Reproducimos las evidencias.
Núm. 1
Si ves el mapa de un satélite militar americano, que es la procedencia habitual de los mapas al uso por nuestros topógrafos, y buscas San Antonio de los Baños, al suroeste de La Habana, verás aún lo hatos y los realengos de la colonia, de hace cinco siglos, una geografía inconmovible pero solo visible en su perfección geométrica a partir del espionaje por satélites. Fueron trazados por nuestros primeros agricultores blancos a la hora de repartir las mercedes. Clavaban una estaca en medio de los bosques y declaraban que toda la tierra a la redonda y a partir de entonces tenía dueño. Un día, revisando esas cartas, le pregunté al general Rafael del Pino (que luego se hace famoso cuando se pasa al enemigo) que qué era eso, y él me dijo que llevaba preguntándose lo mismo —él desde su traje de vuelo y casco con visor de plexiglás—, que qué coño era eso, hasta que Chicho, el jefe de mi escolta, le echó un vistazo a la fotografía desenrollada y terció en la conversación, una de las pocas veces que lo vi atreverse a tanto, y dijo que eso era cosa de los tiempos de España.
—del capítulo 10 (“La clave está en Dallas”) del libro segundo de mi La autobiografía de Fidel Castro (Destino, 2006). La introducción de “Chicho” (nombre verdadero Bienvenido Suárez) fue un recurso para desplegar en la escena mi propia observación sobre los nítidos vestigios de los hatos en las imágenes satelitales.
Núm. 2
Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.
—el primer párrafo de “El hermano Obama” la pieza de Fidel del 28 de marzo de 2016 distribuida largamente en portales de todo el mundo.
lunes, 4 de abril de 2016
martes, 29 de marzo de 2016
El efecto deseado
La Casa Blanca dijo este lunes que el viaje del Presidente Obama "tuvo un impacto significativo" y cumplió el objetivo de presionar a Cuba por reformas económicas y políticas.
(…) la visita del presidente estadounidense a la isla fue efectiva, según valoró este lunes el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.
Castro, retirado del poder por una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte en 2006, instó el lunes a Obama a reflexionar en un artículo publicado por medios oficiales y que tituló "El hermano Obama".
El viaje "tuvo un impacto significativo" y cumplió el objetivo de presionar a Cuba por reformas económicas y políticas, dijo Earnest.
Yo le preguntaría a Josh Earnest que si él se propone contradecir al presidente Obama. Porque, basado en su declaración de presionar a Cuba en busca de reformas económicas y políticas, se está oponiendo a lo dicho por su presidente. Obama fue muy claro (o ese creímos entender) cuando proclamó en La Habana que los problemas de los cubanos lo resuelven los cubanos. A menos, desde luego, que hubiese una agenda oculta en sus palabras y nadie en su auditorio se dio cuenta o todos se dejaron engañar. Y a pesar de todo eso, todavía el secretario de prensa no explica el efecto al cuál se está refiriendo. Qué bueno sería que elaborara. Si, porque… ¿cuál es ese efecto logrado? ¿Dónde está la ganancia, señor? Algo aprendemos siempre, o por lo menos se corrobora. La típica conducta del gobierno americano consiste en: trabajar sobre el efecto. Y así, por desgracia, lo que ocurre es que, generalmente, los pueblos nunca olvidan las causas. Vayamos al grano. Si realmente el Gobierno americano y sus representantes quieren que la visita de Obama a Cuba tenga un impacto significativo, que paren de hablar mierda.
(…) la visita del presidente estadounidense a la isla fue efectiva, según valoró este lunes el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.
Castro, retirado del poder por una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte en 2006, instó el lunes a Obama a reflexionar en un artículo publicado por medios oficiales y que tituló "El hermano Obama".
El viaje "tuvo un impacto significativo" y cumplió el objetivo de presionar a Cuba por reformas económicas y políticas, dijo Earnest.
Yo le preguntaría a Josh Earnest que si él se propone contradecir al presidente Obama. Porque, basado en su declaración de presionar a Cuba en busca de reformas económicas y políticas, se está oponiendo a lo dicho por su presidente. Obama fue muy claro (o ese creímos entender) cuando proclamó en La Habana que los problemas de los cubanos lo resuelven los cubanos. A menos, desde luego, que hubiese una agenda oculta en sus palabras y nadie en su auditorio se dio cuenta o todos se dejaron engañar. Y a pesar de todo eso, todavía el secretario de prensa no explica el efecto al cuál se está refiriendo. Qué bueno sería que elaborara. Si, porque… ¿cuál es ese efecto logrado? ¿Dónde está la ganancia, señor? Algo aprendemos siempre, o por lo menos se corrobora. La típica conducta del gobierno americano consiste en: trabajar sobre el efecto. Y así, por desgracia, lo que ocurre es que, generalmente, los pueblos nunca olvidan las causas. Vayamos al grano. Si realmente el Gobierno americano y sus representantes quieren que la visita de Obama a Cuba tenga un impacto significativo, que paren de hablar mierda.
