domingo, 3 de julio de 2022

En los archivos secretos de un escritor

 
Anuncio de la publicación de Nunca digas morir. En los archivos secretos de un escritor. Se los recomiendo. De verdad. ¿Se acuerdan de Dulces guerreros cubanos? Pues por ahí van los tiros. Estoy convencido que este es uno de mis mejores libros y con una cantidad de información desconocida que los debe cautivar. Incluso tiene episodios que muchas veces dudé si dejarlos o no en este libro porque muy fácilmente podían convertirse en novelas, como la operación comando que Fidel convenció a Brezhnev de acometer en Islas Dawson para liberar a los prisioneros del golpe de Estado de Pinochet, o el desastre del ataque de Gorriarán Merlo y su gente a La Tablada, en Argentina, en un operativo organizado con Arnaldo Ochoa a espaldas de Fidel. Está en Amazon. Léanlo. Me van a dar la razón.

La nota de presentación para Amazon.
Una historia que sedujo a la opinión pública mundial y que todos creíamos reconocer de inmediato por sus imágenes, por su sola mención, fue en realidad un engranaje de conspiraciones y acciones secretas y un prodigio de organización que desde su puesto de mando clandestino montó un aparato de operaciones políticas, militares y administrativas que se extendió durante décadas por toda América, África, Medio Oriente y hasta la legendaria ruta Ho Chi Minh de Vietnam. Y este libro, precisamente, devela muchos de esos —֫inesperados, desconcertantes, asombrosos— episodios. Y es también, en paralelo, la biografía de dos héroes genuinos que fueron destruidos, sin piedad, por el propio proceso cubano: los hermanos Antonio y Patricio de la Guardia. Una obra sin lugar a dudas reveladora a la vez que, como siempre en el caso de Norberto Fuentes, una nueva labor of love sobre una época y unos hombres que no por gusto le valieron el título de «el cronista de la Revolución cubana».

lunes, 20 de junio de 2022

lunes, 13 de junio de 2022

Cuando los dioses tienen sed

 
Orden Número 84/2022
Del Consejo Superior de la Defensa y Soberanía de la República de Cuba.

Se asciende a General del Pueblo de Cuba
Al General de la Constancia Revolucionaria de Cuba Patricio de la Guardia Font

Por sus méritos y altruismo en la Defensa de la Patria e integridad para con ella.
Consejo Superior de la Patria
A los 6 días de junio del 2022.

Una broma, por supuesto. Cosa de viejos. Se lo envío el excapitán Guillermo Julio Cowley «Willy» a través de WhatsApp a su antiguo jefe Patricio de la Guardia (exgeneral) con motivo del 61º aniversario del Ministerio del Interior, el conocido Minín, este 6 de junio. Pero no son días fáciles para el Patri. Después de 30 años de cárcel por un delito aún por establecer y sometido por los muchachones que sustituyeron a hombres como él en el mando de la otrora orgullosa institución y además del fusilamiento de un hermano mellizo (ejecutado por los mismos nuevos muchachones), tiene que prepararse para que, a pocos días de la conmemoración de aquel episodio, es decir hoy, cuando escribo, 12 de junio de 2022, desfile por su memoria el instante en que uno de sus amigos, el general de división Pascual Martínez Gil, le diga en su despacho de viceministro primero del Interior, piso 7 del Edificio A del Ministerio (el del relieve escultórico del Che en la fachada), que los dos compañeros presentes a su espalda le van a conducir a Villa Marista, y agregue la pregunta de rigor de si está armado y él tengas la candidez («honestidad», creo que pensó) de decirle que sí, que el 38 bulldog en la tobillera, y tan contento que hubieras estado porque eran las vísperas de su cumpleaños (a Tony ya lo habían arrestado en la misma oficina de Pascual, cuando te tocó tu turno, una media hora antes).

