sábado, 13 de agosto de 2016

Qué será, será



“Para los Castro lo que pase después no es su problema”

Una entrevista de Pedro Schwarze

Fidel Castro se adelantó a su cumpleaños número 90 en abril, en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). “Pronto deberé cumplir 90 años. Nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo. Fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno”, dijo en un claro mensaje de despedida en público. Las nueve décadas Castro las cumple hoy y lo hace en mejor forma que a los 80, eso sí ya jubilado, observando la aplicación del plan de reformas de su hermano Raúl y con las relaciones restablecidas con Estados Unidos.

El escritor cubano Norberto Fuentes, autor de La autobiografía de Fidel Castro y ex miembro del círculo estrecho de Fidel y Raúl Castro, explica en esta entrevista telefónica con La Tercera -desde Miami, donde vive- el momento que está viviendo el líder histórico de la Revolución Cubana, las preocupaciones por el futuro y el papel que juega hoy como dirigente retirado.

¿A sus 90 años Fidel se convirtió en un monumento viviente?
El es muy vanidoso. El ha convertido el país en un monumento de toda su actividad. El presidio de Isla de Pinos; el Cuartel Moncada; Playa Girón; la esquina de 12 y 23, donde declaró el carácter socialista de la Revolución, donde quiera que estuvo e hizo algo, es decir, el país completo, está lleno de marcas y monumentos dedicados a él. Cuando llegó a La Habana, en enero de 1959, vio un busto de él camino hacia el campamento Columbia, que lo llamó después Ciudad Libertad, y lo mandó a derribar, y decretó que no podía haber ningún cuadro ni fotografía en las instituciones oficiales. Pero eso proliferó, porque era la gente la que lo hacía, la gente expresaba así su devoción por él.

Pero ahora él está fuera de escena, lo tienen en el retiro, y cada visita extranjera va a verlo, salvo Obama, como si fuese parte de un tour.
Sí, yo creo que lo exhiben. Pero eso de que esté retirado todavía está por verse. Habrá que esperar a la desaparición física de él y del hermano (Raúl) y de ese gobierno, para saber qué pasó ahí, para saber si ahí hubo una conspiración. Como uno nunca sabe cuál es la conspiración, cuál es de verdad la bronca entre los dos hermanos. Sí las había, yo fui testigo de eso, pero a la hora del peligro los dos se unían como un haz inextricable, donde no había forma de entrarle. No sé hasta dónde llegan las conversaciones secretas, las reuniones de ellos por las noches, hasta dónde llega eso.

Hace 10 años, le pregunté a usted si Fidel estaba preocupado de la sucesión, y me dijo que no pensaba en eso. Ahora, ¿estará preocupado del futuro?
Es un problema de conceptos y algo que yo he aprendido con ellos. Ellos viven en una dinámica en la que no entra la muerte. Ellos lo saben perfectamente, porque han matado y han visto la muerte muchas veces. Además, ellos han utilizado la muerte para eliminar problemas. O sea, cuando ellos sean los eliminados del problema, ¿qué les importa a ellos qué es lo que va a pasar? Lo que pueda pasar después es problema de los del después, no es un problema de ellos. Y así lo han dicho, los jóvenes piensan a su manera, es un problema de ellos. La estrategia y la táctica de la Revolución Cubana es preocuparse de la vida cotidiana, del diario. Y ahí es donde ellos han ganado. Aparte que la sucesión van a ser los hijos de ellos, los primitos.

En estos 10 años salió a la luz la familia de Fidel Castro. ¿Por qué? ¿Por una necesidad de Fidel? ¿Porque se quedó sin amigos?
¿Sin amigos? Tiene todos los amigos del mundo. Van allá a rendirle, cualquiera. Ahora, él nunca ha tenido amigos o no sabemos quiénes son sus amigos. Dicen que él tiene amigos aquí y allá, amigos que él ha preservado, que son sus amigos, que él los visita. Fidel ha sido un celoso defensor de su vida íntima.

¿Y por qué su familia salió a la luz?
Porque ya no está en el poder, ya no es un dirigente, por lo menos públicamente. Porque ya el gobierno lo tiene en la mano Raúl Castro. Fidel lo que tiene es a su familia. Dicen que está pintando. Parece que es un destino de los presos y de los dirigentes. (George W.) Bush también está pintando.

