casa que compró cuando llegó a esta apacible ciudad en enero de 1959 y ahora casi todos los batistianos de sus alrededores han muerto, pero él goza visiblemente de una dulce y suave salud, y se mueve a su gusto por los vericuetos y serenas calles de este pueblo de gringos multimillonarios retirados y viste aún con una fajilla militar de enganche metálico –«el vicio del kaki»– mientras se destaca como activista de la iglesia católica más cercana. Tuvo un buen negocio hace años, asociado con viejos amigos suyos generales del Ejército Americano. Montó una academia militar que era una de las únicas nueve con franquicia auténtica del Pentágono y que funcionó sin contratiempos hasta que comenzaron las protestas por la guerra de Vietnam y los hippies llenaron las calles. Tal parece que siempre hay una banda de jóvenes barbudos y con melenas que se disponen a atravesarse en el camino del general «Silito» Tabernilla, porque la academia debió cerrar a tono con los aires de los nuevos tiempos en que evidentemente la sociedad se liberalizó al punto de que a ningún padre de familia de la clase media gringa se le ocurría mandar un hijo a disciplinarse como un prusiano cuando la moda que se imponía era la indisciplina sazonada con chupaditas de marihuana. Por lo que entonces se dedicó a su último negocio, el que le duró hasta que se retiró a los 75 años de edad: la construcción. Para esa fecha, Batista y su padre ya habían muerto. El viejo «Pancho» un poco después de Batista. Murió de tristeza, dice «Silito». «El viejo murió de tristeza. Y con sólo 800 dólares en el banco.»
Este es el hombre que el entrevistador ve y para el que «Silito» ofrece, sin que se le altere uno sólo de los músculos de su rostro, con la compasión que parece ser permanente en sus observaciones, la declaración de que Batista era un hombre muy difícil. ¿Cómo era realmente Batista? Francisco Tabernilla dice que «Muy difícil». Repite: «Batista era un hombre muy difícil, chico.»
Sobre la famosa lista de los elegidos para salir del país dictada por Batista el 22 de diciembre de 1958, «Silito» dice que se le pasó, manuscrita, a su ayudante, el capitán Martínez, que era mecanógrafo y le solicitó que la pasara en limpio. Al parecer, Martínez no hizo correr el rumor. «Aunque se daba cuenta de lo que estaba pasando y de lo que esa lista significaba. «Silito» aún cree, y está orgulloso de ello, que su ayudante «no filtró nada», porque nunca le reportaron en ese sentido. «Un compañero muy responsable.»
«¿Compañero?», le pregunta uno creyendo que ha tomado la expresión de la fraseología revolucionaria al uso en Cuba desde 1959. «No», dice. «No es vuestro invento. Así era. Así nos tratábamos. Nosotros. ¿O qué otra cosa somos en el Ejército, sino compañeros?»
Una hermandad que probablemente sólo existe en sus recuerdos más remotos, él sigue identificándola con algo que llama «la enfermedad o vicio del kaki.» Y la evoca: «Eso te pasa cuando llevas unos años en el ejército, te entra la enfermedad del kaki, sí, como un vicio, por eso la derrota es lo peor que le puede pasar a un militar, porque casi siempre los ejércitos derrotados son disueltos y ya más nunca te empatas con el uniforme y los viejos compañeros.»
Y repite: «Compañeros. Así era como nos llamábamos en el ejército. ¿Qué otra cosa éramos sino compañeros? Hasta esa palabra, esa forma de llamarnos, nos lo ha quitado la Revolución.
»Chico, qué jodido es todo esto.»
Hace más de 10 años escribí un libro (duerme en una de mis gavetas) sobre los últimos días de Batista o lo que serían las vísperas de la Revolución Cubana. Silito, apenas una llamada de mi parte, fue mi más entusiasta colaborador. Luego mantuvimos la amistad. Incluso hasta una vez me presenté en su casa con el general Rafael del Pino. Pasamos la mañana y un almuerzo formidable. Yo, gozando. Dos generales de fuerzas enemigas al final del servicio en un restaurante “latino” de West Palm Beach mirando hacia el techo a ver cuál de los dos se hacía cargo de la cuenta. Bueno, ese es un cuento que se hará en su momento. No voy a gastar todas las balas aquí.