Siempre tan alegres, cómo gozaban todos sus arreos militares, mochilas, Kalashnikovs, cuchillos MK2 Camillus, granadas, barba a medio afeitar (imprescindible en el «porte y aspecto» de unos comandos que se respeten), hilos de degollamiento, botas Corcoran, espejuelos de aviador (no menciono marca), relojes submarinos (tampoco menciono marca) y la introducción en el teatro de operaciones cubano como pantalón de campaña de los invencibles jeans Levis. En este sentido, en el de convertir las operaciones especiales en un acto sublime, y en cada gesto y atuendo en un detalle de elegancia, el indiscutible era el mayorcito de los mellizos: Tony. ¿Ustedes no lo han visto en la portada de Dulces guerreros cubanos? Ese no es un hombre que hace fuego en ráfaga continuo —«manguerazo» como le llamaba Fidel Castro, que se auto proclamaba inventor de esa modalidad de tiro— hasta agotar los 40 proyectiles calibre 7.62 trazador de un cargador de ametralladora ligera RPK adaptado al AK-47. Eso es ballet. Miren. Miren la foto. Qué manera de ser bonito ese muchacho. Era bonito hasta tirando a matar.
 


Siempre guardaré un reconocimiento especial para Tony, el veterano de Tropas Especiales, que —en víspera de mi aterrizaje en Angola— me proporcionó una especie de adiestramiento teórico para la supervivencia en condiciones de «territorio inhóspito», además de medias de lana, botas de infantería y un consejo: «Lo principal, Norber One, es mantener sanos los pies y vaciar las tripas cada mañana.» Era el ideal, explicaba. No presentarse en misión de combate con el estómago cargado. Es la condición principal para iniciar una marcha o abordar los helicópteros. «Ligero, Norber. Ligero. Óyeme lo que te digo. Always light. Los pies, igual. Que te permitan llegar a cualquier sitio, emprender las caminatas. Lavados. Entalcados.» Sin embargo, muchos de estos preciosos conocimientos para la lucha de supervivencia en la selva —«jungla», según él— no tuvieron necesidad de aplicarse, aunque las medias y las botas sí resultaron de suma utilidad. Aquellas botas eran un tesoro. Unas Corcoran legítimas. Duraron como dos años de campaña. Y allá abajo. En las tierras del fin del mundo. La partiste, broder. La partiste completo.

Se convirtieron en unos expertos, si bien Patricio más exigente, justamente acentuado por un rostro de trazos agudos, de nariz afilada, un aguilucho con las huellas del acné juvenil, y Tony un bohemio y un soñador al que a veces costaba lo indecible devolverlo a este mundo. Tú sentías como se volvía ingrávido a tu lado. Se disparaba a soñar con los ojos abiertos no importa que los obuses le picaran a una cuarta. Dice Patricio que no hay noche que Tony deje de aparecérsele en sus sueños. Puedes ustedes preguntarse ahora cómo habrá sido para Patricio de la Guardia la experiencia de ver cerrarse los dos portones de hierro de la prisión de Guanajay donde Fidel Castro habría de virtualmente lapidarlo durante 30 años. Acababa de cumplir, con su hermano, 51. Han pasado 33 años desde entonces. Hoy cumple 84. En el caso de Tony, los números dejaron de tener sentido práctico. Arrestado el 12 de junio hacia las 8.30 PM y fusilado el 13 de julio un poco después de la medianoche. Me pregunto cómo habrá sido el intercambio de miradas con Arnaldo Ochoa, si es que les dieron chance. Dicen que Ochoa fue el último de los cuatro. ¿Y qué consuelo podría haberle brindado Arnaldo a Tony con su desmedida arrogancia y el inusitado desprecio por la vida que mostró durante todo el proceso? Por su parte, Amadito Padrón, el subordinado de Tony, le suplicaba a gritos: «¡Tony, por Dios, no dejes que nos hagan esto!» Y Jorge Martínez, el infeliz capitancito ayudante de Ochoa, trataba de escapar en carreritas cortas que eran detenidas por unos forzudos miembros de las Tropas de Prevención (la Policía Militar cubana) tratando de ganar distancia del poste de ejecuciones mientras el fiscal Juanito Escalona y el jefe del pelotón, el todavía coronel Tomás Mesa (que pronto habría de aplicarle el tiro de gracia), le decían en turnos alternativos: «Compórtese, Martínez.» La historia universal de la infamia tuvo la duración de un mes.




