martes, 11 de junio de 2019

Últimos dos hombres en pie


En un día de inicios de invierno, en 1990, Patricio de la Guardia me hizo este dibujo a plumilla de una mariposa africana —una Druria, según su descripción. La mayúscula de Druria es de su cosecha y yo la respeto en la transcripción. Se trata de su versión estilizada y de alguna manera en composición geométrica de lo que ahora he conocido en la Internet como Papilio antimachus o como Drurya antimachus o igualmente como Druryaeia antimachus. Su mensaje a modo de dedicatoria está escrito en el reverso de la cartulina. Dibujo a plumilla y dedicatoria fueron producidos en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, donde comenzó a purgar una condena de 30 años, que en el descarnado sistema jurídico cubano está considerado como alternativa de la pena de muerte. María Isabel Ferrer, a quien todos conocíamos por el mote de Cucusa que le había indilgado el mismo Patricio, y que a su vez había conocido un diminutivo, Cucu, era quien lo proveía de las magníficas cartulinas Bristol y los rollos de papel Ingres y de las plumillas y tintas que nadie sabía de donde las sacaba en un país al inicio de la escasez y las hambrunas del llamado Período Especial (una especia de NEP a la cubana después de la caída de la URSS), y también nos servía como un eficiente correo semiclandestino. Total, como si sacar el dibujo de un Papilio antimachus de entre aquellos muros blindados de piedra de cantería fuese a poner el Estado en peligro. Una sola cosa se le hacía insoportable a la Cucu: “Cuando esas puertas de hierro se cierran, Norber, y yo dejo a ese hombre desolado allá adentro. Y como me mira mientras el resquicio del portón se va cerrando en sus narices. Ese hombre… Se me encoge el pecho, Norber…” Para mí era conmovedor ver a la veinteañera que en algún momento el legendario general había conquistado en aquella conversión de conducta, en aquel estoico talante de hablar de su marido como si fuera su hijo. Las mariposas. Lógico que Patricio se obsesionara con las mariposas. Eran el símbolo de libertad perdida quizá para siempre, o lo más próximo al significado de siempre que son 30 años de cárcel para un hombre que fue arrestado el 12 de junio de 1989, la noche de la víspera de su cumpleaños 51. Piénsenlo por un instante. Que te digan el día que llegas a la media naranja: “Mira, compañero, esta es la celda en que te vamos a meter hasta que cumplas los 81 años.” Y míralo más bien como una cadena perpetua, porque son muy pocos los que sobreviven al régimen carcelario de Cuba hasta esa edad. (Mas no pregunten el porqué de tanto ensañamiento. Nadie tiene una respuesta cuando están matando a un hombre totalmente inocente. “Decisión política” o “Razón de Estado” son los mejores argumentos que puedes conseguir.) Cuando me mandó su dibujo, ya Patricio llevaba un año, 4 meses y 22 días tras las rejas. Yo lo contemplo ahora, en la pared frente a mi mesa de trabajo, enmarcado y con cristal y me pregunto si no estaré viviendo en otra vida. ¿Otra vida? ¿Nada de esto pasó frente a nuestros ojos? ¿Nada de esto laceró la carne de un hombre tan lindo como Patricio de la Guardia? La verdad es que nunca podremos liberarlo de treinta años de insomnio viendo una y otra vez la descarga que prácticamente decapitó a su hermano gemelo y él restrellándose los dientes, desbaratándose la dentadura, sin poder acudir en auxilio de ese hermanito, el menor de los dos. Calculo: bueno, el Patrick va cumplir mañana los 30 años exactos de su condena. Ténganlo presente. Mañana. Miércoles 12 de junio de 2019. Ahora el mensaje que Patricio de la Guardia me envió desde la cárcel de máxima seguridad de Guanajay en el reverso de dibujo a plumilla sobre cartulina amarilla de una mariposa africana:

Brother:

           De aquí para adelante sí hay más pueblos. Sigues y seguirás siendo mi hermano, digan lo que digan o hablen lo que hablen. Y como te diría el brother Tony “Never say die”. A él y a todos nosotros le pega aquello que dijera Martí “Aquel que ha corrido el peligro vuelve a buscarlo de nuevo —bien por el insaciable placer de desafiarlo o bien por la invencible influencia de la muerte”.