Fidel y Raúl Castro siempre han jugado a ser el policía bueno y el policía malo. ¿En los últimos años se invirtieron los roles? ¿Ahora Fidel aparece más como el policía malo y Raúl como el policía bueno? 
Puede que a los ojos del público eso sea así. La gente en Cuba adora a Raúl Castro, pero lo adora por las malas razones, en mi opinión. No las razones revolucionarias. Fidel es la revolución y la revolución es algo duro, áspero, violento, sanguinario a veces; el otro es un reformista. Lo dijo él en el congreso del partido, que “aquí hay dos partidos, igual que en Estados Unidos: el de Fidel y el mío. Fidel dice que le den el de los comunistas, él es comunista, el mío pónganle el nombre que quieran”. Fidel representa esa voluntad y la gente en Cuba en definitiva lo que quiere es hacer negocitos. Para la gente en Cuba la revolución ya se terminó, de una u otra manera. La gente lo que quiere es poner una bodeguita, un restaurancito, buscarse los centavitos en los negocios. Y cada día el debate ideológico se extingue más. Los que quedan para la discusión ideológica son cada vez de más bajo registro, porque la gente inteligente en Cuba está dedicada a hacer negocios, a ganar dinero, y eso es lo que hay que hacer.

¿El mensaje que Fidel Castro quiso dar en el último congreso del Partido fue despedirse?
Que se acabó la película. Fin. Ahora se encienden las luces y toda la gente se va para su casa. Lo que quiso decir es “oigan señores, llegué hasta aquí. Me he metido 60 años aquí en el poder, dándole sansa a ustedes, a los americanos, los rusos, a todo el mundo, y me voy. Se acabó. Y aquí le dejo esto a mi hermanito”.


viernes, 12 de agosto de 2016

Fidel era su mismo sueño


El 31 de agosto de 1986, luego de un interminable viaje de 17 horas desde La Habana, con escala en Islas de Sal, frente a Cabo Verde, Fidel Castro llegó a Harare (Zimbabwe) para participar en la conferencia cumbre de los países no alineados. Se instaló en el chalet de las afueras de esta ciudad que le habían adquirido y preparado los especialistas del Ministerio del Interior y que luego serviría como residencia permanente del embajador cubano. Había un jardincito amurallado contiguo a la puerta principal y el chalet era remoto y el mediodía sin sobresaltos cuando Fidel salió al patiecito desde adentro de la casa, enfundado con una bata de casa morada, que le caía hasta los tobillos, y pantuflas. Comenzó a dar unos pasos, las manos en los bolsillos de la bata, cuando advirtió la presencia de una docena de sus colaboradores arremolinados en el parqueo contiguo a la muralla y regresó a la casa. Entonces el que salió al patio fue el coronel Joseíto —José Delgado— el jefe de su escolta, que se viró hacia el grupo y dijo, en un auténtico tono de súplica: “Caballeros, coño, salgan de esa entrada y no miren más para acá, para que él se crea que está solo.” En todo el transcurso de mi experiencia cerca o junto a Fidel, éste lo tengo registrado como el momento más patético. Demasiado inteligente para saber que su soledad era un imposible, parecía contentarse con la creencia de una ilusión. No obstante —y eso quedaba por descontado— era una soledad que se garantizaba por el despliegue de una compañía reforzada de los rangers de Tropas Especiales traída desde La Habana para la ocasión y armada hasta con cohetes antiaéreos portátiles.

Implícito en la escena, ese cierto patetismo —término que no empleo peyorativamente—, es debidamente revelador de una personalidad en permanente lucha por asegurarse un perímetro de intimidad y hacerlo inviolable. Esto se expresaba, más bien se justificaba ideológicamente, de muchas maneras y ofrecía además unos dividendos inesperados. La idea, en palabras del mismo Fidel, era que no debía mezclar su vida personal con la política. En ese caso, por decantación, nada mejor que su guardia pretoriana para trazar y defender la frontera. Era donde hacía acto de presencia su verdadera preocupación: disponer del mejor servicio de escolta del mundo. Idea y escolta que luego le sirvieron (lógico) para darse la gran vida en francachelas con el empleo de sus misteriosas casas de seguridad o, como ocurrió en una época, para eludir la persecución constante que Celia Sánchez —su compañera de guerrilla en la Sierra Maestra— le montó por toda Cuba cuando supo de los devaneos amorosos de Fidel con Dalia Soto del Valle.