Arriba: En el área cubana del aeropuerto de Luanda, verano de 1988, desde la izquierda, con barba, Alcibiades Hidalgo, jefe del despacho político de Raúl Castro; Jesús Arbezús, funcionario de alto rango de la cancillería cubana; el general Patricio de las Guardia, jefe de la Misión Especial del Ministerio del Interior en Angola, y el coronel Antonio de la Guardia, jefe de la dependencia MC de la Inteligencia Cubana.

Abajo: Sobremesa con el general Ochoa en la residencia de Patricio en Luanda, probablemente en diciembre de 1987.

Las cinco capturas de video y las dos fotografías: Copyright © 2022 by Norberto Fuentes. Prohibida la reproducción.




martes, 12 de abril de 2022

El cuarto fusil

En uno de sus mensajes alambicados y vacíos de todo significado, el presidente Díaz-Canel informó que el general Rafael Moracén Limonta había fallecido el pasado viernes 25 de marzo. El titular de Granma: «Díaz-Canel: El valor y la ética de los internacionalistas cubanos crecieron junto con la leyenda del bravo Quitafusil.» ¿Entendieron algo? Nada. No se entiende nada.

Una historia tan jugosa y en lo que la convierten. Pues déjenme decirles que muchos años antes de alcanzar los grados de general, Moracén ya era reconocido por el nombre de Quitafusil. Era uno de los negros cubanos movilizados con el MPLA. Era alto, de verdad que negro pero de mediana intensidad, y su especialidad, aseguraban, era arrebatarle las armas al enemigo. Fue el único combatiente del MPLA que le quitó el arma a un portugués durante toda la guerra de liberación. Fue en medio de una refriega con una patrulla colonialista que él mismo recordaba como «un intercambio muy jodido de plomazos», que duró pocos minutos y del que el enemigo se retiró apresuradamente con varias bajas y un desconcertado portugués al que había sido despojado de su fusil alemán G-3 en pleno combate. Lo hacía de un manotazo. Se valía de la noche y de lo que él mismo llamaba su camuflaje natural. Mientras no se riera y enseñara sus dientes, el botín estaba garantizado. No había Dios que lo detectara mientras se arrastraba hacia el parapeto enemigo.

Ya había arrebatado tres fusiles durante la lucha contra Batista en la Sierra Maestra y ya desde entonces lo llamaban Quitafusil.

Probablemente sea una de las únicas dos leyendas auténticas —junto a la de El Caballo de Mayaguara en el Escambray— surgidas de manera espontánea dentro de las filas de los combatientes de la Revolución Cubana. Su único motivo de queja —su «berro»— cuando cogieron el fusil para exhibirlo. «No entendía», según el capitán Jorge Risquet, «porque su concepción guerrillera traída de la Sierra Maestra no era compatible con un fusil empleado para exhibir en vez de para combatir. Aunque en esa época ya estábamos estabilizando el suministro de armas para los angolanos.»

El fusil se convirtió en un símbolo, una verdadera reliquia, por lo que Moracén tuvo que entregarlo a los grupos políticos de la organización que lo exhibían en los destacamentos guerrilleros. Quitafusil, desde luego, se molestó, «se berrió» como ya hemos dicho. «¿Un hierro para mostrarlo a tus compañeros y no para echar balas?»

Y mientras eso ocurría con su G-3 por un lado, Moracén se internaba en la selva por otro. De sus andanzas con el MPLA quedan unos binoculares en el Museo de la Revolución de Luanda donde una leyenda bajo el cristal informa escuetamente que fue un regalo de un combatiente internacionalista cubano al presidente Neto. No cuenta el hierro que sumó al incipiente arsenal del MPLA.