          A ti y a mí sobreviviente de N´Dalatando nos queda la esperanza de sentarnos algún día a reírnos de aquello que Tony te dijera el día que les estalló la turbina del avión en que volaban, y para que puedas llegar a ese día te dibujo esta Druria africana que según las creencias de ese continente exótico y embrujado, trae suerte, dicha y felicidad.

          No te dejes
          abatir por las despedidas.
Son indispensables como preparación
          para el
reencuentro
          y es seguro que
          los amigos y los hermanos se reencontrarán
         después de algunos momentos
        o de todo un ciclo
vital

Tu hermano

         Patricio.         2/11/90.           Guanajay

Post Scriptum: Noche cerrada y de relampagueos en el Caribe a mediados de los 80 y nosotros a bordo de un Tu-154, una máquina subsónica, que en su momento los soviéticos reconvirtieron de bombardero nuclear de medio alcance (para arrasar con Europa Occidental) en avión de pasajeros. Y esa noche de la turbina, volábamos de Panamá a La Habana y en el momento que yo consideré llegado el fin de nuestra existencia, Tony, a mi derecha, reclinó su asiento hasta ponerse casi horizontal y se encajó un antifaz de dormir. Yo le reclamé un mínimo de angustia en aquel momento postrero y él, con la mansedumbre de su dulce sonrisa y sin despojarse del antifaz, me dijo: “Esto no se cae, Norbertus. No se puede caer. Y si se cae, tú no sabes el peso que me quita de encima, aparte de lo que me divertiré. Piensa solo en la cantidad de traficantes, contrabandistas, guerrilleros, mercenarios, e hijos de puta de toda laya con los que yo trato y con un nombre diferente para cada uno, cuando comienzan a desembarcar en Cuba, por cuanto aeropuerto, puerto y playa existen allí y pregunten por el coronel Manolo, o el coronel Pepe, o el coronel Mengano. Y así. Y todos con mercancía diferente y con reclamos de pagos de montos diversos. ¿Quién los identifica en Cuba? Nadie. ¿De qué negocio están hablando? Nadie tiene idea. ¿Y tú sabes lo que pasa? Que yo nunca opero con papeles. Yo nunca anoto un nombre ni el objetivo de ninguna operación comercial. ¿Tú me entiendes ahora, Norbertus? Todo está aquí en esta cabecita. Cabecita que muy pronto, según todos los pronósticos, desaparecerá en el fondo del mar.” Entonces sacó la mano derecha de debajo de la manta con que lo había acolchado una muy displicente aeromoza, ajena por completo a la turbina en baja, y Tony se tocó la sien con el índice, como diciendo, la información hay que sacarla de aquí adentro. Volvió a entibiarse hasta el cuello con la manta de Cubana de Aviación. Me dejó a solas con la noche y en los bordes de un cúmulo nimbus en toda su potencia de desfogue.

lunes, 10 de junio de 2019

N’Dalatando

Fue el del sábado 5 de diciembre de 1987, cuando, con el tren fijo del carguero Casa de producción española, a bordo del cual nos hallábamos —el Patrick, el coronel Miguel, el coronel Payret, el teniente coronel Maico, el Negro Agapio, con su ametralladora RPK de bípode al hombro, el mayor Cadelo, el hijo del general Papo a cargo del maletín de documentos secretos del Patrick, y yo—, arrastramos unos troncos de palma cortados y apilados que se hallaban al final de los 250 metros de la pista de tierra de N´Dalatando. Las palas del motor derecho se enredaron de inmediato en un maniguazo, que peinamos después de golpear los troncos y en el momento que, de todas maneras, despegamos, con el motor derecho ido y sin saber si aún conservábamos el tren para el aterrizaje, que fue cuando, a duras penas, logramos sobrevolar el peñón que se hallaba a medio kilómetro de la pista. Con el único motor de que disponíamos y que dejaba escuchar un angustioso silbido de metal en sus límites, exhausto, intentamos mantener la trepada, obligados, como estábamos, a ganar altura, por lo menos irnos por encima de los 2 500 metros, que era el alcance de los cohetes portátiles de conducción térmica de que disponía la fuerza enemiga UNITA, cuando, con la proa aún levantada, lo cual es una mala actitud para una máquina que no dispone de fuerzas en reserva, tuvimos que enfrentarnos a la realidad objetiva de que teníamos un cúmulo nimbos en formación exactamente arriba y delante de nosotros. No sabríamos hasta dos horas después, al hacer el aproche a la pista del aeropuerto internacional de Luanda si aún contábamos con el tren. La torre de control nos pidió un pase frente a ellos y revisaron con binoculares la parte baja de la panza del avión y nos dieron una confirmación positiva. Teníamos los cuatro patines. Si resistirían o no el impacto del aterrizaje se definiría en el desplome final. El acontecimiento, en su totalidad, aumentaría en forma considerable los valores de nuestro pasado y además, para ilustrarlo casi a la perfección, teníamos el tape, gracias a que Maico, el teniente coronel Michael Montañez, con toda tranquilidad y sus habituales nervios de acero, no abandonó su cámara mientras nuestro avión se proyectaba hacia el desastre y mientras sostenía por el cinturón al navegante del Casa, un joven sargento angolano que intentaba abrir la compuerta trasera y lanzarse al vacío. Maico puso un ojo en el visor y grabó el instante antes de morirnos. Comenzábamos a contar por primera vez para el recuento de nuestros recuerdos, con una grabación de video. La etiqueta, en el lomo del casete, de puño y letra de Maico, aún dice: "N´Dalatando — Los rangers nunca mueren".