El texto a continuación es uno de los capítulos del libro engavetado. Tampoco lo reproduzco completo. Sigo ahorrando parque. Sí, la reserva de municiones es importante. Tampoco he cambiado una tilde ni actualizado las fechas. Se trata, en todo caso, de rendir homenaje a alguien que aprendí a querer y a respetar y que me acabo de enterar de su partida . 94 añitos. Está bien, Silito. Largo fue tu viaje.
El principio del fin. Todo comienza un 14 de marzo. Cuando los americanos le fallan a Batista. El general «Silito» Tabernilla Palmero ofrece esta perspectiva desde su refugio en Palm Beach, Florida, a 41 años de los acontecimientos.
Cuando el entrevistador se encuentra con él, en mayo 29 y luego en junio 24 del 2000, y más tarde el 23 de febrero de 2002, ve un hombre de mediana estatura, de mirada compasiva y que ha sobrepasado su tiempo de haber sido cubano, puesto que 41 años después de que llegara a Estados Unidos es razonable rendirse ante la evidencia de que ha estado más años bajo el pabellón americano, el que una vez fuera el extranjero. Se demoraron nueve años en otorgarle la ciudadanía al antiguo general del Ejército Constitucional de la República de Cuba y estuvo bastante tiempo bajo vigilancia policial –«los federales»–, para evitar cualquier participación suya en una jugada contra Fidel Castro. Era la época en que la CIA –primero la CIA– decidió hacerse cargo de todo el operativo cubano, hasta 1967 en que Lyndon B. Jonson cerró el operativo «JM Wave» de Miami y pasó el liderazgo –que mantiene hasta hoy– de la actividad cubana al Departamento de Estado.
Tiene la misma casa que compró cuando llegó a esta apacible ciudad en enero de 1959 y ahora casi todos los batistianos de sus alrededores han muerto, pero él goza visiblemente de una dulce y suave salud, y se mueve a su gusto por los vericuetos y serenas calles de este pueblo de gringos multimillonarios retirados y viste aún con una fajilla militar de enganche metálico –«el vicio del kaki»– mientras se destaca como activista de la iglesia católica más cercana. Tuvo un buen negocio hace años, asociado con viejos amigos suyos generales del Ejército Americano. Montó una academia militar que era una de las únicas nueve con franquicia auténtica del Pentágono y que funcionó sin contratiempos hasta que comenzaron las protestas por la guerra de Vietnam y los hippies llenaron las calles. Tal parece que siempre hay una banda de jóvenes barbudos y con melenas que se disponen a atravesarse en el camino del general «Silito» Tabernilla, porque la academia debió cerrar a tono con los aires de los nuevos tiempos en que evidentemente la sociedad se liberalizó al punto de que a ningún padre de familia de la clase media gringa se le ocurría mandar un hijo a disciplinarse como un prusiano cuando la moda que se imponía era la indisciplina sazonada con chupaditas de marihuana. Por lo que entonces se dedicó a su último negocio, el que le duró hasta que se retiró a los 75 años de edad: la construcción. Para esa fecha, Batista y su padre ya habían muerto. El viejo «Pancho» un poco después de Batista. Murió de tristeza, dice «Silito». «El viejo murió de tristeza. Y con sólo 800 dólares en el banco.»
![]() |
| De izquierda a derecha: Norberto Fuentes, "Silito" y Rafael del Pino. |
Sobre la famosa lista de los elegidos para salir del país dictada por Batista el 22 de diciembre de 1958, «Silito» dice que se le pasó, manuscrita, a su ayudante, el capitán Martínez, que era mecanógrafo y le solicitó que la pasara en limpio. Al parecer, Martínez no hizo correr el rumor. «Aunque se daba cuenta de lo que estaba pasando y de lo que esa lista significaba. «Silito» aún cree, y está orgulloso de ello, que su ayudante «no filtró nada», porque nunca le reportaron en ese sentido. «Un compañero muy responsable.»
«¿Compañero?», le pregunta uno creyendo que ha tomado la expresión de la fraseología revolucionaria al uso en Cuba desde 1959. «No», dice. «No es vuestro invento. Así era. Así nos tratábamos. Nosotros. ¿O qué otra cosa somos en el Ejército, sino compañeros?»Una hermandad que probablemente sólo existe en sus recuerdos más remotos, él sigue identificándola con algo que llama «la enfermedad o vicio del kaki.» Y la evoca: «Eso te pasa cuando llevas unos años en el ejército, te entra la enfermedad del kaki, sí, como un vicio, por eso la derrota es lo peor que le puede pasar a un militar, porque casi siempre los ejércitos derrotados son disueltos y ya más nunca te empatas con el uniforme y los viejos compañeros.»