En la foto, desde la izquierda: Carlos Aldana, entonces jefe de despacho de Raúl Castro en el Comité Central, este autor y Moracén. Yo llevo casi dos años vivaqueando en Angola. Moracén, entre una cosa y otra, desde 1975. Estamos en junio de 1982 y salimos de la casa de visita adjunta a la mítica Casa Número Uno de Luanda, que es la residencia del jefe de la Misión Militar cubana. Aldana ha viajado desde La Habana por unos días en compañía del general Arnaldo Ochoa. Asuntos de Gobierno. Tiene una reunión con Moracén que está a cargo de la seguridad del presidente angolano José Eduardo Dos Santos y me invita al cónclave. 

 (Foto y contacto: © 1982, 2022 by Ernesto Fernández. Prohibida totalmente la reproducción.)

miércoles, 6 de abril de 2022

Tabatha Twischit no cree en lágrimas

La pelambrera y la barba y el aspecto desaliñado iba por cuenta de mi mujer de entonces, una rubia que quitaba el aliento y que era mi maestra de inglés en la universidad. Su empeño era convertirme en un hippie a destiempo, eso sí, con obligación de baño diario. Sábata Tuichi la llamábamos, por una canción sobre una maestra de inglés del grupo español Los Mustang.

En un viejo coche
he visto pasar
mi profesora de inglés.

Los viejos recuerdos
de tiempos pasados,
han vuelto en mi a renacer.

Hoy he visto a
                    ¡Bum! ¡Bum!
Tabatha twischit
mi gentil
profesora de inglés.

Hoy he visto a
                    ¡Bum! ¡Bum!
Tabatha twischit
mi gentil
profesora de inglés.
                          (Sigue…)

Procedía de la adaptación —bastante alterada en su traducción del original en inglés— del pegajoso «Tabatha twischit» de The Dave Clark Five salido de las prensas de Columbia el 12 de mayo de 1967. Unos diez años después la versión española aún sobrevivía en la memoria de los alumnos del curso para trabajadores de la profesora María Eugenia. La deformación fonética que llevó el tabatha twischit al sábata tuichi es para mí hoy inexplicable. También María Eugenia —¡qué piernas, Dios mío! ¡Y aquel peladito con su cerquillo a lo Jane Fonda!—; también ella, decía, era inexplicable. Misteriosa. Dominante. Y no soportaba a Elvis. Y después, tampoco, a Fidel. En fin, que un buen día decidió que su reino no estaba en la primera república socialista de América y me dejó plantado, con spectrum, barba y desaliño, y que me las arreglara como pudiera con mis esforzados camaradas del proletariado internacional mientras ella ganaba distancia. Miami que tú sabes. O Londres. O hasta Sidney, Australia. Decidida la amiguita.

Queda establecido, pues, los porqués de mi aspecto en la foto de arriba. Fue tomada a mediados de los 70 al inicio de la rampa que lleva a la entrada del hotel Habana Libre. La muchacha bajo mi brazo es Marifeli Pérez-Stable que por aquel entonces campeaba por su respeto en la ciudad puesto que pertenecía al grupo de avanzada de «la comunidad» y que luego aparecieron en el documental 55 hermanos de Jesús Díaz. Estaban de moda. Sus padres los habían sacado de Cuba al inicio de las broncas de Fidel con los americanos, pero ahora ellos regresaban. En son de paz. Y ávidos de Revolución. Las estólidas academias los habían soltado con más sed que el Sahara. Pero, claro, en La Habana, primero, intentaron hallar sus pariguales. Por eso se arrebataban por conocerme. Hasta las proximidades del Hudson habían llegado los ecos de mis glorias solzhenitsianas producto de mi librito Condenados de Condado y de mi refriega con Heberto Padilla la noche de su autocrítica.

Entonces, por último, entra en el cuadro el señor que avanza por la izquierda. No tiene nada que ver —ni por asomo— con algo que sea disidente o que provoque el más mínimo celo de los siempre justicieros oficiales de Seguridad del Estado. Se llama Ambrosio Fornet y le dicen «Pocho». Venía por la acera de enfrente cuando nos detecta y cruza en diagonal para producir el encuentro casual. No conmigo, por supuesto. Sino para el saludo con la ya-no-gusana Marifeli. No está de más que uno de estos jóvenes se interese por cursar una invitación como conferencista en NYU. O hasta en Harvard ¿por qué no?