Recuerdo que en el momento del trancazo contra los leños y ya saltando al aire, el Patrick me dijo: “Esto se jodió.” Yo estaba a su izquierda en el único asiento doble no lateral de la pequeña nave, designado para los jefes. Patricio lo dijo con justificada indignación por la impericia de los pilotos angolanos. Y mira lo que dicen los valientes antes de morir, fue lo que yo pensé. Mira lo que dicen cuando les toca a ellos. Tenía todo el derecho a indignarse porque luego supimos que en este tipo de accidente solo uno de veinte sobrevive. Fue el caso nuestro. De aquella tropita de afortunados cubanos. Armados hasta los dientes pero ninguna manera de defendernos dentro de aquella lata. Fuimos ese cinco por ciento. Les cuento que uno de mis planes en permanente añejamiento es escribir una novela sobre aquella tarde en N´Dalatando. El argumento subyacente sería lo que aconteció después con esos hombres, cuando cayó sobre ellos el escarnio de ser hombres de Fidel Castro cuando este necesita deshacerse de ellos en beneficio de una maniobra política. La moraleja, en consecuencia, es que habría sido mejor morirse en aquel momento y no tener que conocer el rostro verdadero de la historia final de la Revolución Cubana. “ —Ah qué la muerte más cabrona… Nomás sirve para alejarnos un poquito”, dice un personaje de Carlos Fuentes en La región más transparente, antes de que lo fusilen con otros tres compañeros en uno de los episodios de la Revolución Mexicana. Patrick, a unos escasos dos días de cumplir sin sosiego ni piedad una condena de 30 años, es un testigo de excepción de la experiencia. ¿Hasta dónde alargarán su sufrimiento? ¿Hasta dónde Raúl Castro va a permitirlo? Estamos a punto de saberlo. El próximo día 12 de junio lo sabremos. “El fin de Tony fue más gallardo y romántico que el mío que aún está por ver cómo termina”, escribió Patricio en una carta el 12 de octubre de 1990 desde la antigua cárcel de mujeres de Guanajay rehabilitada como establecimiento penitenciario de máxima seguridad para encerrar a los procesados de la Causa 1/89 y subsiguientes. Ah qué la muerte más cabrona.


El general de brigada Patricio de la Guardia, el “Patrick” de mis notas, en su calidad de jefe de la Misión Especial del Ministerio del Interior en la República Popular de Angola, se había presentado en N´Dalatando, capital de la provincia Cuanza Norte, para imponer al gobernador provincial Paulo Jorge de la presencia de avanzadas de la organización contrarrevolucionaria UNITA en su región, y detallarle que esto era parte de un plan estratégico del enemigo para dislocar estas avanzadas al norte del país. Ya en alguna de estas avanzadas nos habían tiroteado el helicóptero Mi-8 en el viaje hacia N´Dalatando la tarde anterior (viernes 4 de diciembre de 1987) y provocó que la tripulación cubana se mostrara reluctante a despegar de Luanda al otro día para recogernos y devolvernos a casa. “Los cabrones se apendejaron”, dijo el coronel Payret. Paulo Jorge, con la habitual calma de los chefes angolanos, mitad calma, mitad sabiduría, dijo: “No se angustien, camaradas. El avión con mi correo está en la pista. Ahí los embarco.”