En lo tocante a su familia, vale contarlo, este concepto de reducto fortificado resultó defendido aún con mayor encarnizamiento. Estoy hablando de la familia verdadera, de esta señora, su mujer, Dalia, y de los cinco hijos tenidos con ella, en orden decreciente: Alex, Alexis, Alejandro, Antonio y Ángel. De vez en cuando, en los últimos tiempos, surgían algunas fotos de la intimidad familiar y se publican fuera de Cuba pero la explicación del establecimiento sobre estas filtraciones es de resignación: normal que ocurriera porque cada uno de los muchachos había crecido y han cogido su rumbo. No los podían tener siempre bajo protección del feudo. En realidad, bien mirada las cosas, pese a las escasas fotos publicadas en revistas de chismes fuera de Cuba, fue un triunfo del servicio de Seguridad Personal, porque hasta la mayoría de edad nunca hubo acceso ni siquiera a la imagen de los jovencitos.

Todo partía en su origen de un criterio elaborado por Fidel —que era político (aunque él quisiera revertirlo como un asunto de seguridad)— y, en sus propias palabras, muchas veces vertidas en el círculo más estrecho de sus amigos, es el de no contaminar a su familia con el resto de sus subordinados.

Y no era solo para el vulgo. Ni siquiera Raúl Castro había tenido acceso a esa familia y sus predios durante mucho tiempo. Raúl se volvió loco de alegría el día que su hijo Alejandro, ya con más de 20 años de edad, vino a conocer finalmente a un par de sus primos, dos de los hijos de Fidel, de forma casual en una fiesta. Fue una ocasión de exaltación para el general de Ejército y jefe de las Fuerzas Armadas (y actual Presidente de la República), al enterarse, y llamó a los subordinados que tuvo a la mano y mandó a buscar vodka para brindar por el encuentro. Y no solo el contacto de unos primos. El acceso de Raúl y sus familiares, al igual que el de cualquier otro ciudadano, a la piscina térmica bajo techo de la afamada clínica CIMEQ, estaba prohibido cuando Dalia la iba a usar.

Las explicaciones para la conducta de Fidel y para el manto de protección en el que hacía vivir a su familia pudieron ser múltiples pero el argumento básico terminaba inexorablemente en la CIA. Claro, ésa era también una explicación externa. Y yo diría —producto de mis observaciones “at close range” del personaje—, que las razones pueden ser tan íntimas como las que reveló el coronel Joseíto aquella mañana de Harare. Sentirse solo. (Aunque ya debe ser muy tarde para que revierta el curso.) Así pues, hasta ahora, lo que hemos tenido es a un hombre que emite señales de distracción de manera constante, metódica. En fin, un hombre revestido de una coraza de enigmas y que contaba con el apoyo de todo el aparato represivo de un Estado para lograr su objetivo. Un objetivo que ahora, con el paso del tiempo, y en el momento que cumple 90 años, se no presenta difuso, enrarecido. ¿Hacia dónde iba? O, peor aún, ¿hacia dónde nos llevaba? 90 años, por Dios. Si descontamos los primeros, invertidos en la bucólica infancia del hijo de un terrateniente y su necesaria educación y de campeón de baloncesto bajo la égida de los jesuitas, el resto, más 70 años, desde que comenzó su fogueo de político y pistolero en la Universidad de La Habana, hasta que se ganó su puesto como el último líder del movimiento comunista internacional, lo que nos arroja es un gigante que se nos escapa al otro lado de cortinas de humo, engañifas, maniobras de ocultamiento y cotos cerrados. Curioso que este hombre al que todos nosotros, sus contemporáneos, en algún momento veneramos, y hasta amamos, sea todavía un enigma y que al final lo único que nos vaya a dejar de él sea una abstracción.

