lunes, 29 de julio de 2013

La tierra prometida

“La austeridad, entre nosotros, dura poco”. La frase de Raúl Castro iba dirigida contra la gestión económica de su hermano Fidel. La repitió muchas veces durante nuestras conversaciones. Era la exigencia natural de una sociedad gobernada a voluntad de un líder revolucionario en cualquiera de los períodos en que debía apretarse el cinto, lo cual era frecuente y sobre todo, más bien, que se proyectaba con fines propagandísticos, puesto que los suministros soviéticos probaron ser tan leales como suficientes.

Hombre, no habría la opulencia de una noche en ensueño en Mónaco, pero todo el mundo comía, vestía, dormía bajo un techo y ya al final hasta importaban miles de coches Lada para la venta a particulares, al risible precio de 4 200 pesos (moneda nacional) por unidad. Era, por lo tanto, el reclamo de una sociedad que llegó a ser sólidamente igualitaria cuando, sobre todo, ocurría que algún excedente caía en manos de algún que otro ministro o general y se pasaba de listo.

Las mansiones suntuosas y los Lada con cristales opacos o erizados de antenas y neblineros de producción occidental herían la sensibilidad del público y de inmediato Fidel se ponía farruco y llamaba al combate contra los derrochadores y la dolce vita. Raúl, sin embargo, tenía conciencia de que era un sistema de distribución diseñado como un fanal alrededor de la poderosísima figura política de un personaje sin par: su famoso hermano Fidel Castro. Por lo que la frase de la austeridad, en sus labios, en su voz ronca pero en unos decibeles extrañamente controlados mientras se me confesaba, tenía también un dejo de desprecio. Y por tal razón, igualmente, se dedicó a la tarea que él sabía implementar mejor que nadie en el proceso cubano: organizar un Estado paralelo (como ya había hecho con aquella especie de república guerrillera en los altos valles del norte de Oriente, mientras Fidel, al sur, en la Sierra Maestra, atraía toda la atención de las ofensivas batistianas), en espera de mejores tiempos, por lo pronto, y a su vez como aval de la permanencia del grupo original en el poder.

El instrumento, desde luego, sería el ejército. Mao ya lo había vislumbrado en su momento: el ejército como cantera de cuadros del Partido. Aunque no puedo asegurar que Raúl lo haya atendido entonces. Fidel podría estar haciendo y deshaciendo a su antojo, empeñarse en cualquiera de sus locuras, que la seguridad estaba garantizada, incluso sin que el mismo Fidel tuviera mucha conciencia de que él existía porque los tanques se hallaban bajo el control de Raúl —y en plena disposición combativa. Se creó una situación que finalmente resultó favorable para Raúl durante muchos años, porque le dio todo el tiempo del mundo. Fidel enfrentaba aparentemente a pecho descubierto todas las tormentas, mientras Raúl, silencioso, laborioso, felino, estaba en su retaguardia, sosteniéndolo. Lo único que quizá Raúl no haya previsto en toda su magnitud es la extensión del desastre que Fidel dejaría después de 50 años y de los efectos que iba a causar el poder de su personalidad desatada. Señores, en Cuba no quedó piedra sobre piedra. El ejército se despliega en un paisaje lunar, por lo que el éxito de la tarea ahora es reconstruir una economía desbastada y que el poder no se les resbale de las manos. La experiencia comunista internacional es rica en estos menesteres y ellos las han asimilado todas. Tiene algo a su favor, que es el personal. El caso es que Raúl nunca confío demasiado en esos gordos coroneles y generales que disfrutaban de las siestas en los cuarteles, sino que estuvo criando toda una nueva generación de dirigentes desde los años 60 en las escuelas militares “Camilo Cienfuegos”.

Si va a ocurrir igual o no que en China o Vietnam o la antigua URSS, una cosa sí es segura: una vez que los nuevos líderes agarren las riendas, todo lo que ocurra es un problema de ellos. Y yo los conozco: son pragmáticos, inteligentes y rápidos. No quieren obstáculos. Quiere decir que nunca van a obstruir un buen negocio por alguna tontería ideológica. Y lo van a resolver todo, porque sus problemas no son los de cegar al mundo con la luz de la revolución permanente. Es muy costoso y a la larga te hace depender de un solo hombre. Van a desarrollar su negocio y brindarán lo que pocas sociedades del mundo le pueden asegurar a todos sus ciudadanos: tranquilidad en las calles y medicina y educación gratuita (al menos, durante un tiempo, estos dos últimos renglones). Una tranquilidad que disfrutan ellos primero que nadie, como se comprenderá. Es decir, van a lograr el milagro de convertir la ciudadela en la que reinaba Fidel Castro en una de las sociedades más aburridas del mundo. Tal el precio de todas las contrarrevoluciones que asaltan el poder sin derramar una sola gota de sangre.