De las notas de uno de los diarios angolanos de Patricio en mi poder.


Fotogramas del video. Proceden de la dañada cinta original que, entre otros estropicios, se partió en alguna operación de rebobinado. Una narración de los fotogramas se encuentra al final de la secuencia.



















1
Una animada conversación en el jardín de la residencia de Paulo Jorge, el gobernador de Cuanza Norte. De izquierda a derecha: el coronel Rogelio Payret, el general Patricio de la Guardia y el escritor Norberto Fuentes.

2
Paulo Jorge, que fuese el primer canciller de la recién estrenada República Popular de Angola en 1976, muestra a los camaradas cubanos el jardín que él mismo atiende en la residencia de gobierno.

3
La despedida. Caravana lista.

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En el rústico aeródromo de N´Dalatando. El escritor no las tiene todas consigo y el aparato de factura española que debe abordar.

5
Mas el general Patricio tampoco parece convencido de su destino inmediato.

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El piloto y su invitación al abordaje de su nave y acomodarnos. De uno en fondo, camaradas.

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Patricio y Norberto ocupan el asiento delantero.

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La rampa inicia su ascenso de cierre. Una silenciosa familia angolana relacionada con Paulo Jorge nos acompaña.

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Un instante antes de Patricio soltar su perentoria declaración de esto se jodió.

10-12
No se ha jodido completo, al menos todavía. Patricio y el escritor husmean desde la puerta de la cabina y calculan sus posibilidades de supervivencia.

13
El abochornado navegante expurga, en solitario, arrinconado, sus culpas por pretender abrir la rampa para escapar del avión.

14-15
Los bomberos parecen emboscados al borde de la pista de Luanda. Nos estaban esperando por indicaciones de la torre de control. Apenas ha tocado el pavimento y ha comenzado a correr sobre la pista, el piloto abre la rampa hasta que frene el equipo. En caso de incendio, tenemos solo 15 segundos para evacuar.

16
El Negro Agapio es el último de los nuestros en abandonar la nave. La combinación de los ramilletes de flores obsequiados por Paulo Jorge y de su RPK al hombro constituye un motivo de broma en las próximas semanas. Era un obsequio del gobernador para las camaradas mulheres cubanas de la Misión del Ministerio del Interior.

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El piloto angolano desciende con cierta precaución. Los cubanos lo están esperando.

18
Pero los cubanos están demasiado excitados y contentos por haber regresado a Luanda en una sola pieza. Así que en vez de reproches al piloto, buscan el lado positivo de su maniobra. Hizo lo correcto con los controles y no titubeó al apagar el motor averiado y mantener la trepada del avión en un ángulo aceptable para el trabajo de un solo motor y sacó el avión al aire y ahí lo mantuvo.

lunes, 3 de junio de 2019

Y el reloj sigue avanzando


26 de septiembre de 1988. El general de brigada Patricio de la Guardia efectúa un recorrido de inspección en el complejo hidroeléctrico Mabubas, a la altura de Caxito, en la provincia de Bengo. Mabubas provee de electricidad y agua potable a Luanda, la capital angolana. Aquí Patricio tiene 14 combatientes de sus fuerzas del Ministerio del Interior para garantizar la protección del perímetro. Catorce cubanitos a cargo de la electricidad y el agua de la capital de un país. El resultado, cuando se haga el conteo final de la participación cubana en la guerra —antes de su retirada hacia la isla—, es que cumplieron su misión. Mabubas estuvo todo el tiempo firmemente bajo su control. “Guapos aquí, caballeros”, le dice Patricio a sus hombres. “Guapos aquí”. Después, había que dirigirse al municipio vecino de Bula Atumbas, donde se ha detectado actividad de la agrupación contrarrevolucionaria UNITA. Otra vez un puñado de internacionalistas cubanos. Pero el mensaje del general no es de resistencia sino de ofensiva. “Hay que meterles caña a estos cabrones”, dice. “El objetivo es quitarles presión a los flancos de Mabubas.”