Y repite: «Compañeros. Así era como nos llamábamos en el ejército. ¿Qué otra cosa éramos sino compañeros? Hasta esa palabra, esa forma de llamarnos, nos lo ha quitado la Revolución.
»Chico, qué jodido es todo esto.»
viernes, 16 de enero de 2015
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Tres ex hombres de los Castro hablan de la nueva era Cuba-Estados Unidos
Por Pedro Schwarze
Publicado en La Tercera el 21 de diciembre de 2014
Deben ser los tres grandes desertores que ha tenido el régimen cubano, si acaso ese término puede aplicarse a un ex alto funcionario civil y a un intelectual. Por eso su opinión sobre el anuncio del histórico cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba y la decisión de Raúl Castro de abrirse al diálogo con Barack Obama resulta tan relevante. Se trata del general Rafael del Pino, del escritor Norberto Fuentes y de Alcibíades Hidalgo, el ex secretario político de Raúl Castro.Los tres viven actualmente en Estados Unidos.
Del Pino fue un combatiente que peleó en la Sierra Maestra y que llegó a ser el vicecomandante de la Fuerza Aérea cubana, hasta que huyó junto a su familia a bordo de una avioneta Cessna en 1987. Fuentes fue el cronista favorito del régimen y se codeó con los hermanos Castro hasta que en 1989 salió de hard core cubano y logró dejar la isla en 1994 por una mediación en la que intervinieron, entre otros Gabriel García Márquez, Felipe González y Carlos Salinas de Gortari. Hidalgo, periodista de profesión, trabajó estrechamente con el actual gobernante cubano y fue embajador de Naciones Unidas, pero cayó en desgracia y pudo escapar hacia Estados Unidos en 2002.
La Tercera conversó con ellos sobre el anuncio del miércoles del próximo restablecimiento de relaciones entre La Habana y Washington y la nueva era que se abre en el tono de los contactos entre ambos países. De hecho, los tres coinciden que se trata de un giro histórico, que cambiará radicalmente las últimas cinco décadas y que las primeras muestras de eso ya se están notando en Cuba.
“El anuncio del miércoles fue un punto de viraje de la historia de Cuba desde el triunfo de la revolución de Fidel Castro. Es el equivalente en términos cubanos a lo que pudo haber sido la caída del muro de Berlín. Y ya está teniendo un efecto —sobre todo sicológico— en la población cubana. Se ha anunciado el fin de la hostilidad con el enemigo tradicional, el enemigo que siempre, supuestamente, estaba dispuesto a destruir ese país. Y no hay lugar a dudas de que hay una voluntad de terminar este diferendo tan prolongado”, destacó Alcibíades Hidalgo.
Para Fuentes, el autor de Dulces Guerreros Cubanos y La autobiografía de Fidel Castro, la gente en Cuba recibió la noticia con mucha alegría, ya que “se ha quitado un poco un chaleco de acero que tenía encima, una camisa de fuerza. Casi todos jóvenes están locos por venir a Estados Unidos, toda una generación loca por venir, y si se establecen relaciones con Estados Unidos puede tender a equilibrar la sociedad cubana. Si tu puedes viajar a EE.UU., hacer negocios con EEUU, si puedes intercambiar comercial, social y culturalmente ya no tienes necesidad de irte de Cuba”.
Además, sostuvo que la presión por salir ya estaba “muy amortiguada desde que todo el mundo puede viajar” por el cambio de la política migratoria aplicada por el gobierno cubano. “Esto es la quilla del acorazado directo contra la Ley de Ajuste Cubano (que permite a los isleños pedir la residencia en Estados Unidos en caso de estar en su territorio), eso va a desaparecer inmediatamente”, destacó.
Para el general Del Pino hace mucho que Estados Unidos y Cuba debieron haberse sentado a negociar. Sostuvo que hace años Raúl Castro dio el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente a eso. “Pero como dice el refrán más vale tarde que nunca”. “Hace siete años escribí un artículo, por el cual muchos pidieron mi cabeza, donde sugería a la entonces Administración Bush casi todas las medidas iniciales que ha tomado Obama ahora”. En ese artículo quien fuera el segundo hombre de la Fuerza Aérea cubana destacaba que ”el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo”.