Publicado como “I novant´anni di solitudine dell´ultimo comunista” en La Repubblica.



miércoles, 29 de junio de 2016

La lealtad mata


Era un cuadro joven, con una rara cultura humanista dentro del hard core cubano, ambicioso (claro está) y firmaba sus reportes a Fidel desde el extranjero, si se trataba de alguna misión secreta, con el nombre de guerra “El Jabao”. Raúl, el actual presidente del país, decía que era lo que “más yo quiero en este Comité Central¨. Hace 27 años, durante el proceso que marcó con sangre, miedo y resentimiento la historia de la Revolución Cubana y que conocemos como la Causa Número Uno de 1989, este compañero ocupaba el cargo de secretario ideológico del Partido Comunista de Cuba. Quizá por ocupar la altísima posición pensó que, a su vez, se hallaba por encima de los acontecimientos. Uno no sabe si él estaría ahora en disposición de aceptar que no escuchó las advertencias de este autor, que era además uno de sus mejores amigos. “Tú eres el próximo, brother”, fueron exactamente las palabras de alerta. Carlos Aldana Escalante. Es el de la gorra azul de pelotero y como que oculto detrás del grupo. La foto (de la que se hizo este cropping) fue archivada el 22 de mayo de 2012, y enviada a manos amigas, en la Florida, el 15 de diciembre del 2015. La imagen —innecesario señalarlo—, tiene muy baja resolución y no alcanza los requerimientos profesionales para su publicación. Pero es un testimonio asfixiante. Muestra el valor que Fidel y Raúl Castro le pueden dar a sus más cercanos colaboradores el día que les resultan innecesarios. La decisión de mostrarla en este blog es porque el próximo día 13 de julio se cumple otro aniversario del fusilamiento del general de división Arnaldo Ochoa, del coronel Antonio de la Guardia, del mayor Amado Padrón y del capitán Jorge Martínez, uno por uno, empezando por Martínez y terminando con Ochoa, ejecutados por un pelotón mixto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior bajo el mando del coronel Luis Mesa en un potrero a la vera de la cabeza de la pista del aeropuerto de Baracoa, al oeste de La Habana. Pese a todo, Carlos Aldana es también un sobreviviente. Me imagino que para él valió la pena.

Desde la izquierda: Laura, la hija de Aldana y su hija; detrás, alguien no
identificado; Carlos Aldana, la hija de Carlitos, Carlitos (un excelente instructor
de cazas interceptores MiG-21, bajado de vuelo desde el defenestre
de su padre), su mujer y su hija; en la hamaca, Laura, la mujer de Carlos,
y una niña no identificada. Solo tres personas no sonríen a la cámara.
El gesto del joven no identificado es indescifrable.


Para que el lector establezca cualquier comparación de su interés:
A la izquierda del autor, Carlos Aldana. Es el domingo 7 de febrero
de 1982, en el bar techado (nunca habilitado) adjunto a la piscina de la
llamada Casa Uno de Luanda, residencia del jefe de la Misión Militar
de Cuba en Angola. Detrás de Aldana, un personaje conocido como
“Barbarito” (quizá un apodo), ayudante de un funcionario cubano de
alto rango y especie de embajador itinerante en África, el capitán Jorge Risquet.