Yo acompañé a Patricio en ese recorrido, y junto al Kalashnikov de paracaidista soviético llevaba mi cámara de video Sony-8. Ahora puedo recrear aquellos días y ver al Patrick con sus arreos de combate y el puñal en la sobaquera y el despliegue de su cultura táctica mientras habla con sus oficiales, inspecciona los mapas de pared y toma decisiones. También tengo los apuntes de sus agendas angolanas. Así dejó escrito —la noche anterior— la tarea a cumplir: Salida para Caxito. Apreciar sit. en Bula Tumba. El “sit” es situación operativa. Bula Tumba tiene un error; el nombre correcto es Bula Atumba.

Y tales los materiales que reviso a la espera del próximo 12 de junio, el día que Patricio extingue una condena de 30 años. Los acabo de rescatar de una caja de seguridad, donde los guardo.

Yo sé todo lo que va a pasar con Patricio, más no quiero darle incentivo a la maldad. No voy a hablar siquiera de crimen ni de injusticia. Me mantengo por lo pronto en mis sesiones reservadas de video y en volver a transitar una historia —y qué historia. Una a la que los cubanos nunca más tendrán acceso.



Capturas de video: Copyright © Norberto Fuentes 1988, 2019.

jueves, 30 de mayo de 2019

La historia no contada de "Ernesto"

Respuesta a una editora en solicitud de información sobre Ernesto. The Untold Story of Hemingway in Revolutionary Cuba (Melville House, 2019) de Andrew Feldman. La publicidad en línea de la editorial y la nota de solapa anuncian que su autor es el primer americano aceptado como investigador in residence de la Finca Vigía y que allí tuvo un acceso sin precedentes a los archivos durante dos años.

[14 de febrero de 2017]

Querida Emma,

… y te voy a escribir en español, pera poder ir más rápido. Yo no conozco este libro de Feldman. Pero de cualquier manera llega con casi 40 años de retraso. Yo terminé el mío a finales de los 70 y las dos primeras ediciones se publicaron en 1984. En un párrafo de la edición en español (los gringos lo eliminaron en su edición) yo aventuré lo siguiente:

La biblioteca de Finca Vigía está necesitada de un estudio minucioso desde hace 20 años. Algunos escritores y críticos han comprendido esto. Cada vez que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos experimentan cierta mejoría, una de las primeras cosas que aparecen en el horizonte son los investigadores norteamericanos que reclaman instalarse en Finca Vigía. Desaparecen cuando los nexos vuelven a entrar en crisis.

Satisfecha mi vanidad de visionario, te agrego lo siguiente y de esto puedes tener la más absoluta seguridad: después de que Ernest Hemingway partiera de esta estancia por última vez en la mañana del 25 de julio de 1960, el otro escritor que se posesionó de la Finca Vigía y se instalara (hipotéticamente hablando, y no tan hipotéticamente) bajo su techo —y durante 7 largos años— fue Norberto Fuentes. Entré allí por primera vez investido con todos los poderes que me dio la Revolución, creo que el 30 de julio de 1975. La estancia estaba inmaculada, más o menos como la habían dejado los Hemingway. Y te puedes imaginar que no dejé libreros, gavetas, libros, rescoldos, debajo de los muebles, detrás de los cuadros, bajo los cojines, sin escudriñar, sin revisar, sin toquetear, sin manosear, sin oler, y, lo más importante de todo, sin transcribir, apropiarme o fotocopiar para usar en mi libro sobre la presencia de Hemingway en Cuba.

Todo eso, junto con los testimonios de sus vecinos y amigos y las crónicas de mis viajes por los escenarios costeros de la aventura hemingwayana en la isla fue el material invertido en mi libro. El resultado final, querida Emma, es que no dejé nada para nadie. Tierra arrasada, como aprendí del ejército de Kutusov ante el avance de Napoleón. Ten esa seguridad, Emmita. No importa que tú seas el primero o el último de los investigadores autorizados a husmear en la Finca. Porque no podrás sacar nada nuevo, relevante, sensacional, que ya no haya aparecido, hace muchos, muchos años, en Hemingway in Cuba. Y esto es algo que me complacería restregarle en el hocico a Feldman y a cualquiera de sus editores, como ya lo hice además con The New York Times y con la biblioteca John F. Kennedy.

En fin, que no tienen manera de sacarle jugo a una piedra que se secó en el siglo pasado. La sequé yo mismo, queridos amiguitos. Sorry.