De esta forma Del Pino, quien fue considerado hasta su salida como un héroe en Cuba por su participación en Bahía de Cochinos, destacó que “el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto a resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse”.
Para Alcibíades Hidalgo, lo que Raúl Castro ha hecho es romper “con la médula espinal del castrismo que es la hostilidad hacia Estados Unidos. En ese sentido sí creo que ha habido una ruptura (del gobierno de Raúl Castro) con la herencia de Fidel Castro.
“Cuba ahora está en una nueva situación. Es ahora la niña querida, la joyita que todos quieren. Obama está de cabeza contra Putin y si todo esto es un golpe bajo contra Putin, también le da un precio mayor a Cuba. Porque Obama reconoce que la puerta de acceso para América Latina es de alguna manera Cuba”, destacó Norberto Fuentes.
Precisamente para Hidalgo, con el futuro restablecimiento de relaciones con La Habana, “Estados Unidos se quita una espina molesta en su relación con América Latina, en una situación que deja a un lado una hostilidad que no tenía respaldo internacional y que a lo largo de los años, ese diferendo fue dejando solo a Estados Unidos y Cuba”.
“Es lógico que después de medio siglo de hostilidad habrá recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo del mismo, pero si China y Vietnam lo lograron, porqué no lo podemos lograr los cubanos”, destacó Del Pino.
Al referirse al futuro que se avecina, el jefe de despacho de Raúl Castro cuando éste era el número dos del Partido Comunista de Cuba, afirmó que para el gobierno de la isla "va a quedar cada vez más claro que tiene que cambiar, que no puede hacer promesas en el vacío. Hay mucha gente que está esperando ver como Cuba rompe esta posibilidad que se abre, pero parece que en esta ocasión se ha llegado demasiado lejos y hay muy pocas oportunidades de volver atrás”.
Para Norberto Fuentes, lo próximo que tendrá que venir es el fin del embargo y que la historia la construirán las nuevas generaciones que gobiernen en Cuba, ya no los Castro. “Tiene que acabar por levantarse el embargo. Es muy difícil aferrarse a eso. Eso se tiene que caer. Aparte que ahí (en Cuba) hay un equipo nuevo que vendrá después de Raúl, que está loquito por tener relaciones con Estados Unidos, que le gusta vivir bien. Hay un cambio generacional en el país, que decidirá y determinará las nuevas relaciones”.
Publicado en La Tercera el 21 de diciembre de 2014
Deben ser los tres grandes desertores que ha tenido el régimen cubano, si acaso ese término puede aplicarse a un ex alto funcionario civil y a un intelectual. Por eso su opinión sobre el anuncio del histórico cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba y la decisión de Raúl Castro de abrirse al diálogo con Barack Obama resulta tan relevante. Se trata del general Rafael del Pino, del escritor Norberto Fuentes y de Alcibíades Hidalgo, el ex secretario político de Raúl Castro.Los tres viven actualmente en Estados Unidos.
Del Pino fue un combatiente que peleó en la Sierra Maestra y que llegó a ser el vicecomandante de la Fuerza Aérea cubana, hasta que huyó junto a su familia a bordo de una avioneta Cessna en 1987. Fuentes fue el cronista favorito del régimen y se codeó con los hermanos Castro hasta que en 1989 salió de hard core cubano y logró dejar la isla en 1994 por una mediación en la que intervinieron, entre otros Gabriel García Márquez, Felipe González y Carlos Salinas de Gortari. Hidalgo, periodista de profesión, trabajó estrechamente con el actual gobernante cubano y fue embajador de Naciones Unidas, pero cayó en desgracia y pudo escapar hacia Estados Unidos en 2002.
La Tercera conversó con ellos sobre el anuncio del miércoles del próximo restablecimiento de relaciones entre La Habana y Washington y la nueva era que se abre en el tono de los contactos entre ambos países. De hecho, los tres coinciden que se trata de un giro histórico, que cambiará radicalmente las últimas cinco décadas y que las primeras muestras de eso ya se están notando en Cuba.
“El anuncio del miércoles fue un punto de viraje de la historia de Cuba desde el triunfo de la revolución de Fidel Castro. Es el equivalente en términos cubanos a lo que pudo haber sido la caída del muro de Berlín. Y ya está teniendo un efecto —sobre todo sicológico— en la población cubana. Se ha anunciado el fin de la hostilidad con el enemigo tradicional, el enemigo que siempre, supuestamente, estaba dispuesto a destruir ese país. Y no hay lugar a dudas de que hay una voluntad de terminar este diferendo tan prolongado”, destacó Alcibíades Hidalgo.