Ay, Pocho, Pocho… Los trabajos que estoy pasando para dotarte de un obituario al nivel de lo que se supone haya sido tu excelencia intelectual. (De eso se trata todo esto, ¿o no se habían dado cuenta? De que ayer Ambrosio se nos fue del parque.)

Mas por mucho que rastrees la Internet, lo que encuentras en abundancia ligado a su nombre son premios, condecoraciones y órdenes oficiales. (La Patria siempre tan agradecida.) Eso sí, una constante: Se le reconoce haber acuñado el término Quinquenio Gris. Ah, caramba, si ese es el tamaño de su inmortalidad —según el titular de Granma: «su obra en la eternidad» ¡SU OBRA EN LA ETERNIDAD! Mira qué fácil ganarte un sitio en el Olimpo, quizá por encima de Shakespeare o de Cervantes.



Aunque el homenaje más desconcertante, no sé si por timorato, o por hacerse el gracioso con los pendejos del corte de Ambrosio, o, lo que es peor, por un total desconocimiento de los hechos históricos ocurridos en el país que gobierna, es este de Miguel Díaz Canel en su cuenta de Twitter: «Sobre años grises, él puso luces que le sobreviven». ¿Sabrá Díaz Canel que el llamado quinquenio gris fue obra personal y directa y celosamente perfilada de Fidel Castro? Bah. El resultado final es el mismo. El revisionismo histórico de la Revolución Cubana bendecido por Raúl Castro y su gente.


martes, 5 de abril de 2022

Seremos polvo

«Ahora sí que Putin se jodió», fue mi respuesta inmediata. Un amigo, periodista, poco dado al alarmismo, la verdad, me informa de la carta del curita José Conrado, de la parroquia de Paula, en la ciudad de Trinidad, el bueno de José Conrado, al temible Vladimir Putin. No quiero hacer citas de su misiva para no afectar el respeto que yo mismo acredito a mi prosa. Cuando tú me ligas con un producto de naturaleza tan diferente, el resultado puede ser contaminante. Pero ya pueden calcular la cantidad de lugares comunes que despliega su diatriba y la inevitable conclusión a la que nos somete (¡como si no lo supiéramos desde el enunciado!): que el presidente ruso es un desalmado. No obstante, el texto completo de José Conrado queda en la Internet a disposición de los lectores más curtidos. Vayamos ahora a la situación de caos, desasosiego, terror pánico (los cubanos siempre lo dicen junto, como una sola palabra: terrorpánico) que debe haber creado en el Kremlin al recibirse la noticia. Gente reputada como durita ese Putin y sus generales. ¡Pero que Conrado acabe con ellos en una carta abierta…! No. No esperaban este golpe. Lo peor que les podía ocurrir en el transcurso de su ofensiva. Ni qué decir de la cantidad de cifrados entre Moscú y La Habana. ¿Somos hermanos o no somos hermanos, Mihail Diaz Canelucho? Porque lo otro sería el ultimátum de evacuar toda la población de la ancestral villa en un radio de diez kilómetros alrededor de la vetusta parroquia dado que la lluvia de seborucos y cisco de tejas coloniales producto del impacto sobre ella de un misil hipersónico de precisión Kinjal (daga en ruso) causaría inevitables daños colaterales en ese radial que, considerémoslo, es el área probablemente total que ocupa Trinidad. La suerte es El Escambray, ¿no? Lo tienen ahí atrás. Se pueden parapetar en las lomas. ¿Los acompañará José Conrado en la huida? ¿O lo veremos encaramarse en la azotea de su bien amada parroquia de Paula y su última imagen será la del regordete servidor de Dios elevando con un brazo el crucifijo para enfrentar al Instrumento del Maligno? No sé si te alcanzará el tiempo de conciencia cuando te van a clavar entre ceja y ceja un Instrumento Hipersónico del Maligno que puede alcanzar hasta 27 veces la velocidad del sonido. Por eso pienso que en su caso hará oídos a los reclamos de la Defensa Civil y decidirá acompañar a su rebaño en la urgente evacuación. Bueno, hasta que alguien lo descubra en el tumulto y entre los perros ladrando y el otro con unas gallinas dentro de un saco (el cabrón siempre garantizando el condumio) y las chiquillas muertas de risa, histéricas, y la gente del Partido con las bocinas clamando por mantener el orden, ¡Disciplina, compañeros! ¡Disciplina! Que es cuando alguien descubre a José Conrado, subiéndose el sayón para poder avanzar más ligero, por lo menos para llegar detrás del cerro de La Vigía o con un poquito de más ánimo llegar hasta el Guaurabo, que es un riecito de aguas de lo más frescas. Lo descubre (probablemente el monaguillo, que es el de la llamada «agentura», el informante de la Seguridad) y grita: ¡Oigan, caballeros, aquí está el cabrón que nos ha embarcado a todos! Así pues, ¿para qué continuar con la narración? No hay forma de describir amablemente lo que ocurre a continuación.