Publicado por La Repubblica como “Austerità e business così Raùl prepara la controrivoluzione”, el lunes 22 de julio de 2013. La ilustración es la contraportada del número 193, del 27 de mayo de 1961, de la revista Mella. Una escena de la celebración del Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución. Póngase en contexto que hace apenas dos semanas las tropas revolucionarias han aplastado la invasión de Playas Girón. No deben presentarse mayores obstáculos para el avance del socialismo en Cuba luego de la derrota de una fuerza de tarea lanzada al combate por los americanos. Por lo que la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) hace desfilar una carroza que es una especie de escenificación de los prodigiosos frutos que habrán de cosecharse para el pueblo. Los frutos del bien, digamos. O al menos los frutos que promete una victoria militar.

jueves, 25 de julio de 2013

Las campanas doblan por mí

Cubanos, recién llegados y desempleados. Enero de 1995.

Nunca la muerte de un hombre me ha disminuido tanto como la ocurrida en Nueva York esta noche aciaga del 24 de julio de 2013. El sábado estuvimos juntos aquí, en Coral Gables, a donde vino para lo que sabía hacer con más devoción que nadie: ayudarme a que yo terminara uno de mis libros. Yo le había enseñado la nota de agradecimiento a él que había escrito de antemano, y sé que le gustó. Yo creo que yo hice muchos de mis libros para poner a Alberto en los agradecimientos. Esta última decía lo siguiente: “Alberto Batista Reyes 'Ton'. ¿Qué libro mío en los últimos 40 años no ha pasado, primero, por sus manos, por su juiciosa lectura, por su descansada amistad?”. Ahora me pregunto por qué coño tuve ese mal presentimiento cuando nos despedimos luego de devolverlo a la finca de unos parientes suyos en Pompano Beach, en vísperas de su regreso a Nueva York. Bueno, ya sé por qué lo tuve. Me quedé sin el Ton. Dios mío, me quedé sin el Ton.

[Para los que no lo conocieron, explico que Alberto fue el mejor director que nunca tuvo la Editorial Letras Cubanas, escribió tres libros de cuentos y tenía en preparación una colección de sus ensayos y un texto sobre el enclave intelectual cubano. Estos últimos están a salvo y eventualmente llegarán a mis manos para un último repaso y agenciarles la publicación.]

viernes, 19 de julio de 2013

Poetas del porvenir

Luis Rogerio la había cogido con retratarse con mi parca de las Tropas de Guardafronteras. Creía que era la forma en que debía aparecer en las solapas de sus libros. Y, por tratarse de una indumentaria distintiva de las fuerzas que emboscaban a los lancheros de la CIA en remotos litorales del archipiélago, lo hacía sentirse heroico. No logró tumbármela nunca. Resistí a pie firme. Él rogaba. Insistía. Esa parca era la coba de sus anhelos. Yo le explicaba que nadie que fuera un bragao, anhelaba. ¿Tú viste alguna vez que Maceo anhelara? ¿O el mariscal Rokosovsky? ¿John Wayne? Coba, explico, es una forma de llamar a la ropa, preferiblemente la de buena calidad, la de marca. Luis Rogerio Nogueras “Wichy el Rojo” tenía un texto con esa palabra. Una cosa que hizo en jodedera, no para publicar.Vislumbra en ese poemita que todos los cubanos dispondrían, al triunfo del comunismo, de unas cobas de calidad, como se suponía que vistieran los extranjeros. Otra cosa que vislumbra ahí como una panacea, es la desaparición de los gusanos. Gusanos, por su parte, no son los laboriosos insecticos, sino los elementos contrarrevolucionarios, según les calificara Fidel Castro desde muy temprano. Según Wikipedia, la palabra se utiliza para designar los más diversos animales que coinciden en ser pequeños, blandos, de forma alargada y con apéndices locomotores poco destacados o ausentes. Es un sustantivo empleado por el Rojo que también requeriría una explicación o una suerte de nota al pie. Así pues el sentido que tiene en su texto es ese mismo de Fidel. Los versos de Guillermo, por el contrario, no creo que los hiciera para enterrar en una gaveta. Tienen un alto contenido de ironía, pero el acabado es profesional. Su creación es de una época posterior al poema de Wichy, como quince años.Ya sabemos que Wichy escapó antes.Un escape por la vía del cáncer linfático. Me apresuro a declarar que Guillermo, el Gordo, el Willy, era remiso a anhelar las parcas y las vituallas militares de las que Wichy y yo éramos tan aficionados. Lo de Guillermo era dar clases de Literatura en la Universidad, escribir su poesía y dejarse querer por una corte selecta de niñas. En la foto que proveo a continuación, el poeta Guillermo Rodríguez Rivera está a mi derecha, y a mi izquierda tengo al trovador Silvio Rodríguez, y a la izquierda de Silvio al fotógrafo Alberto Korda. 30 de diciembre de 1989, mientras el escritor celebra su sexta boda.Una buena cofradía.