Para Fuentes, el autor de Dulces Guerreros Cubanos y La autobiografía de Fidel Castro, la gente en Cuba recibió la noticia con mucha alegría, ya que “se ha quitado un poco un chaleco de acero que tenía encima, una camisa de fuerza. Casi todos jóvenes están locos por venir a Estados Unidos, toda una generación loca por venir, y si se establecen relaciones con Estados Unidos puede tender a equilibrar la sociedad cubana. Si tu puedes viajar a EE.UU., hacer negocios con EEUU, si puedes intercambiar comercial, social y culturalmente ya no tienes necesidad de irte de Cuba”.Además, sostuvo que la presión por salir ya estaba “muy amortiguada desde que todo el mundo puede viajar” por el cambio de la política migratoria aplicada por el gobierno cubano. “Esto es la quilla del acorazado directo contra la Ley de Ajuste Cubano (que permite a los isleños pedir la residencia en Estados Unidos en caso de estar en su territorio), eso va a desaparecer inmediatamente”, destacó.
Para el general Del Pino hace mucho que Estados Unidos y Cuba debieron haberse sentado a negociar. Sostuvo que hace años Raúl Castro dio el primer paso en varias ocasiones al llamar directa y públicamente a eso. “Pero como dice el refrán más vale tarde que nunca”. “Hace siete años escribí un artículo, por el cual muchos pidieron mi cabeza, donde sugería a la entonces Administración Bush casi todas las medidas iniciales que ha tomado Obama ahora”. En ese artículo quien fuera el segundo hombre de la Fuerza Aérea cubana destacaba que ”el mejor escenario puede estar en la mesa de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba. No para discutir los asuntos que corresponden solo a los cubanos sino para acabar de una vez con el casi medio siglo de diferendo”.
De esta forma Del Pino, quien fue considerado hasta su salida como un héroe en Cuba por su participación en Bahía de Cochinos, destacó que “el tema del multipartidismo y la celebración de elecciones libres en Cuba es un asunto a resolver exclusivamente por los cubanos donde los norteamericanos no tienen tampoco ningún derecho a inmiscuirse”.
Para Alcibíades Hidalgo, lo que Raúl Castro ha hecho es romper “con la médula espinal del castrismo que es la hostilidad hacia Estados Unidos. En ese sentido sí creo que ha habido una ruptura (del gobierno de Raúl Castro) con la herencia de Fidel Castro.
“Cuba ahora está en una nueva situación. Es ahora la niña querida, la joyita que todos quieren. Obama está de cabeza contra Putin y si todo esto es un golpe bajo contra Putin, también le da un precio mayor a Cuba. Porque Obama reconoce que la puerta de acceso para América Latina es de alguna manera Cuba”, destacó Norberto Fuentes.
Precisamente para Hidalgo, con el futuro restablecimiento de relaciones con La Habana, “Estados Unidos se quita una espina molesta en su relación con América Latina, en una situación que deja a un lado una hostilidad que no tenía respaldo internacional y que a lo largo de los años, ese diferendo fue dejando solo a Estados Unidos y Cuba”.
“Es lógico que después de medio siglo de hostilidad habrá recelos y dudas por ambas partes. Este es un proceso lento que requerirá un monitoreo constante y reuniones periódicas para evaluar el desarrollo del mismo, pero si China y Vietnam lo lograron, porqué no lo podemos lograr los cubanos”, destacó Del Pino.
Al referirse al futuro que se avecina, el jefe de despacho de Raúl Castro cuando éste era el número dos del Partido Comunista de Cuba, afirmó que para el gobierno de la isla "va a quedar cada vez más claro que tiene que cambiar, que no puede hacer promesas en el vacío. Hay mucha gente que está esperando ver como Cuba rompe esta posibilidad que se abre, pero parece que en esta ocasión se ha llegado demasiado lejos y hay muy pocas oportunidades de volver atrás”.