*     *     *

PS (para este blog): Después que un amigo me mandó el libro de Feldman y de emplear en su lectura las últimas horas, me ha sido fácil descubrir las huellas de la copia o del aprendizaje página por página de mi Hemingway en Cuba. Eludo el término plagio porque puede tomarse como una señal de admiración, o para no incurrir en la generosidad de Jorge Luis Borges en su referencia a Macedonio Fernández: “Lo imité —dijo— hasta el apasionado y devoto plagio.” En fin, que para montarse en los raíles de mi trabajo, Feldman pudo ahorrarse el viaje a Cuba. Le bastaba con conseguirse una copia de uso en Amazon (el precio es razonable) de cualquiera de las versiones en inglés o español (mucho más completa la española) y sentarse en su casa a reescribir mi libro en sus términos y gusto.     
(29/5/19)

El miniposter plegable en el reverso de cubierta de la
cuarta edición cubana de Hemingway en Cuba
(Letras Cubanas, La Habana, 1986).
Foto: Roberto Herrera Sotolongo.
Concepto: N. Fuentes.

jueves, 23 de mayo de 2019

lunes, 20 de mayo de 2019

La cuenta regresiva


Escribo esto el 20 de mayo de 2019. Faltan 25 días para que Patricio de la Guardia extinga una condena de 30 años de prisión. Era el 12 de junio de 1989 y estaba celebrando su cumpleaños en la casa del teniente coronel Michael Montañez “Maico”, uno de sus más cercanos colaboradores. Cumpliría 51 al día siguiente. Hacia las 9 de la noche vino a buscarlo el coronel Filiberto Castiñeira “Felo”, un ayudante del general de división Pascual Martínez Gil. “El jefe quiere verte, Patri.” Desde que entró en el Lada y se sentó en el asiento trasero ya estaba preso pero no lo sabía. Felo tampoco lo sabía. Al timón iba Lomba, el chofer de Pascual. “¿Qué es lo que quiere el jefe, Felo?”, preguntó Patricio. “No sé, Patri. Me imagino que algún regalo por tu cumpleaños.” Esta respuesta, hasta el día de hoy, ha mantenido su carga de despiadada ironía en la conciencia de Felo, que la emitió en estado de absoluta ignorancia respecto a los hechos que se precipitaban. Pero cuando arribaron al despacho de Pascual en el edificio “A” del Ministerio del Interior y le cedió el paso a Patricio para que se presentara ante el jefe, lo comprendió todo. Adentro, logró atisbarlo, también se encontraban cuatro o cinco mastodontes de Operaciones, la gente de “Villa” —el centro de instrucción asentado en Villa Marista, los antiguos planteles de los Hermanos Marista en La Habana. Desde ese momento y hora, según todas las normas jurídicas internacionales, debe contarse su tiempo a cumplir tras los barrotes o donde quiera que se le someta al control policíaco. Patricio ha cumplido “de campana a campana” —como decimos los cubanos— esos 30 años. El mismo tiempo que marca la existencia de una generación y el mismo, por ejemplo, que le bastó al emperador Akihito para reinar durante la era Hesei. Ahora viene la prueba de fuego, no para Patricio, sino para el Gobierno cubano, y particularmente para Raúl Castro, que finalmente tendrá que decidir. El hecho es que Patricio ha vivido mucho más de lo que ellos calcularon. Llegará a los 81 el próximo 13 de junio. Estemos alertas. Porque en apenas 25 días se define algo más que un destino.

jueves, 16 de mayo de 2019

El risotto de la madrugada

Por Rui Ferreira

Ni risotto ni Roma. Desayuno gringo en un Aijop de la Avenida 42 de Miami.
Un domingo de marzo de 2007. Desde la izquierda: Guillermo Cowley “Willy”,
un excapitán de las Tropas Especiales cubanas; Omero Ciai, el
veterano corresponsal italiano; Norberto Fuentes, propietario de este blog;
y Rui Ferreira “El Portugués”, que se presta a colaborar con el siguiente texto.

Hace 10 años por estos días estaba durmiendo en casa de mi amigo Omero, en el Trantevere romano, cuando escuché un ruido en la cocina. Ruidos de cacerolas. Eran casi las cuatro de la mañana. Quien será, me dije, ¿serán fantasmas, será gente... ladrones?