Sobre las fotos: Copyright © 1979, 1989, 2013 by Norberto Fuentes. Prohibida la reproducción.

miércoles, 17 de julio de 2013

La fiesta del pueblo

Miren este par de joyitas que acaban de salir a flote. Una décima de Wichy el Rojo escrita hace 25 o 30 años. Y unos versos del Gordo Guillermo, de una época posterior al poema de Wichy. El soneto del Gordo es del periodo especial. Wichy escapó antes. Eran traviesos. Unos malditos.*


CÓMO SERÁ EL COMUNISMO

Por Luis Rogerio Nogueras

Habrá inviernos y veranos
otoños y primaveras,
habrá cobas extranjeras
para todos los cubanos.
Se acabarán los gusanos,
habrá jama en abundancia,
se podrá viajar a Francia,
manejar un maquinón
y meterse a maricón
sin perder la militancia.


ODA AL PLAN ALIMENTARIO

Por Guillermo Rodríguez Rivera

La yuca, que venía de Lituania
El mango, dulce fruto de Cracovia,
El ñame, que es oriundo de Varsovia
y el café que se siembra en Alemania.

La malanga amarilla de Rumania,
el boniato moldavo y su dulzura;
de Siberia el mamey con su textura
y el verde plátano que cultiva Ucrania.

Todo eso falta, y no por culpa nuestra.
Para cumplir el Pan Alimentario
se libra una batalla, ruda, intensa.

Y ya tenemos la primera muestra
de que se hace el esfuerzo necesario:
hay comida en la tele y en la prensa.


*Gracias especiales a Rogerio Moya por el rastreo y envío.