domingo, 27 de marzo de 2016
Tú no puedes tener
siempre lo que quieres
¿Estaban prohibidos? Suena como una palabra en exceso absoluta. Prohibir. Por lo demás, no se crean más ese cuento de los actuales cronistas de la Revolución Cubana, o el embuste en el que todos ellos coinciden de que la visita de Obama y el concierto de la agrupación inglesa Rolling Stones marcan el día final del proceso. Tanta cuerda han dado con la historia de la banda políticamente maldecida durante 50 años, que hasta el propio Mick Jagger ha tenido que justificar su concierto en La Habana después de medio siglo de supuesta persecución: “Todo cambia con los tiempos”, ha declarado. Ahora falta que alguien le explique los métodos empleados por la policía política cubana para mantener reprimidos al medio millón de cubanos de todas las edades que bailaban con ellos y coreaban de memoria sus canciones en el concierto del viernes 25 de marzo. ¿Cómo se puede ser fan de una banda que por decreto nunca se ha escuchado y que te podía costar hasta el paredón, digo yo, por el solo delito de tocar una de sus placas? Prodigios del silencio.
jueves, 24 de marzo de 2016
Abandonad toda esperanza
Creo que va siendo hora que la embajada americana en La Habana o El Nuevo Herald o Tele Martí transmitan la versión completa de la reunión del presidente americano Obama con los representantes (escogidos a dedo por los propios americanos) de la disidencia cubana. Todo lo que tenemos son rumores y ninguno de ellos halagüeños sobre la conducta de los convidados. Haber reducido el registro de la reunión de más de dos horas a la sola presentación que hiciera el presidente, conduce inevitablemente a aumentar las sospechas sobre lo que parece haber sido un desastre. Todavía peor: si después de los llamados del presidente americano al Gobierno de Raúl Castro para que deje fluir las ideas y los criterios con entera libertad, lo primero que hace la diplomacia americana y los encargados de los servicios de prensa e información dislocados en La Habana o a bordo del Air Force One es escamotearnos un episodio de esta naturaleza, pues arreglados estamos.
lunes, 21 de marzo de 2016
El regreso a la rumba
Ellos parecen determinados a exhibir el lado más superficial sino ridículo de sus personalidades. El cameo del presidente Obama con el tal Pánfilo, un comediante de baja estofa de la televisión cubana, distribuido por la Casa Blanca a bombo y platillo por la Internet, acentúa una visión de farándula de un país otrora orgulloso y digno pero que ahora agoniza. Fidel responde a la presencia de Obama en su propio territorio con una repentina invitación al presidente venezolano Nicolás Maduro. Su propósito evidente era volver a accionar la mecánica de la confrontación. Pero se queda en una nota folklórica en las páginas interiores de los periódicos. Otra cosa hubiese sido, por ejemplo, haber invitado a Benjamín Netanyahu. En la confusión actual de enemigos vueltos aliados y aliados vueltos enemigos eso sí hubiese desplazado la visita de Obama de las primeras planas. El más equidistante de todos, sin embargo, es Raúl, laborioso y conspirador, está consagrado —con su cohorte de experimentados represores— a taponear cualquier brecha de manifestación popular o incluso de algún grupo de descontentos, por minúsculo que sea, durante el tour habanero del presidente americano. Es la misión priorizada de su equipo, a la cual además se han adaptado los gringos con dulce docilidad. Bueno, más bien, porque ellos tampoco quieren el menor atisbo de sublevación. Y tampoco habrá la menor oportunidad: porque Obama circulará en una especie de túneles invisibles y la única vez que se le permitirá descender de su limosina blindada y con sistemas de comunicaciones intergalácticas será cuando ponga sus pies sobre los viejos adoquines de la Plaza de la Catedral, y ya se pueden ustedes imaginar “el pueblo” con el que se encontrará allí. Puro escenario montado por la Seguridad del Estado, donde hasta el último viandante hacia donde alcance la vista es policía. El férreo control tiene sus vías de escape de cualquier manera. Porque el principal error lo está cometiendo Raúl. Y es de carácter estratégico. En su afán de desvincularse de su hermano y de su política durante medio siglo, no ha sabido conciliar el sueño revolucionario con el afán de Obama de resolver el asunto cubano. Lo tenía en la mano, y lo dejó escapar. Ahora es Obama el que tiene a Raúl en las manos. Y en su caso no se le pueden achacar fallas estratégicas debido al carácter más bien pueril de su conducta. Y no otra cosa se merecerían esos pobres labriegos de la Historia: los cubanos que sobrevivieron a la Revolución de Fidel Castro. Desde luego que el país de rumberas y maracas en mano —con la farola del Morro al fondo— de los viejos poster turísticos de Pan American es el gracioso paisaje humano que mostrará Obama a sus hijas y a sus amiguitas en la vetusta Plaza de la Catedral. Él rescata la imagen americana de congas y negros en carnaval de los años 50, mientras que Fidel, encorvado y de voz apagada, sigue sembrado en los desesperados últimos contragolpes de la Guerra Fría. En ambos casos no deja de ser una burla. El fin de la historia, amigos míos. Por fin se ha consumado.