No. Era Omero cocinando en calzoncillos, con un cigarro en la comisura del labio y la ceniza regada por todos lados, incluyendo la sartén en la cual preparaba un Risotto ai funghi. Y no parecía dormido, estaba bien despierto atento a cada detalle. El asunto, como diría mi amigo Benito, es que cocinar de madrugada relaja bastante. Omero es periodista como yo y en este viaje a Roma me enseñó el truco de cocinar de madrugada: hacer cosas sencillas pero que tarde su tiempo, que sean un poco laboriosas para darle a uno la oportunidad de pensar en el día de trabajo que ha terminado.

Cocinar, me explicó Omero, te relaja de todo lo que puedas hacer, olvídate del ordenador, la televisión hasta un libro. Aquí estás tú solo contra el plato, recuerdo que me dijo. La receta era sencilla y él la preparaba con mucha habilidad, romano al fin y al cabo. Aquí la clave es el vino blanco, el caldo y el arroz, me enseñó. La cocina de Omero es la ideal para cocinar Au Clair de la Lune. Resulta que su padre era pintor y forró parte del techo de la casa con tejas transparentes para que la luz reflejara mejor los colores y tonalidades de las acuarelas. En noches de luna llena la luz eléctrica puede llegar a ser superflua.

De modo que Omero cocinaba bajo las estrellas y allí nos quedamos nosotros conversando de nuestras vidas, el rumbo de la cosas y qué nos puede deparar la vida. Yo estuve 10 días en su casa, todas las noches había clases de culinaria de madrugada – Silvia, la mujer de Omero se iba a la cama y nos dejaba solos – y yo iba aprendiendo que a los espaguetis no se les echa aceite, que las lascas de pasta para la lasaña deben estar debidamente cuadradas y montadas en intervalos regulares. Fue una de esas noches que me enteré, por ejemplo, que la salsa Alfredo no es italiana, sino un invento de los inmigrantes en Estados Unidos, algo así como el arroz frito con carne de puerco que hacen por acá. En Beijing lo miran a uno con mala cara si uno se atreve a sugerir semejante herejía. De hacerlo, un chino es capaz de soltarle a uno una mirada cargada de maldiciones que se remontan a la dinastía Ming.

Aprendí con él también la cuestión de los vinos. Cuando era chico mi abuelo me decía que los vinos portugueses eran los mejores del mundo. Cuando comencé a viajar por este mundo me di cuenta que los abuelos también se equivocan. Las cosas hay que verlas en su perspectiva. Existe el error, me explicó Omero, de creer que la pizza y el espagueti se acompañan con vino blanco. De hecho los dos platos se deben comer con vino tinto, el blanco se usa más para la pizza “blanca”, que no lleva tomate sino queso mozarella. En Italia hay muchos vinos y todos son buenos (malos son los griegos, en serio, los he probado) aunque Omero a las cuatro de la mañana cocinando su risotto aconseja el Barolo, de Piamonte. Me explicó que es un vino que se puede guardar durante muchos años, prácticamente no muere y tiene un paladar que no es ni dulce ni seco. “Algo en el medio”, repetía. “Pero suave”. Me perdonan los escépticos, pero Omero es del Lazio, testarudo, habrá que creerle entonces.

Y en eso pasábamos horas, cocinando, aprendiendo y conversando. Una vez nos enfrascamos en una discusión sobre el Borgoña. No se si han probado este vino francés pero es buenísimo. Una noche Omero no vino a cenar a casa y yo decidí meter mano a una botella de Borgoña sin contar con él. Cuando se enteró salió a relucir su costilla del Lazio. La voz tronó por los cimientos levantados, quizá, en los tiempos de Marco Aurelio. El papa seguro que se despertó en el Vaticano. Pero hasta el día de hoy no entendí qué más le costó, si hubiera tomado la botella sin él o que la hubiera escogido. Nunca más toqué en ninguna botella de la casa.

Omero no está bien. No sé si volveremos a cocinar algo de nuevo durante la madrugada. Pero yo si lo voy hacer, porque como los periodistas son muy parecidos a los taxistas, es ya un hábito regresar de madrugada a casa tras una noche manejando Uber y ponerme a cocinar porque realmente relaja. Y mientras lo hago voy “conversando” con Omero.

Antes de irme: Lo que no les he contado es que aquella noche una vez terminado de hacer el risotto, Omero lo mandó directo para el refrigerador. Ese es el secreto del cocinar de madrugada. Es solo para relajar, no para comer. Comer sería un sacrilegio. Además mañana seguro que sabe mejor. Basta calentarlo con una gotica de aceite.