Para Norberto Fuentes, lo próximo que tendrá que venir es el fin del embargo y que la historia la construirán las nuevas generaciones que gobiernen en Cuba, ya no los Castro. “Tiene que acabar por levantarse el embargo. Es muy difícil aferrarse a eso. Eso se tiene que caer. Aparte que ahí (en Cuba) hay un equipo nuevo que vendrá después de Raúl, que está loquito por tener relaciones con Estados Unidos, que le gusta vivir bien. Hay un cambio generacional en el país, que decidirá y determinará las nuevas relaciones”.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Por quién doblan las campanas
Por Norberto Fuentes
Publicado como “Le campane di Cuba per gli sconfitti della storia” en La Reppublica
el 18 de diciembre de 2014, y en ABC el 19.
Desconozco la cantidad de campanas que queden en las iglesias de La Habana, así como el número de iglesias, pero todas comenzaron a doblar, hoy, al unísono, en inequívoco expresión de festejo al saberse la noticia del intercambio de prisioneros entre Cuba y Estados Unidos y las medidas que se pondrán rápidamente en vigor para el establecimiento de un nuevo orden en las relaciones entre los dos países vecinos, incluidas primordialmente la apertura de embajadas en ambas capitales y la liberalización de casi todas tuercas del embargo que atenazaban a la economía cubana. Es indudable (para hablar en los términos militares que encantan a los cubanos) que el gran vencedor es Raúl Castro y que estamos ante un equivalente del descalabro de Bahía de Cochinos, solo que en este caso, la derrota no afecta al gobierno de los Estados Unidos. Es un desastre para el solo consumo de los cubanos de Miami.
Lo importante es que ha llegado el momento. No es la primera vez que Cuba y Estados Unidos intercambian prisioneros, o que Obama afloje algunas medidas del embargo (aunque estas de hoy rebasen con creces cualquier otra vuelta de tuerca en sentido inverso anterior). Pero si es la primera vez que los presidentes de los dos países establecen una conversación seria y que es una conversación que cambia —subrayen ese cambia— las cosas, empezando por la forma en que un país ve al otro. . Es un diálogo —aunque Miami, y toda la derecha cubana quiera interpretarlo como política—, que no se produce en ese ámbito, porque —también por primera vez— se trata de responder a los intereses, los de Cuba y los de Estados Unidos. Los dos respondiendo a sus conveniencias nacionales y la política no se alza en el medio. Y por lo tanto, deja de ser una obstrucción. Y en ese sentido la victoria ya no es de nadie, porque no se personaliza. Pertenece a la razón. Y en el caso de Obama —ahora es su turno para las sinecuras— significa que él está gobernando. Tal su gran lección y a la larga se consolidará como su más perfecto legado: gobernar en los famosos últimos dos años, cuando es tradición histórica que ningún presidente americano ha podido hacer ni pitoche en ese período.
Desde que Raúl asumió el poder y además se dio cuenta que Fidel no tenía regreso, su objetivo ha sido el de trazar las diferencias de método con el hermano. Él también, pues, está demostrando algo en su trato inaugural con Obama: que en Cuba se puede gobernar de otra manera. El reinado de Fidel era la confrontación. El de Raúl, ya lo vemos, la negociación. Es decir, quiérase ver así o no, los dos presidentes han logrado algo sobresaliente: conversar, abrir sus embajadas y comunicarse como dos estadistas, y no como chiquillos malcriados que en vez de pistolas plásticas han sido armados con Kalashnikovs y drones. Vamos, que no otra cosa aquí es trascendente: dos hombres han decidido ejercer los poderes de que disponen para interactuar entre ellos sin dejarse ni manipular ni intimidar. Los profetas armados se deshacen de los desarmados.
En este orden de cosas, no por gusto Raúl Castro, en su comparecencia por la televisión para explicar los acuerdos, se presentó de completo atuendo militar, todos sus entorchados a la vista, y la voz más grave que nunca. Le tira su sinecura a Obama —“merece respeto”— pero deja claro para cualquier cabeza caliente que él tiene los tanques.
De hecho, fue una política que duró demasiado. Estuvo teledirigida por un grupo muy rencoroso de desplazados de la sociedad cubana pero que se hizo del poder que le otorgaba controlar los votos en el sur de la Florida. Votos que, por lo que le queda de vida, a Obama le importan ya un comino.
Para terminar, queda un personaje no mencionado aún en la algazara de la noticia pero que está de cabeza en el potaje. El camarada Vladimir Vladimirovich Putin. Es visible la lógica del razonamiento de Obama: te voy a golpear donde te duele: Te voy a arrebatar al hijo pródigo, o por lo menos, a retozar con él. Un hijo prodigo que además se vuelve loco por negociar.