La versión italiana fue publicada como “E l´incontro del líder con Maduro è solo un trafiletto” en La Repubblica el 21 de marzo de 2016.
La versión italiana fue publicada como “E l´incontro del líder con Maduro è solo un trafiletto” en La Repubblica el 21 de marzo de 2016.
jueves, 17 de marzo de 2016
Las tesis de abril
Garantizada la estabilidad de los vínculos internacionales gracias al restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos, Raúl podrá concentrar todas sus energías en allanarle el terreno a la nueva generación de gobernantes cubanos, esto es, y dicho de manera más tajante, lograr el tránsito hacia el capitalismo. ¿Quizá lo haya expresado brutalmente? Si les complace, llámenle neocapitalismo, economía de mercado o una nueva modalidad muy ingeniosa ella del socialismo a la cubana. Cierto que conocimos un limitado oasis de bienestar luego del Primer Congreso del Partido cuando hubo la decisión de tener un país socialista en serio, con ingreso en el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica, la organización reguladora del comercio de los países de la esfera soviética) y todo lo demás. Incluso, registramos índices de crecimiento. ¿No se acuerdan? Había tarros de fresas búlgaras en los mercados, se vendían Ladas —¡y podías disponer de garantías y seguros!— y hasta hubo un par de tiendas en La Habana que vendieron pianos. ¡Pianos!
Pero Raúl tiene poco tiempo, como se sabe, por una cuestión de edad, y no puede dejar que las cosas se le vayan de las manos por una premura que, además, es innecesaria. Estemos claros que los primeros enemigos de un cambio brusco en Cuba son los americanos. Saben que eso significa el prolegómeno de una guerra civil instantánea. Las cosas deben seguir como hasta ahora, que van muy bien a ojos vistas. Tiene que deslizarse suavemente hacia el objetivo, como el movimiento sobre un plano inclinado, pero uno de gradiente apenas perceptible. En este sentido, hay dos cosas muy importantes que debemos reconocerle a Raúl. Al igual que Obama ha admitido —con galantería realmente inusitada de su parte— que la política norteamericana hacia Cuba de los últimos 50 años ha sido un fracaso; Raúl, de la suya, no está haciendo otra cosa desde que agarró el poder después de la enfermedad de Fidel, que aceptar como un desastre el producto de 50 años de voluntarismo y tropiezos del socialismo cubano. La otra razón por la que le debemos una condecoración al menor de los Castro: que aquí el único que se lo está jugando el todo por el todo, en esta aventura, es el mismo Raúl. Se le va el cuello en esta, señores. Un paso en falso y la soga de Saddam o la voladura de sesos de Kadafi no se la quita nadie al final del camino. De verdad que hay que tener los pantalones bien puestos para lanzarte en una empresa semejante teniendo como tus aliados al feroz enemigo de las vísperas.
Y las cosas, todavía, parece que irán mucho mejor a partir del próximo Congreso del Partido Comunista de Cuba, que ha de inaugurarse el próximo 15 de abril y donde se deben sentar las bases en firme de una nueva política económica. No serán meras palabras altisonantes si de verdad se va a separar el gobierno de los productores, esto es, que los dirigentes se mantengan dentro de las suntuosidades de sus oficinas y coches, y no se inmiscuyan más en la actividad económica en cualquiera de sus variantes, privada, colectiva, empresarial, familiar, o desde una siderúrgica hasta un puesto de fritas.
El Congreso, como es menester, comienza en una fecha simbólica: el día inicial de lo que luego sería reconocido como la batalla de Playa Girón. Como se sabe, Fidel aprovechó magistralmente el fervor del combate de un país agredido y en vísperas de una invasión militar, para declarar al carácter socialista de la Revolución Cubana. Que su hermano retome la misma fecha para decretar la restauración del capitalismo en Cuba, no tiene por qué verse como una paradoja. Sería mejor contemplarlo, si no como una demostración de fuerza, como una de audacia. Estará demostrando en definitiva que, mientras no deponga las armas (o mantenga el control sobre ellas), una revolución puede acoger bajo su nombre cualquier tipo de formación económica.
Q&A:
Entonces… ¿hicimos la Revolución para después de medio siglo entregarles el país a los americanos? No, para eso sí que yo no tengo respuesta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