La ilustración procede de Mella, el órgano de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, número 193, 27 de mayo de 1961. Era una época en que las cosas resultaban mucho más nítidas. Al menos, los curas, todos, eran el clero contrarrevolucionario. En Mella los escenificábamos con unas ametralladoras de mano y las insignias fascistas en la sotana. Y no debía faltar el cadáver de algún infeliz victimado por el sacerdote. Este de la ilustración calza alpargatas por lo que debe ser un muerto gallego. Mas en la vida real lo que pasó con el clero es que Fidel los embutió a todos en un barco y creo los zumbó mar afuera. A España, creo.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Cachalote kaput


Mensaje para Rafael del Pino sobre dos de sus viejos compañeros aviadores de la batalla de Playa Girón o Bahía de Cochinos. De cuando esos dos compañeros ya acumulaban horas de vuelo y Del Pino apenas se levantaba del piso después de gatear un par de metros.

[4:15 PM, 3/15/2022] NFuentes: ¿Conocías este incidente? En la mañana del 22 de junio de 1943, Enrique Carreras Rolás y Alfonso Silva Tablada (ambos recién graduados), realizaban patrulla entre el norte de Oriente y Camagüey en un AT-6, con la misión de identificar buques (nombre, numeral, bandera y posición) y avistaron a la altura de la Bahía de Nipe un objeto cilíndrico y alargado de color gris metálico que seguía un curso estable. Determinaron que se trataba de un submarino. Realizaron las maniobras necesarias y lanzaron dos bombas de profundidad y efectuaron un pase de ametralladoras con total efectividad. Maniobrando para realizar la observación del blanco, descubrieron que se trataba de un cachalote, al que [según su reporte] habían descojonado. Por dicho incidente tuvieron que rendir cuentas al Estado Mayor de la Aviación Naval.
[4:19 PM, 3/15/2022] Rafa: Desconocía eso. ¿Es verdad o jodedera tuya? Nunca oí a Carreras hablar de eso.
[4:54 PM, 3/15/2022] NFuentes: Eso lo sacó un socio mío de los archivos de la marina. Se llama Maximino y vive en España. Escribe muy buenos libros sobre submarinos alemanes en el Caribe durante la Segunda Guerra Mundial. Te mandé la nota tal y como la recibí.

Los aviadores del incidente según aparecieron años después, muchos años después, en nuestra revista Mella, órgano de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, investidos de toda la gloria posible de una historieta dedicada al primer aniversario de la batalla de Girón. El entonces capitán Carreras es el personaje de bigotes y canoso del segundo cuadro. En el primer cuadro, el entonces teniente Del Pino es el segundo de derecha a izquierda en el semicírculo de aviadores alrededor del mapa. Por último, el capitán Silva —el abuelo «Pompón» Silva— es el que atina a informar, antes de su derribo, que se halla sobre la bahía.