sábado, 13 de julio de 2013

Solo el traidor vive



Julio de 1980. Fidel llega a Nicaragua. Inaugura su segunda revolución victoriosa en América Latina. El teniente coronel Antonio de la Guardia (izquierda) y el mayor Juan Pérez Fornell (a su lado, también armado y de uniforme) fueron del grupo que asesoró a los sandinistas en los meses finales de la guerra. Están sirviendo en el anillo más cercano del blindaje que protege a Fidel en su recorrido. Tony me dijo que esta foto es en el lago Nicaragua. Fidel está cerca. Hace un rato habló con Tony. Fidel quiere que adopte la ciudadanía nicaragüense y se ponga al frente de lo que él ya ha denominado Los Ejércitos de Montaña —qué título imponente, coño—, un equivalente a las unidades de Lucha Contra Bandidos pero de dislocación permanente en el teatro de operaciones. “Cogerles la delantera a los alzados”, dice Fidel. “Ese fue nuestro error en Cuba. Dejamos el Escambray desguarnecido”. Pero Tony —me lo confesó— no se veía como un cacique militar sandinista, meciéndose en una hamaca; él, con un coco en la mano, un racimo de plátanos recostado a la pared de barro, sabría Dios en qué aldea de fango perdida en la selva, donde no hay ya ni un solo aparato de aire acondicionado, ni telégrafo. Así que logra eludir la orden de Fidel y después de un par de tumbos termina de jefe del Departamento MC de la Dirección General de Inteligencia (DGI) de Cuba. Asimila entonces a Juanito de segundo al mando del Departamento (o “primer sustituto”, como aprendieron a llamare de acuerdo al uso de las instituciones soviéticas). El general de división José Abrantes, ministro del Interior, se las arregla para ascender a Tony a coronel. Tony, por su parte, le agencia a Juanito las dos estrellas de teniente coronel. Volvamos a la imagen. Siguen, por la izquierda de Juanito, el periodista Jorge Timossi (con camisa blanca), acreditado por Prensa Latina, argentino nacionalizado cubano pero que conserva su pasaporte original para cumplir las tareas que le asigna la DGI por toda América Latina. En realidad, es uno de los más viejos agentes cubanos. Juan Carlos Fernández es el último. Su verdadero nombre era Raúl y fue el jefe de Operaciones de la Seguridad del Estado en la provincia de Pinar del Río. Si a alguien la contrarrevolución y la CIA le deben su aniquilamiento en esa provincia, es a la sagacidad e inteligencia de este hombre. Timossi, hasta donde yo conozco, nunca traicionó a Tony, aunque no tenía acceso a sus predios. Aparece en esta foto solo por azar de las circunstancias: era uno de los corresponsales que cubría el viaje de Fidel. Tony nunca las tuvo todas consigo respecto a Timossi. “Tú nunca confíes en nadie que sea un personaje de los muñequitos”, me advertía Tony. Se refería a que Quino, el genial creador de Mafalda, usaba a Timossi —Timossi cuando niño— como alter ego de Felipito, uno de los personajes de la tira. Creo que Quino y él fueron compañeros de primaria, en Buenos Aires. (Eso me lo tiene que haber contado el mismo Timossi). “Ningún oficial de los servicios que se respete, trabaja en un muñequito”, argumentaba Tony. “Si por lo menos hubiese sido en Terry y los Piratas”. Juan Carlos, ni se diga, todo lealtad —con Tony, conmigo, con cualquiera que fuera su brother, y hasta con decenas de contrarrevolucionarios capturados que él entendía la necesidad imperiosa de salvarlos, sobre todo cuando había pena de muerte de por medio. Timossi y Juan Carlos murieron hace pocos años, ambos de causas naturales. Tony, ya ustedes saben, Fidel lo mandó a fusilar luego de inventarle una tonelada de marañas y de sembrarle evidencias de crímenes que, en su origen, habían sido tareas que él mismo le había asignado. Es decir, solo queda vivo Juan Pérez Fornell, que sirvió de agente en la sede de la jefatura de MC para informar de todos los pasos de su jefe y supuesto hermano machihembrado. En fin, que hubo un día de juventud y de cofradía y de entrega a la idea de que no había nobleza mayor que defender a Fidel. En ese trance de ensoñación leninista es imposible ni siquiera sospechar que nueve años después, en la madrugada del 13 de julio de 1989 —exactamente un día como hoy— Fidel te mande a pegar al paredón.

Sobre la foto: Copyrigth © 1980, 2013 by Norberto Fuentes. Prohibida totalmente la reproducción o sustraerla y colocarla fuera de los márgenes de este blog.