Hace pocos años, cuando Fidel fue dado de baja por su crisis intestinal y tuvo que renunciar a todos sus cargos, Miami se apresuró a darlo por muerto y se produjo una fiesta interminable, con congas, guarachas y tambores, en un emblemático restaurante de la calleo Ocho de esta ciudad —el Versailles, centro de reunión de los viejos exiliados y que suelen llamar El Pentágono. Lógico que ahora no oigas allí los tambores. La moraleja es evidente. Donde las campanas repican, los tambores callan.
Publicado como “Le campane di Cuba per gli sconfitti della storia” en La Reppublica
el 18 de diciembre de 2014, y en ABC el 19.
Lo importante es que ha llegado el momento. No es la primera vez que Cuba y Estados Unidos intercambian prisioneros, o que Obama afloje algunas medidas del embargo (aunque estas de hoy rebasen con creces cualquier otra vuelta de tuerca en sentido inverso anterior). Pero si es la primera vez que los presidentes de los dos países establecen una conversación seria y que es una conversación que cambia —subrayen ese cambia— las cosas, empezando por la forma en que un país ve al otro. . Es un diálogo —aunque Miami, y toda la derecha cubana quiera interpretarlo como política—, que no se produce en ese ámbito, porque —también por primera vez— se trata de responder a los intereses, los de Cuba y los de Estados Unidos. Los dos respondiendo a sus conveniencias nacionales y la política no se alza en el medio. Y por lo tanto, deja de ser una obstrucción. Y en ese sentido la victoria ya no es de nadie, porque no se personaliza. Pertenece a la razón. Y en el caso de Obama —ahora es su turno para las sinecuras— significa que él está gobernando. Tal su gran lección y a la larga se consolidará como su más perfecto legado: gobernar en los famosos últimos dos años, cuando es tradición histórica que ningún presidente americano ha podido hacer ni pitoche en ese período.
Desde que Raúl asumió el poder y además se dio cuenta que Fidel no tenía regreso, su objetivo ha sido el de trazar las diferencias de método con el hermano. Él también, pues, está demostrando algo en su trato inaugural con Obama: que en Cuba se puede gobernar de otra manera. El reinado de Fidel era la confrontación. El de Raúl, ya lo vemos, la negociación. Es decir, quiérase ver así o no, los dos presidentes han logrado algo sobresaliente: conversar, abrir sus embajadas y comunicarse como dos estadistas, y no como chiquillos malcriados que en vez de pistolas plásticas han sido armados con Kalashnikovs y drones. Vamos, que no otra cosa aquí es trascendente: dos hombres han decidido ejercer los poderes de que disponen para interactuar entre ellos sin dejarse ni manipular ni intimidar. Los profetas armados se deshacen de los desarmados.En este orden de cosas, no por gusto Raúl Castro, en su comparecencia por la televisión para explicar los acuerdos, se presentó de completo atuendo militar, todos sus entorchados a la vista, y la voz más grave que nunca. Le tira su sinecura a Obama —“merece respeto”— pero deja claro para cualquier cabeza caliente que él tiene los tanques.
De hecho, fue una política que duró demasiado. Estuvo teledirigida por un grupo muy rencoroso de desplazados de la sociedad cubana pero que se hizo del poder que le otorgaba controlar los votos en el sur de la Florida. Votos que, por lo que le queda de vida, a Obama le importan ya un comino.
Para terminar, queda un personaje no mencionado aún en la algazara de la noticia pero que está de cabeza en el potaje. El camarada Vladimir Vladimirovich Putin. Es visible la lógica del razonamiento de Obama: te voy a golpear donde te duele: Te voy a arrebatar al hijo pródigo, o por lo menos, a retozar con él. Un hijo prodigo que además se vuelve loco por negociar.
Hace pocos años, cuando Fidel fue dado de baja por su crisis intestinal y tuvo que renunciar a todos sus cargos, Miami se apresuró a darlo por muerto y se produjo una fiesta interminable, con congas, guarachas y tambores, en un emblemático restaurante de la calleo Ocho de esta ciudad —el Versailles, centro de reunión de los viejos exiliados y que suelen llamar El Pentágono. Lógico que ahora no oigas allí los tambores. La moraleja es evidente. Donde las campanas repican, los tambores callan.
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