viernes, 20 de mayo de 2016

Renace el Cisne


El proyecto de derrocar la Revolución Cubana a través de los medios electrónicos ha tenido siempre un fuerte contrincante en las apetencias del consumidor. La población nativa —oyentes, televidentes o internautas— se inclinan abrumadoramente por el rock o las telenovelas y (razonablemente) eluden los discursos políticos. Para oradores espectaculares resulta insensato buscarlos en el extranjero si Fidel les servía en casa unas sesiones de peroratas interminables que, pese a todo, a los cubanos les encantaban y hasta aceptaban aguantar bajo el sol abrasador de la Plaza de la Revolución para escucharle cualquier tema (o los temas) que él líder revolucionario se dispusiera a desmenuzarles. Pero el empeño subversivo se ha mantenido desde una fecha tan temprana como 1960. Una planta de radio con el propósito de animar los alzamientos contrarrevolucionarios dentro de la isla fue montada enteramente por la CIA en las Islas del Cisne, frente a las costas de Honduras y a unos 750 kilómetros de la costa sur de Cuba. Yo no sé si en Langley guardan los archivos de las trasmisiones, pero la cantidad de veces que los vengativos ejércitos de la contra capturaban a Fidel Castro y merecidamente lo ajusticiaban, se convirtió en un boomerang propandístico. Y. no obstante, la idea de la maniobra se mantuvo hasta nuestros días. Y así las cosas, en los años subsiguientes, conocimos diversas denominaciones del proyecto, y la CIA y el Pentágono y la Casa Blanca, desoyendo igualmente la máxima irrebatible de Von Klausewitz: todos los generales se preparan para la guerra anterior. Esas últimas denominaciones fueron Radio y Televisión Martí. Llevan en eso, más de 30 años. Entonces aparece la última versión de las posibilidades tecnológicas aplicadas a la restauración contrarrevolucionaria o su propósito más acabado que es la invasión militar sin necesidad de gastar un solo hombre. Si acaso, prendemos la chispa de la insurrección y allá que se maten los cubanos. Luego desembarcamos tranquilamente y montamos nuestros negocios. El invento es la Internet, el de efecto inmediato: el Wi-Fi. Ya no cabe la menor duda que los cubanos se van a lanzar hacia sus pantallitas digitales sedientos, desesperados de la información que les va a brindar las empresas periodísticas “del norte”, o lo que es peor, de Miami, donde los oráculos son unos deslucidos vejetes tan ajenos a la era digital como el ultimo neandertal frente a un piano. Mas la Primavera Árabe brilla con un fulgor de aurora boreal en el horizonte. Por qué razón si hasta a Mubarak lo expulsaron del poder en Egipto, gracias al poder de los celulares, los cubanos no van a asaltar el Palacio de la Revolución al ritmo de una simple tecla de sus recién importados móviles. Además, fíjense incluso que los gobernantes cubanos no parecen darse cuenta del peligro y han abierto unos spots en La Habana para que los muchachos puedan conectarse allí a través de la maravilla insurreccional del Wi.Fi. Y ahí los tienen. Todos ellos concentrados en distintos puntos de la ciudad. Y, por supuesto, el Buro de Lucha Radioelectrónica es ajeno por completo a la actividad, y el robusto mulato del Departamento 40 que, vestido de paisano, se te sienta al lado y también trajina con su adminículo digital está mucho más interesado en lo que tú lees que en su propia pantalla. Bien pues, solo queda esperar. No sin olvidar (por aquello de la experiencia histórica) el año de 1960, en el que bastó con que Cuba hiciera sobrevolar el avión de más largo radio de vuelo que disponía en su Fuerza Aérea, un cachazudo C-47 de la Segunda Guerra Mundial, y diera dos pases sobre el diminuto atolón hondureño (no disponían de combustible para más), y regresaran a casa. Evacuación inmediata del personal dislocado en Islas del Cisne. Pero se estiman que siguieron trasmitiendo hacia la isla los mismos tapes de su avance arrollador hacia la capital del país hasta que ocurrió la debacle de Bahía de Cochinos, en abril del año siguiente.

Versión en italiano publicada el 19 de mayo de 2016 en La Repubblica como “La libertà di Cuba nelle notti illuminate dal wi-fi”, para acompañar el ensayo fotográfico “LA RIVOLUZIONE DEL WI-FI” de Valderio Berdino.

Foto arriba: el arriesgado aterrizaje —una pista en extremo corta y los permanentes vientos cruzados (tradewinds) por la derecha— en la Isla del Cisne, y para encontrarte solo coral, iguanas y unas cuantas vacas. Abajo: Una de las imágenes de la colección de Valderio Berdino. El rostro de un guerrero se mantiene como imagen emblemática de un país.

domingo, 17 de abril de 2016

El último congreso


Pedro Schwarze

El Partido Comunista de Cuba (PCC) comienza este sábado su séptimo congreso con la promesa de convertirse en una reunión histórica. Eso porque es el primero desde el comienzo del proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos y porque será el último antes de que Raúl Castro, de 84 años, deje el poder en 2018. Precisamente por eso, una de las grandes apuestas del congreso es que allane el camino para el relevo de la llamada generación histórica, es decir, la que junto a los hermanos Fidel y Raúl Castro hicieron la Revolución en la Sierra Maestra.

El otro gran desafío es el de ahondar en las reformas económicas iniciadas por Raúl Castro y que marcaron el congreso anterior, celebrado en 2011, donde se aprobaron los “lineamientos” para la “actualización” del modelo económico socialista. Sin embargo, cinco años después sólo se han implementado el 21% de esos 313 objetivos, mientras que el 77% está en proceso, según el diario Granma, el órgano oficial del PPC.

Con esto en la mira, los mil delegados se reunirán hasta el próximo martes en el Palacio de Convenciones de La Habana. Oficialmente la reunión del único partido de la isla debe “dar continuidad” al congreso previo donde se aprobó la apertura económica. Pero, a diferencia del congreso de 2011, que fue precedido por tres meses de discusiones de las bases (163.000 reuniones, según Granma) por todo el país, éste ha estado marcado por el hermetismo.