miércoles, 10 de julio de 2013

El Mariel mata

La única vez que Guillermo Rosales estuvo cerca del Mariel fue en la primera jornada de Girón en abril de 1962, cuando fuimos a cortar caña para un central de la zona el sábado 20 y regresamos al otro día. Lo digo porque un comercial en YouTube de la Editorial Silueta nos invita a la próxima aparición del libro de Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal sobre Guillermo. Con esos autores, garantizado un buen libro. Lo que no puedo pasar por alto es la segunda frase del corto cuando califica a Guillermo como “uno de los más emblemáticos autores de la Generación del Mariel”. Bueno, si solo fuera del Mariel, pues entonces habría que decir, en justicia, que es el más emblemático, más desesperado, más carismático, y mejor, por carrera larga, de todos los autores de ese grupo. Si aceptamos la premisa, desde luego, Guillermo brillaría como un sol en una cueva de espantados murcielaguitos. Debemos entender que a esa generación no pertenece ni siquiera Reinaldo Arenas, al que igualmente le endilgan el título, porque a todas luces Reinaldo es de la mía, o por lo menos se las arregló para publicar su Celestino antes del alba en 1967, un año antes de mi Condenados de Condado, y que haya venido en un bote de la famosa estampida del Mariel no lo convierte automáticamente en miembro de esa generación posterior. Es el mismo caso de Guillermo y su conocida amistad con Carlos Victoria. No significaba que Guillermo calzara los mismos zapatitos. La realidad es otra, muy distinta. Yo también fui amigo de Carlos Victoria —ese sí, al parecer, un representante genuino de la generación del Mariel—, o por lo menos lo conocí. Realmente, nunca me ha interesado mucho ese tipo de personajes. Estábamos en la onda de hacer una revista al principio de mi llegada al exilio. Creo que fue un invento de Jorge Dávila meterlo en nuestro equipo, y de esa manera lo conocí. Éramos Jorge, Adolfo Rivero, Alberto Batista, Andrés Reinaldo, Carlos Victoria y yo. Nos reuníamos los sábados por la mañana en casa de Jorge, en Westchester,el apacible barrio de clase media de Miami, y Jorge nos esperaba puntualmente con unos portentosos desayunos. De alguna manera iba a ser la quinta publicación literaria cubana de importancia después de Social, Orígenes, Lunes de Revolución y El Caimán Barbudo. Era el interés, así como los desayunos. Desayunos que evidentemente comenzaron a salirle caros a Jorgito, aunque no pueda precisar ahora si los cubos de café con leche que Yorch nos escanciaba tuvo que ver con la desaparición de la quinta publicación literaria cubana de importancia, sin que siquiera imprimiera un número. Luego supe que Carlos Victoria estaba muy ofendido porque yo había colgado en Internet una carta de Reinaldo Arenas muy poco favorable para Miami. En fin, a lo que iba al principio: incluir a Willy —Guillermito—, en esa generación, significa que un grupo de zarrapastrosos bolcheviques de origen cubano, unos mocosos todos, salidos de la manga del Comandante, algunos aún en activo como Silvio Rodríguez o Víctor Casaus o Guillermo Rodríguez Rivera (el otro Willy del grupo) y los más retraídos en el presente, como Raúl Rivero o este mismo servidor, o los que ya apagaron la planta y se fueron del aire, como Luis Rogerio Nogueras “Wichi el Rojo” o Jesús Díaz, por supuesto que perteneceríamos en masa, por derecho propio, a tal generación. Además de que Guillermo cayó en Miami desde España, todo por avión y con pasajes debidamente pagados, nada de flotilla de desvencijadas embarcaciones. Coño, caballeros, es hora de que acepten a Guillermito como lo que era: un escritor forjado en la Revolución Cubana y que desde los quince años vestía uniforme verde olivo y andaba de maestro voluntario. Hasta pudiera haber sido hoy un mártir como el negro Conrado Benítez. Ustedes, paren de cubrir sus insuficiencias de talento y querer emplearlo como emblema de algo que no ha producido un solo libro de interés, al menos si se les compara con los mismos de Guillermo Rosales. ¿El Mariel? Si el Mariel tuvo una impronta en su vida fue cuando, vulnerable y solo, lo llevaron a renunciar a su historia y a sus raíces y que se matara. Ese fue el servicio de la generación del Mariel respecto a una de las criaturas más emblemáticas de la generación de los hijos de la Revolución Cubana.

En los fotogramas, rodeando a Guillermo Rosales, de izquierda a derecha, el poeta Víctor Cassaus, el diseñador gráfico Héctor Villaverde y el periodista Manuel Casanova. La foto es en la redacción de la revista Mella, en el verano de 1961. Todos aspirantes a bolcheviques. Todos disfrutando de la recién instaurada dictadura del proletariado.

domingo, 7 de julio de 2013

Las viñas de la ira. ¿De la ira?


Por mi madre que lo que parece más es que está gozando. Primero lo tenemos en su viñedo de California. Dice que la vendimia de este año viene buena. Pronto colocará su propio producto en el mercado: Rioja San Rafael. (El trabajo que me costó que le quitara el apellido. Rioja San Rafael del Pino). Cultiva, apacible y feliz, pero no olvida ni reniega de su pasado de luchador en favor del proletariado internacional. Qué general este, lo mismo te hace puré una flotilla de embarcaciones mercenarias —perdón, patrióticas—, en Bahía de Cochinos, que te apachurra las avanzadas de Savimbi en Angola, que siembra uvitas a la vera del Pacífico. Segundo, da un brinco hacia la remota Oceanía porque se entera de que allí tienen un aguardiente que es un fenómeno y que te levanta la tapa de los sesos (al menos esa es la sensación) apenas te suenas un buche y que el nombre es una tentación irresistible para cualquier piloto de combate con timbales suficientes para haber sobrevivido, sin fatiga y sin miedo, 9.050 horas en el aire. ¡Epa! Arriba, mi general. Palo contra el pecho y acelerador clavado contra la pizarra. A full de potencia. Pero guárdame un poquito del Fliyng Solo. No dejes que los australianos se lo embuchen todo.