La cita coincide con fechas significativas del calendario revolucionario, ya que hace 55 años Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución y se produjo la fallida invasión de Bahía de Cochinos.

En este VII Congreso del PCC los delegados debatirán varios documentos centrados en el cumplimiento del plan de reformas de mercado. Según cifras oficiales, medio millón de los 11 millones de cubanos, es decir, en torno al 5% de la población, trabaja en el sector privado. El gobierno de Raúl Castro ha centrado parte de sus esfuerzos en atraer inversiones extranjeras para darle un nuevo aire a la aún estrecha economía cubana.

“Garantizada la estabilidad de los vínculos internacionales gracias al restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, Raúl podrá concentrar todas sus energías en allanarle el terreno a la nueva generación de gobernantes cubanos, esto es, y dicho de manera tajante, lograr el tránsito hacia el capitalismo”, destacó el escritor Norberto Fuentes, ex miembro del hard-core cubano y autor de La autobiografía de Fidel Castro.

Precisamente el tema generacional es un factor clave. El mismo Granma sostiene que el delegado más viejo tiene 92 años (Fidel Castro, con 89 años, también se cuenta entre los delegados, aunque no se sabe si estará presente) y el más joven, 27 años. Sólo 55 de los mil delegados tienen menos de 35 años, y la edad promedio es de 48 años.

Publicado en La Tercera como “El Partido Comunista de Cuba celebra su VII Congreso con el relevo generacional en la mira”, el 15 de abril de 2016.

domingo, 10 de abril de 2016

Mao y Che en una nube


El debate actual sobre las reformas en Cuba y las proximidades del congreso del Partido, rescatan una conversación sostenida entre Mao Tsetung (como se le llamaba entonces) y el Che Guevara. Ir a la nube.

martes, 5 de abril de 2016

El sencillo arte de comprar

Mike Fernández, el billonario de filiación republicana, que se oponía resueltamente al levantamiento del embargo a Cuba y que ahora es un denodado condotiero desde la franquicia contraria recibe en su mansión de Coral Gables al líder de la mayoría republicana del Congreso, Paul Ryan, que por su parte, se hallaba decididamente en la posición que ahora está Fernández, convencido como estaba de la necesidad de eliminar esa traba arcaica. El congresista de Miami Carlos Curbelo escolta a Ryan hasta la suntuosa propiedad. Como es de esperar, uno de los tópicos —sino el único— es el levantamiento —o no— del embargo.

Podemos discernir, pues, con facilidad, que el contenido de la reunión de unas tres horas de duración en el bastión de Mike Fernández fue el dinero. El dinero de Mike (quiero decir, una parte mínima de esa fortuna) y la campaña de reelección de este congresista republicano de nombre Carlos Curbelo.

Descartado el sentido político de la reunión —político en el buen sentido de la palabra—, no puede haber ocurrido otra cosa que un compromiso. Con lenguaje más o menos refinado, la cosa debe haber transcurrido de la manera que ustedes se imaginan. Suelta la plata, Mike, que si ganamos, hacemos que el Congreso levante el dichoso embargo. Pero de aquí a allá mantenemos tranquila, callada, y controlada a la base republicana in Miami.

Ciertamente, no hay manera de creerse que Ryan haya viajado de tan lejos con el solo objetivo de ganarse un votante a favor de un insulso congresista local. La presencia no puede haber tenido otro objetivo que demostrarle a Mike Fernández, con toda solidez, que una vez que Curbelo fuese reelegido como congresista, el liderazgo republicano apoyaría la eliminación del embargo.

Quiere decir que el compromiso de Curbelo, avalado por Ryan, de eliminar la tan llevada y traída ley (pero solo después que aseguren su victoria) es una oferta inobjetable. Basta con apoyar monetariamente a Curbelo en contra de cualquiera de los contrincantes demócratas —¿Annette Tadeo? ¿Joe García? (Todavía está por decidirse el elegido, aunque ambos están determinados a pelear por el levantamiento del embargo).

Sin embargo, yo tengo un consejo para el negociante cubano. ¿Por qué no le suelta igualmente una mesada a los demócratas? En definitiva, así garantizaría que la victoria de cualquiera de los dos redundará en su beneficio. Es el momento de apostar a los dos caballos, Mike. Acuérdate del viejo refrán: El que parte y reparte, se queda con la mejor parte.